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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XXV (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXV
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la
graciosa del titerero,1 con las memorables adivinanzas del mono adivino (1 de 3)

No se le cocía el pan a don Quijote2, como suele decirse, hasta oír y saber las maravillas prometidas del hombre condutor de las armas. Fuele a buscar donde el ventero le había dicho que estaba, y hallóle y díjole que en todo caso le dijese luego3 lo que le había de decir después acerca de lo que le había preguntado en el camino. El hombre le respondió:

—Más despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis maravillas: déjeme vuestra merced, señor bueno4, acabar de dar recado a mi bestia5, que yo le diré cosas que le admiren.

—No quede por eso —respondió don Quijote—, que yo os ayudaré a todo.

Y así lo hizo, ahechándole la cebada y limpiando el pesebre, humildad que obligó al hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedía; y sentándose en un poyo, y don Quijote junto a él, teniendo por senado6 y auditorio al primo, al paje, a Sancho Panza y al ventero, comenzó a decir desta manera:

—Sabrán vuesas mercedes que en un lugar que está cuatro leguas y media desta venta sucedió que a un regidor dél7, por industria y engaño de una muchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó un asno, y aunque el tal regidor hizo las diligencias posibles por hallarle, no fue posible. Quince días serían pasados, según es pública voz y fama, que el asno faltaba, cuando, estando en la plaza el regidor perdidoso, otro regidor del mismo pueblo le dijo: «Dadme albricias, compadre; que vuestro jumento ha parecido». «Yo os las mando, y buenas8, compadre —respondió el otro—, pero sepamos dónde ha parecido.» «En el monte —respondió el hallador— le vi esta mañana, sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flaco, que era una compasión miralle. Quísele antecoger delante de mí y traérosle, pero está ya tan montaraz y tan huraño, que cuando llegué a él, se fue huyendo y se entró en lo más escondido del monte. Si queréis que volvamos los dos a buscarle, dejadme poner esta borrica en mi casa, que luego vuelvo.» «Mucho placer me haréis —dijo el del jumento—, y yoI procuraré pagároslo en la mesma moneda.» Con estas circunstancias todas, y de la mesma manera que yo lo voy contando, lo cuentan todos aquellos que están enterados en la verdad deste caso. En resolución, los dos regidores, a pie y mano a mano9, se fueron al monte, y llegando al lugar y sitio donde pensaron hallar el asno, no le hallaron, ni pareció por todos aquellos contornos, aunque más le buscaron. Viendo, pues, que no parecía, dijo el regidor que le había visto al otro: «Mirad, compadre: una traza me ha venido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir este animal, aunque esté metido en las entrañas de la tierra, no que del monte, y es que yo sé rebuznar maravillosamente10, y si vos sabéis algún tanto, dad el hecho por concluido». «¿Algún tanto decís, compadre? —dijo el otro—. Por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos asnos.» «Ahora lo veremos —respondió el regidor segundo—, porque tengo determinado que os vais vos por una parte del monte y yo por otra, de modo que le rodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaréII yo, y no podrá ser menos sino que el asno nos oya y nos responda, si es que está en el monte.» A lo que respondió el dueño del jumento: «Digo, compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio». Y, dividiéndose los dos según el acuerdo, sucedió que casi a un mesmo tiempo rebuznaron, y cada uno engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse, pensando que ya el jumento había parecido, y en viéndose, dijo el perdidoso: «¿Es posible, compadre, que no fue mi asno el que rebuznó?». «No fue sino yo», respondió el otro. «Ahora digo —dijo el dueño— que de vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca al rebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia.» «Esas alabanzas y encarecimiento —respondió el de la traza— mejor os atañen y tocan a vos que a mí, compadre, que por el Dios que me crió que podéis dar dos rebuznos de ventaja al mayor y más peritoIII rebuznador del mundo: porque el sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás; los dejos11, muchos y apresurados; y, en resolución, yo me doy por vencido y os rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad12.» «Ahora digo —respondió el dueño— que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, y pensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia, que puesto que pensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba al estremo que decís.» «También diré yo ahora —respondió el segundo— que hay raras habilidades perdidas en el mundo y que son mal empleadas en aquellos que no saben aprovecharse dellas13.» «Las nuestras —respondió el dueño—, si no es en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos pueden servir en otros, y aun en este plega a Dios que nos sean de provecho.» Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada paso se engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseñoIV que para entender que eran ellos, y no el asno14, rebuznasen dos veces, una tras otra. Con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el monte sin que el perdido jumento respondiese, ni aun por señas. Mas ¿cómo había de responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo más escondido del bosque comido de lobos? Y en viéndole, dijo su dueño: «Ya me maravillaba yo de que él no respondía, pues a no estar muerto, él rebuznara si nos oyera, o no fuera asno; pero a trueco de haberos oído rebuznar con tanta gracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que he tenido en buscarle, aunque le he hallado muerto». «En buena mano está15, compadre —respondió el otro—, pues si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo16.»  Con esto, desconsolados y roncos se volvieron a su aldea, adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les había acontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en el rebuznar, todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos; y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas y discordia por doquiera, levantando caramillos en el viento17 y grandes quimeras de nonada, ordenó e hizoV que las gentes de los otros pueblos, en viendo a alguno de nuestra aldea, rebuznaseVI, como dándoles en rostro18 con el rebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar en manos y en bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo el rebuzno de en unoVII en otro pueblo de manera19, que son conocidos los naturales del pueblo del rebuzno como son conocidos y diferenciados los negros de los blancos; y ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchas veces con mano armada y formado escuadrón han salido contra los burladores los burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque20, ni temor ni vergüenza. Yo creo que mañana o esotro día21 han de salir en campaña los de mi pueblo, que son los del rebuzno, contra otro lugar que está a dos leguas del nuestro, que es uno de los que más nos persiguen; y por salir bien apercebidos, llevo compradas estas lanzas y alabardas que habéis visto. Y estas son las maravillas que dije que osVIII había de contar, y si no os lo han parecido, no sé otras.

