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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XXXII (1 de 4)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXII
De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos (1 de 4)

Levantado, pues, en pie don Quijote, temblando de los pies a la cabeza como azogado, con presurosa y turbada lengua dijo:

—El lugar donde estoy, y la presencia ante quien me hallo, y el respeto que siempre tuve y tengo al estado que vuesa merced profesa, tienen y atan las manos de mi justo enojo; y así por lo que he dicho como por saber que saben todos que las armas de los togados son las mesmas que las de la mujer1, que son la lengua, entraré con la mía en igual batalla con vuesa merced, de quien se debía esperar antes buenos consejos que infames vituperios. Las reprehensiones santas y bienintencionadas otras circunstancias requieren y otros puntos piden: a lo menos, el haberme reprehendido en público y tan ásperamente ha pasado todos los límites de la buena reprehensión2, pues las primeras3 mejor asientan sobre la blandura que sobre la aspereza, y no es bien que sinI tener conocimiento del pecado que se reprehende llamar al pecador, sin más ni más, mentecato y tonto4. Si no, dígame vuesa mercedII por cuál de las mentecaterías que en mí ha visto me condena y vitupera y me manda que me vaya a mi casa a tener cuenta en el gobierno della y de mi mujer y de mis hijos, sin saber si la tengo o los tengo. ¿No hay más sino a trochemoche5 entrarse por las casas ajenas a gobernar sus dueños, y habiéndose criado algunos en la estrecheza de algún pupilaje6, sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte o treinta leguas de distrito, meterse de rondón7 a dar leyes a la caballería y a juzgar de los caballeros andantes? ¿Por ventura es asumpto vano o es tiempo mal gastado el que se gasta en vagar por el mundo, no buscando los regalos dél, sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la inmortalidad8? Si me tuvieran por tonto los caballeros, los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por afrenta inreparableIII; pero de que me tengan por sandio los estudiantes9, que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me da un ardite: caballero soy, y caballero he de morir, si place al Altísimo. Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra10. Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean, y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes11. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes.

—¡Bien, por Dios! —dijo Sancho—. No diga más vuestra merced, señor y amo mío, en su abono, porque no hay más que decir, ni más que pensar, ni más que perseverar en el mundo12. Y más que negando este señor, como ha negado, que no ha habido en el mundo, ni los hay, caballeros andantes, ¿qué mucho que no sepa ninguna de las cosas que ha dicho?

—¿Por ventura —dijo el eclesiástico— sois vos, hermano, aquel Sancho Panza que dicen, a quien vuestro amo tiene prometida una ínsula?

—Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bienIV como otro cualquiera; soy quien «júntate a los buenos, y serás uno de ellos», y soy yo de aquellos «no con quien naces, sino con quien paces», y de los «quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija13». Yo me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando enV su compañía, y he de ser otro como él14, Dios queriendo; y viva él y viva yo, que ni a él le faltaránVI imperios que mandar, ni a mí ínsulas que gobernar.

—No, por cierto, Sancho amigo —dijo a esta sazón el duque—, que yo, en nombre del señor don Quijote, os mando el gobierno de una que tengo de nones15, de no pequeña calidad.

—Híncate de rodillasVII, Sancho —dijo don Quijote—, y besa los pies a Su Excelencia por la merced que te ha hecho.

Hízolo así Sancho, lo cual visto por el eclesiástico, se levantó de la mesaVIII mohíno además16, diciendo:

—Por el hábito que tengo que estoy por decir que es tan sandio Vuestra Excelencia como estos pecadores. ¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras17! Quédese Vuestra Excelencia con ellos, que en tanto que estuvieren en casa, me estaré yo en la mía, y me escusaré de reprehender lo que no puedo remediar.

Y sin decir más ni comer más se fue, sin que fuesen parte a detenerle los ruegos de los duques, aunque el duque no le dijo mucho, impedido de la risa que su impertinente cólera le había causado; acabó de reír, y dijo a don Quijote:

—Vuesa merced, señor Caballero de los Leones, ha respondido por sí tan altamente, que no le queda cosa por satisfacerIX deste que aunque parece agravio, no lo es en ninguna manera, porque así como no agravian las mujeres, no agravian los eclesiásticos, como vuesa merced mejor sabe.

