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Don Quijote de la Mancha

Prólogo (1 de 2)

Desocupado lector1: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento2, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse3. Pero no he podido yo contravenir al ordenI de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante4. Y, así, ¿qué podíaII engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado5, antojadizo y lleno de pensamientos varios6 y nunca imaginados de otro alguno7, bien como quien se engendró en una cárcel8, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas9 y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento10. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltasIII, 11, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote12, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, que niIV eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado13, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el rey de sus alcabalas14, y sabes lo que comúnmente se dice, que «debajo de mi manto, al rey matoV, 15», todo lo cual te esentaVI y hace libre de todo respecto y obligación16, y, asíVII, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal17 ni te premien por el bien que dijeres della.

Solo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse18. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo19. Muchas veces tomé la pluma para escribilleVIII, 20, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiríaIX; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete21 y la mano en la mejilla, pensando lo que diríaX, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido22, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa, y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañasXI de tan noble caballero23.

—Porque ¿cómo queréis vos24 queXII no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo25 cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas26, con una leyenda seca como un esparto27, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos28 y falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos29, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes30? Pues ¿qué, cuando citan la Divina Escritura? No dirán sino que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia, guardando en esto un decoro tan ingenioso31, que en un renglón han pintado un enamorado destraído32 y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oílleXIII o leelle33. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen34, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del abecé, comenzando en Aristóteles y acabandoXIV en Xenofonte y en Zoílo o Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro35. También ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas celebérrimos36; aunque si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos37, yo sé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos que tienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío —proseguí—, yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos en la Mancha38, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan, porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras39, y porque naturalmente40 soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace la suspensión y elevamiento41, amigo, enXV que me hallastes, bastante causa para ponerme en ella la que de mí habéis oído42.

Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en una carga de risaXVI, 43, me dijo:

—Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veo que estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que es posible que cosas de tan poco momento44 y tan fáciles de remediar puedan tener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el vuestro45, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento y veréis cómo en un abrir y cerrar de ojos confundo todas vuestras dificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden y acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro famoso don Quijote46, luz y espejo de toda la caballería andante.

—Decid —le repliqué yo, oyendo lo que me decía—, ¿de qué modo pensáis llenar el vacío de mi temor47 y reducir a claridad el caos de mi confusión?

Notas:

  • (1) Con desocupado, C. probablemente calca el otiosus (lector) de la tradición clásica (así en Quintiliano, Institutiones, IV, II, 45). ° volver
  • (2) La presentación metafórica del libro como hijo del autor está presente ya en Ovidio; C. modifica la idea con la inmediata mención del ingenio, término aquí en relación con la inventio de la retórica clásica. ° volver
  • (3) discreto: ‘sensato, inteligente y agudo’ (y no en el sentido hoy más corriente de ‘reservado, circunspecto’); discreto y discreción son palabras clave para describir un modelo de comportamiento muy apreciado en los siglos XVI y XVII. Véase II, 19, 787, n. 42. ° volver
  • (4) «Como dice Aristóteles en los Físicos, y lo trae Lucrecio, poeta antiguo, todo animal engendra su semejante» (Mal Lara, Filosofía vulgar). ° volver
  • (5) ‘falto de lozanía’. volver
  • (6) ‘discordes e inestables’, y no con la coherencia y constancia propias del sabio. ° volver
  • (7) ‘insólitos, extravagantes’, en sentido peyorativo. ° volver
  • (8) No se sabe a cuál de las prisiones que sufrió C. (Castro del Río, 1592, y Sevilla, 1597, ¿1602?) se refiere con esta frase, que se ha interpretado también en términos simbólicos, como «mera metáfora» (N.D. de Benjumea) de la vida o el alma del autor. En el prólogo a las Novelas ejemplares, C. distingue entre el acto de concebir y el de escribir. ° volver
  • (9) son gran parte: ‘dan ocasión bastante, son notable ayuda’. ° volver
  • (10) El contexto reelabora un motivo horaciano («Scriptorum chorus omnis amat nemus et fugit urbem, / rite cliens Bacchi somno gaudentis et umbra; / tu me inter strepitus... vis canere?», etc.; Epístolas, II, II, 77 ss.), quizá recordando y cambiando de sentido un lugar de Quintiliano. ° volver
  • (11) Una ponderación análoga, y no menos tópica, de los efectos del amor paterno aparece en la Moria de Erasmo. ° volver
  • (12) Pues la historia de DQ se finge real y narrada en los «anales de la Mancha», por Cide Hamete Benengeli o por otros autores. ° volver
  • (13) ‘el mejor, el que puede servir de ejemplo’. ° volver
  • (14) ‘tributos indirectos sobre el gasto’, es decir, sobre los bienes muebles o inmuebles vendidos o permutados, cuyo cobro se arrendaba a particulares; existía la frase hecha «Salirse con algo, como el rey con sus alcabalas» (‘porfiar para conseguir algo’). Véase II, 32, 900. ° volver
  • (15) Refrán usado para expresar que cada uno es libre, en su fuero interno, de pensar y juzgar como quiera. ° volver
  • (16) ‘te exime y libera de cualquier respeto y de toda obligación’. ° volver
  • (17) ‘te exijan responsabilidades por el mal’; caluniar o caloñar era término jurídico (II, 2, 645, n. 45). ° volver
  • (18) Lo acostumbrado en la época era anteponer al cuerpo de la obra una serie de poemas elogiosos. Según se desprende de una carta de Lope de Vega, C. anduvo por Valladolid pidiendo que se los escribieran, sin hallar nadie «tan necio que alabe a DQ». ° volver
  • (19) prefación: ‘prólogo’. volver
  • (20) Entiéndase, ‘el prólogo’. En la Primera parte del Q. son frecuentes las formas en que la -r del infinitivo se asimila al pronombre enclítico (escribirle > escribille), y en ciertos casos quizá sirvan para caracterizar a los personajes; pero no es posible determinar cuándo tal asimilación responde al criterio del autor y cuándo al de los cajistas. ° volver
  • (21) ‘mesa portátil o bandejilla con patas que sirve de escritorio’. volver
  • (22) a deshora: ‘inesperadamente’. La introducción del amigo va a permitir a C. exponer sus ideas con técnica dramática: el amigo se convierte en narrador secundario y portavoz de la ruptura con respecto a lo establecido. ° volver
  • (23) Querrá decir: ‘ni menos sacar a luz así, sin haber hecho el prólogo, las hazañas de tan noble caballero’.XI, volver
  • (24) C. pasa aquí del estilo indirecto al directo sin aviso. ° volver
  • (25) En los prólogos de la época son frecuentes las alusiones al «vulgo con sus leyes» (Lope de Vega, Arte nuevo, v. 149). ° volver