Y con esto dio fin a su plática el buen hombre, y en esto entró por la puerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos y jubón, y con voz levantada dijo:

—Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra22.

—¡Cuerpo de tal —dijo el ventero—, que aquí está el señor maseIX Pedro23! Buena noche se nos apareja.

Notas:

  • (1) apunta: ‘asoma, comienza’; titerero es ‘el que maneja los títeres en el teatro de marionetas’. º volver
  • (2) ‘estaba lleno de impaciencia DQ’ (véase I, «Urganda...», pp.21-22, vv.5-10). º volver
  • (3) ‘en seguida’. volver
  • (4) Tratamiento respetuoso de la gente rústica cuando se desconoce el nombre o se duda del tratamiento (véase II, 66, 1169, n. 18); hombre bueno, sin embargo, indica que la persona es de calidad (véase II, 40, n. 28). º volver
  • (5) recado: ‘alimento’. volver
  • (6) ‘conjunto de asistentes a un espectáculo, público’. º volver
  • (7) ‘concejal’, ‘miembro del ayuntamiento’. º volver
  • (8) ‘os las prometo’; albricias: ‘regalo que se hace al que trae una buena noticia’ (I, 31, 360, n. 18). volver
  • (9) ‘los dos juntos, en colaboración’. º volver
  • (10) Se ha considerado como habilidad de que presumen villanos y pícaros; el propio C. se burla de ella en el Coloquio de los perros. Véase II, 27, 857. º volver
  • (11) ‘inflexiones con que termina un período musical en una canción’; se juzga la realización del rebuzno con los términos que se aplicarían a la ejecución musical de un cantante. volver
  • (12) os rindo la palma y doy la bandera: ‘os declaro vencedor’. º volver
  • (13) Pensamiento y dicho vulgares, hechos tópicos. º volver
  • (14) contraseño: ‘contraseña’, ‘señal’. º volver
  • (15) ‘tú ocupas el primer puesto, eres el de más categoría’; es fórmula popular de cortesía. º volver
  • (16) Refrán que vale por ‘si el primero lo hace bien, el segundo no lo hace peor’. º volver
  • (17) ‘armando escándalos con el menor motivo’. º volver
  • (18) ‘echándoles en cara’. volver
  • (19) ‘de tal manera’. volver
  • (20) ‘nadie’ (véase II, 1, 628, n. 27). volver
  • (21) ‘al día siguiente’, ‘pasado mañana’ (I, 5, 76, n. 41). º volver
  • (22) El retablo era ‘una caja que contenía figuritas de madera movidas por cordelejos’; pero los había también de guante o de mano. Melisendra es un personaje del romancero, cuyo rescate de la prisión de Almanzor por su marido don Gaiferos es reelaborado grotesca e irónicamente por maese Pedro. º volver
  • (23) mase: ‘maese’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 837.15 y yo V e yo edd. [Es rasgo del cajista: cf. arriba, II, 632.15 Véase la nota crítica XIII ubicada en el capítulo 01, y R.M. Flores (1986:292). volver
  • (II) 837.32 rebuznaré edd. rebuznare A FL volver
  • (III) 838.10-11 y más perito edd. om. V volver
  • (IV) 838.25 contraseño edd. contraseña V volver
  • (V) 839.10 e hizo edd. y hizo V volver
  • (VI) 839.11 rebuznase edd. rebuznasen SB [Es concordancia tan posible en C. como a alguno ... dándoles... volver
  • (VII) 839.14 de en uno edd. de uno MA RAE [Es giro documentado modernamente como vulgarismo (RM); pero que su uso en el Q. se reduzca a cuadernos contiguos (M y O; cf. abajo, 872.12-13), sin duda compuestos por los mismos equipos de tipógrafos, invita a suponerlo de imprenta, como, con más probabilidad aún, en el caso análogo de 866.29 Véase la nota crítica XIV ubicada en el capítulo 28. Cf. abajo, 990.12 Véase la nota crítica XXIV ubicada en el capítulo 44. volver
  • (VIII) 839.25 que os edd. os V volver
  • (IX) 840.1 mase edd. maese MA [La forma (con -ss-) se usa sólo en los ff. 96v y 200 (ahí sin duda para caracterizar el lenguaje de la mujer de Sancho), mientras en el resto del tomo no hallamos sino maese, única también en la Primera parte; en el f. 96v, por excepcional, podría deberse al cajista, pero la presencia de mase en boca del narrador en el Coloquio de los perros, f. 256, no permite ninguna certeza al propósito. volver