—Así es —respondió don Quijote—, y la causa es que el que no puede ser agraviado no puede agraviarX a nadie. Las mujeres, los niños y los eclesiásticos, como no pueden defenderse aunque sean ofendidos, no pueden ser afrentados. Porque entre el agravio y la afrenta hay esta diferencia, como mejor Vuestra Excelencia sabe: la afrenta viene de parte de quien la puede hacer, y la hace, y la sustenta18; el agravio puede venir de cualquier parte, sin que afrente. Sea ejemplo: está uno en la calle descuidado; llegan diez con mano armada, y, dándole de palos, pone mano a la espada y hace su deber, pero la muchedumbre de los contrarios se le opone, y no le deja salir con su intención, que es de vengarse; este tal queda agraviado, pero no afrentado. Y lo mesmo confirmará otro ejemplo: está uno vuelto de espaldas; llega otro y dale de palos, y, en dándoselos, huye y noXI espera, y el otro le sigue y no alcanza; este que recibió los palos recibió agravio, mas no afrenta, porque la afrenta ha de ser sustentada. Si el que le dio los palos, aunque se los dio a hurtacordel19, pusiera mano a su espada y se estuviera quedo, haciendo rostro a su enemigo20, quedara el apaleado agraviado y afrentado juntamente: agraviado, porque le dieron a traición; afrentado, porque el que le dio sustentó lo que había hecho, sin volver las espaldas y a pie quedo21. Y, así, según las leyes del maldito duelo22, yo puedo estar agraviado, mas no afrentado, porque los niños no sienten, ni las mujeres, ni pueden huir, ni tienen para qué esperar, y lo mesmo los constituidos en la sacra religión, porque estos tres géneros de genteXII carecen de armas ofensivasXIII y defensivas; y, así, aunque naturalmente estén obligados a defenderse, no lo están para ofender a nadie. Y aunque poco ha dije que yo podía estar agraviado, agora digo que no, en ninguna manera, porque quien no puede recebir afrenta, menos la puede dar23. Por las cuales razones yo no debo sentir ni siento las que aquel buen hombre me ha dicho: solo quisiera que esperara algún poco, para darle a entender en el error en que está en pensar y decir que no ha habido, ni los hay, caballeros andantes en el mundo; que si lo tal oyera Amadís, o uno de los infinitos de su linaje, yo sé que no le fuera bien a su merced.

—Eso juro yo bien —dijo Sancho—: cuchillada le hubieran dado, que le abrieran de arriba abajo como una granada o como a un melón muy maduro. ¡Bonitos eran ellos para sufrir semejantes cosquillas24! Para mi santiguada25 que tengo por cierto que si Reinaldos de Montalbán hubiera oído estas razones al hombrecito, tapaboca le hubiera dado, que no hablara más en tres años. ¡No, sino tomárase con ellos, y viera cómo escapaba de sus manos!

Notas:

  • (1) togados: ‘letrados, abogados o eclesiásticos’. º volver
  • (2) El reproche de DQ se apoya en el incumplimiento de preceptos evangélicos por parte del religioso. º volver
  • (3) ‘reprehensiones’. volver
  • (4) Anacoluto del autor: «no es bien que sin tener conocimiento... llamar...». º volver
  • (5) ‘sin ninguna consideración’ (véase II, 3, 652, n. 43). º volver
  • (6) ‘posada de estudiantes en una universidad’, bajo la tutela de un bachiller. La sordidez y precariedad de los pupilajes fue un motivo literario de primer orden. º volver
  • (7) ‘de golpe’, ‘sin consideración’. º volver
  • (8) La frase combina recuerdos del Evangelio, de Garcilaso (véase II, 6, 677, n. 44) y de Séneca. º volver
  • (9) ‘hombres de estudios’, ‘estudiosos’. º volver
  • (10) Se opone la hacienda, que puede suponer consideración social, a la honra como valor de estima personal. º volver
  • (11) ‘de los que tienen la virtud de la continencia y se conforman con el amor platónico’. Véase II, 3, 648, n. 19. º volver
  • (12) perseverar: ‘insistir’. º volver
  • (13) Sancho emplea los tres refranes –frases fosilizadas– como sustantivos para definirse a sí mismo en relación a DQ. º volver
  • (14) Aunque a menudo se ha visto en estas palabras la ambición caballeresca de Sancho, el escudero también puede estar manifestando la amistad (amicus, alter ego) hacia DQ. º volver
  • (15) ‘desocupada, sola’. º volver
  • (16) ‘en gran medida’. volver
  • (17) ‘aprueban con elogios sus locuras’. º volver
  • (18) ‘la mantiene’ con las armas. º volver
  • (19) ‘a hurtadillas’, ‘disimulando’. º volver
  • (20) haciendo rostro: ‘arrostrando, enfrentándose’. volver
  • (21) ‘sin moverse’, ‘a pie firme’. º volver
  • (22) La condena del duelo, tan poco conforme con el comportamiento de DQ, responde a un decreto tridentino. Véase I, 15, 164, n. 44, y II, 56, 1084, n. 4. º volver
  • (23) La afrenta es injuria entre personas de igual categoría o hecha con intención de causar deshonra o baldón; la única solución para ella es la justa venganza o el desafío. El agravio lo causa una persona que tiene poder sobre otra y contra la que no es posible defenderse, o cuando se injuria sin intención; no cabe venganza, sólo deshacer el agravio, castigar al ofensor o reparar la injusticia; no origina deshonra. El discurso de DQ puede ser un intento de justificación de las palabras anteriores del Duque, impensables socialmente. º volver
  • (24) ‘bromas que hacen reír’. º volver
  • (25) ‘por mi cara santiguada’, o sea, ‘por mi fe’ (véase I, 5, 76, n. 39). volver

