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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXIX (1 de 4)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXIX
Que trata de la discreciónI de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo (1 de 4)

—Esta es, señores, la verdadera historia de mi tragedia: mirad y juzgad ahora si los suspiros que escuchastes, las palabras que oístes y las lágrimas que de mis ojos salían tenían ocasión bastante para mostrarse en mayor abundancia; y, considerada la calidad de mi desgracia, veréis que será en vano el consuelo, pues es imposible el remedio della. Solo os ruego, lo que con facilidad podréis y debéis hacer, que me aconsejéis dónde podré pasar la vida sin que me acabe el temor y sobresalto que tengo de ser hallada de los que me buscan; que aunque sé que el mucho amor que mis padres me tienen meII asegura que seré dellos bien recebida, es tanta la vergüenza que me ocupa solo el pensarIII que no como ellos pensaban tengo de parecer a su presencia1, que tengo por mejor desterrarme para siempre de ser vista que no verles el rostro con pensamiento que ellos miran el mío ajeno de la honestidad que de mí se debían de tener prometida.

Calló en diciendo esto, y el rostro se le cubrió de un color que mostró bien claro el sentimiento y vergüenza del alma. En las suyas sintieron los que escuchado la habían tanta lástima como admiración de su desgracia; y aunque luego quisiera el cura consolarla y aconsejarla, tomó primero la mano Cardenio2, diciendo:

—En fin, señora, que tú eres la hermosa Dorotea, la hija única del rico Clenardo.

Admirada quedó Dorotea cuando oyó el nombre de su padre, y de ver cuán de poco era el que le nombraba3, porque ya se ha dicho de la mala manera que Cardenio estaba vestido, y así, le dijo:

—¿Y quién sois vos, hermano4, que así sabéis el nombre de mi padre? Porque yo, hasta ahora, si mal no me acuerdo, en todo el discurso del cuento de mi desdicha no le he nombrado.

—Soy —respondió Cardenio— aquel sin ventura que, según vos, señora, habéis dicho, Luscinda dijo que era su esposaIV. Soy el desdichado Cardenio, a quien el mal término de aquel que a vos os ha puesto en el que estáis me ha traído a que me veáis cual me veis, roto, desnudo, falto de todo humano consuelo y, lo que es peor de todo, falto de juicio, pues no le tengo sino cuando al cielo se le antoja dármele por algún breve espacio. Yo, DoroteaV, soy el que me hallé presente a las sinrazones de don Fernando5, y el que aguardó oír el sí que de ser su esposa pronunció Luscinda. Yo soy el que no tuvo ánimo para ver en qué paraba su desmayo, ni lo que resultaba del papel que le fue hallado en el pecho, porque no tuvo el alma sufrimiento para ver tantas desventuras juntas; y, así, dejé la casa y la paciencia, y una carta que dejé a un huésped mío, a quien rogué que en manos de Luscinda la pusiese, y víneme a estas soledades, con intención de acabar en ellas la vida, que desde aquel puntoVI aborrecí, como mortal enemiga mía. Mas no ha querido la suerte quitármela, contentándose con quitarme el juicio, quizá porVII guardarme para la buena ventura que he tenido en hallaros; pues siendo verdad, como creo que lo es, lo que aquí habéis contado, aún podría ser que a entrambos nos tuvieseVIII el cielo guardado mejor suceso en nuestros desastres que nosotros pensamos. Porque, presupuesto que Luscinda no puede casarse con don Fernando, por ser mía, ni don Fernando con ella, por ser vuestro, y haberlo ella tan manifiestamente declarado, bien podemos esperar que el cielo nos restituya lo que es nuestro, pues está todavía en ser y no se ha enajenado ni deshecho6. Y pues este consuelo tenemos, nacido no de muy remota esperanza, ni fundado en desvariadas imaginaciones, suplícoos, señora, que toméis otra resolución en vuestros honrados pensamientos, pues yo la pienso tomar en los míos, acomodándoos a esperar mejor fortuna; que yo os juro por la fe de caballero y de cristiano de no desampararos hasta veros en poder de don Fernando, y que cuando con razones no le pudiere atraer a que conozca lo que os debe, de usar entonces la libertad que me concede el ser caballero y poder con justo título desafialle, en razón de la sinrazón que os hace7, sin acordarme de mis agravios, cuya venganza dejaré al cielo, por acudir en la tierra a los vuestros.

Con lo que Cardenio dijo, se acabó de admirar Dorotea, y, por no saber qué gracias volver a tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle los pies para besárselos; mas no lo consintió Cardenio, y el licenciado respondió por entrambos y aprobó el buen discurso de Cardenio y, sobre todo, les rogó, aconsejó y persuadió que se fuesen con él a su aldea, donde se podrían reparar de las cosas que les faltaban8, y que allí se daría orden como buscar a don Fernando o como llevar a Dorotea a sus padres o hacer lo que más les pareciese conveniente. Cardenio y Dorotea se lo agradecieron, y acetaron la merced que se les ofrecía. El barbero, que a todo había estado suspenso y callado, hizo también su buena plática y se ofreció con no menos voluntad que el cura a todo aquello que fuese bueno para servirles.