  • (26) C., que tiene ahora cerca de sesenta años, no ha publicado ningún libro desde La Galatea, en 1585. ° volver
  • (27) leyenda: ‘libro escrito para ser leído, lectura’ (y en seguida leyentes: ‘lectores’); véase I, 3, 60, n. 48. ° volver
  • (28) Las proclamaciones de modestia habituales en los prólogos se concretan aquí en la alusión, según la retórica clásica, a dos de las tres etapas esenciales en la elaboración del discurso: inventio y elocutio (a la que pertenecen el estilo y los concetos: ‘conceptos, pensamientos e imágenes profundos, agudos y elegantes’). ° volver
  • (29) ‘mentirosos, ficticios, y no religiosos’; pero profano puede interpretarse también como categoría estética, ‘ignorante, vulgar’, como en Horacio, Odas, III, 1, 1. volver
  • (30) caterva: ‘multitud de personas, sin orden’. Desde Avellaneda, se ha visto en estas palabras –como en bastantes otros pasajes del Prólogo– un ataque a Lope de Vega, que acababa de publicar El peregrino en su patria (1604) con no pocos alardes de erudición y doctrina; pero análogas exhibiciones se hallan en muchos escritores de la época. ° volver
  • (31) decoro: ‘adecuación entre el tema que se trata en la obra artística y el estilo o registro elegido para tratarlo’ (véase I, 6, 82, n. 41); ingenio vale aquí por ‘sutileza, capacidad de ver o crear conceptos’. La frase, evidentemente, es irónica. ° volver
  • (32) ‘desencaminado’, en sentido moral (I, 2, 49, n. 45). Para la mezcla de lo humano con lo divino, véase abajo, 17, n. 87. volver
  • (33) La lectura pública seguía siendo uno de los modos fundamentales para la difusión de la literatura; véase abajo, I, 32, 369, n. 16 y II, 66, 1167, n. 1. º volver
  • (34) En los libros antiguos, a menudo se imprimían al margen referencias al autor y obra citados, sumarios de ciertos párrafos, en su caso comentarios del traductor, etc. volver
  • (35) Zoilo (C. pronunciaba Zoílo), que se atrevió a escribir contra Homero buscando su propia fama, quedó como antonomasia de crítico cerril y detractor; Zeuxis, pintor griego. La Arcadia (1598, 1599, 1602, 1603...) de Lope de Vega lleva una larga Exposición de los nombres poéticos e históricos, dispuesta en orden alfabético y extraída de difundidos repertorios renacentistas; cosa similar ocurre en el Isidro (1599, 1602, 1603...) y en El peregrino en su patria. ° volver
  • (36) Era costumbre anteponer a los libros poesías laudatorias de personajes ilustres. C. parece aludir en particular a Lope de Vega, quien abusó de tal práctica en La Arcadia (1598), el Isidro (1599), La hermosura de Angélica (1602) y El peregrino en su patria (1604). ° volver
  • (37) oficial (junto a su sentido más amplio: ‘del oficio’) es nombre de categoría artesana, entre las de aprendiz y maestro; al referirse a oficio mecánico, se opone por una parte a las categorías nobiliarias antes nombradas, por otra a los poetas celebérrimos, es decir, maestros, citados en la frase anterior. El comentario de C. ha dado pie a conjeturar que en los preliminares del Q. colaboraron otros escritores amigos. ° volver
  • (38) Acaso juega con un motivo de origen ciceroniano: ‘sepultado en el olvido’. ° volver
  • (39) Eran tradicionales las protestas de modestia por este estilo. ° volver
  • (40) ‘por naturaleza’. volver
  • (41) ‘duda y embebecimiento’. volver
  • (42) ‘para ponerme en tal suspensión la causa que...’. volver
  • (43) ‘estallando en una risotada’ (carga: ‘disparo de muchas armas de fuego a un tiempo’; la palmada en la frente es gesto que se hace al darse cuenta de pronto de alguna cosa). ° volver
  • (44) ‘de tan poca importancia’. ° volver
  • (45) absortar un ingenio: ‘retener el curso del pensamiento’ (absortar es formación sobre el participio de absorber). ° volver
  • (46) famoso porque se finge que está tratándose de un personaje real, cuyo renombre antecede al libro que aquí se prologa y en el que, en teoría, se compilan materiales de varia procedencia. ° volver
  • (47) Evoca jocosamente el horror vacui de la filosofía aristotélica. ° volver

