Capítulo
XXXVIII
Donde se prosigue la famosa aventura de
la dueña Dolorida
En estremo se holgaron el duque y la
duquesa de ver cuán bien iba respondiendo a su
intención don Quijote, y a esta sazón dijo
Sancho:
—No querría yo que esta
señora dueña pusiese algún tropiezo a
la promesa de mi gobierno; porque yo he oído
decir a un boticario toledano, que hablaba como un
silguero1, que
donde interviniesen dueñas no podía suceder
cosa buena2.
¡Válame Dios y qué mal estaba con
ellas el tal boticario! De loII
que yo saco que pues todas las dueñas son
enfadosas e impertinentes, de cualquiera calidad y
condición que sean, ¿qué serán
las que son doloridas, como han dicho que es esta
condesa Tres Faldas, o Tres Colas? Que en mi tierra
faldas y colas, colas y faldas, todo es uno3.
—Calla, Sancho amigo —dijo
don Quijote—, que pues esta señora
dueña de tan lueñesIII
tierras viene a buscarme, no debe ser de aquellas que
el boticario tenía en su número, cuanto
más que esta es condesa, y cuando las condesas
sirven de dueñas, será sirviendo a reinas y
a emperatrices, que en sus casas son
señorísimas que se sirven de otras
dueñas.
A esto respondió doña
Rodríguez, que se halló presente:
—Dueñas tiene mi señora
la duquesa en su servicio que pudieran ser condesas
si la fortuna quisiera, pero allá van leyes do
quieren reyes4, y nadie
diga mal de las dueñas, y más de las
antiguas y doncellas5, que
aunque yo no lo soy, bien se me alcanza y se me
trasluce la ventaja que hace una dueña doncella
a una dueña viuda; y quien a nosotras
trasquiló, las tijeras le quedaron en la mano6.
—Con todo eso —replicó
Sancho—, hay tanto que trasquilar en las
dueñas, segúnIV
mi barberoV,
cuanto será mejor no menear el arroz, aunque se
pegue7.
—Siempre los escuderos
—respondió doña Rodríguez—
son enemigos nuestros, que como son duendes de las
antesalas y nos veen a cada paso, los ratos que no
rezan, que son muchos8, los
gastan en murmurar de nosotras, desenterrándonos
los huesos9 y
enterrándonos la fama. Pues mándoles yo a
los leños movibles10, que mal
que les pese hemos de vivir en el mundo, y en las
casas principales, aunque muramos de hambre y
cubramos con un negro monjil nuestras delicadas o no
delicadas carnes11, como
quien cubre o tapa un muladar con un tapiz en
día de procesión12. A fe
que si me fuera dado y el tiempo lo pidiera, que yo
diera a entender, no solo a los presentes, sino a
todo el mundo, como no hay virtud que no se encierre
en una dueña.
—Yo creo —dijo la
duquesa— que mi buena doñaVI
Rodríguez tiene razón, y muy grande, pero
conviene que aguarde tiempo para volver por sí y
por las demás dueñas, para confundir la
mala opinión de aquel mal boticario, y
desarraigar la que tiene en su pecho el gran Sancho
Panza.
A lo que Sancho respondió:
—Después que tengo humos de
gobernador13 se me
han quitado los váguidos de escudero14 y no se
me da por cuantas dueñas hay un cabrahígo15.
Adelante pasaran con el coloquio
dueñesco, si no oyeran que el pífaro y los
tambores volvían a sonar, por donde entendieron
que la dueña Dolorida entraba. Preguntó la
duquesa al duque si sería bien ir a recebirla,
pues era condesa y persona principal.
—Por lo que tiene de condesa
—respondió Sancho, antes que el duque
respondiese—, bien estoy en que vuestras
grandezas salgan a recebirla; pero por lo de
dueña, soy de parecer que no se muevan un
paso.
—¿Quién te mete a ti en
esto, Sancho? —dijo don Quijote.
—¿Quién, señor?
—respondió Sancho—. Yo me meto, que
puedo meterme, como escudero que ha aprendido los
términos de la cortesía en la escuela de
vuesa merced, que es el más cortés y bien
criado caballero que hay en toda la cortesanía;
y en estas cosas, según he oído decir a
vuesa merced, tanto se pierde por carta de más
como por carta de menos16, y al
buen entendedor, pocas palabras.
—Así es, como Sancho dice
—dijo el duque—: veremos el talle de la
condesa17, y por
él tantearemos la cortesía que se le
debe.
En esto entraron los tambores y el
pífaro como la vez primera.
Y aquí con este breve
capítulo dio fin el autor, y comenzó el
otro, siguiendo la mesma aventura, que es una de las
más notables de la historia.
Lectura comentada (Louis Combet)
Notas:
- (1) ‘tan bien como
un jilguero’; es posible que, en germanía,
significase ‘soplón, correveidile’.
Para el elogio del habla de Toledo, véase II,
19, 786, n. 37. º volver
- (2) Era opinión
corriente en la época (II, 8, 689, n. 30,
etc.). volver
- (3) Posible
alusión a la lujuria que suele reprocharse a las
dueñas. º volver
- (4) Para este
refrán, véase II, 5, 667, n. 44. volver
- (5) y más:
‘y menos’, se diría hoy. volver
- (6) ‘quien
trató mal a uno, puede maltratar a otro’.
