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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXVII (1 de 5)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXVII
De cómo salieron con su intención el cura y el barbero1, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta
grande historia (1 de 5)

No le pareció mal al barbero la invención del cura, sino tan bienI, que luego la pusieron por obra. Pidiéronle a la ventera una saya y unas tocas2, dejándole en prendas una sotana nueva del cura. El barbero hizo una gran barba de una cola rucia o roja de buey donde el ventero tenía colgado el peine3. PreguntólesII la ventera que para qué le pedían aquellas cosas. El cura le contó en breves razones la locura de don Quijote y cómo convenía aquel disfraz para sacarle de la montaña donde a la sazón estaba. Cayeron luego el ventero y la ventera en que el loco era su huésped, el del bálsamoIII, y el amo del manteado escudero, y contaron al cura todo lo que con él les había pasado, sin callar lo que tanto callaba Sancho. En resolución, la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver4. Púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas5, y unos corpiños de terciopelo verde guarnecidos con unos ribetesIV de raso blanco6, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Bamba7. No consintió el cura que le tocasen8, sino púsose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de noche9, y ciñóse por la frente una liga de tafetán negro10, y con otra liga hizo un antifaz con que se cubrió muy bien las barbas y el rostro11; encasquetóse su sombrero, que era tan grande, que le podía servir de quitasol, y, cubriéndose su herrerueloV, 12, subió en su mula a mujeriegas, y el barbero en la suya, con su barba que le llegaba a la cintura, entre roja y blanca, como aquella que, como se ha dicho, era hecha de la cola de un buey barroso13.

Despidiéronse de todos, y de la buena de Maritornes, que prometió de rezar un rosario, aunque pecadora, por que Dios lesVI diese buen suceso en tan arduo y tan cristiano negocio como era el que habían emprendido.

Mas apenas huboVII salido de la venta, cuando le vino al cura un pensamiento: que hacía mal en haberse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente que un sacerdote se pusiese así, aunque le fuese mucho en ello14; y diciéndoselo al barbero, le rogó que trocasen trajes, pues era más justo que él fuese la doncella menesterosa, y que él haría el escudero, y que así se profanaba menos su dignidad; y que si no lo quería hacer, determinaba de no pasar adelante, aunque a don Quijote se le llevase el diablo.

En esto llegó Sancho, y de ver a los dos en aquel traje no pudo tener la risa. En efeto, el barbero vino en todo aquello que el cura quiso15, y, trocando la invención, el cura le fue informando el modoVIII que había de tener y las palabras que había de decir a don Quijote para moverle16 y forzarle a que con él se viniese y dejase la querencia del lugar que había escogido para su vana penitencia. El barbero respondió que sin que se le diese lición él lo pondría bien en su punto17. No quiso vestirse por entonces, hasta que estuviesen junto de donde don Quijote estaba, y, así, dobló sus vestidos, y el cura acomodó su barba, y siguieron su camino, guiándolos Sancho Panza; el cual les fue contando lo que les aconteció con el loco que hallaron en la sierra, encubriendo, empero, el hallazgo de la maleta y de cuanto en ella venía, que, maguer que tonto, era un poco codicioso el mancebo18.

Otro día llegaron al lugar donde Sancho había dejado puestas las señales de las ramas para acertar el lugar donde había dejado a su señor19, y, en reconociéndole, les dijo como aquella era la entrada y que bien se podían vestir, si era que aquello hacía al caso para la libertad de su señor: porque ellos le habían dicho antes que el ir de aquella suerte y vestirse de aquel modo era toda la importancia para sacar a su amo de aquella mala vida que había escogido20, y que le encargaban mucho que no dijese a su amo quién ellos eran, ni que los conocía; y que si le preguntase, como se lo había de preguntar, si dio la carta a Dulcinea, dijese que sí, y que, por no saber leer, le había respondido de palabra, diciéndole que le mandaba, so pena de la su desgracia21, que luego al momento se viniese a ver con ella, que era cosa que le importaba mucho; porque con esto y con lo que ellos pensaban decirle tenían por cosa cierta reducirle a mejor vida y hacer con él que luego se pusiese en camino para ir a ser emperador o monarca, que en lo de ser arzobispo no había de qué temer.