Notas críticas:

  • (I) 9.5 al orden A+ la orden B+  [En el Q., orden es ocasionalmente masculino (I, 41, 478; VG), pero contravenir y sus derivados, salvo en un caso (II, 20, 792), se construyen siempre con a. Cabría, pues, corregir en a la orden. volver
  • (II) 9.6 podía B+ FL podrá A SB  [El siguiente engendró exige podía, y la errata es trivial (I, 16, 169.12; 27, 327.7, etc.). volver
  • (III) 10.1 faltas edd. faltas y simplezas BR volver
  • (IV) 10.7 que ni BR y ni A+ B y pues ni C  [Es uno de los casos más claros de confusión de q. e y; cf. sólo abajo 427.23 Véase la nota crítica XII ubicada en el capítulo 36 y II, 40, 955.3; 41, 965.21. volver
  • (V) 10.10 mato edd. malo BR volver
  • (VI) 10.11 esenta edd. exime BR volver
  • (VII) 10.12 y así edd. así C  [La corrección de C (y también 10.7IV) hace pensar que no se trata de la construcción comentada en II, 19, 789, n. 57. volver
  • (VIII) 10.20 escribille edd. escribilla BR C  [A debe de sobrentender ‘prólogo’, usado un poco antes, en vez de prefación. volver
  • (IX) 10.21 lo que escribiría edd. qué escribir BR volver
  • (X) 11.2 diría edd. escribiría BR volver
  • (XI) 11.6-7 sacar a luz las hazañas edd. [L. Ruiz Contreras (en Solidaridad Nacional, Barcelona, 16 de marzo de 1944) y RQ proponen sacar a luz sin él... También cabría conjeturar sacar a luz así las... El texto debe de estar maltrecho, en efecto, pero no cabe corregirlo meramente ad sensum, y nos faltan razones ecdóticas en que apoyarnos. volver
  • (XII) 11.8 vos que edd. vos –le dije– que BR volver
  • (XIII) 12.4 oílle A+ oírle B+ volver
  • (XIV) 12.8 acabando edd. acabado A volver
  • (XV) 13.5 elevamiento, amigo, en A+ elevamiento en B+ volver
  • (XVI) 13.8 carga de risa A+ larga risa B+ volver

