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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XXVII (1 de 2)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXVII
Donde se da cuenta de quiénesI eran maese Pedro y su mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como lo tenía pensado (1 de 2)

Entra Cide Hamete, coronista desta grande historia, con estas palabras en este capítulo: «Juro como católico cristiano...1». A lo que su traductor dice que el jurar Cide Hamete como católico cristiano, siendo él moro, como sin duda lo era, no quiso decir otra cosa sino que así como el católico cristiano, cuando jura, jura o debe jurar verdad y decirla en lo que dijere, así él la decía como si jurara como cristiano católico en lo que quería escribir de don Quijote, especialmente en decir quién era maese Pedro y quién el mono adivino que traía admirados todos aquellos pueblos con sus adivinanzas.

Dice, pues, que bien se acordará el que hubiere leído la primera parte desta historia de aquel Ginés de Pasamonte a quien entre otros galeotes dio libertad don Quijote en Sierra Morena, beneficio que después le fue mal agradecido y peor pagado de aquella gente maligna y mal acostumbrada. Este Ginés de Pasamonte, a quien don Quijote llamaba «Ginesillo de Parapilla», fue el que hurtó a Sancho Panza el rucio, que, por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la primera parte, por culpa de los impresores, ha dado en qué entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de emprenta2. Pero, en resolución, Ginés le hurtó estando sobre él durmiendo Sancho Panza, usando de la traza y modo que usó Brunelo cuando, estando Sacripante sobre Albraca, le sacó el caballo de entre las piernas, y después le cobró Sancho como se ha contado3. Este Ginés, pues, temeroso de no ser hallado de la justicia, que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos, que fueron tantos y tales, que él mismo compuso un gran volumen contándolos, determinó pasarse al reino de Aragón4 y cubrirse el ojo izquierdo, acomodándose al oficio de titerero, que esto y el jugar de manos lo sabía hacer por estremo5.

Sucedió, pues, que de unos cristianos ya libres que venían de Berbería compró aquel mono, a quien enseñó que en haciéndole cierta señal se le subiese en el hombro y le murmurase, o lo pareciese, al oído. Hecho esto, antes que entrase en el lugar donde entraba con su retablo y mono, se informaba en el lugar más cercano, o de quien él mejor podía, qué cosas particulares hubiesen sucedido en el tal lugar, y a qué personas; y llevándolas bien en la memoria, lo primero que hacía era mostrar su retablo, el cual unas veces era de una historia y otras de otra, pero todas alegres y regocijadas y conocidas. AcabadaII la muestra6, proponía las habilidades de su mono, diciendo al pueblo que adivinaba todo lo pasado y lo presente, pero que en lo de por venir no se daba maña. Por la respuesta de cada pregunta pedía dos reales, y de algunas hacía barato7, según tomaba el pulso a los preguntantes; y como tal vez llegaba a las casas de quien él sabía los sucesos de los que en ellaIII moraban8, aunque no le preguntasen nada por no pagarle, él hacía la seña al mono y luego decía que le había dicho tal y tal cosa, que venía de molde con lo sucedido. Con esto cobraba crédito inefableIV, 9, y andábanse todos tras él. Otras veces, como era tan discreto, respondía de manera que las respuestas venían bien con las preguntas; y como nadie le apuraba ni apretaba a que dijese cómo adevinaba su mono, a todos hacía monas, y llenaba sus esqueros10.

Así como entró en la venta conoció a don Quijote y a Sancho, por cuyo conocimiento le fue fácil poner en admiración a don Quijote y a Sancho Panza y a todos los que en ella estaban; pero hubiérale de costar caro si don Quijote bajara un poco más la mano cuando cortó la cabeza al rey Marsilio y destruyó toda su caballería, como queda dicho en el antecedente capítulo.

Esto es lo que hay que decir de maese Pedro y de su mono.

Y volviendo a don Quijote de la Mancha, digo que después de haber salido de la venta determinó de ver primero las riberas del río Ebro y todos aquellos contornos, antes de entrar en la ciudadV de Zaragoza, pues le daba tiempo para todo el mucho que faltaba desde allí a las justas11. Con esta intención siguió su camino, por el cual anduvo dos días sin acontecerle cosa digna de ponerse en escritura, hasta que al tercero, al subir de una loma, oyó un gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuces. Al principio pensó que algún tercio de soldados pasabaVI por aquella parte12, y por verlos picó a Rocinante y subió la loma arriba; y cuando estuvo en la cumbre, vio al pie della, a su parecer, más de docientos hombres armados de diferentes suertes de armas, como si dijésemos lanzones, ballestas, partesanas13, alabardas y picas, y algunos arcabuces y muchas rodelas. Bajó del recuesto y acercóse al escuadrón tanto, que distintamente vio las banderas, juzgó de las colores y notó las empresas que en ellas traían, especialmente una que en un estandarte o jirón de raso blanco venía14, en el cual estaba pintado muy al vivo un asno como un pequeño sardesco15, la cabeza levantada, la boca abierta y la lengua de fuera, en acto y postura como si estuviera rebuznando; alrededor dél estaban escritos de letras grandes estos dos versos:

No rebuznaron en balde
el uno y el otro alcalde16.