Todo lo escuchó Sancho, y lo tomó muy bien en la memoria, y les agradeció mucho la intención que tenían de aconsejar a su señor fuese emperador, y no arzobispo, porque él tenía para sí que para hacer mercedes a sus escuderos más podían los emperadores que los arzobispos andantes. También les dijo que sería bien que él fuese delante a buscarle y darle la respuesta de su señora; que yaIX sería ella bastante a sacarle de aquel lugar, sin que ellos se pusiesen en tanto trabajo. Parecióles bien lo que Sancho Panza decía, y, así, determinaron de aguardarle hasta que volviese con las nuevas del hallazgo de su amo.

Entróse Sancho por aquellas quebradas de la sierra, dejando a los dos en una por donde corría un pequeño y manso arroyo, a quien hacían sombra agradable y fresca otras peñas y algunos árboles que por allí estaban. El calor, y el día que allí llegaron, era de los del mes de agosto, que por aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la hora, las tres de la tarde; todo lo cual hacía al sitio más agradable, y que convidase a que en él esperasen la vuelta de Sancho, como lo hicieron.

Notas:

  • (1) salieron con su intención: ‘lograron su propósito’. º volver
  • (2) saya: ‘falda que llegaba desde los pechos hasta el suelo’; tocas: ‘prenda de tela ligera y delgada con que se envolvía la cabeza o que se enrollaba en torno a ella’. º volver
  • (3) rucia o roja: ‘entre parda y roja’; el color de la barba, pelirrojo, puede hacer desconfiar a DQ. La peinera se hacía de crin de la cola; así servía tanto para guardar el peine como para limpiarlo. º volver
  • (4) ‘le vistió de la mejor manera posible’; es ponderación frecuente en el Q. º volver
  • (5) fajas: ‘franjas de terciopelo negro cosidas como adorno sobre la saya, con cortaduras verticales parciales que dejaban ver un fondo de color contrastado’. º volver
  • (6) corpiño: ‘cuerpo femenino que se diferenciaba del jubónDon Quijote vestido de diario en que no tenía mangas’. º volver
  • (7) ‘en tiempos muy remotos’. º volver
  • (8) ‘que le pusiesen la toca’; pero son abundantísimos los chistes y juegos con los varios sentidos de tocar. El cura, pues, se hace la doncella remilgada. º volver
  • (9) lienzo colchado: ‘gorrilla de tela de lino guateada’. volver
  • (10) liga: ‘cinta para sujetar las medias’, podía ser a veces muy ancha; tafetán es un tela fina de seda. º volver
  • (11) antifaz: ‘tela fina para tapar el rostro, sobre todo en viaje’. º volver
  • (12) ‘capa corta, con cuello, sin capucha ni esclavina’ (II, 18, 772; 71, 1202). º volver
  • (13) ‘de color de tierra, rojizo amarillento, o que tira a barro’. volver
  • (14) indecente: ‘inconveniente, fuera de decoro’; el Concilio de Trento había prohibido que los sacerdotes vistiesen ropas que no correspondieran a su condición. º volver
  • (15) vino en todo: ‘consintió en todo’. volver
  • (16) ‘convencerle’. volver
  • (17) sin que se le diese lición: ‘sin necesidad de que se le adoctrinase’. volver
  • (18) ‘mozo’, ‘criado’; véase II, 32, 902. volver
  • (19) Quizá hay un recuerdo del romance del Marqués de Mantua. º volver
  • (20) era toda la importancia: ‘era lo único y verdaderamente importante y eficaz’. º volver
  • (21) ‘bajo la pena de perder su gracia, de caer en su desagrado’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 299.8 tan bien edd. también A volver
  • (II) 299.12 Preguntóles edd. Preguntó BR volver
  • (III) 299.16 el del bálsamo edd. del bálsamo C volver
  • (IV) 299.22 con unos ribetes edd. con ribetes BR volver
  • (V) 300.5 su herreruelo edd. el herreruelo C volver
  • (VI) 300.10 les edd. le BR volver
  • (VII) 300.13 hubo edd. hubieron BR volver
  • (VIII) 300.23-24 el modo edd. del modo BR volver
  • (IX) 301.26 que ya edd. quizá BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 299.1—RM. Cf. Apéndices, 2.11. volver
