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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXXI (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXI
De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero1, con otros sucesos (1 de 3)

—Todo eso no me descontenta; prosigue adelante —dijo don Quijote—. Llegaste, ¿y qué hacía aquella reina de la hermosura? A buen seguro que la hallaste ensartando perlas o bordando alguna empresa con oro de cañutillo para este su cautivo caballero2.

—No la hallé —respondió Sancho— sino ahechando dos hanegasI de trigo en un corral de su casa3.

—Pues haz cuenta —dijo don Quijote— que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, tocados de sus manos. Y si miraste, amigo, el trigo ¿era candeal o trechel?

—No era sino rubión4 —respondió Sancho.

—Pues yo te aseguro —dijo don Quijote— que, ahechado por sus manos, hizo pan candeal, sin duda alguna. Pero pasa adelante: cuando le diste mi carta, ¿besóla? ¿Púsosela sobre la cabeza5? ¿Hizo alguna ceremonia digna de tal carta, o qué hizo?

—Cuando yo se la iba a dar —respondió Sancho—, ella estaba en la fuga del meneo de una buena parte de trigo que tenía en la criba6, y díjome: «Poned, amigo, esa carta sobre aquel costal, que no la puedo leer hasta que acabe de acribar todo lo que aquí está».

—¡Discreta señora! —dijo don Quijote—. Eso debió de ser por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante, Sancho. Y en tanto que estaba en su menester, ¿qué coloquios pasó contigo? ¿Qué te preguntó de mí? Y tú ¿qué le respondiste? Acaba, cuéntamelo todo, no se te quede en el tintero una mínima7.

—Ella no me preguntó nada —dijo Sancho—, mas yo le dije de la manera que vuestra merced por su servicio quedaba haciendo penitencia, desnudo de la cintura arriba8, metido entre estas sierras como si fuera salvaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan a manteles ni sinII peinarse la barba9, llorando y maldiciendo su fortuna.

—En decir que maldecía mi fortuna dijiste mal —dijo don Quijote—, porque antes la bendigo y bendeciré todos los días de mi vida, por haberme hecho digno de merecer amar tan alta señora como Dulcinea del Toboso.

—Tan alta es —respondió Sancho—, que a buena fe que me lleva a mí más de un coto10.

—Pues ¿cómo, Sancho? —dijo don Quijote—. ¿Haste medido tú con ella?

—Medíme en esta manera —respondió Sancho—: que llegándoleIII a ayudarIV a poner un costal de trigo sobre un jumento, llegamos tan juntos, que eché de ver que me llevaba más de un gran palmo.

—Pues es verdad —replicó don Quijote— que noV acompaña esa grandezaVI y la adorna con mil millones y graciasVII del alma11. Pero no me negarás, Sancho, una cosa: cuando llegaste junto a ella, ¿no sentiste un olor sabeoVIII, 12, una fraganciaIX aromática y un no sé qué de bueno, que yo no acierto a dalle nombre? Digo, ¿un tuhoX o tufo como si estuvieras en la tienda de algún curioso guantero13?

—Lo que sé decir —dijo Sancho— es que sentí un olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa14.

—No sería eso —respondió don Quijote—, sino que tú debías de estar romadizadoXI, 15 o te debiste de oler a ti mismo, porque yo sé bien a loXII que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo16, aquel ámbar desleído.

—Todo puede ser —respondió Sancho—, que muchas veces sale de mí aquel olor que entonces me pareció que salía de su merced de la señora Dulcinea; pero no hay de qué maravillarse, que un diablo parece a otro.

—Y bien —prosiguió don Quijote—, he aquí que acabó de limpiar su trigo y de enviallo al molino. ¿Qué hizo cuando leyó la carta?

