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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XL (1 de 2)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XL
De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta memorable historia (1 de 2)

Real y verdaderamente, todos los que gustan de semejantes historias como esta deben de mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su autor primero, por la curiosidad que tuvo en contarnos las semínimas della1, sin dejar cosa, por menuda que fuese, que no la sacase a luz distintamente. Pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las tácitasI, 2, aclara las dudas, resuelve los argumentos; finalmente, los átomos del más curioso deseo manifiesta. ¡Oh autor celebérrimo! ¡Oh don Quijote dichoso! ¡Oh Dulcinea famosa! ¡Oh Sancho Panza gracioso! Todos juntos y cada uno de por sí viváis siglos infinitos, para gusto y general pasatiempo de los vivientes.

Dice, pues, la historia que así como Sancho vio desmayada a la Dolorida, dijo:

—Por la fe de hombre de bien juro, y por el siglo de todos mis pasados los Panzas3, que jamás he oído ni visto, ni mi amo me ha contado, ni en su pensamiento ha cabido, semejante aventura como esta. Válgate mil satanases, por no maldecirte por encantador y gigante4, Malambruno, ¿y no hallaste otro género de castigo que dar a estas pecadoras sino el de barbarlas? ¿Cómo y no fuera mejor y a ellas les estuviera más a cuento quitarles la mitad de las narices, de medio arriba, aunque hablaran gangoso, que no ponerles barbas? Apostaré yo que no tienen hacienda para pagar a quien las rape.

—Así es la verdad, señor —respondió una de las doce—, que no tenemos hacienda para mondarnos, y, así, hemos tomado algunasII de nosotras por remedio ahorrativo de usar de unos pegotes o parches pegajosos, y aplicándolos a los rostros, y tirando de golpe, quedamos rasas y lisas como fondo de mortero de piedra5; que puesto que hay en Candaya mujeres que andan de casa en casa a quitar el vello y a pulir las cejas6 y hacer otros menjurjes tocantes a mujeres, nosotras las dueñas de mi señora por jamás quisimos admitirlas, porque las más oliscan a terceras, habiendo dejado de ser primas7; y si por el señor don Quijote no somos remediadas, con barbas nos llevarán a la sepultura.

—Yo me pelaría las mías —dijo don Quijote— en tierra de moros8, si no remediase las vuestras.

A este punto volvió de su desmayo la Trifaldi y dijo:

—El retintín desa promesa9, valeroso caballero, en medio de mi desmayo llegó a mis oídos y ha sido parte para que yo dél vuelva y cobre todos mis sentidos; y, así, de nuevo os suplico, andante ínclito y señor indomable, vuestra graciosa promesa se convierta en obra.

—Por mí no quedaráIII—; respondió don Quijote—. Ved, señora, qué es lo que tengo de hacer, que el ánimo está muy pronto para serviros10.

—Es el caso —respondió la Dolorida— que desde aquí al reino de Candaya, si se va por tierra, hay cinco mil leguas, dos más a menos; pero si se va por el aire y por la línea recta, hay tres mil yIV docientas y veinte y siete. Es también de saber que Malambruno me dijo que cuando la suerte me deparase al caballero nuestro libertador, que él le enviaría una cabalgadura harto mejor y con menos malicias que las que son de retorno11, porque ha de ser aquel mesmo caballo de madera sobre quien llevó el valeroso Pierres robada a la linda Magalona, el cual caballo se rige por una clavija que tiene en la frente, que le sirve de freno, y vuela por el aire con tanta ligereza, que parece que los mesmos diablos le llevan12. Este tal caballo, según es tradición antigua, fue compuesto por aquel sabio Merlín; prestósele a Pierres, que era su amigo, con el cual hizo grandes viajes y robó, como se ha dicho, a la linda Magalona, llevándola a las ancas por el aire, dejando embobados a cuantos desde la tierra los miraban; y no le prestaba sino a quien él quería o mejor se lo pagaba; y desde el gran PierresV hasta ahora no sabemos que haya subido alguno en él. De allí le ha sacado Malambruno con sus artes, y le tiene en su poder, y se sirve dél en sus viajes, que los hace por momentos13 por diversas partes del mundo, y hoy está aquí y mañana en Francia y otro día en Potosí14; y es lo bueno que el tal caballo ni come ni duerme ni gasta herraduras, y lleva un portante por los aires15 sin tener alas, que el que lleva encimaVI puede llevarVII una taza llena de agua en la mano sin que se le derrame gota, según camina llano y reposado16, por lo cual la linda Magalona se holgaba mucho de andar caballera en él.

A esto dijo Sancho:

—Para andar reposado y llano, mi rucio, puesto que no anda por los aires; pero por la tierra, yo le cutiré con cuantos portantes hay en el mundo17.