  • (2) 299.2saya en el traje popular era el nombre de una falda, pero en el traje al estilo cortesano la llamada «saya enteraDama» se componía de dos piezas: un cuerpo semejante en su forma al jubónDon Quijote vestido de diario y una falda con cola. Las mangas eran de dos tipos: «redondas» o de «punta»; tanto unas como otras necesitaban el complemento de unas «manguillas» que cubrieran los brazos. La toca era un tocado de tela ligera y delgada (como las empleadas en lencería) preferentemente de lino, pero también de algodón o incluso sedas finas. Las tocas femeninas cubrían la cabeza, el cuello y los hombros. Las de dueña se distinguían por su gran longitud, pues se prolongaban, a modo de escapulario, hasta casi el borde de la falda del vestido. Otras tocas, como las que usaban los musulmanes, consistían en una larga banda de tela que se enrollaba a la cabeza. Cf. Bernis [en prensa]. volver
  • (3) 299.3—Tradicionalmente los pelirrojos o barbirrojos traen mala suerte, o son malas personas. Cf., sin más, los refranes «Ni perro ni gato de esa color», o «Con hombre pelirrojo ten mucho ojo», y II, 1, 637, n. 95. Cf. J.A. Sánchez Pérez [1948:239] y González Ollé [1981]. ¶ Para la peinera, RM. volver
  • (4) 299.4—RM. « ¿Y hay más que ver, después de haber visto esto, que ver salir por la puerta del castillo un buen número de doncellas...» (I, 50, 570); «Vienen a caballo sobre tres cananeas remendadas, que no hay más que ver» (II, 10, 705); «Iba Sancho en medio con su vara, que no había más que ver» (II, 49, 1025); etc. volver
  • (5) 299.5—Las fajas eran una guarnición sobrepuesta. Las cuchilladas eran cortes que se hacían en la tela de los vestidos dejando ver el tejido que hacía de forro, cuando lo había. Algunos tejidos se fabricaban ya cortados. El terciopelo cortado podía tener fondo de raso. En las fajas se emplearía un terciopelo ya acuchillado en fábrica. Cf. Bernis [en prensa]. ¶ Las sayas con varias fajas de raso o terciopelo tijereteadas formando trepa estaban de moda en la época del Emperador: Herrero García [1948:182]. volver
  • (6) 299.6—Bernis [en prensa]. volver
  • (7) 299.7—El rey Bamba o Wamba aparece en muchas frases populares y en el folclore: SB. Moreto, El parecido en la corte, p. 101: «¿Respeto? Es para galanes / de la era del rey Wamba, / que oliendo el favor de un guante / estaban nueve o diez años». volver
  • (8) 299.8Cf., por ejemplo: «Antes me beséis / que me destoquéis: / tocóme mi tía», tan glosado; o la letrilla atribuida a Góngora: «Soy toquera y vendo tocas / y tengo mi cofre donde las otras». volver
  • (9) 300.10—La liga era a modo de una banda de seda fina (entonces no había tejidos elásticos) bastante ancha (un palmo) que se ataba a la altura de la rodilla para sujetar la media; por otro nombre, «senogil». La usaron los hombres y las mujeres. Cf. Bernis [en prensa]. volver
  • (10) 300.11—El antifaz se usaba en el camino para protegerse la cara; se hacía de tafetán y cubría todo el rostro, con dos agujeros ante los ojos. Cf. Bernis [en prensa]. volver
  • (11) 300.12—El herreruelo Don Quijote vestido de diario estaba cortado en forma semicircular, y se diferenciaba de la capaCaballero propiamente dicha en que en lugar de «capilla» (que en la capa era un capuchón aplastado convertido en un elemento decorativo) tenía un cuelloCaballero de varios dedos de ancho. Su largo era variable. Cf. Bernis [en prensa]. volver
  • (12) 300.14—Sobre el uso obligatorio del hábito para el clero, Concilio de Trento, Sesión XIV, Cap. VI: «Poena decernitur in clericos, qui in sacris constituti, aut beneficia possidentes, ordini suo congruente veste non utuntur». Cf. Descouzis [1961-1962]. volver
  • (13) 301.19—BW. Silva de Zaragoza, vv. 152-153, p. 352: «Las ramas iba cortando / para la vuelta acertare». volver
  • (14) 301.20—MZ. volver
  • (15) 301.21—RM. volver
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