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Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXIIII
Donde se prosigue la novela del «Curioso impertinente» (1 de 6)

Así como suele decirse que parece mal el ejército sin su general y el castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y moza sin su marido1, cuando justísimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo tan mal sin vos y tan imposibilitada de no poderI sufrir esta ausencia, que si presto no venís, me habré de ir a entretener en casa de mis padres2, aunque deje sin guarda la vuestraII, porque la que me dejastes3, si es que quedó con tal título, creo que mira más por su gusto que por lo que a vos os toca; y pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni aun es bien que más os diga.

Esta carta recibió Anselmo, y entendió por ella que Lotario había ya comenzado la empresa y que Camila debía de haber respondido como él deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondió a Camila, de palabra4, que no hiciese mudamiento de su casa en modo ninguno, porque él volvería con mucha brevedad. Admirada quedó Camila de la respuesta de Anselmo, que la puso en más confusión que primero, porque ni se atrevía a estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres, porque en la quedada corría peligro su honestidad, y en la ida, iba contra el mandamiento de su esposo.

En fin se resolvió en lo que le estuvo peor, que fue en el quedarse, con determinación de no huir la presencia de Lotario, por no dar que decir a sus criados, y ya le pesaba de haber escrito lo que escribió a su esposo, temerosa de que no pensase que Lotario había visto en ella alguna desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que debía. Pero, fiada en su bondad, se fió en Dios y en su buen pensamiento, con que pensaba resistir callando a todo aquello que Lotario decirle quisiese, sin dar más cuenta a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo; y aun andaba buscando manera como disculpar a Lotario con Anselmo, cuando le preguntase la ocasión que le había movido a escribirle aquel papel. Con estos pensamientos, más honrados que acertados ni provechosos, estuvo otro día escuchando a Lotario, el cual cargó la mano de manera que comenzó a titubear la firmeza de Camila, y su honestidad tuvo harto que hacer en acudir a los ojos, para que no diesen muestra de alguna amorosa compasión que las lágrimas y las razones de Lotario en su pecho habían despertado. Todo esto notaba Lotario, y todo le encendía.

Finalmente, a él le pareció que era menester, en el espacio y lugar que daba la ausencia de Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza, y, así, acometió a su presunciónIII con las alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la mesma vanidad5, puesta en las lenguas de la adulación. En efecto, él, con toda diligencia, minó la roca de su entereza6, con tales pertrechos, que aunque Camila fuera toda de bronce viniera al suelo7. Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió y fingió Lotario con tantos sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al través con el recato de Camila8 y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y más deseaba.

Rindióse Camila, Camila se rindió... Pero ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que solo se vence la pasión amorosa con huilla9 y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo10, porque esIV menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas11. Solo supo Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la pudieron encubrir los dos malos amigos y nuevos amantes. No quiso Lotario decir a Camila la pretensión de Anselmo, ni que él le había dado lugar para llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase que así, acaso y sin pensar, y no de propósito, la había solicitado.

Volvió de allí a pocos días Anselmo a su casa y no echó de ver lo que faltaba en ella, que era lo que en menos tenía y más estimaba12. Fuese luego a ver a Lotario y hallóle en su casa; abrazáronse los dos, y el uno preguntó por las nuevas de su vida o de su muerte.

—Las nuevas que te podré dar, ¡oh amigo Anselmo! —dijo Lotario—, son de que tienes una mujer que dignamente puede ser ejemplo y corona de todas las mujeres buenas. Las palabras que le he dicho se las ha llevado el aire; los ofrecimientos se han tenido en poco, las dádivas no se han admitido; de algunas lágrimas fingidas mías se ha hecho burla notable. En resolución, así como Camila es cifra de toda belleza13, es archivo donde asiste la honestidad14 y vive el comedimiento y el recato y todas las virtudes que pueden hacer loable y bien afortunada a una honrada mujer. Vuelve a tomar tus dineros, amigo, que aquí los tengo, sin haber tenido necesidad de tocar a ellos, que la entereza de Camila no se rinde a cosas tan bajas como son dádivas ni promesas. Conténtate, Anselmo, y no quieras hacer más pruebas de las hechas; y pues a pie enjuto has pasado el mar de las dificultades y sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de nuevo en el profundo piélago de nuevos inconvenientes15, ni quieras hacer experiencia con otro piloto de la bondad y fortaleza del navío que el cielo te dio en suerte para que en él pasases la mar deste mundo, sino haz cuenta que estás ya en seguro puerto y aférrate con las áncoras de la buena consideración, y déjate estar hasta que te vengan a pedir la deuda que no hay hidalguía humana que de pagarla se escuse16.