Notas complementarias:

  • (1) 9.1—«En los ratos ociosos y desocupados» (II, 40, 954); no cabe descartar que el epíteto se use también con el valor de ‘libre (de prejuicios)’: Endress [1978], McSpadden [1979], Porqueras Mayo [1981b:77-78], Sciascia [1984], Parr [1988:46] y Lecturas. volver
  • (2) 9.2—SB, Curtius [1948/55:196-198], Porqueras Mayo [1968:13-14], Endress [1978], Weimann [1983:459-496]. volver
  • (3) 9.3—CZ, VG I:146, Bates [1945], A.A. Parker [1949:apéndice], Blanco-González [1962], Rodríguez Velasco [1993], Egido [1997:69-77]. ¶ Aunque es un ideal que pasa del siglo XVI al XVII, en este cambia el sentido, como muy bien ilustra El discreto de Gracián y estudia Morreale [1968:49-51 y passim]. Cf. II, 19, 787, n. 42 Véase la nota complementaria 787.42 ubicada en el capítulo 19. volver
  • (4) 9.4cada cosa engendra su semejante: A. Castro [1925/87:168], Rosenblat [1950], Garrote Pérez [1979]. Otro tanto, pero aun de modo más cercano a C., escribe J. de la Huerta, en Marasso [1947/54:230-231]: «Engendrar cada uno su semejante». Cascardi [1986] lee la frase como un síntoma de variación del concepto de la mímesis renacentista y base de la composición mixta del Q. Avalle-Arce [1976:16] ve en DQ una contravención del orden natural, un «error de opción vital». volver
  • (5) 9.6—Es idea de la tradición estoica: Rico [1976]. volver
  • (6) 9.7—La frase suele tomarse como una declaración de originalidad (así en VG y A. Castro 1957/67:266), donde el topos de la modestia se completaría con una alusión a la novedad y variedad de la materia, en relación con el horaciano «Carmina non prius / audita Musarum sacerdos / virginibus puerisque canto» (Odas, III, I, 2-4) y con doctrinas como las expuestas por el Pinciano, Philosophía antigua poética, II, p. 15. volver
  • (7) 9.8—Sobre las prisiones de C., Stagg [1955] se decide por Castro del Río y rebate lúcidamente la interpretación metafórica (propuesta por Díaz de Benjumea 1861:34, y puesta al día por A. Castro 1957/67:262-301) subrayando la ilación con la frase siguiente («El sosiego...»): «Un ambiente agradable, tranquilo y pacífico –al contrario del ruido y las molestias de una prisión– es lo que conduce a la creación artística»; RM IX:33-56, Rodríguez Marín [1947:71-72] y Orozco Díaz [1992:113-128]b defienden que se trata de la Cárcel Real de Sevilla, donde C. sufrió prisión (hoy conocemos una carta escrita por C. desde allá: Montero Reguera 1992a:90; 1994a:205-206); cf. también RQ y MUb y Lecturas. Sorprende que casi nunca se haya tomado en cuenta el cautiverio en Argel: Romero Lozano [1963]. ¶ «Pero disculpan los hierros de su primera parte, en esta materia, el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados» (Avellaneda, I, p. 13). «Mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa» (Novelas ejemplares, Prólogo al lector). Cf. abajo I, 9, 106, n. 13. volver
  • (8) 9.9—RM. volver
  • (9) 9.10—Para el espacio propicio a la inspiración, Quintiliano, Institutio, X, III, 24: «Quare silvarum amoenitas et praeterlabentia flumina et inspirantes ramis arborum aurae volucrumque cantus et ipsa late circumspiciendi libertas ad se trahunt, ut mihi remittere potius voluptas ista videatur cogitationem quam intendere», etc.; cf. Marasso [1947/54:219-221]. Ya Petrarca (De vita solitaria, I, 4) había contrapuesto las opiniones de Horacio y Quintiliano. ¶ Gaylord [1990] relaciona estos espacios teóricos con los de I, 47 y 48; para esta y otras descripciones del paisaje, Garau Amengual [1991]. volver
  • (10) 10.11—Vilanova [1965/89:65-66]. No hay prueba, sin embargo, de que C. conociese el Encomium Moriae de Erasmo: Bataillon [1978:327-346]. C. no hace más que continuar la metáfora del libro como hijo, iniciada más arriba. volver
  • (11) 10.12—Para C. como padrastro de DQ, cf. «Nuestro Señor don Quijote», en Unamuno [1896/1944]. Cf. también Haley [1965], Avalle-Arce y Riley [1973:48]b, El Saffar [1975:54-68; 1989:60], Endress [1978], Gilman [1989/93:92-97, 128-134], Maestro [1995] y Lecturas, I, 9. Vilanova [1965/89:66-67] ve aquí la reminiscencia de una célebre frase de Plinio, VII, 1 (cuando dice ser la «Naturaleza, no madre, sino madrastra»), llegada concretamente a C. a través de la Moria erasmiana. volver
  • (12) 10.13—RM. volver
  • (13) 10.14—La alcabala fue un impuesto propio de la Corona de Castilla establecido por Alfonso XI del que sólo estuvo exento el clero; no se suprimió hasta 1845: cf. I, 45, 529, n. 64. ¶ CL II, 32, n. 41 explica el origen histórico de la frase, situándola en el gobierno de Isabel la Católica. RM VI:58n. Cf. también García de Valdeavellano [1968/73:597, 608], Lunenfeld [1987:75-79]. ¶ Ligada al refrán que viene a continuación, la alusión a la frase hecha puede tener un sentido irónico, si se piensa en el aumento de tributos que Felipe II hizo votar en las Cortes de Madrid de 1588, y en la declaración de deudas de Felipe III en las de 1602. Recuérdese que C. fue alcabalero en Andalucía y acabó en la cárcel. volver