Por esta insignia sacó don Quijote que aquella gente debía de ser del pueblo del rebuzno, y así se lo dijo a Sancho, declarándole lo que en el estandarte venía escrito. Díjole también que el que les había dado noticia de aquel caso se había errado en decir que dos regidores habían sido los que rebuznaron, pero que17, según los versos del estandarte, no habían sido sino alcaldes18. A lo que respondió Sancho Panza:

—Señor, en eso no hay que reparar, que bien puede ser que los regidores que entonces rebuznaron viniesen con el tiempo a ser alcaldes de su pueblo, y, así, se pueden llamar con entrambos títulos: cuanto más que no hace al caso a la verdad de la historia ser los rebuznadores alcaldes o regidores, como ellos una por una hayan rebuznado19, porque tan a pique está de rebuznar un alcalde como un regidor.

Finalmente, conocieron y supieron cómo el pueblo corrido salía a pelear con otro que le corría más de lo justo20 y de lo que se debía a la buena vecindad.

Notas:

  • (1) Se bromea acerca de la costumbre común de recurrir a rotundas manifestaciones de fe en excesivas ocasiones. º volver
  • (2) ‘el error o descuido de los impresores’ (véase I, 23, 250, n. 18; 30, 355, n. 68; II, 4, 657, y n. 9). º volver
  • (3) Véase II, 4, 656. volver
  • (4) Donde no se podían aplicar las sentencias dadas en Castilla, puesto que no se admitían los procedimientos de prueba que allí se aplicaban. º volver
  • (5) jugar de manos: ‘hacer juegos de prestidigitación’, pero también ‘robar’. º volver
  • (6) ‘actuación preliminar para presentar un espectáculo’; se quiere destacar que el acto más provechoso y celebrado era la actuación del mono. º volver
  • (7) ‘cobraba menos’. º volver
  • (8) ‘y si alguna vez llegaba a las casas de cuyos habitantes sabía los sucesos’ (con ella por ellas).III volver
  • (9) Quizá con el sentido de ‘infalible’. º volver
  • (10) hacía monas: ‘dejaba chasqueados, boquiabiertos’; esqueros: ‘bolsas para llevar dinero’. º volver
  • (11) Véase II, 4, 659, n. 30. º volver
  • (12) tercio: ‘regimiento’. º volver
  • (13) ‘especie de alabardaArmas blancas con dos aletas en la base’. º volver
  • (14) jirón: ‘pendón o estandarte que remata en punta’. º volver
  • (15) ‘asno de raza pequeña’. º volver
  • (16) Los versos coinciden con un refrán, posiblemente cierre de un cuento popular. º volver
  • (17) ‘por más que’, ‘sin embargo’. volver
  • (18) Por alcalde se solía entender el ‘oficial urbano’ que combinaba las funciones de ‘máxima autoridad municipal’ y ‘juez de paz’, aunque por lo general se limitaba a funciones judiciales; los regidores eran los ‘concejales de rango superior’. º volver
  • (19) una por una: ‘efectivamente’ (I, 25, 281, n. 77). º volver
  • (20) ‘se burlaba de él, lo tomaba a chacota más de lo que era tolerable’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 855.8 se da cuenta de quiénes ] se da cuenta quiénes edd. se cuenta quiénes PE [Cf. 808.20 Véase la nota crítica I ubicada en el capítulo 22; y nótese, como muestra, el tipo de erratas en que incurre «la emprenta» a lo largo del presente capítulo. volver
  • (II) 856.15 Acabada edd. Aacaba A volver
  • (III) 856.20 ella edd. ellas RM [Es, ciertamente, un «pasaje descuidadísimo» (RM, Á. Rosenblat 1971:340), como buena parte de los que le anteceden en el capítulo: tanto, que no sorprende la incoherencia. volver
  • (IV) 856.23 inefable edd. infalible MA BR62 LO [Cf. n. 9. volver
  • (V) 857.7 ciudad edd. ciudadad A volver
  • (VI) 857.13 pasaba edd. passada MA volver

Notas complementarias:

  • (1) 855.1—Hatzfeld [1927/72:155], Bataillon [1937/66:797]. ¶ Maspoch [1995:330] recuerda la fama de mentirosos de los árabes y que al jurar Cide Hamete como cristiano considere la veracidad de los cristianos como estos la suya. volver
  • (2) 855.2—CL, CZ, RM, Eisenberg [1976/91; 1987a:198]b, A. Sánchez [1992c:13-29]b. Lerner [1990a:824-825] ve en este párrafo la presencia de un hipernarrador que rechaza los añadidos de la segunda edición. ¶ Sobre la identificación entre maese Pedro y Ginés, Kattan [1970], Weiger [1978a], Alfred Rodríguez y Schlumbom [1990]. Moner [1990] señala la incoherencia del traductor, mientras que Riley [1986/90:127] advierte que los episodios intercalados como este vuelven a ser relevantes para la historia del Q., en tanto que representan aventuras verdaderas. De la retrospección o analepsis se ocupa Juan Bolufer [1993:308-309]. volver
  • (3) 856.4—CL. «Tal vez haya que interpretar que Ginés de Pasamonte determinó pasarse al reino de Aragón a raíz de ser puesto en libertad, y que luego, sintiéndose ya más seguro, y disfrazado de titerero, se aventuró a penetrar en la Mancha de Aragón, o sea, en Castilla. El ventero dijo que maese Pedro andaba por esta región “ha muchos días”» (VG). Para las diferencias con Castilla, cf. Argensola, Información, esp. XXVI. Por otra parte, debían de estar vivos en la memoria los recuerdos de Antonio Pérez y de la prisión dilatada sin proceso de los aragoneses en tiempo de Felipe II; cf. R. Menéndez Pidal [1953:II, 142-145], que habla de la popularidad del romance «Sentado está el señor rey», de Liñán de Riaza. volver
  • (4) 856.5—RQ; Alonso Hernández [1976]. volver
  • (5) 856.6—«Se alojaba una compañía de famosos recitantes, los cuales aquella misma noche habían de dar la muestra para alcanzar la licencia de representar en público» (Persiles, III, 2, f. 124v). volver
  • (6) 856.7—CL; cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (7) 856.9—«La principal causa por que Silvia no le amaba... era por estar de mí enamorada, y que él lo sabía inefablemente, y que ya nuestros amores iban tan al descubierto» (La Galatea, I, f. 22). volver
  • (8) 856.10—BW anota: ‘puede así significar bausanes’; PE, CL, RM. Cf. Covarrubias, Tesoro, y DCECH. volver
  • (9) 857.11—En aquel capítulo Sansón Carrasco presentaba las justas como inminentes; ahora parecen aún muy alejadas, como recuerda CL; >VG. volver
  • (10) 857.12—«El ejército se formará, distribuyéndolo en legiones o regimientos, escuadras, trozos y tercios, batallones, compañías, banderas y tropas» (Comenio, Ianua linguarum, núm. 697). volver
  • (11) 857.13—CL, MZ; Leguina y Vidal [1912:686], González de Amezúa del Pino [1982]. volver
  • (12) 857.14—Leguina y Vidal [1912:575]. volver
  • (13) 857.15—CL, RM, Morby [1958/68:172]. volver
  • (14) 857.16—RM V:217-218 y X:38-48; MU. «Rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde» (Correas, Vocabulario, p. 571b). ¶ Bonilla y San Martín [1925] señala la semejanza de este episodio con el Entremés que hizo el autor a ruego de una parienta suya de Sebastián de Horozco (Asensio y Toledo 1874:167-175), noticia que recoge Márquez Villanueva [1973:54-55]. Petriconi [1961] señala semejanzas con El asno de oro, fuente ya apuntada por Thomas Mann. Salomon [1965:675] y A.L. Nelson [1978:45-46] hacen hincapié en el carácter popular de la fuente del episodio. L. Rodríguez [1981:200] identifica el pueblo con Trefacio de Sanabria porque «aún hoy se cuenta la historia». ¶ El gusto de C. por cargar de sentido moral, a la manera erasmiana, estos cuentecillos lo notan Bataillon [1937/66:781] y Spitzer [1948/55:195-198]. Martínez-López [1991:70] lo interpreta como una condena a la guerra civil en general y, en particular, a la larvada en Cataluña. ¶ A. Castro [1925/87:120] plantea, sin estudiarla, la complejidad de la aventura; cf. Lecturas. G. Di Stefano [1990:887-890]b coloca en este punto uno de los nudos del proceso de apoteosis del asno que sucede en la Segunda parte. volver
  • (15) 857.18—Arco y Garay [1951a:304-306], Carlé [1968], Rodríguez Fernández [1986], Lunenfeld [1987:24-25, 52]. También había alcalde entregador, que tenía jurisdicción sobre las causas concernientes a pastos y ganado, y alcalde mayor ‘oficial urbano con formación jurídica formal’ (cf. la Nueva recopilación, VII, III, 11). No obstante, como indica Domínguez Ortiz [1973c:III, 452], «no existe ningún buen estudio de conjunto sobre el municipio español». volver
  • (16) 858.19—CL. volver
  • (17) 858.20—PE, CL, RM. ¶ Para las burlas entre pueblos vecinos, Rodríguez Moñino [1965]b y cf. Lecturas. volver
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