Capítulo XVIII
De lo que sucedió a don Quijote
en el castillo o
casa del Caballero del Verde
Gabán1, con
otras
cosas extravagantes2 (1 de 4)
Halló don Quijote ser la casa de
don Diego de Miranda ancha como de aldea3; las
armas4, empero,
aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la
calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal5,
y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del
Toboso6, le
renovaron las memorias de su encantada y transformada
Dulcinea; y sospirando, y sin mirar lo que
decía, ni delante de quién estaba,
dijo:
—¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería7!
»¡Oh tobosescas tinajas, que
me habéis traído a la memoria la dulce
prenda de mi mayor amargura!
Oyóle decir esto el estudiante
poeta hijo de don Diego, que con su madre había
salido a recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos
de ver la estraña figura de don Quijote; el
cual, apeándose de Rocinante, fue con mucha
cortesía a pedirle las manos para
besárselas, y don Diego dijo:
—Recebid, señora, con
vuestro sólito agrado al señor don Quijote
de la Mancha8, que es
el que tenéis delante, andante caballero, y el
más valiente y el más discreto que tiene el
mundo.
La señora, que doña Cristina
se llamaba, le recibió con muestras de mucho
amor y de mucha cortesía, y don Quijote se le
ofreció con asaz de discretas y comedidas
razones. Casi los mismos comedimientos pasó con
el estudiante, que en oyéndole hablar don
Quijote le tuvo por discreto y agudo.
Aquí pinta el autor todas las
circunstancias de la casa de don Diego,
pintándonos en ellas lo que contiene una casa de
un caballero labrador y rico; pero al traductor desta
historia le parecióI
pasar estas y otras semejantes menudencias en
silencio9, porque
no venían bien con el propósito principal
de la historia, la cual más tiene su fuerza en
la verdad que en las frías
digresiones.
Entraron a don Quijote en una sala, desarmóle
Sancho, quedó en valones y en jubón de
camuza10, todo
bisunto con la mugre de las armas11: el
cuello era valona a lo estudiantil, sin almidón
y sin randas12; los
borceguíes eran datilados13, y
encerados los zapatos. Ciñóse su buena
espada, que pendía de un tahalí de lobos
marinos, que es opinión que muchos años fue
enfermo de los riñones14;
cubrióse un herreruelo de buen paño pardo15, pero
antes de todo, con cinco calderos o seis de agua16, que en
la cantidad de los calderos hay alguna diferencia, se
lavó la cabeza y rostro, y todavía se
quedó el agua de color de suero, merced a la
golosina de Sancho17 y a la
compra de sus negros requesones, que tan blanco
pusieron a su amo18. Con los
referidos atavíos y con gentil donaire y
gallardía, salió don Quijote a otra sala,
donde el estudiante le estaba esperando para
entretenerle en tanto que las mesas se ponían,
que por la venida de tan noble huésped
quería la señora doña Cristina mostrar
que sabía y podía regalar a los que a su
casa llegasen.
En tanto que don Quijote se estuvo
desarmando, tuvo lugar don Lorenzo, que así se
llamaba el hijo de don Diego, de decir a su
padre:
—¿Quién diremos,
señor, que es este caballero que vuesa merced
nos ha traído a casa? Que el nombre, la figura y
el decir que es caballero andante, a mí y a mi
madre nos tiene suspensos.
—No sé lo que te diga, hijo
—respondió don Diego—; solo te
sabré decir que le he visto hacer cosas del
mayor loco del mundo y decir razones tan discretas,
que borran y deshacen sus hechos: háblale
tú y toma el pulso a lo que sabe, y, pues eres
discreto, juzga de su discreción o tontería
lo que más puesto en razón estuviere,
aunque, para decir verdad, antes le tengo por loco
que por cuerdo.
Con esto, se fue don Lorenzo a
entretener a don Quijote, como queda dicho, y entre
otras pláticas que los dos pasaron dijo don
Quijote a don Lorenzo:
—El señor don Diego de Miranda, padre de
vuesa merced, me ha dado noticia de la rara habilidad
y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobre
todo, que es vuesa merced un gran poeta.
—Poeta, bien podrá ser
—respondió don Lorenzo—, pero
grande, ni por pensamiento. Verdad es que yo soy
algún tanto aficionado a la poesía y a leer
los buenos poetas, pero no de manera que se me pueda
dar el nombre de grande que mi padre dice.
—No me parece mal esa humildad
—respondió don Quijote—, porque no
hay poeta que no sea arrogante y piense de sí
que es el mayor poeta del mundo.
—No hay regla sin excepción
—respondió don Lorenzo—, y alguno
habrá que lo sea y no lo piense.
