Centro Virtual Cervantes
Literatura

Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXVI (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXVI
Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo don QuijoteI en Sierra Morena (1 de 3)

Y volviendo a contar lo que hizo el de la Triste Figura después que se vio solo, dice la historia que así como don Quijote acabó de dar las tumbas o vueltas de medio abajo desnudo y de medio arriba vestido, y que vio queII Sancho se había ido sin querer aguardar a ver más sandeces, se subió sobre una punta de una alta peña y allí tornó a pensar lo que otras muchas veces había pensado sin haberse jamás resuelto en ello, y era que cuál sería mejor y le estaría más a cuento: imitar a Roldán en las locuras desaforadas que hizo, oIII Amadís en las malencónicasIV, 1; y hablando entre sí mesmo decía:

—Si Roldán fue tan buen caballero y tan valiente como todos dicen, ¿qué maravilla, pues al fin era encantado, y no le podía matar nadie si no era metiéndole un alfiler de a blanca por la plantaV del pie2, y él traía siempre los zapatos con siete suelas de hierro3? Aunque no le valieron tretas contraVI Bernardo del Carpio, que se las entendió y le ahogó entre los brazos en Roncesvalles4. Pero dejando en él lo de la valentía a una parte, vengamos a lo de perder el juicio, que es cierto que le perdió, por las señales que halló en la fontanaVII y por las nuevas que le dio el pastor de que Angélica había dormido más de dos siestas con Medoro, un morillo de cabellos enrizados y paje de Agramante5; y si él entendió que esto era verdad y que su dama le había cometido desaguisado6, no hizo mucho en volverse loco. Pero yo ¿cómo puedo imitalle en las locuras, si no le imito en la ocasión dellas? Porque mi Dulcinea del Toboso osaré yo jurar que no ha visto en todos los días de su vida moro alguno, ansí como él es, en su mismo traje7, y que se está hoy como la madre que la parióVIII, 8; y haríale agravio manifiesto, si imaginando otra cosa della me volviese loco de aquel género de locura de Roldán el furioso. Por otra parte, veo que Amadís de Gaula, sin perder el juicio y sin hacer locuras, alcanzó tanta fama de enamorado como el que más, porque lo que hizo, según su historia, no fue más de queIX por verse desdeñado de su señora Oriana, que le había mandado que no pareciese ante su presencia hasta que fuese su voluntad, de que seX retiró a la Peña Pobre en compañía de un ermitaño, y allí se hartó de llorar y de encomendarse a DiosXI, hasta que el cielo le acorrió en medio de su mayor cuita y necesidad. Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar trabajo agora de desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos árboles, que no me han hecho mal alguno? Ni tengo para qué enturbiar el agua clara destos arroyos, los cuales me han de dar de beber cuando tenga gana. Viva la memoria de Amadís, y sea imitado de don Quijote de la Mancha en todo lo que pudiereXII, del cual se dirá lo que del otro se dijo, que si no acabó grandes cosas, murió por acometellas9; y si yo no soy desechado ni desdeñado de Dulcinea del TobosoXIII, bástame, como ya he dicho, estar ausente della. Ea, pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadís, y enseñadme por dónde tengo de comenzar a imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar y encomendarse a DiosXIV; pero ¿qué haré de rosario, que no le tengo?

En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa10, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás11, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemaríasXIV, 12. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse13; y, así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos14, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea. Mas los que se pudieron hallar enteros y que se pudiesen leer después que a él allí le hallaron no fueron más que estos que aquí se siguen:

Árboles, yerbas y plantas
que en aqueste sitio estáis,
tan altosXV, verdes y tantas15,
si de mi mal no os holgáis,
escuchad mis quejas santas.
     Mi dolor no os alborote,
aunque más terrible sea,
pues por pagaros escote16
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
          del Toboso.

Es aquí el lugar adonde
el amador más leal
de su señora se esconde,
y ha venido a tanto mal
sin saber cómo o por dónde17.
    Tráele amor al estricote18,
que es de muy mala ralea;
y, así, hasta henchir un pipote19,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
         del Toboso.

Buscando las aventuras
por entre las duras peñas,
maldiciendo entrañas duras,
que entre riscos y entre breñas
halla el triste desventuras,
    hirióle amor con su azote,
no con su blanda correa,
y en tocándole elXVI cogote
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
        del TobosoXVII.

