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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XLVI (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XLVII
De la notableII aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote (1 de 3)

En tanto que don Quijote esto decía, estaba persuadiendo el cura a los cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo veíanIII por sus obras y por sus palabras, y que no tenían para qué llevar aquel negocio adelante, pues aunque le prendiesen y llevasen, luego le habían de dejar por loco; a lo que respondió el del mandamiento que a él no tocaba juzgar de la locura de don Quijote, sino hacer lo que por su mayor le era mandado1, y que una vez preso, siquiera le soltasen trecientas2.

—Con todo eso —dijo el cura—, por esta vez no le habéis de llevar, ni aun él dejará llevarse, a lo que yo entiendo.

En efeto, tanto les supo el cura decir y tantas locuras supo don Quijote hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no conocieran la falta de don Quijote, y, así, tuvieron por bien de apaciguarse y aun de ser medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho PanzaIV, que todavía asistían con gran rancor a su pendencia3. Finalmente, ellos, como miembros de justicia, mediaron la causa4 y fueron árbitros della, de tal modo, que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas5. Y en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese6, le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo y de no llamarse a engaño por entonces, ni por siempre jamás, amén7.

Sosegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las más principales y de más tomo8, restaba que los criados de don Luis se contentasen de volver los tres9, y que el uno quedase para acompañarle donde don Fernando le quería llevar; y como ya la buena suerte y mejor fortuna había comenzado a romper lanzas y a facilitarV dificultades10 en favorVI de los amantes de la venta y de los valientes della, quiso llevarlo al cabo y dar a todo felice suceso, porque los criados se contentaron de cuanto don Luis quería: de que recibió tanto contento doña Clara, que ninguno en aquella sazón la mirara al rostro que no conociera el regocijo de su alma.

Zoraida, aunque no entendía bien todos los sucesos que había visto, se entristecía y alegraba a bulto, conforme veíaVII y notaba los semblantes a cada uno, especialmente de su español, en quien tenía siempre puestos los ojos y traía colgada el alma11. El ventero, a quien no seVIII le pasóIX por alto la dádiva y recompensa que el cura había hecho al barbero, pidió el escote de don Quijote con el menoscaboX de sus cueros y falta de vino, jurando que no saldría de la venta Rocinante, ni el jumento de Sancho12, sin que se le pagase primero hasta el último ardite. Todo lo apaciguó el cura y lo pagó don Fernando, puesto que el oidor, de muy buena voluntad, había también ofrecido la paga; y de tal manera quedaron todos en paz y sosiego, que ya no parecía la venta la discordia del campo de Agramante, como don Quijote había dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano13; de todo lo cual fue común opinión que se debían dar las gracias a la buena intención y mucha elocuencia del señor cura y a laXI incomparable liberalidad de don Fernando.

Viéndose, pues, don Quijote libre y desembarazado de tantas pendencias, así de su escudero como suyas, le pareció que sería bien seguir su comenzado viaje y dar fin a aquella grande aventura para que había sido llamado y escogido14, y, así, con resoluta determinación se fue a poner de hinojos ante Dorotea, la cual no le consintió que hablase palabra hasta que se levantase, y él, por obedecella, se puso en pie y le dijo:

—Es común proverbio, fermosa señora, que la diligencia es madre de la buena ventura15, y en muchas y graves cosas ha mostrado la experiencia que la solicitud del negociante trae a buen fin el pleito dudoso; pero en ningunas cosas seXII muestra más estaXIII verdad que en las de la guerra, adonde la celeridad y presteza previene los discursos del enemigo16 y alcanza la vitoria antes que el contrario se ponga en defensa. Todo esto digo, alta y preciosaXIV señora, porque me parece que la estada nuestra en este castillo ya es sin provecho17, y podría sernos de tanto daño, que lo echásemos de ver algún día, porque ¿quién sabe si por ocultas espías y diligentes habrá sabido ya vuestro enemigo el gigante de que yo voy a destruille, y, dándole lugar el tiempo, se fortificase en algún inexpugnable castillo o fortalezaXV contra quien valiesen poco mis diligencias y la fuerza de mi incansable brazo? Así que, señora mía, prevengamos, como tengo dicho, con nuestra diligencia sus designios, y partámonos luego a la buena ventura, que no estáXVI más de tenerla vuestraXVII grandeza como deseaXVIII, 18 de cuanto yo tarde de verme con vuestro contrario.

