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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXXII (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXII
Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don Quijote1 (1 de 3)

Acabóse la buena comida, ensillaron luego y, sin que les sucediese cosa digna de contar, llegaron otro día a la venta espanto y asombro de Sancho Panza2; y aunque él quisiera no entrarI en ella, no lo pudo huir3. La ventera, venteroII, su hija y Maritornes, que vieron venir a don Quijote y a Sancho, les salieron a recebir con muestras de mucha alegría, y él las recibió con grave continente y aplauso4, y díjoles que le aderezasen otro mejor lecho que la vez pasada. A lo cual le respondióIII la huéspeda que como la pagaseIV mejor que la otra vez, que ellaV se leVI daría de príncipes. Don Quijote dijo que sí haría, y, así, le aderezaron unoVII razonable en el mismo camaranchónVIII de marras5, y él se acostó luego, porque venía muy quebrantado y falto de juicio.

No se hubo bien encerrado6, cuando la huéspeda arremetió al barbero y, asiéndole de la barba, dijo:

—Para mi santiguada que no se ha aún de aprovechar más de mi rabo para su barba, y que me ha de volver mi cola, que anda lo de mi marido por esos suelos, que es vergüenza: digo, el peine, que solía yo colgar de mi buena cola7.

No se la quería dar el barbero, aunque ella más tiraba, hasta que el licenciado le dijo que se la diese, que ya no era menester más usar de aquella industria, sino que se descubriese y mostrase en su misma forma y dijese a don Quijote que cuando le despojaron los ladrones galeotes se habíanIX venido a aquella venta huyendo8, y que si preguntase por el escudero de la princesa, le dirían que ella le había enviado adelante a dar aviso a los de su reino como ella iba y llevaba consigo el libertadorX de todos. Con esto dioXI de buena gana la cola a la ventera el barberoXII, y asimismo le volvieron todos los adherentes que había prestado para la libertad de don Quijote. Espantáronse todos los de la venta de la hermosura de Dorotea9, y aun del buen talle del zagal Cardenio. Hizo el cura que les aderezasen de comer de lo que en la venta hubiese, y el huésped, con esperanza de mejor paga, con diligencia les aderezó una razonable comida. Y a todo esto dormía don Quijote10, y fueron de parecer de no despertalle, porque más provecho le haría por entonces el dormir que el comer.

Trataron, sobre comida11, estando delante el ventero, su mujer, su hija, Maritornes y todosXIII los pasajeros, de la estraña locura de don Quijote y del modo que le habían hallado. La huéspeda les contó lo que con él y con el arriero les había acontecido, y mirandoXIV si acaso estaba allí Sancho, como no le viese, contó todo lo de su manteamiento, de que no poco gusto recibieron. Y como el cura dijese que los libros de caballerías que don Quijote había leído le habían vuelto el juicio12, dijo el ventero:

—No sé yo cómo puede ser eso, que en verdad que, a lo que yo entiendo, no hay mejor letradoXV en el mundo13, y que tengo ahí dos o tres dellos, con otros papeles, que verdaderamente me han dado la vida, no solo a mí, sino a otros muchos. Porque cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay algunos que sabenXVI leer, el cual14 coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta15 y estámosle escuchando con tanto gusto, que nos quita mil canas16. A lo menos, de mí sé decir que cuando oyo decir aquellos furibundos y terribles golpes que los caballeros pegan17, que me toma gana de hacer otro tanto, y que querría estar oyéndolos noches y días.

—Y yo ni más ni menos —dijo la ventera—, porque nunca tengo buen rato en mi casa sino aquel que vos estáis escuchando leer, que estáis tan embobado, que no os acordáis de reñir por entonces.

—Así es la verdad —dijo Maritornes—, y a buena fe que yo también gusto mucho de oír aquellas cosas, que son muy lindas, y más cuando cuentan que se está la otra señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero18, y que les está una dueña haciéndoles la guarda, muerta de envidia y con mucho sobresalto19. Digo que todo esto es cosa de mieles20.

—Y a vos ¿qué os parece, señora doncella? —dijo el cura, hablando con la hija del ventero.