Notas:

  • (1) ‘melancólicas’ (I, 21, 228, n. 38). Tanto Amadís como Orlando se vuelven locos de amor y hacen, siguiendo la tradición, penitencia de amor. Entre la locura por exceso de cólera, que corresponde a Cardenio, y la que se produce por plétora de melancolía, DQ elige como modelo de comportamiento la segunda. volver
  • (2) ‘un alfiler muy grueso’ (II, 32, 899, y 48, 1020), tanto que costaba una blanca.V volver
  • (3) Era Ferragut el que llevaba siete planchas de hierro ante el ombligo, único punto en que podía ser herido. º volver
  • (4) DQ repite la historia que ya había recordado en I, 1, 39-40. º volver
  • (5) Medoro no fue paje de Agramante –jefe de los príncipes moros en el Orlando furioso–, sino de Dardinel de Almonte. º volver
  • (6) ‘le había inferido agravio’. volver
  • (7) Posible alusión a los moros enamorados que, con sus trajes minuciosamente descritos, llenan el romancero nuevo. º volver
  • (8) Se repite el mismo chiste que, referido entonces a las doncellas de los libros de caballerías, había aparecido ya en I, 9, 107 (véase allí la n. 18).VIII, º volver
  • (9) Es probable que los dos octosílabos procedan de un poema anterior. No está claro a quién se alude con el otro; posiblemente a Faetón. º volver
  • (10) El aspecto de DQ es tanto más ridículo cuanto que cortar las faldas se veía como infamante, por recuerdo vivo del romance de Doña Lambra; irreverente, por demás, era hacer con lo cortado un rosario. º volver
  • (11) El que corresponde al principio del misterio y al rezo del padrenuestro; es un rosario de los llamados camanduleros. º volver
  • (12) En la segunda edición, C. sustituyó desde y encomendarse hasta un millón de avemarías por «y así lo haré yo». Y sirviéronle de rosario unas agallas grandes de un alcornoque, que ensartó, de que hizo un diez. Sin duda lamentaba «haberse dejado llevar por su vena satírica» y discurrió «una manera más decente de improvisar un rosario», sin por ello evitar una sonrisa a cuenta de «la repetición mecánica de los padrenuestros» (M. Bataillon). Por su parte, la Inquisición portuguesa, en 1624, mandó expurgar la frase rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando. º volver
  • (13) Alude a Andalod, el ermitaño que encontró Amadís en la Peña Pobre. º volver
  • (14) Amadís escribió versos en su penitencia; los poetas-pastores de la época los grababan en los árboles (I, 12, 133, n. 51). º volver
  • (15) altos (árboles), verdes (yerbas) y tantas (plantas), en correlación trimembre. El juego burlesco reside en que se rompe el sistema de referencias (frente a los adjetivos anteriores), y tantas se ofrece como una tmesis que no se completa. El poema es una letrilla, apoyada en la copla de arte real, con la rima dominante en -ote, que se oye como burlesca. º volver
  • (16) ‘por pagaros la cuenta, lo que se os debe’. º volver
  • (17) Recuerdo del soneto I de Garcilaso: «A tanto mal no sé por dó he venido». volver
  • (18) ‘a mal traer, sin sosiego’. volver
  • (19) ‘pipa, cuba pequeña de madera para líquidos o conservas’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 290.8 don Quijote A (texto) edd. el nuestro don Quijote A (Tabla) [La lectura de la Tabla probablemente transcribe fielmente el manuscrito autógrafo (cf. 35.6 Véase la nota crítica I ubicada en el capítulo 01), pero no es seguro que haga justicia a la intención del novelista. En efecto, el sintagma nuestro don Quijote aparece seis veces en la Primera parte (y nunca en la Segunda): I, 4, 70; 13, 138, 141, 143; 16, 168, y 26, 294; la última vez, pues, en este mismo capítulo, de forma que no sorprendería hallarlo en el epígrafe (en línea con otros que mencionan a nuestro caballero o nuestro ingenioso hidalgo) y, desde luego, puede descartarse con toda certeza como adición (que sería inexplicable) por parte de quien compuso la Tabla. Sin embargo, es muy dudoso que C. pretendiera emplearlo aquí, y menos a la arcaica, con el artículo ante el posesivo. Más bien parece que en un primer momento el nuestro se introdujo anafóricamente (‘nuestro enamorado’; cf. por ejemplo II, 72, 1206: «Y ese don Quijote –dijo el nuestro–, ¿traía consigo...?»), y sólo después, pareciéndole poco afortunado el procedimiento, el autor decidió que esas dos palabras fueran sustituidas por un simple don Quijote, que añadiría inmediatamente a continuación (si el arrepentimiento fue asimismo inmediato) o bien en la interlínea o al margen, pero en cualquiera de los casos sin cancelar o cancelando poco claramente el nuestro, de modo que quien preparó la Tabla dio el original por bueno, en tanto el cajista del texto lo reconoció como desechado. La huella de pentimenti similares se aprecia en otros lugares (por ejemplo, en 587.13 Véase la nota crítica XXVI ubicada en el capítulo 52), pero aquí (y sobre todo en convergencia con 434.2 Véase la nota crítica I ubicada en el capítulo 37) resulta de particular interés en tanto corrobora que la Tabla se compuso directamente sobre el original usado en la imprenta. volver
  • (II) 290.12 y que vio que edd. y vio que BR volver
  • (III) 290.16 o A+ o a B+ volver
  • (IV) 290.17 malencónicas edd. melancólicas BR malencólicas C volver
  • (V) 290.20 planta CL punta edd. [La corrección de CL, concorde con Ariosto (Orlando, XII, 49c: «ferito esser potea sotto le piante») y con II, 32, 899, subsana una errata diáfana. volver
  • (VI) 290.22 contra edd. con C volver
  • (VII) 290.25 fontana HZ SB fortuna A B C floresta BR LO fuente RAE FL [Por más que fontana no vuelve a documentarse en C., es forma bien explicable en un contexto inspirado en un poema italiano (>FL:XXXVII), y la única que explica gráficamente el error de A (tibiamente defendido por RQ). volver
  • (VIII) 291.5-6 la madre que la parió edd. su madre la parió BR volver
  • (IX) 291.10 más de que edd. más que BR volver
  • (X) 291.12 de que se edd. se LO RAE FL volver
  • (XI) 291.14 y de encomendarse a Dios Aom. B+  [Cf. 291.26-27-292.2-3. volver
  • (XII) 291.21 pudiere edd. pudieres BR volver
  • (XIII) 291.23 de Dulcinea del Toboso A+ de mi Dulcinea B+ volver
  • (XIV) 291.26-27–292.2-3 rezar y encomendarse [...] un millón de avemarías . Y lo que A+ rezar, y así lo haré yo. Y sirviéronle de rosario unas agallas grandes de un alcornoque, que ensartó, de que hizo un diez. Y lo que B+ [Es nuestra opinión (frente a J.M. Asensio 1902:351-353, por ejemplo; cf. I, 35, 416, n. 5) que la nueva redacción del pasaje que da B se debe a la pluma del mismo C., como, digamos, en 291.23 y quizá en especial en algún otro lugar también cercano a la interpolación de I, 23, 250.3, indudablemente introducida por el propio autor; mantenemos la versión de A, sin embargo, no tanto por no ofrecer un texto híbrido (como Mendizábal 1945:447 reprocha a RM) cuanto por los criterios generales expuestos en la introducción a nuestro aparato crítico. Cf. p. 292, n. 12, también para la frase expurgada por la Inquisición portuguesa. volver
  • (XV) 292.13 altos edd. altas C volver
  • (XVI) 293.17 el edd. al C volver
  • (XVII) 293.24 del Toboso edd. el Toboso B C volver

