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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XXXII (2 de 4)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXII
De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos (2 del 4)

Perecía de risa la duquesa en oyendo hablar a Sancho, y en su opinión le tenía por más gracioso y por más loco que a su amo, y muchos hubo en aquel tiempo que fueron desteXIV mismo parecer. Finalmente, don Quijote se sosegó, y la comidaXV se acabó, y en levantando los manteles llegaron cuatro doncellas, la una con una fuente de plata y la otra con un aguamanil asimismo de plata26, y la otra con dos blanquísimas y riquísimas toallas al hombro, y la cuarta descubiertos los brazos hasta la mitad, y en sus blancas manos —que sin duda eran blancas— una redonda pella de jabón napolitano27. Llegó la de la fuente, y con gentil donaire y desenvoltura encajó la fuente debajo de la barba de don Quijote; el cual, sin hablar palabra, admirado de semejante ceremonia, creyendo que debía ser usanza de aquella tierra en lugar de las manos lavar las barbas, y, así28, tendió la suya todo cuanto pudo, y al mismo punto comenzó a llover el aguamanil, y la doncella del jabón le manoseó las barbas con mucha priesa, levantando copos de nieve, que no eran menos blancas las jabonaduras, no solo por las barbas, mas por todo el rostro y por los ojos del obediente caballero, tanto, que se los hicieron cerrar por fuerza. El duque y la duquesa, que de nada desto eran sabidores, estaban esperando en qué había de parar tan extraordinario lavatorio. La doncella barbera, cuando le tuvo con un palmo de jabonadura, fingió que se le había acabado el agua y mandó a la del aguamanil fuese por ella, que el señor don Quijote esperaría. Hízolo así, y quedó don Quijote con la másXVI estraña figura y más para hacer reír que se pudiera imaginar.

Mirábanle todos los que presentes estaban, que eran muchos, y como le veían con media vara de cuello, más que medianamente moreno, los ojos cerrados y las barbas llenas de jabón, fue gran maravilla y mucha discreción poder disimular la risa; las doncellas de la burla tenían los ojos bajos, sin osar mirar a sus señores; a ellos les retozabaXVII la cólera y la risa en el cuerpo29, y no sabían a qué acudir: o a castigar el atrevimiento de las muchachas o darles premio por el gusto que recibían de ver a don Quijote de aquella suerte. Finalmente, la doncella del aguamanil vino, y acabaron de lavar a don Quijote, y luego la que traía las toallas le limpió y le enjugó muy reposadamente; y haciéndole todas cuatro a la par una grande y profunda inclinación y reverencia, se querían ir, pero el duque, porque don Quijote no cayese en la burla, llamó a la doncella de la fuente, diciéndole:

—Venid y lavadme a mí, y mirad que no se os acabe el agua.

La muchacha, aguda y diligente, llegó y puso la fuente al duque como a don Quijote, y dándose prisa, le lavaron y jabonaron muy bien, y dejándole enjuto y limpio, haciendo reverencias se fueron. Después se supo que había jurado el duque que si a él no le lavaran como a don Quijote, había de castigar su desenvoltura, lo cualXVIII habían enmendado discretamente con haberle a él jabonado30.

Estaba atento Sancho a las ceremonias de aquel lavatorio, y dijo entre sí:

—¡Válame Dios! ¿Si será también usanza en esta tierra lavar las barbas a los escuderos como a los caballeros? Porque en Dios y en mi ánima que lo he bien menester, y aun que si me las rapasenXIX a navaja, lo tendría a más beneficio.

—¿Qué decís entre vos, Sancho? —preguntó la duquesa.

—Digo, señora —respondió él—, que en las cortes de los otrosXX príncipes siempre he oído decir que en levantando los manteles dan agua a las manos, pero no lejía a las barbas, y que por eso es bueno vivir mucho, por ver mucho; aunque también dicen que «el que larga vida vive mucho mal ha de pasar31», puesto que pasar por un lavatorio de estos antes es gusto que trabajo.

—No tengáis pena, amigo Sancho —dijo la duquesa—, que yo haré que mis doncellas os laven, y aun os metan en colada32, si fuere menester.