  • (14) 10.15—RM. Williamson [1981; 1984/91:124, 131] equipara rey a «lector» y piensa que el refrán sirve para anunciar un doble nivel de interpretación. volver
  • (15) 10.16—RM. volver
  • (16) 10.17—RM. volver
  • (17) 10.18—RM. Sobre la carta de Lope del 14 de agosto de 1604 y su ataque a C., ha de tenerse en cuenta el estudio de N. Marín [1988/94:317-358]. volver
  • (18) 10.20—CZ, Lázaro Mora [1978-1980], Flores [1985:90-91]. volver
  • (19) 11.22—a deshora: cf. I, 20, 208; II, 34, 917; 52, 1054; etc. ¶ Para la aparición del amigo, Eisenberg [1987a:100], C. Guillén [1988:212-233], Moner [1989a:48-49], Porqueras Mayo [1991:89-90]. ¶ El apelativo gracioso, además de su sentido normal, servía para denominar en la comedia al personaje que Fernández Montesinos llama «figura de donaire» [1951/67:21-80]. ¶ Bubnova [1990:571-575] relaciona este retrato de C. con el del autor en La lozana andaluza. volver
  • (20) 11.24—Rosenblat [1971:332-337], MU. Para el paso del estilo indirecto al directo, cf. también I, 20, 212, n. 32; II, 18, 776, n. 35. volver
  • (21) 11.25—Green [1957a], Rosenblat [1971:62-64]; Sánchez Escribano y Porqueras Mayo [1972:364-387]. Cf. Guzmán de Alfarache, I, «Al vulgo», p. 91 y n. volver
  • (22) 11.26—Era conocida, sin embargo, la fama de C. como romancista, y alguna de sus Novelas hubo de correr en manuscrito; poco sabemos de las representaciones de su teatro. Cf. Canavaggio [1977a]. volver
  • (23) 11.27—Oudin, Herrero García [1983:366], Orozco Díaz [1992:151-171]. VG opina que es vocablo de doble acepción: ‘lectura’ y ‘fábula’. Cf. también I, 24, 268; 48, 551; 50, 569; 571, y II, 74, 1217. volver
  • (24) 11.28—concetos: Collard [1967:23-39], M. Blanco [1992], Arellano y Schwartz [1998]. volver
  • (25) 11.30—El texto se puede relacionar con la conversación entre el cura y el canónigo en I, 47 y 48, pero también con el primo pedante y pseudoerudito de II, 22: Riley [1962/66:128-129]. ¶ Sobre las relaciones de C. y Lope, en general, y asimismo en la perspectiva de los preliminares del Q., García Soriano [1944], Entrambasaguas [1946/67:108-141], Tomov [1967:620-621], Zimic [1976], Eisenberg [1984b], Riquer [1988:120, 125-137], I, «Al libro...», p. 21, y Lecturas. volver
  • (26) 12.31—Riley [1962/66:216-222]. Márquez Villanueva [1991a]b supone aquí una alusión al Guzmán de Alfarache; Williamson [1984/91:185, 199, y passim], Micó [1994]b. volver
  • (27) 12.33—Frenk [1984]; Edad de Oro, VII (1987); A. Montaner [1989]. volver
  • (28) 12.35—Para Zoilo, Rodríguez Marín [1935b:186-188] y Herrero García [1983:484-485]. ¶ Para los «librotes de lugares comunes» manejados por el Fénix, cf. Lope de Vega, La Dorotea, V, 3, 2.ª ed. Morby, pp. 403-407 y nn., y Egido [1988b]; más en general, Infantes [1988], López Poza [1990], y abajo, 16, n. 68 y 17, n. 80. volver
  • (29) 12.36—CL, RM, MU. Cf. Lecturas, y abajo, 14, n. 48. volver
  • (30) 12.37—oficiales amigos: RM; cf. II, 49, 1027, n. 35. ¶ Sobre posibles colaboradores de C., cf. abajo, I, «Urganda...», p. 23, vv. 37-40, y R. Rossi [1990]. ¶ Molière imita a C. en varios momentos del prefacio a Las preciosas ridículas; por ejemplo: «J’aurais parlé aussi à mes amis, qui pour la recommandation de ma pièce, ne m’auraient pas refusé ou des vers français ou de vers latins. J’en ai même qui m’auraient loué en grec, et l’on ignore pas qu’une louange en grec est d’une merveilleuse efficace à la tête d’un livre». volver
  • (31) 12.38—Lazarillo, Pról., p. 3, y n. 3. ¶ Los archivos de la Mancha vuelven a mencionarse en I, 8, 104, y 52, 591. volver
  • (32) 13.39—«C. se queja, no sin arte, de sus pocas letras, lugar un tanto ciceroniano, que hoy se usa por convicción o modestia y en aquel cuidadoso tiempo por elegancia, como lo enseña Castiglione en el Cortesano: “hubo algunos excelentes oradores antiguos que artificiosamente se esforzaban a dar a entender que no tenían letras”» (Marasso 1947/54:48). volver
  • (33) 13.43—Para la función de la risa en C., Russell [1969/78], Close [1982] y Trueblood [1984]b. volver
  • (34) 13.44—RM. volver
  • (35) 13.45—Oudin. volver
  • (36) 13.46—Otras explicaciones, inadmisibles, en VG. volver
  • (37) 13.47—En otro sentido, discurre sobre la expresión Gaylord [1990:361-362]. volver
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