Calló y no dijo más don Quijote y esperó con mucho sosiego la respuesta de la fermosa infanta19, la cual, con ademán señoril y acomodado al estilo de don Quijote, le respondió desta manera:

—Yo os agradezco, señor caballero, el deseo que mostráis tener de favorecerme en mi gran cuita, bien así como caballero a quien es anejo y concerniente favorecer los huérfanos y menesterosos, y quiera el cielo que el vuestro y mi deseo se cumplan, para que veáis que hay agradecidas mujeres en el mundo; y en lo de mi partida, sea luego, que yo no tengo más voluntad que la vuestra: disponed vos de mí a toda vuestra guisa y talante, que la que una vez os entregó la defensa de su persona y puso en vuestras manos la restauración de sus señoríos no ha de querer ir contra lo que la vuestra prudencia ordenare.

—A la mano de Dios —dijo don Quijote—. Pues así es que vuestra señoríaXIX se me humilla, no quiero yo perder la ocasión de levantalla y ponella en su heredado trono20. La partida sea luego, porque me va poniendo espuelas al deseo y al caminoXX, 21 lo queXXI suele decirse que en la tardanza está el peligro22; y pues no ha criado el cielo ni visto el infierno ninguno que me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, a Rocinante y apareja tu jumento y el palafrénXXII de la reina, y despidámonos del castellano y destos señores, y vamos de aquí luego al punto.

Notas:

  • (1) mayor: ‘comandante de un grupo de cuadrilleros’. º volver
  • (2) ‘si querían, aunque le soltasen trescientas veces, no le importaría’; trecientas indica un número indefinido. º volver
  • (3) ‘estaban en su riña con mucho ardor’. volver
  • (4) ‘pusieron paz en el pleito’. volver
  • (5) cinchas: ‘correa o trenza de cuerda que sujeta la albarda por debajo de la barriga del asno’; jáquima: ‘cabezal del asno, normalmente de cáñamo o esparto, con refuerzos de cuero’. volver
  • (6) ‘a escondidas y sin que DQ se enterase’. º volver
  • (7) Remeda la fórmula litúrgica «Per omnia saecula saeculorum, amen». º volver
  • (8) ‘de mayor importancia’. º volver
  • (9) ‘faltaba que los criados hiciesen lo que se había determinado ya en el capítulo anterior’. º volver
  • (10) ‘trabajar a favor y resolver dificultades’. volver
  • (11) Posible reminiscencia de Garcilaso, égloga I, vv. 267-269. º volver
  • (12) En la primera edición es sólo ahora cuando vuelve a hablarse del asno de Sancho (pero sus aparejos se habían mencionado en I, 42, 499, y 44, 518) desde que fue robado por Ginés de Pasamonte en la aventura de los galeotes. Véase I, 23, 250, n. 18. volver
  • (13) ‘paz octaviana’; se refiere al largo período de paz que Roma gozó después de la última guerra de los triunviros. La expresión paz octaviana como ‘tranquilidad absoluta’ se ha hecho proverbial. º volver
  • (14) Eco de la sentencia del Evangelio: «Muchos son los llamados y pocos los escogidos» (Mateo, XX, 16); véase I, 11, 125, n. 60. º volver
  • (15) El proverbio modifica levemente unas palabras de San Agustín. Véase II, 43, 975. º volver
  • (16) ‘los movimientos del enemigo’. volver
  • (17) estada: ‘estancia, permanencia’. º volver
  • (18) no está más de tenerla: ‘no tardará en tenerla’. º volver
  • (19) ‘hija de rey’. volver
  • (20) Hay un eco (humilla..., levantalla...) del Evangelio: «Qui se humiliaverit, exaltabitur» (Mateo, XXIII, 12). volver
  • (21) ‘y animando el deseo de estar en camino’. º volver
  • (22) Adagio de Tito Livio que ya había usado antes DQ (I, 29, 339, n. 33). volver

Notas críticas:

  • (I) 530.1 XLVI edd. [Según VG, algunos ejemplares de A traen XLIVL; ni FL ni nosotros hemos visto ninguno con esa peculiaridad, que sólo encontramos en el facsímil de Toledano López: debe de ser una más de sus múltiples deficiencias. volver
  • (II) 530.2 De la notable edd. En que se da fin a la notable BR volver
  • (III) 530.6 veían edd. vían BR volver
  • (IV) 530.18 Panza edd. om. BR volver
  • (V) 531.3 y a facilitar edd. y facilitar C volver
  • (VI) 531.4 favor BR SB saber edd. volver
  • (VII) 531.10 veía edd. vía BR volver
  • (VIII) 531.12-13 a quien no se PE SB FL a quien se edd. volver
  • (IX) 531.13 pasó edd. pagó A B volver
  • (X) 531.14-15 con el menoscabo edd. por el menoscabo FL volver
  • (XI) 531.24 y a la edd. y a B volver
  • (XII) 532.6 ningunas cosas se edd. ninguna cosa se BR [No sería imposible (pese al las siguiente) que BR tuviera razón (el giro, al parecer, no vuelve a encontrarse en C.) y el plural naciera de que el cajista, componiendo al dictado o dictándose a sí mismo, reinterpretó la frase a partir de cosa s-. volver
  • (XIII) 532.6 muestra más esta C SB muestra esta A B FL muestra mejor esta BR [Las defensas de A que se han hecho modernamente (que funciona como término de comparación sin el más explícito o con el valor de ‘como’) tropiezan con la necesidad de corregir por parte de BR y C; y la enmienda de 1608 puede darse por segura (muestra ... esta, muestra más). volver
  • (XIV) 532.9 preciosa edd. preciada BR volver
  • (XV) 532.15 o fortaleza edd. a fortaleza A volver
  • (XVI) 532.18 está edd. estará FL volver
  • (XVII) 532.19 vuestra edd. la vuestra BR volver
  • (XVIII) 532.19 como desea edd. lo que desea C volver
  • (XIX) 532.34-35 vuestra señoría BR vna señora edd. [En I, 30, 347, a Dorotea se le da también el mismo tratamiento. Es errata afín a las señaladas en 335.15, 382.11 y 478.24. volver
  • (XX) 533.2 al deseo y al camino A+ el deseo y el camino B+ volver
  • (XXI) 533.2 lo que edd. y lo que BR volver
  • (XXII) 533.5 el palafrén edd. adereza el palafrén BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 530.1—CL, CT. volver
  • (2) 530.2—RM, Bello y Cuervo [1945:§ 1072]. volver
  • (3) 530.6—CT, RM. volver
  • (4) 530.7J. Joset volver
  • (5) 530.8—«Sutiles, pintadas, de poco peso y menos tomo» (I, 51, 578). volver
  • (6) 531.9—Comenta este desliz narrativo y su significado Martín Morán [1993:429], que también anota que don Fernando no acompaña a DQ, a pesar de su ofrecimiento en I, 37, y deduce de aquí que la redacción de los sucesos de la venta es posterior a la de los capítulos finales. volver
  • (7) 531.11—«¿Dó están agora aquellos claros ojos / que llevaban tras sí como colgada / mi alma, doquier que ellos se volvían?» (Garcilaso, égloga I, vv. 267-269). volver
  • (8) 531.13—BW, CL. volver
  • (9) 531.14—CL, RM. La sentencia de Mateo, XX, 16 aparece también al final del primer libro de La Galatea, I, f. 55 (AA). volver
  • (10) 532.15—«In unoquoque opere bono mater est diligentia» (Index omnium quae... Agustino... dicta sunt..., Venecia, 1584, s.v.). Cf. Estebanillo, ed. Carreira y Cid2, II, p. 143. volver
  • (11) 532.17—CT. volver
  • (12) 532.18—no está más de tenerla: RM. ¶ DQ olvida otra vez la batalla de los cueros de vino: Cf. Basanta [1985:I, 645] y I, 44, 517, n. 25 Véase la nota complementaria 517.25 ubicada en el capítulo 44. J. Joset volver
  • (13) 533.21—RM; VG lo justifica como endíadis. volver
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