—No sé, señor, en mi ánima21 —respondió ella—. También yo lo escucho, y en verdad que aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oíllo; pero no gusto yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los caballeros hacen cuando están ausentes de sus señoras, que en verdad que algunas veces me hacen llorar, de compasión que les tengo.

—Luego ¿bien las remediárades vos, señora doncella —dijo Dorotea—, si por vos lloraran?

—No sé lo que me hiciera —respondió la moza—: solo sé que hay algunas señoras de aquellas tan crueles, que las llaman sus caballeros tigres y leones y otras mil inmundicias22. ¡Y Jesús!, yo no sé qué gente es aquella tan desalmada y tan sin conciencia, que por no mirar a un hombre honrado le dejan que se muera o que se vuelva loco. Yo no sé para qué es tanto melindre: si lo hacen de honradas, cásense con ellos, que ellos no desean otra cosa.

—Calla, niña —dijo la ventera—, que parece que sabes mucho destas cosas, y no está bien a las doncellas saber ni hablar tanto.

—Como me lo pregunta este señor —respondió ella—, no pude dejar de respondelle.

—Ahora bien —dijo el cura—, traedme, señor huésped, aquesos libros, que los quiero ver.

—Que me placeXVII—; respondió él.

Notas:

  • (1) Se vuelve a la misma venta en que tienen lugar los capítulos I, 16 y 17, recuperando el espacio en que se desarrollaba el relato. volver
  • (2) asombro: ‘impresión penosa, susto’. volver
  • (3) ‘no lo pudo evitar’. volver
  • (4) ‘solemnidad’ y ‘muestras de aprobación’. º volver
  • (5) ‘el cuartucho antes citado’, es decir, el camaranchón en que sucede la parte más sustanciosa del capítulo 16.VIII volver
  • (6) ‘no bien se hubo retirado’. º volver
  • (7) Para mi santiguada es fórmula de juramento (I, 5, 76); rabo, barba, cola, lo de mi marido y peine en el parlamento de la ventera han de entenderse también en sentido erótico-cómico. º volver
  • (8) «Nos salieron al encuentro cuatro salteadores y nos quitaron hasta las barbas» (I, 29, 344). volver
  • (9) espantáronse: ‘se asombraron, se admiraron’. º volver
  • (10) DQ permanece dormido mientras los demás personajes discuten en la venta. No llegará a despertarse hasta I, 35, una vez concluida la lectura de la novela El curioso impertinente. º volver
  • (11) ‘en la sobremesa’. º volver
  • (12) ‘revuelto, desviado’. º volver
  • (13) letrado: ‘cosa escrita con letras, literatura’ (si no es errata, por letura).XV volver
  • (14) ‘uno de los cuales, uno de ellos’.XVI volver
  • (15) rodeámonos dél: ‘nos ponemos alrededor de él’. º volver
  • (16) ‘mil cuidados, mil preocupaciones’; es creencia popular que cada cana nace de una preocupación o pena. La lectura en común ha sido corriente hasta fechas recientes. º volver
  • (17) oyo: ‘oigo’, arcaísmo. volver
  • (18) La elección del árbol no es casual: tanto en la literatura popular como en la culta, el naranjo y su fruto tienen muy claras connotaciones eróticas. º volver
  • (19) No sólo en los libros de caballerías ocurre así, sino también en el romance de Lanzarote o en La Celestina. º volver
  • (20) ‘es algo muy agradable’. º volver
  • (21) Fórmula de refuerzo de lo expresado en la frase en que se coloca. º volver
  • (22) El motivo de la dama cruel y despiadada era un tópico procedente de la lírica trovadoresca. Véase también I, 13, 141, n. 45. º volver

Notas críticas:

  • (I) 368.6 entrar edd. entrara B volver
  • (II) 368.7 ventero edd. el ventero FL [En las enumeraciones, la presencia o ausencia del artículo es vacilante. volver
  • (III) 368.10-11 le respondió edd. respondió C volver
  • (IV) 368.11 la pagase edd. le pagase BR volver
  • (V) 368.11-12 que ella edd. ella BR volver
  • (VI) 368.12 se le BR SB se la A B C se lo FL [Es más fácil que A cometiera aquí una errata, quizá por atracción del anterior la pagase ‘a ella, a la ventera’, que postular que la referencia es primero a lecho, después al tácito ‘cama’ y luego otra vez a lecho (uno razonable). volver
  • (VII) 368.13 uno A+ una B C un lecho BR volver
  • (VIII) 368.13 camaranchón C caramanchón edd. [La forma de A se puede producir siempre en la pronunciación o en la copia de un cajista, por una trivial metátesis, pero, no siendo para caracterizar a un personaje, es difícil que ocurra al escribir un original, por la presión positiva de cámara y negativa de cara y mancha. Frente a I, 35, 415.3 y el presente caso, lo predominante en el Q. es camar- (I, 16, 168; 38, 449, y 42, 495), y el ejemplo de caram- que trae el léxico de Ayala (1693) procede de un impreso de Quevedo, en un verso en que los mss. traen camar- (Obra poética, núm. 719, v. 43). volver
  • (IX) 368.25 habían A B FL había BR C SB [Cf. VG. volver
  • (X) 368.28 el libertador edd. al libertador SB FL volver
  • (XI) 368.28 dio edd. el barbero dio BR volver
  • (XII) 369.1 el barbero edd. om. BR volver
  • (XIII) 369.10 Maritornes, y todos BR FL Maritornes, todos A B SB y Maritornes, todos C [A y B no traen coma antes de Maritornes. volver
  • (XIV) 369.12 y mirando edd. mirando B C [Nótese la acertada conjetura de BR (que se basa en B). volver
  • (XV) 369.18 letrado edd. letura BR C [letrado, según lavado, guisado, etc. (RM), y no como ‘abogado’ (VG), es dudoso pero aceptable, pese a la corrección coincidente de BR y C. volver
  • (XVI) 369.22 algunos que saben edd. alguno que sabe BR FL [Incluso si el cual no se entiende ‘uno de los cuales’ (RQ), el anacoluto sería muy cervantino. volver
  • (XVII) 370.30 me place edd. me me place A volver

Notas complementarias:

  • (1) 368.4—CT. Cf. Gracián, Criticón, I, p. 316. volver
  • (2) 368.6—RM. volver
  • (3) 368.7—Para el significado erótico-cómico del parlamento de la ventera, Alonso Hernández [1976]. Cf. ejemplos de estos usos en Alzieu et al. [1975; 1984]. ¶ Sobre el cariz entremesil de la escena, Serés [1997a]. volver
  • (4) 369.9—RM. «Voto a Dios que me espanta esta grandeza» (Poesías sueltas, pp. 73-74). volver
  • (5) 369.10—Riley [1986/90:88], Martín Morán [1990a:78-79], Cruz [1991:370-371], Orozco Díaz [1992:242]. volver
  • (6) 369.11—RM. volver
  • (7) 369.12—MZ. volver
  • (8) 369.15—VG. volver
  • (9) 369.16—nos quita mil canas: Gilman [1970/80]. ¶ Para la lectura pública de los libros de caballerías, cf. I, Pról., 12, n. 33, y Lecturas. ¶ Para el lector como copartícipe del sentido del libro, Franklin de Matos [1979] y Johnson [1990:89-103]. volver
  • (10) 370.18—Devoto [1974:415-458]b. volver
  • (11) 370.19—Señala MU que el papel de «guaita» amoroso ha sido ejercido casi siempre por una doncella, mientras que aquí Maritornes, llevando el agua a su molino, la sustituye por una dueña. Sin embargo, en el romance tantas veces citado en el Q., será la dueña Quintañona la que vigile los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. volver
  • (12) 370.20—es cosa de mieles: Redondo [1990a:252] cree percibir un sentido erótico en esta frase. volver
  • (13) 370.21—RM. volver
  • (14) 370.22—Le Gentil [1981:I, 117-121]. Cf. Chartier, La belle dame sans merci. volver
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