Notas complementarias:

  • (1) 836.1—CL, SB, RM, CZ; A. Salazar [1948:167-168], Varey [1953; 1957:232-237 y passim]. González de Amezúa y Mayo [1912:576-578] comenta la frase «por eso hay tantos titereros en España; tantos que muestran retablos». «Ya han venido los titereteros, engañamuchachos y sacadineros» (Correas, Vocabulario, p. 158a). ¶ Para los avatares del personaje, Redondo [1987a]. Forcione [1970b:146-150] pone de relieve sus semejanzas con Pedro de Urdemalas. volver
  • (2) 836.2—BW. volver
  • (3) 836.4—CL II, 66, n. 12; RM. Arco y Garay [1951a:741-742]. volver
  • (4) 836.6senado: RM. González de Amezúa y Mayo [1912:588-589], Morby [1958/68:457]. ¶ Para esta introducción al relato, cf. Moner [1989a:169-170]. volver
  • (5) 836.7—Para la historia que cuenta el regidor, cf. Lecturas, II, 27. volver
  • (6) 837.9—CL, RM, MU; cf. Covarrubias, Tesoro, y DCECH. Sin embargo, en Berceo quizá vale por ‘en seguida, con rapidez’: «Manamano que fui en tierra acostado / de todo el lazerio fui luego folgado» (Milagros de Nuestra Señora, Introd., 12a). volver
  • (7) 837.10—PE, RM. «Apode el truhán, juegue de manos y voltee el histrión, rebuzne el pícaro..., y no lo quiera hacer el hombre principal, a quien ninguna habilidad destas le puede dar crédito ni nombre honroso» (Coloquio de los perros, f. 247v). ¶ Spitzer [1948/55:198] la considera como vanidad por un falso valor frente al valor real de la obra. volver
  • (8) 838.12—RM. volver
  • (9) 838.13—Rodríguez Marín [1920:348-349]. «¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí! ¡Qué de ingenios arrinconados!» (II, 62, 1144). volver
  • (10) 838.14—CL, RM, DCECH. volver
  • (11) 839.15—RM. «“En buena mano está. –A mejor irá. –Por su virtud. –Que Dios le dé salud”. Dícese convidando a beber primero» (Correas, Vocabulario, p. 130b). volver
  • (12) 839.16—BW, Agostini de del Río [1975:774]. volver
  • (13) 839.17—BW, CL, RM, Alonso Hernández [1976]. volver
  • (14) 839.21—RM. volver
  • (15) 839.22—PE, CL, MZ, MU; E. Asensio [1970b/78:169]. ¶ Para el romance de don Gaiferos y la historia, cf. también R. Ménendez Pidal [1953:I, 255-256, 286-300], Allen [1973], Severin [1976]b, Dronke [1977:29-79], Jauralde Pou [1983], G. Di Stefano [1985; 1993:391-402]b, Armistead [1989-1990], Deyermond [1995:54-55]b. ¶ Para la boga y transformaciones, serias y burlescas, del romance de don Gaiferos, E. Asensio [1965:69-73]b, donde se estudia también el entremés atribuido a Lope de Vega, que puede leerse en Cotarelo [1911:I, 105-111]; ahora, en la anotada y muy cuidada edición de Pontón y Sánchez Aguilar [1997]. Asensio y Toledo [1902:36-41], descubridor de un códice de la Colombina que lo contiene, piensa que puede ser de C.; >Inamoto [1991]. ¶ Como entremés interpreta la obra representada C. Reed [1994:209-212]; la posible técnica de representación y distanciamiento frente a la comedia nueva, en Castilla [1989:56-59]. Para el acompañamiento del mono adivino, tradicional, cf. Varey [1957]; Redondo [1987a:223-224] justifica la presencia del mono como subrayado del carácter perverso y aun diabólico del titiritero. Cf. también II, 39, 947, n. 11. ¶ Una versión del romance de don Gaiferos fue glosada por Bernardes, Rimas varias, ff. 146-150. Prestes, Autos e comédias, f. 165v, parodia el romance para contar el empeño de un sayo en su Auto dos cantarinhos, a lo que sabemos, por primera vez para el teatro; también se parodian cantares populares y algún otro romance. ¶ La relación entre los personajes y el lector la plantea Haley [1965]. volver
  • (16) 840.23—CL, RM, VG. volver
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