—Con las barbas me contento —respondió Sancho—, por ahora a lo menos, que andando el tiempo Dios dijo lo que será33.

—Mirad, maestresala —dijo la duquesa—, lo que el buen Sancho pide, y cumplidle su voluntad al pie de la letra.

El maestresala respondió que en todo sería servido el señor Sancho, y con esto se fue a comer y llevó consigo a Sancho, quedándose a la mesa los duques y don Quijote, hablando en muchas y diversas cosas, pero todas tocantes al ejercicio de las armas y de la andante caballeríaXXI.

La duquesa rogó a don Quijote que le delinease y describiese, pues parecía tener felice memoria, la hermosura y facciones de la señora Dulcinea del Toboso, que, según lo que la fama pregonaba de su belleza, tenía por entendido que debía de ser la más bella criatura del orbe, y aun de toda la Mancha34. Sospiró don Quijote oyendo lo que la duquesa le mandaba, y dijo:

—Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza, aquí sobre esta mesa y en un plato, quitara el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar, porque Vuestra Excelencia la viera en él toda retratada35; pero ¿para qué es ponerme yo ahora a delinear y describir punto por punto y parte por parte la hermosura de la sin par Dulcinea, siendo carga digna de otros hombros que de los míos, empresa en quien se debían ocupar los pinceles de Parrasio, de Timantes y de Apeles, y los buriles de Lisipo36, para pintarla y grabarla en tablas, en mármoles y en bronces, y la retórica ciceroniana y demostina para alabarla?

—¿Qué quiere decir demostina37, señor don Quijote —preguntó la duquesa—, que es vocablo que no le he oído en todos los días de mi vida?

—Retórica demostina —respondió don Quijote— es lo mismo que decir retórica de Demóstenes, como ciceroniana, de Cicerón, que fueron los dos mayores retóricos del mundo.

—Así es —dijo el duque—, y habéis andado desalumbradaXXII en la tal pregunta38; pero, con todo eso, nos daría gran gusto el señor don Quijote si nos la pintase, que a buen seguro que aunque sea en rasguño y bosquejo39, que ella salga tal, que la tengan invidia las más hermosas.

—Sí hiciera, por cierto —respondió don Quijote—, si no me la hubiera borrado de la idea la desgracia que poco ha que le sucedió, que es tal, que más estoy para llorarla que para describirla. Porque habrán de saber vuestras grandezas que yendo los días pasados a besarle las manos y a recebir su bendición, beneplácito y licencia para esta tercera salida, hallé otra de la que buscaba: halléla encantada y convertida de princesa en labradora, de hermosa en fea, de ángel en diablo, de olorosa en pestífera, de bien hablada en rústica, de reposada en brincadora, de luz en tinieblas, y, finalmente, de Dulcinea del Toboso en una villana de Sayago40.

—¡Válame Dios! —dando una gran voz, dijo a este instante el duque—. ¿Quién ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado dél la belleza que le alegraba, el donaire que le entretenía y la honestidad que le acreditaba?

—¿Quién? —respondió don Quijote—. ¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos y para dar luz y levantar los fechos de los malos41. Perseguido me han encantadores, encantadores me persiguen, y encantadores me persiguirán hasta darXXIII conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido, y en aquella parte me dañan y hieren donde veen que más lo siento; porque quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira y el sol con que se alumbra y el sustento con que se mantiene. Otras muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sombra sin cuerpo de quien se cause.

Notas:

  • (26) aguamanil: ‘jarro con pico largo para echar agua en las manos’ (véase II, 31, 884, n. 35). volver
  • (27) pella: ‘porción de una masa a la que se han dado forma redondeada’, genéricamente, ‘pastilla’; el napolitano era un ‘jabón refinado, de olor, preparado con polvo de almidón, polvo de tierra batán u otro detergente suave’ (los llamados «polvos de peinar»); se usaba como champú, especialmente para el aseo de la barba. La apostilla explicativa sin duda eran blancas tiene visos de ser una parodia del tópico literario de adjetivar así las manos. º volver
  • (28) Es una locución de valor estrictamente conjuntivo: ‘y’, ‘entonces’. Véase II, 19, 789, n. 57. volver
  • (29) ‘contenían con dificultad la cólera y la risa’. º volver
  • (30) Luis Zapata de Chaves relata una burla muy parecida que hicieron a un embajador portugués en casa del conde de Benavente. Recuérdese que manosear la barba era considerado un hecho ofensivo. º volver
  • (31) Son dos versos del romance del Marqués de Mantua. La comicidad se crea por el contraste entre el contexto del romance –la agonía de Valdovinos– y la situación en que Sancho lo aplica. º volver
  • (32) ‘os cuezan con lejía, como se hace con la ropa blanca muy sucia’; la frase echar en colada servía para decir a alguien que iba muy sucio. º volver
  • (33) ‘sólo Dios sabe lo que pasará’; el contraste pretérito-futuro en la frase marca la creencia de que para Dios todo está presente. º volver
  • (34) La frase sirve tanto para subrayar la socarronería de la Duquesa como para introducir a Dulcinea como personaje esencial en los episodios que siguen. º volver
  • (35) Hipérbole construida sobre los tres versos primeros del soneto V de Garcilaso: «Escrito ‘stá en mi alma vuestro gesto / y cuanto yo escribir de vos deseo: / vos sola lo escribistes; yo lo leo...». º volver
  • (36) Los tres primeros, pintores griegos; el último, escultor; sus nombres se usan como antonomasia común de pintor y escultor. º volver
  • (37) La palabra, mal formada, puede ser una prueba más de la socarronería de la Duquesa. º volver
  • (38) desalumbrada: ‘desconsiderada’, ‘descortés’. º volver
  • (39) ‘muy someramente’. º volver
  • (40) ‘la campesina más rústica posible’ (II, 19, 786, n. 37). º volver
  • (41) ‘enaltecer los hechos de los malos’. º volver

Notas críticas:

  • (XIV) 893.7 deste edd. del V volver
  • (XV) 893.8 comida edd. comiada A volver
  • (XVI) 893.29 la más edd. las más A volver
  • (XVII) 894.5-6 les retozaba edd. le retozaba V volver
  • (XVIII) 894.20 lo cual edd. la cual V volver
  • (XIX) 894.26 rapasen edd. rapasan A volver
  • (XX) 894.29 otros edd. orros A [FL no registra la presunta lectura de A, y es en efecto dudoso si se trata de una r o de una t en mal estado. volver
  • (XXI) 895.12 caballería edd. cabellería A volver
  • (XXII) 896.7 desalumbrada FL deslumbrada edd. [El uso de C. (cf. sólo II, 62, 1145, y también la «Aprobación» firmada por Márquez Torres, 611) y lo explicable de la errata hacen la corrección, sugerida por RM, sumamente plausible. volver
  • (XXIII) 896.31 hasta dar edd. hastar dar A volver

Notas complementarias:

  • (22) 893.27—PE, CL, SB, RM; Palacio [1829:I, 171]. ¶ Riley [1986/90:203] escoge este párrafo como marca del autor del discurso paródico-humorístico que se está desarrollando; <Salazar Rincón [1986:53] subraya el aspecto social de la parodia. ¶ Grilli [1996:57] afirma en primer lugar que la broma de lavar las barbas era conocida entre la sociedad del XVII; en segundo, que, por esta y otras burlas, Sancho va usurpando el papel a DQ en el marco teatral del palacio de los duques. volver
  • (23) 894.29—Para la actitud de la servidumbre de confianza, aun con la presencia del rey Felipe II, cf. la reflexion de Cock, Relación, p. 59: «Cada grande de Castilla venía con gran número de pajes trayendo hachas encendidas... con las cuales hacían tantas burlas, que a veces reñían con ellas de veras. Porque es esta generación de pajes tan inclinada a juegos y bellaquerías, que no dejan de hacer cosa que alguno dellos ha pensado o soñado». volver
  • (24) 894.30—PE, CL, RM. Cf. Zapata, Miscelánea, pp. 180-181, núm. 76, y Lecturas. Repiten la noticia Cotarelo Valledor [1943:108] y Lida de Malkiel [1974:135-136]. Márquez Villanueva [1973:160] coloca el influjo de Zapata sobre el episodio entre otros posibles del mismo autor. Ayala [1974:97-142] piensa en una fuente común para ambos textos. ¶ Ullman [1971c] acentúa las implicaciones sociales de la burla; más allá aún apunta Salazar Rincón [1986:273-274]; >Márquez Villanueva [1995a:315-316] duda de la tesis de Ullman y Salazar Rincón y ubica la historia como preliminar de las burlas de Altisidora. Señala el carácter denigrante de la burla Murillo [1988:183]. volver
  • (25) 894.31—RM. El romance comienza «De Mantua salió el Marqués». Los versos de la Silva de Barcelona, f. 41, rezan: «Siempre lo oí decir, / agora veo que es verdade, / que quien larga vida vive / mucho mal ha de pasare». volver
  • (26) 895.32—BW. Cf. Covarrubias, Tesoro, s.v. «colada». volver
  • (27) 895.33—BW, RM. La frase, con variantes, aparece muchas veces en el Q.: «Durmamos por ahora entrambos, y después Dios dijo lo que será» (II, 59, 1108). Correas, Vocabulario, p. 327a: «Dios dijo lo que será –o sabe Dios lo que será– y lo tiene determinado». volver
  • (28) 895.34—CL, RM, VG. ¶ Para la nueva función de Dulcinea, Rodríguez-Luis [1965-1966:380-381], Close [1973a:251-254], Stern [1984:64-67]. Allen [1990]b compara el interrogatorio de Vivaldo (I, 13, 141-142) con el de la Duquesa y con el nuevo retrato, ahora más cercano a la etopeya. Márquez Villanueva [1995a:311-313] estudia la dialéctica de acorralamiento de la Duquesa, y, retomando la intuición de Vila [1991:470], contrapone la nueva figura imaginaria de Dulcinea con la doncella Altisidora. volver
  • (29) 895.35—En los versos de Garcilaso parece oírse el eco del soneto V de Petrarca: «e ‘l nome che nel cor mi scrisse amore» (Canzoniere, V, 2), o de San Pablo: «Epistola nostra vos estis, scripta in cordibus nostris, quae scitur, et legitur ab omnibus hominibus: manifestati quod epistola estis Christi, et scripta... non in tabulis lapideis, sed in tabulis cordis carnalibus» (II Corintios, III, 2-3). «Quisiera que fuera posible sacarme el corazón y ponerle en vuestras manos, para que se viera el efecto que ha hecho en él vuestra justa reprensión» (Espinel, Marcos de Obregón, f. 13). Cf. Morros [1995:368-373], Serés [1996a:s.v. «escritura del alma»] y II, 48, 1014. volver
  • (30) 895.36—BW, CL, RM. «Espanto de los pinceles de Apeles y asombro de los cinceles de Lisipo» (Estebanillo, ed. Carreira y Cid2, I, p. 171). volver
  • (31) 896.37—CL, RM. ¶ Spitzer [1948/55:185-186] ve en la haplología popular que C. hace cometer a DQ una reivindicación para su personaje de una posición cultural por encima de su formación. Lida de Malkiel [1950] ve un remedo humorístico de una formación grata a Mena, junto a tobosina (I, 46, 537), jumentiles y asininas (II, 33, 912), pedernalinas (II, 35, 926). volver
  • (32) 896.38—Morby [1958/68:409]; cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (33) 896.39—Para la equivalencia entre la descripción con palabras y los términos de pintura en C., Levisi [1972:298]b. volver
  • (34) 896.40—BW, PE, CL, CT, RM, Arco y Garay [1951a:14, 46]. «Es dura como un mármol, y zahareña como villana de Sayago, y áspera como una ortiga» (La ilustre fregona, f. 162v). volver
  • (35) 896.41—Para aspectos de la inquina de los encantadores con respecto a esta transformación, Predmore [1958/67:40], El Saffar [1984:59], Riley [1986/90:137-138 y 172]. volver
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