Notas críticas:

Notas complementarias:

  • (1) 889.1—RM recuerda el verso de Cicerón, convertido en proverbio: «Cedant arma togae, concedat laurea» (De officiis, I, XXII, 77). Habría que recordar, para comprender la condena del eclesiástico como mal consejero y político, el capítulo entero, especialmente las palabras con que Cicerón lo cierra, alabando la actuación de Pompeyo: «Mihi quidem certe vir abundans bellicis laudibus, Cn. Pompeius, multis audientibus, hoc tribuit, ut diceret, frustra se triumphum deportaturum fuisse, nisi meo in rempublicam beneficio, ubi triumpharet, esset habiturus». volver
  • (2) 889.2«Si autem peccaverit in te frater tuus, vade et corripe eum inter te et ipsum solum» (Mateo, XVIII, 15); «Ego autem dico vobis: quia omnis qui irascitur fratri suo, reus erit iudicio. Qui autem dixerit fratri suo raca reus erit concilio. Qui autem dixerit fatue reus erit gehennae ignis» (Mateo, V, 22); «Et omnis qui reliquerit domum, vel fratres, aut sorores, aut patrem, aut matrem, aut uxorem, aut filios, aut agros, propter nomen meum, centuplum accipiet, et vitam eternam possidebit» (Mateo, XIX, 29). volver
  • (3) 889.4Cf. I, 27, n. 313.10 Véase la nota crítica XXXVIII ubicada en el capítulo 27. volver
  • (4) 889.5—A. Castro [1925/87:59-60] pone en relación este párrafo con otros en que C. expone sus ideas sobre la preparación para el gobierno y resalta las raíces humanistas de esta doctrina, con el testimonio de Pedro Simón Abril; pero parecen oponerse las palabras de DQ retando a Sancho que se leen más adelante en este mismo capítulo. volver
  • (5) 889.6—RM, Rico [1983:806-812], Cabo Aseguinolaza [1993:66]. volver
  • (6) 889.7—Covarrubias, Tesoro, s.v. «rendón». volver
  • (7) 889.8—BW, RM. ¶ Marasso [1947/54:40] remite, además de a los versos de la égloga II, al Hercules Furens; sin embargo, dado el contexto, pensaríamos, como fundamento sobre el que se colocan la otras influencias, en los versículos: «Intrate per angustam portam: quia lata porta, et spatiosa via est, quae ducit ad perditionem, et multi sunt qui intrant per eam. Quam angusta porta, et arcta via est, quae ducit ad vitam: et pauci sunt qui inveniunt eam!» (Mateo, VII, 12-13). volver
  • (8) 890.9—RM trae un fragmento de Castiglione, El cortesano, I, 9, p. 717, en que se declara que los caballeros franceses de su tiempo «desprecian a los hombres letrados como a gente baja, y cuando quieren decir a alguno una recia lástima, llámanle estudiante». volver
  • (9) 890.10—De la honra del caballero se ocupa la segunda Partida, título XXI, leyes 22-23, y cf. Lucía Megías [1990]. Sobre la oposición entre hacienda y honra, cf. Arco y Garay [1951a:284-285] y las finas observaciones de Dunn [1966:13-16]. ¶ Sobre el autoconocimiento de DQ, frente a otros caballeros, Avalle-Arce [1989a]. volver
  • (10) 890.11—CL. ¶ Sobre el amor platónico de DQ, Filgueira Valverde [1948], Arco y Garay [1951a:254-259], Williamson [1984/91:s.v. «amor cortés»], Eisenberg [1987a:124]; en general, Serés [1996a]. volver
  • (11) 890.12—VG. volver
  • (12) 890.13—CL, RM. ¶ Frente a una visible consideración ética, Salazar Rincón [1986:298-303] lo interpreta como una obligatoriedad de adoptar las maneras y valores de la aristocracia si se quiere medrar socialmente. volver
