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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XIIII (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XIIIII
Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos1 (1 de 3)

CANCIÓN DE GRISÓSTOMOII, 2

Ya que quieres, crüel, que se publique
de lengua en lengua y de una en otra gente3
del áspero rigor tuyo la fuerza,
haré que el mesmo infierno comunique
al triste pecho mío un son doliente,
con que el uso común de mi vozIII tuerza.
Y al par de mi deseoIV, que se esfuerza
a decir mi dolor y tus hazañas,
de la espantable voz irá el acento4,
y en él mezcladasV, 5, por mayor tormento,
pedazos de las míseras entrañas.
Escucha, pues, y presta atento oído,
no al concertado son6, sino al ruïdo
que de lo hondo de mi amargo pecho,
llevado de un forzosoVI desvarío,
por gusto mío sale y tu despecho.

El rugirVII del león, del lobo fiero
el temeroso aullido7, el silbo horrendo
de escamosa serpiente, el espantable
baladroVIII de algún monstruo8, el agorero
graznar de la corneja9, y el estruendo
del viento contrastado en mar instable10;
del ya vencido toro11 el implacableIX
bramido, y de la viuda tortolilla
el sentibleX arrullarXI, 12; el triste canto
del envidiado búho13, con el llanto
de toda la infernal negra cuadrilla14,
salgan con la doliente ánima fuera15,
mezclados en un son, de tal manera,
que se confundan los sentidos todos,
puesXII la pena cruel que en mí se halla
para cantallaXIII pide nuevos modos16.

De tanta confusión no las arenas
del padre Tajo oirán los tristes ecos,
ni del famoso Betis las olivas17,
que allí se esparcirán mis duras penas
en altos riscos y en profundos huecosXIV,
con muerta lengua y con palabras vivas18,
o ya en escuros valles o en esquivas
playas19, desnudas de contratoXV humano20,
oXVI adonde el sol jamás mostró su lumbre,
o entre la venenosa muchedumbre
de fieras que alimentaXVII el libioXVIII llano21.
Que puesto que en los páramos desiertos
los ecos roncosXIX de mi mal inciertos
suenenXX con tu rigor tan sin segundo,
por privilegio de mis cortos hados22,
serán llevados por el ancho mundo.

Mata un desdén, atierra la paciencia23,
o verdadera o falsa, una sospecha;
matan los celos con rigor más fuerte;
desconcierta la vida larga ausencia;
contra un temor de olvido no aprovecha
firme esperanza de dichosa suerte...
En todo hay ciertaXXI, inevitable muerte;
mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo
celoso, ausente, desdeñado y cierto
de lasXXII sospechas que me tienen muerto,
y en el olvido en quien mi fuegoXXIII avivo,
y, entre tantos tormentos, nunca alcanza
mi vista a ver en sombra a la esperanza24,
ni yoXXIV, desesperado, la procuro,
antes, por estremarme en mi querella,
estar sin ella eternamente juro.

¿Puédese, por ventura, en un instante
esperar y temer, o es bien hacello
siendo las causas del temor más ciertas?
¿Tengo, si el duro celo está delante25,
de cerrar estos ojos, si he de vello
por mil heridas en el alma abiertas?
¿Quién no abrirá de par en par las puertas
a la desconfianza, cuando mira
descubierto el desdén, y las sospechas,
¡oh amarga conversión!, verdades hechas,
y la limpiaXXV verdad vuelta en mentira?
¡Oh en el reino de amor fieros tiranos
celos!, ponedme un hierro en estas manos.
DameXXVI, desdén, una torcida soga26.
Mas, ¡ay de mí!, que con crüel vitoria
vuestra memoria el sufrimiento ahoga.

Yo muero, en fin, y porque nunca espere
buen suceso en la muerte ni en la vida27,
pertinaz estaré en mi fantasía28.
Diré que va acertado el que bien quiere29,
y que es más libre el alma más rendida
a la de amor antiguaXXVII tiranía30.
Diré que la enemiga siempre mía
hermosa el alma como el cuerpo tiene,
y que suXXVIII olvido de mi culpaXXIX nace31,
y que, en fe de los males que nos hace,
amor su imperio en justa paz mantiene.
Y con esta opinión y un duro lazo32,
acelerandoXXX el miserable plazo
a que me han conducido susXXXI desdenes,
ofreceré a los vientos cuerpo y alma,
sin lauro oXXXII palma de futuros bienes33.

