Capítulo XLVIIII
Donde prosigue el canónigo la
materia de los libros de caballerías, con otras
cosas dignas de su ingenio (1 de 3)
—Así es como vuestra mercedII
dice, señor canónigo —dijo el
cura—, y por esta causa son más dignos de
reprehensión los que hasta aquí han
compuesto semejantes libros, sin tener advertencia a
ningún buen discurso1 ni al
arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse
famosos en prosa, como lo son en verso los dos
príncipes de la poesía griega y latina2.
—Yo, a lo menos
—replicó el canónigo—, he
tenido cierta tentación de hacer un libro de
caballerías, guardando en él todos los
puntos que he significado; y si he de confesar la
verdad, tengo escritas más de cien hojas, y para
hacer la experiencia de si correspondían a mi
estimación, las he comunicado con hombres
apasionados desta leyenda3, dotosIII y
discretos, y con otros ignorantes, que solo atienden
al gusto de oír disparates, y de todos he
hallado una agradable aprobación. Pero, con todo
esto, no he proseguido adelante, así por
parecerme que hago cosa ajena de mi profesión
como por ver que es más el número de los
simples que de los prudentes4, y que,
puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que
burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al
confuso juicio del desvanecido vulgo5, a quien
por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero
lo que más me le quitó de las manos y aun
del pensamiento de acabarle fue un argumento que hice
conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se
representan6,
diciendo: «Si estas que ahora se usan, así
las imaginadas como las de historia7, todas o
las más son conocidos disparates y cosas que no
llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las
oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas,
estando tan lejos de serlo, y los autores que las
componen y los actoresIV
que las representan dicen que así han de ser,
porque así las quiere el vulgo, y no de otra
manera, y que las que llevan traza y siguen la
fábula como el arte pide no sirven sino para
cuatro discretos que las entienden, y todos los
demás se quedan ayunos de entender su artificio,
y que a ellos les está mejor ganar de comer con
los muchos que no opinión con los pocos8,
deste modo vendrá a ser mi libroV,
al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los
preceptos referidos9, y
vendré a ser el sastre del cantillo10». Y
aunque algunas veces he procurado persuadir a los
actoresVI
que se engañan en tener la opinión que
tienen11, y que
más gente atraerán y más fama
cobrarán representando comedias que siganVII el
arte que no con las disparatadas, ya estánVIII
tan asidos y encorporados en su parecer12, que no
hay razón ni evidencia que dél los saque.
Acuérdome que un día dije a uno destos
pertinaces: «Decidme, ¿no os acordáis
que ha pocos años que se representaron en
España tres tragedias que compuso un famoso
poeta destos reinos, las cuales fueron tales que
admiraron, alegraron y suspendieron a todos cuantos
las oyeron, así simples como prudentes, así
del vulgo como de los escogidos13, y
dieron más dineros a los representantes ellas
tres solas que treinta de las mejores que
después acá se han hecho?». «Sin
duda —respondió el autorIX
que digo— que debe de decir vuestra merced por
La Isabela, La Filis y La
Alejandra14».
«Por esas digo —le repliqué
yo—, y mirad si guardaban bien los preceptos
del arte, y si por guardarlos dejaron de parecer lo
que eran y de agradar a todo el mundo. Así que
no está la falta en el vulgo, que pide
disparates, sino en aquellos que no saben representar
otra cosa. Sí, que noX
fue disparate La ingratitud vengada15, ni le
tuvo La Numancia16, ni se
le halló en la del Mercader amante17, ni
menos en La enemiga favorable18, ni en
otras algunas que de algunos entendidos poetas han
sido compuestas, para fama y renombre suyo y para
ganancia de los que las han representado». Y
otras cosas añadí a estas, con que a mi
parecer le dejé algo confuso, pero no satisfecho
ni convencidoXI
para sacarle de su errado pensamiento.
Notas:
- (1) ‘sin atenerse
a ninguna buena razón’. volver
- (2) Lo son, por
antonomasia, Homero y Virgilio. º volver
- (3) ‘aficionados a
este género literario’ (I, Pról.,
11, n. 27). º volver
- (4) «Stultorum
infinitus est numerus» (Eclesiastés, I,
15); véase II, 3, 655, n. 66. volver
- (5) ‘juicio no
racional del vano vulgo’. º volver
- (6) C. apunta que los
libros de caballerías han sido sustituidos por
la comedia nueva para satisfacer las necesidades de
distracción del público popular. Lo de
ahora se refiere a los años inmediatamente
anteriores a la publicación del Q.; en
adelante, el canónigo discurre sobre las
comedias de una época más temprana, en la
que C. escribió sus primeras obras
dramáticas, los años 1580-1587. La
oposición entre las comedias antiguas y las
que ahora se representan está explicada
por el mismo C. en el prólogo a su teatro.
