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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XIII (1 de 2)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XIII
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos (1 de 2)

Divididos estaban caballeros y escuderos1, estos contándose sus vidas y aquellos sus amores2, pero la historia cuenta primero el razonamiento de los mozos y luego prosigue el de los amos, y, así, dice que, apartándose un poco dellos, el del Bosque dijo a Sancho3:

—Trabajosa vida es la que pasamos y vivimos, señor mío, estos que somos escuderos de caballeros andantes: en verdad que comemos el pan en el sudor de nuestros rostros4, que es una de las maldiciones que echó Dios a nuestros primeros padres.

—También se puede decir —añadió Sancho— que lo comemos en el yelo de nuestros cuerpos, porque ¿quién más calor y más frío que los miserables escuderos de la andante caballería? Y aun menos mal si comiéramos, pues los duelos con pan son menos5, pero tal vez hay que se nos pasa un día y dosI sin desayunarnos6, si no es del viento que sopla.

—Todo eso se puede llevar y conllevar —dijo el del Bosque— con la esperanza que tenemos del premio; porque si demasiadamente no es desgraciado el caballero andante a quien un escudero sirve, por lo menos a pocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de cualque ínsula7 o con un condado de buen parecer.

—Yo —replicó Sancho— ya he dicho a mi amo que me contento con el gobierno de alguna ínsula, y él es tan noble y tan liberal, que me le ha prometido muchas y diversas veces.

—Yo —dijo el del Bosque— con un canonicato quedaré satisfecho de mis servicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué talII, 8!

—Debe de ser —dijo Sancho— su amo de vuesa merced caballero a lo eclesiástico, y podrá hacer esas mercedes a sus buenos escuderos, pero el mío es meramente lego9, aunque yo me acuerdo cuando le querían aconsejar personas discretas, aunque a mi parecer malintencionadas, que procurase ser arzobispo, pero él no quiso sino ser emperador, y yo estaba entonces temblando si le venía en voluntad de ser de la Iglesia, por no hallarme suficiente de tener beneficios por ella10; porque le hago saber a vuesa merced que, aunque parezcoIII hombre, soy una bestiaIV para ser de la Iglesia11.

—Pues en verdad que lo yerra vuesa merced —dijo el del Bosque—, a causa que los gobiernos insulanos no son todos de buena data12. Algunos hay torcidos, algunos pobres, algunos malencónicos13, y, finalmente, el más erguido y bien dispuesto trae consigo una pesada carga de pensamientos y de incomodidades, que pone sobre sus hombros el desdichado que le cupo en suerte. Harto mejor sería que los que profesamos esta maldita servidumbre nos retirásemos a nuestras casas, y allí nos entretuviésemos en ejercicios más suaves, como si dijésemos cazando o pescando, que ¿qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín y un par de galgos y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea14?

—A mí no me falta nada deso —respondió Sancho—. Verdad es que no tengo rocín, pero tengo un asno que vale dos veces más que el caballo de mi amo15. Mala pascua me dé Dios, y sea la primera que viniere16, si le trocara por él, aunque me diesen cuatro fanegas de cebada encima. A burla tendrá vuesa merced el valor de mi rucio; que rucio es el color de mi jumento17. Pues galgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más, que entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena18.

—Real y verdaderamente —respondió el del Bosque—, señor escudero, que tengo propuesto y determinado de dejar estas borracherías destos caballeros19 y retirarme a mi aldea, y criar mis hijitosV, que tengo tres como tres orientales perlas.

—Dos tengo yo —dijo Sancho—, que se pueden presentar al papa en persona20, especialmente una muchacha, a quien crío para condesa, si Dios fuere servido, aunque a pesar de su madre.

—¿Y qué edad tiene esa señora que se cría para condesa? —preguntó el del Bosque.

—Quince años, dos más a menos21 —respondió Sancho—, pero es tan grande como una lanza y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un ganapán22.

—Partes son esas23 —respondió el del Bosque— no solo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque24. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de tener la bellaca25!

A lo que respondió Sancho, algo mohíno:

—Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo26, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la mesma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.

—¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced27 —replicó el del Bosque— de achaque de alabanzasVI, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza28, o cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: «¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!», y aquello que parece vituperio, en aquel término29, es alabanza notable? Y renegad vos, señor, de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes30.

—Sí reniego —respondió Sancho—, y dese modo y por esa misma razón podía echar vuestra merced a mí y a mis hijosVII y a mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantes alabanzas; y para volverlos a ver ruego yo a Dios me saque de pecado mortal31, que lo mesmo será si me saca deste peligroso oficio de escudero, en el cual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de una bolsa con cien ducados que me hallé un día en el corazón de Sierra Morena, y el diablo me pone ante los ojos aquí, allí, acá no, sino acullá, un talego lleno de doblones32, que me parece que a cada paso le toco con la mano y me abrazo con él y lo llevo a mi casa, y echo censos y fundo rentas33 y vivo como un príncipe; y el rato que en esto pienso se me hacen fáciles y llevaderos cuantos trabajos padezco con este mentecato de mi amo, de quien sé que tiene más de loco que de caballero.