—PocosII—;
respondió don Quijote—. Pero dígame
vuesa merced: ¿qué versos son los que agora
trae entre manos, que me ha dicho el señor su
padre que le traen algo inquieto y pensativo? Y si es
alguna glosa, a mí se me entiende algo de
achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es
que son de justa literaria, procure vuestra merced
llevar el segundo premio, que el primero siempre se
le llevaIII
el favor o la gran calidad de la persona, el segundo
se le lleva la mera justicia, y el tercero viene a
ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será
el tercero, al modo de las licencias que se dan en
las universidades19; pero,
con todo esto, gran personaje es el nombre de
primero20.
Notas:
- (1) La confusión
(castillo o casa), achacable a DQ, se atribuye
aquí al autor del epígrafe; sin embargo,
en la frase final del capítulo el narrador alude
a la señora del castillo, por lo que
parece adoptar la perspectiva del personaje. º volver
- (2) ‘fuera de lo
común y razonable’, pero también
‘que no forman parte de la línea de la
historia, digresiones’. º volver
- (3)
‘amplia’; se opone a las casas de la corte,
poco espaciosas. º volver
- (4) ‘el
blasón de la familia’, que supone
hidalguía y casa solar. º volver
- (5) En la bodega,
espacio semisubterráneo, se hace y conserva el
vino; está en lugar abierto y fuera de la casa
para evitar el envenenamiento por los gases de la
fermentación. En la cueva,
subterránea, fresca y sin luz, se guardan los
alimentos y conservas. º volver
- (6) La
fabricación de tinajas era la primera industria
del Toboso; los alfareros eran en gran parte moriscos.
º volver
- (7) Son los famosos
versos con que comienza el soneto X de Garcilaso. Con
su tácita referencia a Dido (pues la fuente de
Garcilaso es Virgilio, Eneida, IV, 651), la
alusión estructura el capítulo por su
relación con el soneto de don Lorenzo a
Píramo y Tisbe. No deja de ser paródico
que las prendas que evocan a Dulcinea sean unas
tinajas, a las que por añadidura requiebra con
los versos. º volver
- (8) sólito
agrado: ‘acostumbrada afabilidad’.
º volver
- (9) pasar en
silencio: ‘omitir’. La
descripción (fría digresión
la llama abajo) tiene una dimensión
retórica (es una forma de ampliación de
la narración) que el traductor omite
porque no le parece necesaria para la fábula.
º volver
- (10) ‘piel curtida
de gamuza o cuero blando’ (II, 46, 999);
valonesDon Quijote vestido de diario:
‘calzón o greguesco recogido en las
rodillas’. º volver
- (11) bisunto:
‘sucio, muy sobado’; italianismo,
seguramente de uso militar. º volver
- (12) cuello a la
valonaDon Quijote vestido de diario:
‘cuello vuelto liso de lino o
algodón’; es a lo estudiantil
precisamente porque no estaba almidonado ni llevaba
randas (‘adornos de blonda, encaje o
ganchillo’), a diferencia de las valonas
de sacerdotes y letrados. º volver
- (13) ‘de
cólor dátil’. º volver
- (14) lobos
marinos: ‘focas’; las virtudes
curativas del cuero de foca, para proteger del rayo,
piedra, gota, etc., fueron celebradas desde antiguo.
º volver
- (15) herrerueloDon Quijote vestido de diario:
‘capa corta con cuello’ (véase I,
27, 300, n. 12); el paño pardo es propio
de campesinos. volver
- (16) Compárese
este lavado y recepción con los descritos en I,
50, 585; II, 31, 880. º volver
- (17) ‘capricho en
el comer de Sancho’. º volver
- (18) negros:
‘malditos’, en oxímoron con juego de
palabras; pero dejar a uno en blanco es
‘burlarle’, y blanco, en
germanía, ‘tonto, cobarde’.
º volver
- (19) El número
uno de su promoción en el grado de licenciado en
el estudio universitario; la crítica al favor en
el puesto o premio no es rara en la época.
º volver
- (20) Suena aquí
el eco de una divisa humanística. º volver
Notas críticas:
- (I) 772.13 pareció
edd. pa | cio A [El reclamo trae
pareció. volver
- (II) 773.34 Pocos SB Pocas
edd. [Cierto que «puede referirse a
reglas o excepciones» (VG), pero
rompiendo el hilo y la naturalidad de la
conversación. volver
- (III) 774.2-3 se le lleva
V se lleva
edd. [llevarse el favor es cosa muy
distinta de llevársele el favor, y las
circunstancias del contexto (se le
lleva...) hacen explicabilísima la
errata. volver
Notas complementarias:
- (1) 771.1—VG, Riley [1986/90:192-193], Murillo
[1988:158-160], Romero Muñoz [1990:107-108] y
cf. Lecturas.
volver
- (2) 771.2—VG. ¶ C. Guillén [1985:202]
estudia la función de los participantes en esta
escena –incluido el lector–, que muestra
cómo se aplica la convención de la
«doble intencionalidad».
volver
- (3) 771.3—Sobre la distribución de la casa
cf. Torres Balbás [1933], López
Gómez [1990] y Lecturas. ¶ Marasso
[1947/54:124-125] emparienta la casa de don Diego con
la isla de Circe en la Odisea o la ciudad de
Heleno en la Eneida (>Olmeda 1958:236). A
partir de esta, Casalduero [1949/75:219-220] opone el
«camino» de la Primera parte a la
casa de la Segunda; Hatzfeld [1927/72:295-298]
asimila este interior a Las Meninas de
Velázquez; Márquez Villanueva
[1975:155-159] relaciona ambiente y dueño. Ruta
[1994:345-349]b interpreta el
espacio semióticamente.