º volver
- (7) Sobre esta frase,
véase I, 20, 217, n. 64. La aparición de
un barbero –que algunos consideran error o
confusión con el boticario de quien se ha
hablado antes– se explica quizá por el uso
de trasquilar. º volver
- (8) Es decir, ‘los
ratos que están sin hacer nada bueno’.
º volver
- (9) ‘descubriendo
nuestros fallos olvidados’. º volver
- (10) ‘a
galeras’; en latín, lignum se usaba
con el sentido de ‘barco’; así, la
dueña usa un lenguaje culterano. º volver
- (11) negro
monjil: ‘túnica amplia de color
negro’; era el traje de las dueñas en las
casas principales. º volver
- (12) muladar:
‘estercolero’; se recuerda
humorísticamente la frase contra las
dueñas: «el monjil lo tapa todo».
º volver
- (13) ‘desde que
presumo de gobernador’. º volver
- (14)
váguidos: ‘vahídos’;
véase I, 38, 447, n. 14. volver
- (15) ‘no se me
da nada’ (no ya un higo: ni siquiera
un cabrahígo); véase II, 22, 814,
n. 42. º volver
- (16) ‘tanto da
pasarse como quedarse corto’; compárese
con II, 17, 770, n. 56; 33, 912, n. 60, donde el matiz
es distinto º volver
- (17) talle:
‘aspecto, apariencia’. volver
Notas críticas:
- (I) 936.5 Capítulo
XXXVII
edd. Capítulo 37
A volver
- (II) 936.13 De lo
edd. De la
A volver
- (III) 936.19 lueñes
edd. lueñas V volver
- (IV) 937.4 según edd. segnn A volver
- (V) 937.4 barbero edd. boticario
HZ FL [Puede ser un donaire a partir de
trasquilar o la enésima distracción
de C. volver
- (VI) 937.18 doña edd. dueña V volver
Notas complementarias:
- (1) 936.1—CZ. Para la forma etimológica
silguero, DCECH. «Al sastre corcovado, que
por mal nombre se llama el Silguero, seis palos
de mayor cuantía, a pedimento de la dama que
dejó la gargantilla» (Rinconete y
Cortadillo, f. 84v).
volver
- (2) 936.3—MU señala que Sancho confunde el
tipo literario de la dueña menesterosa de
los libros de caballerías con las
dueñas de servidumbre, como doña
Rodríguez (cf. II, 31, 881, n. 10; 38, 945, n.
47), pero en aquellos nunca se les da a estas el papel
de medianeras. Redondo [1984:193]; cf. Lecturas.
¶ Para los posibles y ambiguos sentidos de
colas, cf. I, 32, 368, n. 7, y 35, 418, n. 17;
sobre las faldas cf. I, 19, 202, n. 28
Véase la nota complementaria 202.28 ubicada en el capítulo 19,
y 27, 299, n. 2
Véase la nota complementaria 299.2 ubicada en el capítulo 27.
volver
- (3) 937.6—CL, RM, MZ. Parece adecuación
del refrán «Quien me tresquiló a
mí, tijeras tiene para ti» (Horozco,
Teatro, núm. 2703). Sbarbi [1882:364]
añade una nueva lectura, apoyada en el lenguaje
de germanía: «Quien a nosotras nos
quitó la virginidad, podrá
quitársela a otras».
volver
- (4) 937.7—CL, SB, RM, VG.
volver
- (5) 937.8—Quizá rezar podría
usarse también con el sentido, vivo en
germanía, de ‘beber en abundancia’;
cf. Alonso Hernández [1976], que remite a
Hill.
volver
- (6) 937.9—BW, RM, Crosby [1993:II, 1037]; cf.
Covarrubias, Tesoro, s.v.
«desenterrar».
volver
- (7) 937.10—CL cree que es metáfora de los
escuderos. ¶ Según RQ, ‘las
galeras’, por italianismo. ¶ Baras
Escolá [1991], tras rechazar todas las
interpretaciones anteriores, opina que vale
‘títere’, partiendo de Horacio
(Sátiras, II, VII, 82) a través
del lema «Nervis alienis mobile lignum»,
que ilustra el número II, 50 de los Emblemas
morales de Covarrubias, aunque las figuras que
presenta la empresa no son títeres, sino
autómatas.
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- (8) 937.11—RM, Morby [1958/68:178]. Traje austero
propio no sólo de monjas sino también de
viudas y dueñas. El monjil
«redondo» quedaba suelto y despegado del
cuerpo, sin costura en la cintura. En el monjil
«tranzado», que tenía cola, cuerpo y
falda se cortaban por separado en el delantero; la
espalda, de una sola pieza, con un pliegue en el medio,
quedaba despegada del cuerpo (Bernis, en prensa).
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- (9) 937.12—«Ver sus tocas blanquear / a la
viuda, eso me mueve / que ver cubierto de nieve / el
puesto del muladar» (Góngora,
Letrillas, p. 83).
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- (10) 937.13—«Tener humos, por
presumir» (Correas, Vocabulario, p.
732a).
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- (11) 937.15—CL, RM, MU.
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- (12) 938.16—Para los epítetos que Sancho
dedica a DQ, García González [1990].
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