Contó asimesmo con brevedad la causa que allí los había traído, con la estrañeza de la locura de don Quijote, y como aguardaban a su escudero, que había ido a buscalle. Vínosele a la memoria a Cardenio, como por sueños, la pendencia que con don Quijote había tenido, y contóla a los demás, mas no supo decir por qué causa fue su quistiónIX, 9.

En esto oyeron voces y conocieron que el que las daba era Sancho Panza, que, por no haberlos hallado en el lugar donde los dejó, los llamaba a voces. Saliéronle al encuentro, y, preguntándoleX por don Quijote, les dijo como le había hallado desnudo en camisa, flaco, amarillo y muerto de hambre, y suspirando por su señora Dulcinea; y que puesto que le había dicho que ella le mandaba que saliese de aquel lugar y se fuese al del Toboso, donde le quedaba esperando, había respondido que estaba determinado de no parecer ante su fermosura fasta que hobiese fecho fazañas que le ficiesen digno de su gracia10; y que si aquello pasaba adelante, corría peligro de no venir a ser emperador, como estaba obligado, ni aun arzobispo, que era lo menos que podía ser: por eso, que mirasen lo que se había de hacer para sacarle de allí.

Notas:

  • (1) la vergüenza... pensar: ‘la vergüenza que me embarga sólo de pensar’. º volver
  • (2) ‘se adelantó Cardenio’, ‘abrió Cardenio el turno de palabras’ (I, 30, 349). º volver
  • (3) cuán de poco: ‘de qué baja condición’. º volver
  • (4) Tanto el vos como el hermano eran tratamientos que se daban a gente de baja extracción social o para mostrar enojo; eran fórmulas exclusivamente rurales. º volver
  • (5) sinrazones: ‘actos fuera de derecho o de justicia’. volver
  • (6) está todavía en ser: ‘tiene todavía validez, no se ha consumido el plazo legal’. º volver
  • (7) Cardenio repite la frase que DQ había utilizado en I, 1, 38. º volver
  • (8) ‘donde podían proveerse de las cosas que les faltaban’. volver
  • (9) ‘disputa, riña’. º volver
  • (10) Aun en estilo indirecto se reproduce el lenguaje de Sancho, que repite las palabras que le ha dicho DQ en fabla. º volver

Notas críticas:

  • (I) 332.7 discreción A (Tabla) BR SB FL discordia A (texto) B C [Que A dé la lectura correcta en la Tabla confirma que esta se hizo siguiendo el original usado en la imprenta (cf. 35.6 Véase la nota crítica I ubicada en el capítulo 01); y esa misma dependencia del manuscrito, y no de los pliegos impresos, asegura que la rúbrica de A y edd. está situada donde allí aparecía, por más que la RAE pensara que «el epígrafe que correspondía al capítulo XXIX se puso al XXX y el de aquel a este» y los intercambiara en consecuencia. volver
  • (II) 332.17 tienen me BR C SB tienen no A B FL [La coincidencia de BR y C convence de la necesidad de la enmienda. volver
  • (III) 332.19 el pensar edd. en pensar BR al pensar SB del pensar HZ [Cf. 190.1 Véase la nota crítica X ubicada en el capítulo 18. volver
  • (IV) 333.5 esposa edd. esposo BR SB volver
  • (V) 333.10 Dorotea BR SB FL Teodora A B C [Incluso si fuera C. quien había escrito Teodora, habría que corregirlo como lapsus material involuntario, no del personaje (VG), sino del autor. volver
  • (VI) 333.18 punto edd. tiempo C volver
  • (VII) 333.20 quizá por edd. quizá para C volver
  • (VIII) 333.23 tuviese edd. tuvise A volver
  • (IX) 334.24 quistión edd. questión C volver
  • (X) 334.27 preguntándole edd. preguntádole B C volver

Notas complementarias:

  • (1) 332.1—RM, VG. volver
  • (2) 332.2—La metáfora procede de los juegos de naipes, donde tomar la mano es ‘abrir el juego’, ‘ser el primero en jugar’. Cf. también II, 7, 684. volver
  • (3) 332.3—RM. volver
  • (4) 333.4—RM, VG, Arco y Garay [1951a:429-431], Ly [1981:60-66], Autoridades, s.v. «hermano»: «Se llama asimismo al pobre que pide limosna». Cf. I, 20, 220, n. 82. volver
  • (5) 333.6está todavía en ser: esas y las palabras que siguen constituyen un estereotipo escribanil, que aparece en ocasiones en escrituras en que se deshace alguno de los tipos de censo perpetuo, o en las fórmulas de los contratos de retrovendendo (Monterroso y Alvarado, Prática civil, passim). volver
  • (6) 334.7—RM y Riley [1986/90:108] subrayan la presentación de Cardenio bajo luz caballeresca, apoyándose precisamente en esta frase. volver
  • (7) 334.9quistión: RM, Rodríguez Marín [1910:289], CC (pero la pronunciación debía de ser quis-, no qüis-). volver
  • (8) 334.10—RQ. volver
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