Contentísimo quedó Anselmo de las razones de Lotario y así se las creyó como si fueran dichas por algún oráculo, pero, con todo eso, le rogó que no dejase la empresa, aunque no fuese más de por curiosidad y entretenimiento, aunque no se aprovechase de allí adelante de tan ahincadas diligencias como hasta entonces17, y que solo quería que le escribiese algunos versos en su alabanza, debajo del nombre de Clori18, porque él le daría a entender a Camila que andaba enamorado de una dama a quien le había puesto aquel nombre, por poder celebrarla con el decoro que a su honestidad se le debía; y que cuando Lotario no quisiera tomar trabajo de escribir los versos, que él los haría.

—No será menester eso —dijo Lotario—, pues no me son tan enemigas las musas, que algunos ratos del año no me visiten. Dile tú a Camila lo que has dicho del fingimiento de mis amores, que los versos yo los haré: si no tan buenos como el subjeto merece, serán por lo menos los mejores que yo pudiere.

Notas:

  • (1) moza: ‘joven’. volver
  • (2) entretener: ‘pasar una temporada’. º volver
  • (3) ‘la guarda que me dejasteis’; guarda, como centinela o espía, era siempre término femenino en tiempos de C. (I, 22, 236, n. 12). º volver
  • (4) ‘por medio de un emisario’. volver
  • (5) encastilladas torres: ‘torres fortificadas’. º volver
  • (6) roca: ‘fortaleza, ciudadela’; usado con ese sentido, puede tratarse de un italianismo (rocca). º volver
  • (7) de bronce: ‘capaz de soportar grandes trabajos’. º volver
  • (8) dio al través: ‘hizo naufragar’. º volver
  • (9) Lugar común de la moral y de la literatura erótica. º volver
  • (10) poner a brazos: ‘poner a luchar a brazo partido’. º volver
  • (11) Quizá recuerda un dicho de Sabiduría, VIII, 21: «Scivi quoniam aliter non possem esse continens, nisi Deus det». volver
  • (12) Puede referirse tanto a la honra como al amor de su esposa o la confianza en el amigo. volver
  • (13) ‘compendio de toda belleza’ (I, Pról., 19, n. 95). º volver
  • (14) asiste: ‘está presente, habita’. º volver
  • (15) piélago: ‘mar’, es cultismo. º volver
  • (16) ‘que no hay privilegio que libre la deuda de la muerte’; los hidalgos estaban exentos de pagar algunos impuestos (I, 45, 529, n. 64). º volver
  • (17) ‘aunque no utilizase procedimientos tan acuciosos como hasta entonces’. º volver
  • (18) Era costumbre que los poetas ocultasen bajo nombres disfrazados los de las damas a quienes dirigían sus versos. volver

Notas críticas:

  • (I) 395.30 de no poder edd. para poder BR volver
  • (II) 395.31-32 sin guarda la vuestra edd. la vuestra sin guarda BR volver
  • (III) 396.30 presunción edd. pretensión C volver
  • (IV) 397.7 es edd. son BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 395.2entretener: Oudin. Quizás sea italianismo («intrattenersi»): cf. Franciosini. volver
  • (2) 395.3—Para la carta de Camila, Pulgarín [1986:84-85]. volver
  • (3) 396.5—Oudin. volver
  • (4) 396.6—Franciosini. volver
  • (5) 396.7—Oudin. volver
  • (6) 397.8dio al través: O’Scanlan. ¶ Señala Roaten [1969] que el quiasmo que sigue marca el punto de inflexión entre las dos partes del relato. volver
  • (7) 397.9—RM. volver
  • (8) 397.10—RM, Ayala [1967]. volver
  • (9) 397.13—RM. volver
  • (10) 397.14—«Las cosas presentes que los ojos están mirando se presentan, están y asisten en nuestra memoria mucho mejor y con más vehemencia que las cosas pasadas» (II, 5, 669); «Aquel rostro figura / donde asiste el extremo de hermosura» (La gitanilla, f. 29). volver
  • (11) 398.15—piélago: CC, con ejemplos de Arguijo, Villamediana y Tirso. volver
  • (12) 398.16—RM. volver
  • (13) 398.17—RM. volver
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