Notas:

  • (1) divididos: ‘separados’, ‘apartados’. º volver
  • (2) Recuerdo del soneto XI de Garcilaso, vv. 7-8: «Agora unas con otras apartadas / contándoos los amores y las vidas». º volver
  • (3) el del Bosque es el escudero del Caballero del Bosque. º volver
  • (4) Adaptación sintáctica del Génesis, III, 19: «In sudore vultus tui vesceris pane». º volver
  • (5) Refrán. º volver
  • (6) tal vez: ‘alguna vez’. volver
  • (7) ‘alguna, cualquier ínsula’. º volver
  • (8) ‘¡de qué manera!’; mandado: ‘prometido’.II, º volver
  • (9) Véase I, 26, 297. º volver
  • (10) ‘por creer que no tenía las condiciones necesarias para ser beneficiado’. volver
  • (11) ‘tengo poca sabiduría para cargo eclesiástico’. º volver
  • (12) ‘de buena calidad’; es término legal. º volver
  • (13) ‘melancólicos’ (I, 21, 228, n. 38). volver
  • (14) La oposición entre la vida guerrera y palaciega y la del que se retira a la tranquilidad del campo es una variante de la tradición del menosprecio de corte y alabanza de aldea. º volver
  • (15) Siguiendo el argumento, retoma la oposición entre caballero y villano representada por sus respectivas monturas. volver
  • (16) Forma popular de juramento, para mostrar que se dice verdad. º volver
  • (17) rucio: ‘pardo claro’ (véase I, 21, 223, n. 6). º volver
  • (18) Era y es corriente cazar con perros prestados; el mismo pensamiento y parecida expresión se encuentran en El licenciado Vidriera. º volver
  • (19) borracherías: ‘disparates’, ‘tonterías’. º volver
  • (20) presentar: ‘regalar, enviar como presente’; aunque es una frase ponderativa, se puede leer como un chiste levemente picante. º volver
  • (21) ‘más o menos’. º volver
  • (22) ‘mozo de cuerda’ (I, 37, 442, n. 52). volver
  • (23) partes: ‘prendas, cualidades’. volver
  • (24) Calco estilístico garcilasesco. º volver
  • (25) La misma expresión ponderativa había empleado Sancho en I, 25, 283 para describir a Aldonza Lorenzo; rejo: ‘fuerza, vigor’. º volver
  • (26) ‘si Dios quiere’. La indignación de Sancho cuando se pone en entredicho, aunque sea en broma, la honorabilidad de su esposa e hija cabría relacionarla con lo dicho arriba sobre el «abad» al que Sanchico llama «tío» (véase II, 5, 665). volver
  • (27) ‘qué poco sabe vuestra merced’. º volver
  • (28) La fórmula cómo y sirve para potenciar la interrogación o la exclamación. º volver
  • (29) ‘en aquella ocasión o coyuntura’. º volver
  • (30) Las palabras del escudero, que conoce a la familia de Sancho, son sospechosamente ambiguas (véase la anterior nota 26). º volver
  • (31) Adecuación de uno de los versículos de la letanía de los Santos, que se recita al administrar la extremaunción. º volver
  • (32) Moneda de oro, la de más valor. Sancho magnifica los escudos (hallados en I, 23, 251) primero en ducados, ahora en doblones. º volver
  • (33) ‘invierto el dinero para poder vivir de sus intereses’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 727.7 y dos edd. o dos MA volver
  • (II) 727.18 amo, y ¡qué tal! HZ SB FL amo. Y qué tal edd. [La restitución de HZ es aceptable, pero con cautelas. La puntuación de A supone una expresión documentada en el Q. y común en la época: «de donde sacaréis qué tal debe de ser la fuerza del brazo...» (I, 43, 508). Pudo ocurrir, pues, que se interpretara mal el original, por atracción de ese giro corriente. Pero también pudo suceder que C. hubiera empezado la respuesta de Sancho como se lee en A, descartando luego el y qué tal, aunque sin tacharlo o tachándolo poco claramente. volver
  • (III) 727.27 parezco edd. patezco A volver
  • (IV) 727.27 una bestia edd. uno bestia A volver
  • (V) 728.18 hijitos edd. hjitos A volver
  • (VI) 729.11 alabanzas edd. alabanza MA volver
  • (VII) 729.19 a mí y a mis hijos V a mí y hijos edd. a mis hijos MA [La lección de A es errata de explicación obvia (y más después de un V.M.), y las series análogas a la de V abundan en el Q. (I, 25, 271; II, 28, 864, etc.). volver

Notas complementarias:

