Centro Virtual Cervantes
Literatura

Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XXVIII (1 de 2)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXVIII
De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee con atención (1 de 2)

Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta1, y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión. Esta verdad se verificó en don Quijote, el cual, dando lugar a la furia del pueblo y a las malas intenciones de aquel indignado escuadrón2, puso pies en polvorosa y, sin acordarse de Sancho ni del peligro en que le dejaba, se apartó tanto cuanto le pareció que bastaba para estar seguro. Seguíale Sancho atravesado en su jumento, como queda referido. Llegó, en fin, ya vuelto en su acuerdo3, y al llegar se dejó caer del rucio a los pies de Rocinante, todo ansioso, todo molido y todo apaleado. Apeóse don Quijote para catarle las feridas, pero como le hallase sano de los pies a la cabeza, con asaz cólera le dijo:

—¡Tan enhoramala supistes vos rebuznar, Sancho! ¿Y dónde hallastes vos ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado4? A música de rebuznos, ¿qué contrapunto se había de llevar sino de varapalos5? Y dad gracias a Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per signum crucis con un alfanje6.

—No estoy para responder —respondió Sancho—, porque me parece que habloI por las espaldas. Subamos y apartémonos de aquí, que yo pondré silencio en mis rebuznos, pero no en dejarII de decir que los caballeros andantes huyen y dejan a sus buenos escuderos molidos como alheña o como cibera7 en poder de sus enemigos.

—No huye el que se retira —respondió don Quijote—, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo8. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido, y en esto he imitadoIII a muchos valientes que se han guardado para tiempos mejores, y desto están las historias llenas, las cuales, por no serte a ti de provecho ni a mí de gusto, no te las refiero ahora.

En esto, ya estaba a caballo Sancho, ayudado de don Quijote, el cual asimismo subió en Rocinante, y poco a poco se fueron a emboscar en una alameda que hasta un cuarto de legua de allí se parecía. De cuando en cuando daba Sancho unos ayes profundísimos y unos gemidos dolorosos; y preguntándole don Quijote la causa de tan amargo sentimiento, respondió que desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro le dolía de manera que le sacaba de sentido.

—La causa dese dolor debe de ser, sin duda —dijo don Quijote—, que como era el palo con que te dieron largo y tendido, te cogió todas las espaldas, donde entran todas esas partes que te duelen, y si más te cogiera, más te doliera.

—¡Por Dios —dijo Sancho— que vuesa merced me ha sacado de una gran duda, y que me la ha declarado por lindos términos! ¡Cuerpo de mí! ¿Tan encubierta estaba la causa de mi dolor, que ha sido menester decirme que me duele todo todoIV aquello que alcanzó el palo? Si me dolieran los tobillos, aún pudiera ser que se anduviera adivinando el porqué me dolían, pero dolerme lo que me molieron no es mucho adivinar. A la fe, señor nuestro amo, el mal ajeno de pelo cuelga9, y cada día voy descubriendo tierra de lo poco que puedo esperar de la compañía que con vuestra merced tengo10; porque si esta vez me ha dejado apalear, otra y otras ciento volveremos a los manteamientos de marras y a otrasV muchacherías11, que si ahora me han salido a las espaldas, después me saldrán a los ojos12. Harto mejor haría yo, sino que soy un bárbaro y no haré nada que bueno sea en toda mi vida, harto mejor haría yo, vuelvo a decir, en volverme a mi casa y a mi mujer y a mis hijos, y sustentarla y criarlos con lo que Dios fueVI servido de darme, y no andarme tras vuesa merced por caminos sin camino y por sendas y carreras que no las tienen, bebiendo mal y comiendo peor. Pues ¡tomadme el dormir13! Contad, hermano escudero, siete pies de tierra, y si quisiéredes más, tomad otros tantos, que en vuestra mano está escudillar14, y tendeos a todo vuestro buen talante, que quemado vea yo y hecho polvos al primero que dio puntada en la andante caballería15, o a lo menos al primero que quiso ser escudero de tales tontos como debieron ser todos los caballeros andantes pasados. De los presentes no digo nada, que, por ser vuestra merced uno dellos, los tengoVII respeto, y porque sé que sabe vuesa merced un punto más que el diablo en cuanto habla y en cuanto piensa.

—Haría yo una buena apuesta con vos, Sancho —dijo don Quijote—, que ahora que vais hablando sin que nadie os vaya a la mano, que no os duele nada en todo vuestro cuerpo. Hablad, hijo mío, todo aquello que os viniere al pensamiento y a la boca, que a trueco de que a vos no os duela nada, tendré yo por gusto el enfado que me dan vuestras impertinencias; y si tanto deseáis volveros a vuestra casa con vuestra mujer y hijos, no permita Dios que yo os lo impida: dineros tenéis míos, mirad cuánto ha que esta tercera vez salimos de nuestro pueblo16 y mirad lo que podéis y debéis ganar cada mes, y pagaos de vuestra mano.