Riéronse todos, y la Dolorida prosiguió:

—Y este tal caballo, si es que Malambruno quiere dar fin a nuestra desgracia, antes que sea media hora entrada la noche estará en nuestra presencia, porque él me significó que la señal que me daría por donde yo entendiese que había hallado el caballero que buscaba sería enviarme el caballo donde fuese con comodidad y presteza.

—¿Y cuántos caben en ese caballo? —preguntó Sancho.

Notas:

  • (1) ‘las minucias’; la palabra pertenece a la nomenclatura de la música (I, 31, 358, n. 7). C. está parodiando la prolijidad de los libros de caballerías, pero sin dejar de elogiarse. Por la interrupción de esta voz narrativa, distinta de la de Cide Hamete, parece que el narrador quiera recordar al lector que se las tiene con un relato ficticio y que los burlones Duques y sus ayudantes también son personajes ficticios. º volver
  • (2) ‘lo que, por alguna razón, no se dice’; pueden ser preguntas u objeciones. º volver
  • (3) siglo: ‘vida eterna’ (véase I, 35, 418). volver
  • (4) Para no maldecirlo como encantador, Sancho le dice ‘válgate el diablo’, ya que no ‘válgate Dios’. º volver
  • (5) La técnica depilatoria coincide con las más usuales entre las contemporáneas de C. º volver
  • (6) ‘depilar y arreglar el dibujo de las cejas’. º volver
  • (7) Juego de palabras: prima era tratamiento de confianza y, además, ‘protagonista posible en el amor’; tercera ‘alcahueta’; ambas, ‘cuerdas de guitarra’. El chiste se repite con frecuencia. º volver
  • (8) Recuerda el hecho de que en Argelia el raparse la barba era señal de ganapanes y bellacos. º volver
  • (9) retintín: ‘tintineo’, sin ningún sentido peyorativo. volver
  • (10) En las palabras de DQ se oye un eco evangélico: «Spiritus quidem promptus est...» (Mateo, XXVI, 41). Que la empresa caballeresca de DQ se cifre en rasurar las barbas de unas dueñas revela el nivel de degradación a que ha llegado por la burla de los Duques. volver
  • (11) ‘de alquiler’, porque han de volver al punto de partida (véase I, 8, 102, n. 60). º volver
  • (12) Se refiere la Dolorida a la Historia de Pierres de Provenza y la linda Magalona, que huyen a caballo, aunque no volador; hay una confusión, acaso querida, con La historia de Clamades y Clarmonda. La primera mención de este caballo mágico se remonta a la disputa (I, 49) entre DQ y el canónigo sobre los libros de caballerías y afines. Folclóricamente, el caballo volador se asocia con la huida de los amantes. º volver
  • (13) ‘a cada momento’. º volver
  • (14) Monte con minas de plata que se encontraba en el virreinato del Perú; era término antonomástico de riqueza y de lugar lejano. «Hoy aquí, mañana en Francia» era frase hecha, aplicada a los «vagantes» (II, 11, 711, n. 7; 33, 906, n. 19). º volver
  • (15) portante: ‘andadura regular y ligera de la caballería’; el caballo que ni come ni duerme pertenece al folclore. º volver
  • (16) ‘tranquilo y sin sobresaltos’; era un símil común. º volver
  • (17) cutiré: ‘pondré a competir’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 950.1 tácitas edd. preguntas tácitas FL [Cf. n. 2. volver
  • (II) 950.18 algunas edd. alguna V volver
  • (III) 951.5 quedará V SB quedara edd. volver
  • (IV) 951.9 mil y edd. mil V volver
  • (V) 951.22 Pierres edd. Pirres A volver
  • (VI) 952.1-2 lleva encima edd. [HZ3:150 propone va encima, a la luz del caballero que va encima un poco posterior; los tres lleua y un llena contiguos apoyan, en efecto, la conjetura. volver
  • (VII) 952.2 puede llevar edd. puede lleva A volver

Notas complementarias:

  • (1) 949.1—«De suerte voy que pelearé con ciento / sin volver el pie atrás una semínima» (La entretenida, f. 188). «¿Qué importa que cornejas, que siniestra / infame multitud de rudas aves / aniquile tu voz sonora y diestra, / si semínimas son para tus claves?» (Lope de Vega, La Filomena, p. 611). ¶ Sobre Cide Hamete y otros autores, cf. I, Pról., 10, n. 12, y Lecturas. volver
  • (2) 950.2—CL. Rosenblat [1971:155-156] aduce las frases: «satisface a las tácitas objeciones de este modo», de la Retórica de fray Luis de Granada, y «dejadas las retorsiones de Aristipo y la respuesta a las tácitas objeciones de Dionisio», de la Philosophía antigua poética de Pinciano. ¶ No podemos documentarlo, pero creemos que tácita(s) se usó sustantivado en el vocabulario de la escolástica refiriéndose a la(s) premisa(s). volver
  • (3) 950.4—Para el verbo en singular, Rosenblat [1971:261]. volver
  • (4) 950.5—«Pelador para el vello: Tomaréis resina... e ponedla a cozer... E como esté fría, tirarla heis como quien hace melcocha, metiéndola siempre en el agua hasta que se pare blanca. Y como esté blanca, habréis hecho vuestro pelador» (apud Martínez Crespo 1995:55). RM trae la receta para «otro pelador más delicado que quita los pelos de la cara y la hace blanca: tómese pez griega, tres dramas; almástiga, un drama; armoníaco purísimo y muy limpio, un poco; desháganse en vaso de tierra limpio... dehágase un poco dello al fuego y, estando tibio, se ponga sobre la cara por una hora o dos, y después, quítese, y quitará los pelos y quedará muy limpia la cara». volver
  • (5) 950.6—RM. volver
  • (6) 950.7—CL, RM, Cabo Aseguinolaza [1993:250]b. «Andaba... enamorado de una doncella que era algo prima suya, y la tercera era traidora... Tañendo una noche..., díjole un amigo suyo que le acompañaba: Templá esa prima. Respondió: ¿Cómo puede templarse bien la prima, siendo falsa la tercera?» (Floresta española, VI, II, 8). volver
  • (7) 950.8—MZ cita la Topografía de Haedo, I, p. 154: «Muchos dellos no rapan las barbas, más bien las dejan crecer, y dan por razón que rapar la barba es propio de ganapanes y bellacos, y lo propio dicen del que no trae turbante». volver
  • (8) 951.11—SB, RQ. ¶ Sobre la precisión en el número de leguas, Chevalier [1966:469]. volver
  • (9) 951.12—BW, PE, CL, CT, SB, RM, CZ, MU, AA, RQ (y su nota prel. a II, 41); Murillo [1988:192-198]. Cf. Lecturas, II, 41. Cf. también I, 49, 566, donde por primera vez se produce la confusión entre el Pierres y Magalona y el Clamades. ¶ Menéndez Pelayo [1905-1915/43:I, 237] se apoya en Gaston Paris para señalar que la fuente primera haya podido ser española, y subraya la permanencia folclórica hispánica de la historia del caballo de madera. La historia anterior a Clavileño ha sido muy bien trazada por Aebischer [1962]. Cf. también Hatzfeld [1948:67], A. Alonso [1948a/65:185-186], Henry [1969], Forcione [1970b:152-155], Molho [1976:123], Juliá [1993]. ¶ Herrero García [1949] lo interpreta como parodia de los viajes aéreos que aparecen en los libros de la época; cf. Pini Moro [1996:63-64]. Sobre el viaje por los aires en la tradición literaria del ultramundo, con fuentes posibles para C., Patch [1956:33-35]; de ellas destaca Marasso [1947/54:133, 182-183] el Sueño de Escipión ciceroniano. Fuentes más cercanas, como el episodio del vuelo del Licenciado Torralba, reflejado en el Carlo famoso de Luis Zapata de Chaves, encuentra Márquez Villanueva [1973:164], que acude a Schevill [1927] y Gillet [1957]. Cf. Lecturas, II, 41. ¶ Se podría pensar también, por cercanía a la toponimia de Os Lusiadas de Camões (X, 76 ss.), en la visión que Tetis le ofrece a Vasco de Gama en el poema portugués. Para los aspectos teatrales del episodio, Syverson-Stork [1986]b, Baras Escolá [1989:99], C. Reed [1994:209]. volver
  • (10) 951.13—RM observa la contradicción entre el uso habitual de Malambruno y la anterior afimación: «desde el gran Pierres hasta ahora no sabemos que haya subido alguno en él». volver
  • (11) 951.14—Guzmán de Alfarache, II, III, 1, p. 736; cf. también Correas, Vocabulario. volver
  • (12) 952.15—SB remite al «caballo o macho de Bamba o Vamba»; cf. Correas, Vocabulario, p. 380a. volver
  • (13) 952.16—«Tan llano [era el andar del caballo], que se pudiera llevar, a manera de decir, una taza llena de agua en la mano» (Zapata, Miscelánea, núm. 125, apud VG). RQ ha señalado que esas cualidades pueden deberse a las que el Sancho de Avellaneda predica de su rucio; pero sin duda se trata de una expresión común (VG). volver
  • (14) 952.17—PE, SB, RM. volver
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