º volver
- (7) ‘tanto las de
enredo, las «de capa y espada», como las
apoyadas en crónicas o tradiciones
históricas’; obsérvese que el
canónigo, en coincidencia con la
distinción de Torres Naharro entre comedias
«a noticia» y «a
fantasía», omite la referencia a los otros
dos grandes subgéneros de la comedia nueva: las
vidas de santos y las obras de asunto bíblico o
religioso. º volver
- (8) El pasaje se ha
interpretado como una aceptación de los
principios aristotélicos (con su insistencia en
las unidades de tiempo, lugar y acción), y en
parte es así. Sin embargo, C. se gloría
de haber sido el padre de la comedia nueva y de sacar a
escena «figuras morales», que el teatro
clásico no admite. La matizada posición
cervantina entre el clasicismo y el «arte
nuevo» se aprecia bien en el diálogo de la
Curiosidad y la Comedia al principio de la segunda
jornada de El rufián dichoso.
Véase abajo, 554, n. 23. opinión:
‘fama, reputación’ (I, 12, 129, n.
13, y 51, 580, n. 32). º volver
- (9) haberme quemado
las cejas: ‘haberme pasado las noches en vela
por hacer el trabajo’. º volver
- (10) cantillo:
‘rincón o esquina de una calle’; se
hace referencia al refrán «El sastre del
cantillo, que cosía de balde y ponía el
hilo». º volver
- (11) actores:
aquí, quizá en el sentido de
‘empresarios de las compañías de
teatro’, a los que en la época se llamaba
también autores. º volver
- (12) ‘siendo parte
de su parecer’. º volver
- (13) Posible recuerdo de
la frase evangélica: «Multi sunt vocati,
pauci vero electi» (Mateo, XXII, 14). º volver
- (14) Son obras de
Lupercio Leonardo de Argensola (se ha perdido La
Filis) y debieron escribirse entre 1581 y 1584.
Más que tragedias de orden clásico, son
obras de transición entre el teatro clasicista,
con rasgos humanísticos, y la comedia nueva.
º volver
- (15) Comedia de Lope de
Vega escrita entre 1585 y 1595; se imprimió en
1620. º volver
- (16) Tragedia del propio
C., que no se publicó hasta 1784. º volver
- (17) Comedia de Gaspar
de Aguilar, de quien C., en el prólogo a las
Comedias y entremeses, resalta la agudeza.
º volver
- (18) Comedia del
canónigo Francisco de Tárrega; en el
prólogo de las Comedias y entremeses C.
alaba su «discreción e innumerables
conceptos». º volver
Notas críticas:
- (I) 551.1 Cap
[ítulo] edd. ap. A [La
C- que sin duda había no ha quedado impresa
en ninguno de nuestros ejemplares. Sobre una supuesta
variante XLVIN, cf. 530.1
Véase la nota crítica I ubicada en el capítulo 46. volver
- (II) 551.4 vuestra merced BR C SB V. M. A B FL [La abreviatura
reaparece varias veces en el mismo cuaderno (Oo); cf.
arriba, 341.15
Véase la nota crítica XXXV ubicada en el capítulo 29. volver
- (III) 551.15 dotos edd. doctos
BR volver
- (IV) 552.4 actores
edd.
autores C volver
- (V) 552.10 mi libro BR (este
mi l.) LO (vendría a ser mi l.) RAE
SB un libro edd. de mi libro HZ
[Podría también conjeturarse con mi
libro. volver
- (VI) 552.12-13 actores edd. autores C volver
- (VII) 552.14-15 sigan
C hagan
edd. volver
- (VIII) 552.15 ya están C y están edd. están
BR [BR y C aseguran el yerro de
A. volver
- (IX) 553.1 autor
edd. actor
BR volver
- (X) 553.6-7 [Bello y Cuervo (1945:§ 392), puntúan (con
A) Si que no, aquí y en el
prólogo a las Novelas ejemplares (cf.
abajo, 660.9
Véase la nota crítica XIV ubicada en el capítulo 04),
y entienden ‘tampoco’, donde Si que
refuerza lo referido en la oración que encabeza.
