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Don Quijote de la Mancha

TasaI

Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro Señor1, de los que residen en el su ConsejoII, certifico y doy feeIII que, habiéndose visto porIV los señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha2, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho libro a tres maravedís y medio3; el cual tiene ochentaV y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventaVI maravedís y medio4, en que se ha de vender en papel5; y dieron licencia para que a este precio se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho libroVII, y no se pueda vender sin ella. Y para que dello conste, di el presenteVIII en Valladolid, a veinte días del mes de diciembreIX de mil y seiscientos y cuatro años.

Juan Gallo de Andrada

Lectura comentada (Jaime Moll)

Notas:

  • (1) Un escribano en esas condiciones era un funcionario por oposición, asignado, dentro de un selecto numerus clausus, a uno de los consejos –en este caso, el Consejo Real de Castilla– que constituían los órganos principales en la administración del estado. Apenas nada tenía en común con los desdeñados escribanos municipales y judiciales, y Gallo de Andrada fue un personaje rico e influyente. II, º volver
  • (2) No es posible saber si la forma del título que se ofrece aquí y en el Privilegio (I, Prels., 5) está voluntariamente abreviada, se debe a un error de la administración, responde a un descuido de C. al hacer los trámites necesarios para la publicación de la obra o bien refleja la intención del autor en aquel momento. º volver
  • (3) El maravedí fue durante mucho tiempo en Castilla la principal unidad monetaria de cuenta: un real eran treinta y cuatro maravedís. º volver
  • (4) En total, pues, ocho reales y pico. En 1605, en Castilla la Nueva, una docena de huevos costaba unos 63 maravedís, y una de naranjas, 54; un pollo, 55, y una gallina, 127; medio quilo de carnero, unos 28; una resma de papel de escribir, 28. Véase abajo, I, 1, nn. 5 y 18. º volver
  • (5) Es decir, ‘sin encuadernar’, ‘en rama’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 3.1 [En un cierto número de ejemplares, de los que sólo se conserva el custodiado en la Real Academia Española, la «Tasa» (que, por otro lado, falta en BR) fue compuesta e impresa en Valladolid, en el taller de Luis Sánchez, aprovechando la plana que Juan de la Cuesta había dejado en blanco para ese efecto, de modo que nada más despacharse en la Corte tal documento pudiera insertarse en el f. 2 y el libro circular allí inmediatamente. Sánchez usó sin duda el texto original de la «Tasa»; luego, al completar a su vez la plana en blanco, Cuesta debió de emplear una copia o bien el texto impreso por Sánchez. Para todo ello, con reproducción de ambas tasas, cf. Rico (1996). Recogemos sólo las variantes concordes con nuestros criterios generales; alguna otra puede verse en RM y Oliver Asín (1948:51). volver
  • (II) 3.3 en el su Consejo Sánchez en su Consejo Cuesta volver
  • (III) fee Sánchez fe Cuesta volver
  • (IV) 3.4 habiéndose visto por Sánchez habiendo visto por Cuesta volver
  • (V) 3.7 ochenta A+ B setenta C volver
  • (VI) 3.8 noventa A+B cincuenta y cinco C volver
  • (VII) 3.10-11 del dicho libro A+ del libro B C volver
  • (VIII) 3.12 el presente Sánchez la presente Cuesta [Sánchez sobrentiende ‘testimonio’, y Cuesta, ‘fe’. Ambas posibilidades están bien atestiguadas en documentos similares. volver
  • (IX) Diziembre Sánchez Deziembre Cuesta volver

Notas complementarias:

  • (1) 3.1—escribanos: González de Amezúa y Mayo [1951:118n], Pelorson [1980:79-82]; consejos: González Alonso [1981a], Barrios [1988]; Juan Gallo de Andrada: Astrana Marín [1948-1958:V, 339 y 572]. volver
  • (2) 3.2—La parte inicial de los privilegios se toma habitualmente del texto de la petición hecha por el autor. J. Moll. ¶ Nótese que la última vez que se menciona a DQ con un eco del título (y otro de la primera frase del relato) se le llama «el ingenioso hidalgo de la Mancha» (II, 74, 1221). volver
  • (3) 3.3—Harden [1962:527-528]. volver
  • (4) 3.4—E.J. Hamilton [1934/75], Crosby y Jauralde [1992:397-399]. volver
  • (5) 3.5—El precio de los libros se establecía sobre el ejemplar impreso sin portada ni preliminares, antes de que se encuadernase: Moll [1979:52-53], >RM («en rústica»). ¶ Los editores guardaban los ejemplares de sus ediciones sin encuadernar, o sea en papel, agrupando los pliegos de cada ejemplar. De esta forma los distribuían los libreros, valorando los envíos por el número total de pliegos que montaba el conjunto de los volúmenes. Los libreros los iban encuadernando para poder disponer de algunos ejemplares para su venta, o bien hacían encuadernaciones especiales para los compradores que las encargaban. El Consejo de Castilla fijaba el precio máximo a que se podía vender un libro sin encuadernar –el valor añadido de la encuadernación podía variar mucho– tomando como base el pliego, o sea, la unidad usada habitualmente por los impresores y libreros. Desde 1598, era obligatorio consignar en la certificación de la tasa el número de pliegos que tenía el libro y el monto total de la misma. En los inventarios de los libreros se separan los libros encuadernados, que tienen un precio por unidad en función del tipo de encuadernación y del estado de conservación, de los libros en papel, aquellos todavía no encuadernados, que se valoran por el número de pliegos a un precio global la resma, igual para todos ellos. Rodríguez Marín [1935b:127-129] considera a los libros en papel como encuadernados en rústica, con una cubierta de papel, por juzgar equivalentes los significados de las expresiones en papel, que figura en los inventarios de librerías, agrupando las existencias de un conjunto de obras, y en papelón, que encontramos en inventarios de bibliotecas, aplicado a volúmenes determinados, indicando un tipo de encuadernación con cubiertas de cartón, formado por hojas de papel pegadas con engrudo, que podían recubrirse de piel o tela. Por otra parte, Rodríguez Marín extrapola temporalmente una cita de mediados del siglo XIX, cuando ya existía la encuadernación editorial, a siglos anteriores en los que era desconocida. J. Moll. volver
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