  • (1) 726.1—Para el coloquio cf. Lecturas. ¶ Los aspectos teatrales del coloquio entre los escuderos los han estudiado Barriga Casalini [1983:113-114], Martín Morán [1986:43] y Baras Escolá [1989; 1993] coinciden en que el narrador apenas interviene y le da al coloquio un aire entremesil. volver
  • (2) 726.2—Ter Horst [1989]. volver
  • (3) 726.3—AA, VG. volver
  • (4) 727.4—«También sé decir dellos [de los comediantes] que en el sudor de su cara ganan su pan» (El licenciado Vidriera, f. 122). BW, CL; RM documenta la construcción en el sudor con otros textos coetáneos. volver
  • (5) 727.5—BW, CT, RM; cf. Horozco, Teatro, núm. 2949. volver
  • (6) 727.7cualque: CL, RM; cf. Cuervo, Diccionario. ¶ A la vista de sus palabras, Sancho no parece mostrarse consciente de su nuevo papel como «encantador» de Dulcinea y todo lo que comporta en su relación de dependencia con DQ; actúa como siempre, como un simple labrador metido a escudero andante, que siente afecto por DQ y reconocimiento por su locura e inocencia. volver
  • (7) 727.8—RM. volver
  • (8) 727.9—Aparte de ejemplos literarios e históricos en que se combina la Iglesia y la guerra, Sancho acentúa la oposición entre lego y eclesiástico, con cierto carácter carnavalesco. CL, AA, VG, Moner [1986a:90-93], Ziolkowski [1991:58]. ¶ Sobre el premio de las andanzas, Romero Muñoz [1991:32-34]. volver
  • (9) 727.11—Covarrubias, Tesoro. volver
  • (10) 727.12—CL, RM, MZ, RQ; cf. Autoridades. volver
  • (11) 728.14—Moner [1986a:92]; cf. Gallegos, La vida descansada, pp. 53-54, 316-321, y núm. 208b, con curiosas coincidencias. Del tópico del menosprecio de corte se ocupan Puccini [1989:125] y C.B. Moore [1993:132-133]; en general, cf. Russell [1985:59] y Forcione [1988]. ¶ Riley [1986/90:178] subraya que el escudero se suma al resto de personajes que recomiendan al caballero que se quede en su casa. volver
  • (12) 728.16—RM, VG. volver
  • (13) 728.17—RQ, AA. ¶ Romero Muñoz [1991:34-35] observa que a partir de aquí y a lo largo de la Segunda parte, rucio será el término casi antonomástico para nombrar al jumento, hasta el extremo de funcionar, a veces, casi como un nombre propio; cf. también Ordóñez Vilá [1968:68-69]. ¶ G. Di Stefano [1980] señala que el vínculo afectivo entre Sancho y el asno es propio de esta Segunda parte. volver
  • (14) 728.18—«La caza de liebres dijo que era muy gustosa, y más cuando se cazaba con galgos prestados» (El licenciado Vidriera, f. 118). Rico [1985a:41-42], Carreira y Cid [1990:II, 289]. volver
  • (15) 728.19—Agostini del Río [1975:717]. volver
  • (16) 728.20—CL, RM, MZ. volver
  • (17) 728.21—RM. ¶ Romero Muñoz [1991:36-37] nota que los hijos de Sancho apenas se citan en la Primera parte; pero como en el Q. de Avellaneda el escudero no tiene hijos, C. –desde II, 5– aprovecha para enmendarle la plana, nombrándolos y caracterizándolos suficientemente; complétese con Joly [1977b:491]. volver
  • (18) 729.24—BW. «Ninfas del verde bosque, a vos invoco» (Garcilaso, égloga II, v. 805); cf. arriba, 726, n. 2. volver
  • (19) 729.25—CL, RM, VG. «Cuando alguno hace bien alguna cosa, luego dicen: “¡oh hideputa, y qué bien lo hizo!”» (Floresta española, X, 3). En la respuesta de Sancho, BW recuerda «Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija». Cf. I, 25, 283, n. 85. volver
  • (20) 729.27—RM. volver
  • (21) 729.28—VG; Rodríguez Marín [1935b:239], Bello y Cuervo [1945:§ 1286]. volver
  • (22) 729.29—MZ. volver
  • (23) 729.30—CL. volver
  • (24) 729.31—«Ab omni peccato, libera eum, Domine». volver
  • (25) 729.32—CL, MZ, Agostini de del Río [1975:718]. ¶ Romero Muñoz [1991:40-41] recuerda la frecuente confusión entre escudos y ducados, añadiendo que en aquella época el ducado ya no era moneda de curso legal; explica la incongruencia como un eco del Q. de Avellaneda, donde siempre se habla de esta moneda. Sin embargo, González de Amezúa y Mayo [1912:387] observa que la misma confusión de monedas se da en El casamiento engañoso y en otras obras cervantinas, porque, según él, el valor de ambas monedas era casi el mismo y se nombraban indistintamente. Complétese con Latorre [1979:108-109]. volver
  • (26) 730.33—CL, RM, MZ, MU, VG; Rico [1971:38-39]. Cf. Guzmán de Alfarache, II, III, 4, p. 802. volver
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