Cf. I, 35, 417 («Sí, que no estaba
yo...»); II, 30, 875, etc. volver
- (XI) 553.12 convencido edd. convenido B BR [Nótese la
certera enmienda de C, que en este
capítulo, pese a algún posible desliz,
parece especialmente cuidada. volver
Notas complementarias:
- (1) 551.2—Fernández Montesinos
[1955:9-10]. Es el colofón del cura a los
razonamientos del canónigo expuestos en I,
47.
volver
- (2) 551.3—Para el libro del canónigo,
Trueblood [1956:46-47] y Eisenberg [1987a:41-46,
60-61], que piensa que puede aludir al «famoso
Bernardo», citado en la dedicatoria del
Persiles.
volver
- (3) 551.5—Rozas [1976:66-67].
volver
- (4) 551.6—Para la teoría teatral
aquí expuesta, cf. Lecturas. ¶ Para
una visión general de las teorías
teatrales, tanto literarias como éticas, en esta
época, Vitse [1984; 1988]b.
volver
- (5) 551.7—Para la posible relación con
Torres Naharro, Canavaggio [1977a:35-37, 182-184].
volver
- (6) 552.8—Para la posición de C. con
respecto a las unidades aristotélicas, cf. su
prólogo a las Comedias y entremeses, y
El rufián dichoso, f. 97. Cf.
también Riley [1971]. ¶ La coincidencia,
incluso en palabras, con el Lope de Vega que se
autojustifica en el Arte nuevo, vv. 47-48
(«...como las paga el vulgo, es justo / hablarle
en necio para darle gusto») se explica,
más que por la teoría literaria, porque
el teatro es ya entonces tanto un negocio, como un
servicio público, incluso subvencionado
oficialmente. Por otra parte, la comedia nueva, en los
mejores casos, se dirigía a un amplio y muy
diverso espectro social y cultural. Cf., por ejemplo
L.C. Pérez y Sánchez Escribano [1961],
Vitse [1988:171-249]b, Canavaggio
[1977ab; 1992b],
Senabre [1986] y Baras Escolá [en prensa].
¶ Eisenberg [1984b/91:123-125] ve en este
parlamento una de las causas de la enemiga de Lope
contra C.
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- (7) 552.9—Iribarren [1974:265-266].
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- (8) 552.10—Foulché-Delbosc [1901]; cf.
Correas, Vocabulario, pp. 83a, 91a.
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- (9) 552.11—RM, Eisenberg [1984b/91:123, n.
11].
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- (10) 552.12—RM.
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- (11) 552.13—Herrero García [1983:459].
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- (12) 553.14—La posición de Argensola es
esencialmente moralizadora: desde la Loa de
La Isabela se enfrenta a la farsa o la comedia
nueva («...comedias amorosas, / nocturnas
asechanzas de mancebos / y libres liviandades de
mozuelas: / cosas que son acetas por el vulgo»),
pero prescinde por completo de las unidades, emplea un
sistema polimétrico y estructura las obras en
cuatro jornadas. PE, Green [1945:25-26, 102-121],
Hermenegildo [1973:324-367]b, Egido
[1987a].
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- (13) 553.15—PE, Poteet-Bussard [1980].
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- (14) 553.16—C. vuelve a introducirse en el cuerpo
de su novela a través de sus escritos, como
había hecho en I, 6, 86, y 47, 542.
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- (15) 553.17—PE, Juliá Martínez
[1929:I, 101-116, y II, 122-161].
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- (16) 553.18—Sobre Tárrega, PE, Juliá
Martínez [1929:I, 73-100, 576-621]. ¶ Todos
los autores y obras dramáticas que C. aduce
están cercanos a lo que se ha venido a llamar
«escuela valenciana», como ya señala
Juliá Martínez [1929:I, 12-13]. Para la
ubicación de Lupercio Leonardo, cf. asimismo las
observaciones de Froldi [1962/68], que también
considera La ingratitud vengada de Lope de Vega
como de su etapa valenciana [ibidem: 154]. Entre
ellas coloca C. su Numancia: nuestro autor pudo
conocer las novedades dramáticas valencianas en
1580, cuando desembarcó en Valencia de su
cautiverio argelino. Estas razones hacen que Froldi
[1962/68:116] dude que estos ejemplos estén
dirigidos contra Lope. ¶ Sobre la «escuela
valenciana», Merimée [1913], Canet
Vallés y Sirera [1981] y el volumen colectivo
Quinientos valenciano [1984].
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