  • (13) 891.14—CL. ¶ Salazar Rincón [1986:44, 118 ss., 298 ss.] compara este pasaje con I, 21, 233-234, a propósito del criticar el mimetismo social y arribismo de algunas clases sociales. ¶ Para los fundamentos jurídicos de la amistad a partir de las Partidas alfonsíes, Heusch [1993-1994]. Sobre el concepto de amistad, Cicerón, De amicitia, XXI, 81; cf. Serés [1996a]. volver
  • (14) 891.15—CL, RM. Pero puede significar ‘sin pareja’, y así entrar en la tradición romanceril, y aún más antigua, de la ciudad requerida de amores; cf. Rico [1990b:160-165]. volver
  • (15) 891.17—RM; Rodríguez Marín [1935b:294]. ¶ Estudian el exabrupto del capellán y las carcajadas con que responden los duques Trueblood [1984:12-13], Riley [1986/90:163], Close [1992] y Canavaggio [1994:246-247], que indica que con esta decisión se entra en el mundo al revés de la demencia palaciega (cf. también Lecturas). volver
  • (16) 891.18—CL. volver
  • (17) 892.19—BW aduce el muy pertinente texto de Martín de Eguílaz, Discurso y regla militar, Amberes, 1595, p. 82b: «No hay que buscarles más preámbulos a las afrentas, sino que ninguno pueda ser afrentado a hurta cordel, y si aquel lo hace, no lo sustenta». CL, RM. «A hurta cordel: como ‘Tirar la piedra y esconder la mano’. Imitado del retirar con maña el cordel del trompo» (Correas, Vocabulario, p. 603a); y antes: «Tirar la piedra y esconder la mano: hecho villano: dícese de los que halagan por delante y ofenden por detrás». volver
  • (18) 892.21—BW. volver
  • (19) 892.22—CT trae los textos más importantes. Hatzfeld [1927/72:137] cita el «detestabilis duellorum usus, fabricante diabolo introductus» (Concilium Tridentinum, Sessio 25, can. 19). Arco y Garay [1951a:187], Descouzis [1973:20-22]. volver
  • (20) 892.23—BW, CL, RM; Schevill y Bonilla [1914:II, 307], Northup [1924], A. Castro [1925/87:383], A. Montaner [1993:s.v. «injuria»]. Cf. Persiles, III, 9, ff. 150-150v. Recuérdese el proverbio «No ofende quien quiere, sino quien puede», que actualiza la doctrina romana de Ulpiano: «Facere iniuriam nemo, nisi qui scit se iniuriam facere potest» y «volenti non fit iniuria...» (Digesto, XLVII, X, 1, 5), e incluso del Código, II, IV, 34, de Justiniano: «Cum... nec umquam volenti dolus inferatur»; también pueden verse Bonifacio VIII, Liber sextus decretalium, V, XII, 27; y la Ética a Nicómaco, 1138a12. Cf. Tosi [1991:517]. La teoría de agravio sin afrenta aparece dramatizada en Calderón de la Barca, A secreto agravio, secreta venganza. ¶ Con la negación de que pueda ser injuriado por el eclesiástico, DQ acaso intenta justificar la risa y palabras del Duque, justificando a su vez al eclesiástico, contrarias al comportamiento esperable de un huésped y de un noble; cf. con el aforismo de Ulpiano arriba citado, con resonancia en las Partidas, II, 16, y glosado antes y después en muchos textos legales: «Spectat ad nos iniuria, quae his fit, qui vel potestati nostrae vel affectui subiecti sunt»; para su repercusión literaria, cf., sin más, el Cantar de Mio Cid, vv. 960-966. ¶ Murillo [1988:182-183] ve la discusión como una deformación de la desigualdad social perpetrada por las castas, y el discurso de DQ como un modelo de oratoria ciceroniana. volver
  • (21) 892.24—Para los sentidos de cosquillas en el tiempo de C., Herrero García [1983:434-436]. volver
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