—La carta —dijo Sancho— no la leyó, porque dijo que no sabía leer ni escribir, antes la rasgó y la hizo menudas piezas, diciendo que no la quería dar a leer a nadie, porque no se supiesen en el lugar sus secretos, y que bastaba lo que yo le había dicho de palabra acerca del amor que vuestra merced le tenía y de la penitencia extraordinaria que por su causa quedaba haciendo. Y, finalmente, me dijo que dijese a vuestra merced que le besaba las manos, y que allí quedaba con más deseo de verle que de escribirle, y que, así, le suplicaba y mandaba que, vista la presente17, saliese de aquellos matorrales y se dejase de hacer disparates y se pusiese luego luego en camino del Toboso, si otra cosa de más importancia no le sucediese, porque tenía gran deseo de ver a vuestra merced. Rióse mucho cuando le dije como se llamaba vuestra merced el Caballero de la Triste Figura. Preguntéle si había ido allá el vizcaíno de marras; díjome que sí y que era un hombre muy de bien. También le pregunté por los galeotes, mas díjome que no había visto hasta entonces alguno.

—Todo va bien hasta agora —dijo don Quijote—. Pero, dime, ¿qué joya fue la que te dio al despedirte, por las nuevas que de mí le llevaste? Porque es usada y antigua costumbre entre los caballeros y damas andantes dar aXIII los escuderos, doncellas o enanos que les llevan nuevas, de sus damas a ellos, a ellasXIV de sus andantes, alguna rica joya en albricias18, en agradecimiento de su recado.

Notas:

  • (1) Desde el título, el diálogo se instaura como procedimiento novelesco. º volver
  • (2) empresa es, en este caso, el bordado simbólico o a modo de enigma que el caballero justador llevaba en su vestido. Se componía de un dibujo, a veces jeroglífico –la divisa– que podía ir acompañado de algún verso –el mote. Véase I, 2, 46, n. 11. oro de cañutillo: ‘oro batido, cortado en tiras finas y estrechas, retorcido en tirabuzón –cañutillo–, de manera que pueda ser sujeto con un hilo de seda, dando relieve a las figuras bordadas’. º volver
  • (3) ahechando: ‘limpiando el grano con la criba o el arel’; hanega: ‘medida de capacidad para granos’. Como en I, 25, 284, esta presentación de Dulcinea puede tener una interpretación erótica (véase allí la n. 89). º volver
  • (4) Clases de trigo; el rubión es el más productivo, pero produce harina de peor calidad. volver
  • (5) En señal de respeto; véase I, 6, 80, n. 31. volver
  • (6) en la fuga del meneo: ‘en el ardor, en lo más arrebatado del meneo’ (I, 27, 314, n. 70). volver
  • (7) ‘no se te olvide el menor detalle’; mínima: ‘nota musical de corta duración’, que corresponde a la blanca en la notación actual (II, 40, 949, n. 1). º volver
  • (8) Sancho, por decoro, ha invertido la desnudez de DQ, que se había quitado con toda priesa los calzonesDon Quijote vestido de diario (I, 25, 289). º volver
  • (9) Son dos versos octosílabos, que recuerdan una vez más el famoso juramento del Marqués de Mantua en el romance «De Mantua salió el Marqués». Véase I, 10, 115, n. 26; 19, 199, y II, 23, 828. volver
  • (10) ‘medida del puño cerrado con el pulgar extendido’. º volver
  • (11) Puede leerse como dicho en tono irónico (‘¡Vaya si no le acompaña...!’) o entenderse ‘es cierto que no la acompaña, no le sienta bien esa gran talla, pero la adorna, la compensa con mil gracias’ (y de esa concesión el inmediato Pero no me negarás...).VII volver
  • (12) ‘olor a incienso’ y, por extensión, cualquier aroma delicado. º volver
  • (13) curioso: ‘cuidadoso’; era costumbre perfumar las pieles que se empleaban para hacer guantes, y generalmente se hacía con ámbar (I, 4, 69, n. 73). º volver
  • (14) Se le extendía el sudor por el cuerpo, mezclado con el polvo, formando una capa espesa. º volver
  • (15) ‘acatarrado de nariz’. º volver
  • (16) Suena aquí el Cantar de los Cantares, donde también se habla de los olores de la sulamita comparándolos con los del incienso. º volver
  • (17) Fórmula de los documentos en los que se da una orden. º volver
  • (18) ‘regalo o propina que se hace al que da una buena noticia’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 358.1 hanegas B+ anegas A+ [Las otras veces que aparece la palabra es siempre con h- o f-. volver
  • (II) 358.24 ni sin edd. y sin LO CL FL volver
  • (III) 359.7-8 llegándole A+ llegando B+ volver
  • (IV) 359.8 ayudar edd. ayudarla BR volver
  • (V) 359.10 que no edd. y FL [Aparte la interpretación irónica (CL, RM con cita de Lope, Cádiz, VG) y la que nosotros sugerimos en la n. 11, cabría pensar en otras correcciones distintas de la de FL: En verdad (el giro suele iniciar frase e ir seguido de la indicación de interlocutor), ¿qué no acompaña...?, entendiendo luego ‘¿y qué no la adorna...?’. volver
  • (VI) 359.11 grandeza edd. grandeza del cuerpo BR volver
  • (VII) 359.11 y gracias edd. de gracias MA SB volver
  • (VIII) 359.13 sabeo edd. suave BR volver
  • (IX) 359.13 fragancia edd. flagrancia BR fragrancia C volver
  • (X) 359.14 tuho edd. tuhó B C [La probable aspiración de la h recomienda prescindir del acento. volver
  • (XI) 359.19-20 romadizado edd. arromadizado BR volver
  • (XII) 359.20 a lo A+ lo B+ volver
  • (XIII) 360.21 dar a C SB FL a dar A B BR [Sorprende un poco que la errata se le escapara a BR. volver
  • (XIV) 360.22 a ellas edd. o a ellas BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 357.1—Sobre el diálogo como procedimiento novelesco, Huerta [1947], Murillo [1959], Jauralde Pou [1981a:192 y passim]. Cf. Lecturas, I, 7. volver
  • (2) 357.2—PE, CL, RM, Rico [1990b:183 n. 21, 193]. volver
  • (3) 358.3—Egido [1991b:23] destaca el juego entre la falsificación de la memoria por Sancho y la transformación de lo dicho por DQ. Márquez Villanueva [1973:238] ve en la escena un juego con la situación, reflejada en Guevara, Menosprecio de corte, XVII, cuando se ejemplariza con ilustres antiguos dedicados a tareas rústicas. ¶ Para el informe de Sancho a DQ sobre la visita a Dulcinea, Mancing [1982:89] señala que la escena es particularmente importante para los que ven a DQ como jugando constantemente (<Serrano Plaja 1967, y Torrente Ballester 1975); cf. Mesa [1994]. volver
  • (4) 358.7—RM, VG. Ercilla, Araucana, XV, 21: «No perdiendo una mínima de tierra». volver
  • (5) 358.8—PE. volver
  • (6) 359.10—«Será realzarla un buen coto más de lo que ella se está» (II, 4, 658); «No se alza dos, ni aun un coto del suelo» (Viaje del Parnaso, IV, v. 172, f. 31). volver
  • (7) 359.12—La casa de los celos, f. 50: «Dime si has visto una boca / que respira olor sabeo»; Góngora, Sonetos, núm. 140: «Corteza funeral de árbol sabeo». Cf. Laguna, Pedacio Dioscórides Anazarbeo, f. 51, y Lope de Vega, La Dorotea, IV, 1, ed. Morby, p. 310, n. 52. El nombre procede de Sabá, en Arabia, famoso por sus aromas. CC. volver
  • (8) 359.13—RM II:219-221. volver
  • (9) 359.14—«Almíbar en punto de correa o liga», «Poner a calentar un líquido hasta que haga correa» son expresiones frecuentes en libros de cocina. Cf. Covarrubias, Tesoro: «hacer correa un licor, irse espesando» (MZ). volver
  • (10) 359.15—Covarrubias, Tesoro, s.v. «catarro». volver
  • (11) 359.16—«Ego flos campi et lilium convallium. –Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias» (Cantar de los cantares, II, 1-2); «Vadam ad montem mirrhae, et ad collem thuris» (ibidem, IV, 6); «Et odor vestimentorum tuorum sicut odor thuris» (ibidem, IV, 10). volver
  • (12) 360.17—AA. volver
  • (13) 360.18—albricias: BW, CL, CC. Cf. también II, 10, 705; 25, 837; 74, 1217. volver
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