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- (4) 771.4—BW.
volver
- (5) 771.5—CL. ¶ Puede verse un esquema de
portal y cueva en Caro Baroja
[1974:336-337].
volver
- (6) 771.6—RM.
volver
- (7) 771.7—PE, CL, RM, VG; J.M. Blecua [1947:144],
Rosenblat [1971:235-236], Beardsley [1984:39-40],
Grilli [1991]. Sobre el soneto de Garcilaso como motivo
intertextual y su uso paródico en este
capítulo, Lida de Malkiel [1974:43-46] y Puccini
[1989:124].
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- (8) 772.8—RM. ¶ Para el personaje de
doña Cristina, García Lorca [1953:44],
Márquez Villanueva [1975:155], Joly
[1990a:139-140].
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- (9) 772.9—VG. ¶ Sobre la especificidad
retórica de la descripción, cf.
López Grigera [1983/94]; Socrate [1991] estudia
la digresión. Mayer [1994:100] analiza la
función de la omisión de detalles
supuestamente innecesarios. ¶ Para el juego de las
omisiones «dichas», A. Castro
[1925/87:33-34], Trueblood [1956:48], Riley
[1962/66:202], Flores [1982b:10-11], Lerner
[1990a:824], Ruta [1994:346-347]. ¶ La
función del traductor como censor la estudia
Maspoch [1995:331].
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- (10) 772.10—CL, RM. ¶ valonesDon Quijote vestido de diario:
originariamente fue el nombre de un calzón
particular tomado de los soldados valones, con el vuelo
recogido en las rodillas, igual de amplio o más
en la parte inferior que en la superior. Del traje
militar pasó al civil. Una vez introducido a
fines del siglo XVI, el nombre de
valón se empleó como sinónimo de
calzón y de greguesco (Bernis, en
prensa).
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- (11) 772.11—RM, MU.
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- (12) 772.12—CL, RM, Crosby [1993:II, 1187]. El
cuello a la valona es el cuello vuelto
introducido primero en el traje de los soldados, que lo
tomaron de sus compañeros de armas valones. En
el siglo XVII llegó a ser el nombre de
cualquiera de los cuellos de lino o algodón que
sustituyeron a los cuellos de lechuguilla, fueran de
hombre o de mujer, de origen flamenco o italiano,
pequeños o grandes, caídos sobre los
hombros o levantados como los de las mujeres. Las
valoncillas de los letrados, muy pequeñas,
apenas asomaban por el cuello del vestido; las de los
estudiantes eran algo más grandes (Bernis, en
prensa). ¶ Para la función del vestido de
DQ, Percas de Ponseti [1975:II, 367] y Grilli
[1991:487].
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- (13) 772.13—FO, RQ.
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- (14) 772.14—CL, RM IX:213-214. Según Plinio
el Viejo (Historia natural, VIII, 32),
César Augusto se ceñía con una
faja de esta piel para protegerse de las tormentas y
del granizo: por simpatía, puede curar y
proteger de la piedra de riñones,
vesícula o de la gota. ¶ Para tahalíDon Quijote vestido de diario,
cf. I, 37, 439, n. 31.
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- (15) 772.16—«Más quiero yo a
Peribáñez / con su capa la pardilla / que
al Comendador de Ocaña / con la suya
guarnecida» (Lope de Vega,
Peribáñez, vv. 1594-1597);
recuérdese asimismo la frase «Verdades de
paño pardo», que da título a una
obra de Pedro Antonio de Alarcón.
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- (16) 772.17—CL; cf. Autoridades.
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- (17) 773.18—CL, RM, MZ, MU. Cf. Covarrubias,
Tesoro, y Horozco, Teatro, núm.
1485.
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- (18) 774.19—BW, CL, RM, VG. «Yo soy graduado
en leyes por Salamanca, adonde estudié con
pobreza, y adonde llevé segundo en licencias, de
do se puede inferir que más la virtud que el
favor me dio el grado que tengo» (El
licenciado Vidriera, f. 125); cf. la nota de Alonso
Cortés [1916:101] y cf. Guzmán de
Alfarache, II, III, 4, p. 813.
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- (19) 774.20—Sobre el tópico de ser el
primero, Rico [1987b:229], que trae ejemplos de
Petrarca, Boccaccio, Nebrija y Boscán, a los que
podríamos sumar el del propio C.: «Yo soy
el primero que he novelado en lengua castellana»
(Novelas ejemplares, «Prólogo al
lector»).
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