—Cuando yo servía —respondió Sancho— a Tomé Carrasco17, el padre del bachiller Sansón Carrasco, que vuestra merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida. Con vuestra merced no sé lo que puedo ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador, que, en resolución, los que servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la cual no he dormido después que ha que sirvo a vuestra merced18. Si no ha sido el tiempo breve que estuvimos en casa de don Diego de Miranda, y la jira que tuve con la espuma que saqué de las ollas de Camacho19, y lo que comí y bebí y dormí en casa de Basilio, todo el otro tiempo he dormido en la dura tierra, al cielo abierto, sujeto a lo que dicen inclemencias del cielo, sustentándome con rajas de queso y mendrugos de pan, y bebiendo aguas, ya de arroyos, ya de fuentes, de las que encontramos por esos andurriales donde andamos.

Notas:

  • (1) ‘es porque ha descubierto la alevosía’; DQ glosa esta frase de Cide Hamete un poco más adelante. º volver
  • (2) dando lugar: ‘haciendo sitio’, ‘dejando pasar’. volver
  • (3) ‘ya recobrado el sentido’. volver
  • (4) ‘decir o hacer algo que pueda ofender’; es frase proverbial. º volver
  • (5) ‘golpes dados con una vara o un palo’ (véase II, 27, 861, n. 35). volver
  • (6) ‘aunque os golpearon el cuerpo con un palo, no os dieron un per signum crucis (‘una cuchillada en la cara’) con un alfanje’. º volver
  • (7) ‘convertidos en polvo’ (véase I, 4, 70, n. 81; II, Prels., 619, n. 22). volver
  • (8) Sobre los conceptos de temeridad, valentía, prudencia y afines, relacionados con el aristotélico in medio virtus, véanse I, 49, 564, n. 33, y II, 4, 660, n. 36. º volver
  • (9) ‘es fácil desentenderse del mal de otros’; es refrán. º volver
  • (10) descubriendo tierra: ‘enterándome, dándome cuenta’; imagen que procede del lenguaje militar, para designar a los que van en avanzadilla de un ejército. º volver
  • (11) ‘chiquilladas’. volver
  • (12) ‘me costarán muy caro’. º volver
  • (13) ‘¡examinad mi dormir!’, con sentido ponderativo e irónico. º volver
  • (14) ‘podéis serviros’; escudillar: ‘servir en la escudilla o plato el caldo de la olla’. º volver
  • (15) dio puntada: ‘se ocupó’ (I, 33, 392, n. 82). En las palabras de Sancho se oye el eco de un topos clásico de maldición. º volver
  • (16) En realidad, es la segunda salida acompañado de Sancho. volver
  • (17) Tomé es hipocorístico o forma familiar de ‘Bartolomé’ (véase II, 14, 745, n. 76). º volver
  • (18) ‘desde que sirvo a vuestra merced’. º volver
  • (19) jira: ‘banquete de fiesta’. º volver

Notas críticas:

Notas complementarias:

  • (1) 862.1—CL. ¶ Eisenberg [1976/91:151] conjetura que este recurso a la sentencia para abrir capítulo supone que C. retomó la redacción del Q. aquí, después de abandonarla durante varios años. ¶ Jauralde Pou [1994:280-281] estudia el humor de los saltos de registro en este párrafo (sentencioso, jergal, lengua de fabla) y su oposición al dialógico general, y la organización, estilo y sentido del capítulo. Cf. el razonamiento de Sancho en I, 23, 249. volver
  • (2) 862.4—BW, CL, RM. «En casa del ahorcado no se ha de mentar la soga» (Horozco, Teatro, núm. 1069). Cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (3) 862.6—BW, PE, CL, RM. Cf. Buscón, p. 111. El nombre procede de las palabras que se pronuncian al hacer la señal de la cruz: «Per signum crucis de inimicis nostris libera nos, Domine». volver
  • (4) 863.8—A. Alonso [1948a/65:181-183], Gitlitz [1972:115-116], Avalle-Arce [1976:49-50]. volver
  • (5) 863.9—CL, RM, MU. «Duelo ajeno de pelo cuelga» (Horozco, Teatro, núm. 839); cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (6) 863.10—RM. «Y dijo que él [Antonio] quería ir a descubrir la tierra, por ver si hallaba gente en ella o alguna caza que socorriese su necesidad» (Persiles, I, 19, f. 48). Cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (7) 864.12—«Salir a los ojos, cuando algo sale por caro precio o con daño» (Correas, Vocabulario, p. 665a). volver
  • (8) 864.13—RM. volver
  • (9) 864.14—CL; cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (10) 864.15—Lida de Malkiel [1966a/69:203-204]. Propercio, I, XVIII, 13 ss.: «A, pereat quicumque... primus... fecit...». volver
  • (11) 864.17—Sobre la clase social de Tomé Carrasco, labrador rico, cf. II, 20, 799, n. 59. volver
  • (12) 865.18—RM. volver
  • (13) 865.19—BW, CL, Rosenblat [1969:I, 133-137]. «Habíamos estado las dos en un valle de los montes Perineos en una gran jira» (Coloquio de los perros, f. 262v). Cf. Covarrubias, Tesoro, y DCECH. volver
Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es