Notas complementarias:

  • (1) 290.3—CL; cf. Orlando furioso, XII, 48. La confusión de DQ es un claro guiño jocoso, al unir los dos enemigos (Roldán y Ferragut) en una sola persona. volver
  • (2) 290.4—La fuente próxima de C. pudo ser el poema de Agustín Alonso Historia de las hazañas y hechos del invencible caballero Bernardo del Carpio, Toledo, 1585, aunque es posible el recuerdo del Orlando furioso, XXIII, 85: «E crede far le prove / che sopra Anto fe’ già il figliuol di Giove». Cf. también I, 49, 568, y II, 32, 899. volver
  • (3) 290.5—Es posible que con Agramante se quiera aludir a la idea de discordia que acompaña a su actuación, teniendo en cuenta que Agramante es, en castellano, emblema de aquella (I, 45, 526, n. 41). DQ distorsiona, en sus alusiones, los ejemplos que está empleando, acaso con una intención cercana a la de algunos poemas gongorinos. volver
  • (4) 291.7—PE piensa que se esconde una ironía contra los moriscos que, en traje de cristianos, se habían avecindado en el Toboso. volver
  • (5) 291.8—A. Sánchez [1990b:19-21]b. volver
  • (6) 291.9—PE relaciona los octosílabos con Ovidio, Metamorfosis, II, 327-328: «Hic situs est Phaeton, currus auriga paterni, / quem si non tenuit, magis tamen excidit ausis»; RM cita la égloga II de Balbuena, en la que se alude a ellos. El ritmo y la construcción recuerdan dos versos de romance «Si no venció reyes moros, / engendró quien los venciera». volver
  • (7) 291.10—R. Menéndez Pidal [1957/63:125-129]b. Cf. Guzmán de Alfarache, II, II, 4, p. 635. A los textos aducidos puede añadirse: «Tiene sola una camisa, / y cuando la da a lavar / ha por fuerza de dejar / seis lecciones y una misa, / y en la cama se quedar. / Y si acaso tiene un par, / están rotas las espaldas, / cuatro meses sin lavar, / cortadas todas las faldas / por vergonzoso lugar» (Mele y Bonilla 1904). volver
  • (8) 292.11—Guzmán de Alfarache I, I, 1, p. 113. volver
  • (9) 292.12—Para el cambio de este párrafo a partir de la segunda edición, Asensio y Toledo [1902:351-356], A. Castro [1925/87:264], Bataillon [1937/66:787-788]b y A. Sánchez [1990:22-24]b. ¶ A pesar de la corrección, la camisa se da por cortada en I, 35, 415-416; cf. allí n. 5. volver
  • (10) 292.13—CL. volver
  • (11) 292.14—CL. ¶ La escritura en la arena puede ser reminiscencia del episodio evangélico de la mujer adúltera, dado lo que se ha dicho antes de Dulcinea y de Angélica. volver
  • (12) 292.15—La división de los vegetales en árboles, yerbas y plantas era usual en tiempos de C. (RM). volver
  • (13) 292.16—Alonso Hernández [1976]. volver
  • (14) 293.19—CL. volver
Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es