Tú, que con tantas sinrazones muestras
la razón que me fuerzaXXXIII a que la haga
a la cansada vida que aborrezco34,
pues ya ves que te da notorias muestras
esta del corazón profunda llaga
de cómo alegre a tu rigor me ofrezco,
si por dicha conoces que merezco
que el cielo claro de tus bellos ojos35
en mi muerte se turbeXXXIV, no lo hagas:
que no quiero que en nadaXXXV satisfagas
al darteXXXVI de mi alma los despojos;
antes con risa en la ocasión funesta
descubre que el finXXXVII mío fue tu fiesta.
Mas gran simpleza es avisarte destoXXXVIII,
pues sé que está tu gloria conocida
en que mi vida llegue al fin tan prestoXXXIX.

VengaXL, que es tiempo ya, del hondo abismo
Tántalo con su sed; Sísifo venga
con el pesoXLI terrible de su canto;
Ticio traigaXLII su buitre, y ansimismo
con su rueda Egïón no se detenga36,
ni las hermanas que trabajan tanto37,
y todos juntos su mortalXLIII quebranto38
trasladen en mi pecho, y en voz baja
—si ya a un desesperado son debidas—
canten obsequias tristes39, doloridas,
al cuerpo, a quien se niegue aunXLIV la mortaja;
y el portero infernal deXLV los tres rostros40,
con otras mil quimeras y mil monstrosXLVI,
lleven el doloroso contrapunto41,
que otra pompa mejor no me parece
que la merece unXLVII amador difunto.

Canción desesperada, no te quejes
cuando mi triste compañía dejes;
antes, pues que la causa do naciste
con mi desdicha aumentaXLVIII su ventura,
aun en la sepultura no estés tristeXLIX.

Notas:

  • (1) El juego de palabras desesperados/no esperados complementa la ambigüedad de significado del adjetivo (I, 13, 146, n. 68). volver
  • (2) El poema, denominado Canción desesperada en el capítulo anterior, y en el epígrafe versos desesperados, cambia ahora, por tercera vez, de nombre. La Canzone disperata, rara en la poesía española, forma parte de la tradición literaria italiana, aunque a C. le pudiese llegar a través de Cetina. Algunas contradicciones entre el relato en prosa de los amores de Grisóstomo y Marcela y estos versos apuntan que C. compuso el poema antes que el Q. º volver
  • (3) El motivo está ligado a la búsqueda de la fama; la forma procede de Juan de Mena. º volver
  • (4) ‘irá el canto (acento) de la voz que produce espanto’. º volver
  • (5) Se refiere, por silepsis, a entrañas, no a pedazos.V, º volver
  • (6) La música. º volver
  • (7) ‘el aullido que produce temor’. volver
  • (8) baladro: ‘bramido, alarido’. º volver
  • (9) El vuelo y canto de la corneja se entendían desde antiguo como agüeros. º volver
  • (10) ‘viento contrario en mar movida’. volver
  • (11) ‘el toro alanceado en trance de morir’. volver
  • (12) sentible: ‘sensible, dolorido’. El motivo de la tórtola viuda que llora inconsolable la muerte del esposo ha sido utilizado innumerables veces en la literatura. º volver
  • (13) El búho es ave de siniestro y aun fúnebre presagio, según señalan ya Ovidio y Plinio; se creía que las aves de cetrería tenían envidia de sus grandes ojos, que veían en la noche, e intentaban sacárselos. º volver
  • (14) ‘las Harpías’. º volver
  • (15) Variación sobre Garcilaso, égloga II, v. 606: «Echa con la doliente ánima fuera». º volver
  • (16) ‘pide ser transportada musicalmente a otra tonalidad, aun mayor y más grave’.XIII volver
  • (17) ‘las aceitunas del Guadalquivir’. º volver
  • (18) ‘acallada mi lengua por mi muerte, mis palabras –mis poemas (mi mal)– quedarán vivas para siempre y en todos los lugares’. º volver
  • (19) ‘playas en las que no se puede desembarcar por mucho que se intente’. volver
  • (20) ‘cualquier señal de presencia humana’. volver
  • (21) ‘el desierto africano’; se entendía por Libia todo el territorio comprendido entre la Mauritania y la orilla del Nilo, que se suponía lleno de serpientes muy venenosas.XVIII, º volver
  • (22) ‘de mi poca fortuna’. º volver
  • (23) atierra: ‘derriba, destruye’; el sujeto es una sospecha. volver
  • (24) ‘a ver la esperanza, aunque solo sea como una apariencia, ya que no como realidad’. volver
  • (25) el duro celo: ‘los crueles celos’. º volver
  • (26) El arma de hierro y la soga pueden aludir al posible suicidio, aquí pensado, de Grisóstomo; o, simplemente, expresar que en su desesperación el poeta prefiere la peor muerte –el suicidio– al desdén y a los celos. º volver
  • (27) buen suceso: ‘final feliz’ (I, 8, 94). volver
  • (28) pertinaz ‘el que no se arrepiente’ es término que se emplea en los procesos inquisitoriales; Grisóstomo presenta su fantasía como una herejía en la que es preferible insistir aunque el resultado sea –como lo es– la muerte. volver
  • (29) La «herejía» anterior trae aparejado el recuerdo de la canción popular «Fuego de Dios en el bien querer», muchas veces glosada. º volver
  • (30) La frase, referida al amor, parece plantear la tradicional polémica de libero aut servo arbitrio, volviéndola a lo humano. volver
  • (31) Es otra vuelta a lo humano del olvido de Dios. º volver
  • (32) El del amor, pero también la soga que ha pedido antes, dogal del verdugo que ha de matarlo para después quemarlo; por eso Grisóstomo ofrece cuerpo y alma al viento. volver
  • (33) Tanto el lauro o palma de la victoria como de la santidad y el martirio; los futuros bienes se refieren tanto al logro de sus esperanzas amorosas como a los que están más allá de la muerte que él solicita, pero no espera. volver
  • (34) Grisóstomo emplea aquí el mismo juego de palabras que DQ había admirado en I, 1, 38: «la razón de la sinrazón que a mi razón se hace». volver
  • (35) Compárese con I, 42, 494. volver
  • (36) Todos estos personajes, que aparecen agrupados en el libro IV de las Metamorfosis de Ovidio, se caracterizan por padecer interminables suplicios, consistentes en afanes eternos o en dolores inacabables. º volver
  • (37) Son las cuarenta y nueve hermanas Danaides o Bélides, que, por permanecer vírgenes, degollaron a sus maridos en la noche de sus bodas: solo Hipermestra conservó a Linceo, que llegó a rey de Argos. Por su falta de piedad fueron condenadas a llenar de agua eternamente una vasijaLa cocina, vasijas y recipientes con el fondo roto. º volver
  • (38) mortal: ‘capaz de dar muerte’, ‘dolorosísimo’.XLIII volver
  • (39) ‘exequias, honras fúnebres’. º volver
  • (40) El perro Cerbero, de tres cabezas, que custodiaba las puertas del infierno. º volver
  • (41) ‘voz complementaria y opuesta a la que lleva la melodía –el punto– en una composición musical’. volver

Notas críticas:

  • (I) 146.11 XIIII edd. XIV C SB [En adelante, nos atenemos al uso de A, sin señalar los de las otras ediciones. volver
  • (II) 146.14 Canción de Grisóstomo edd. Canción desesperada mss. [Con la sigla ms1 designamos la versión del poema que se halla en los folios 31-32v del códice 56-4-35 (olim 82-3-39) de la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla (al margen, de otra mano, se lee «De Miguel de Cervantes Saavedra en su Quijote»), de donde lo publicaron Asensio y Toledo en 1867 y A. de Castro en 1874; con ms2, la que se lee incompleta (llega solo hasta la altura de 150, lín. 2, por pérdida material) en el 3985, ff. 139 y vuelto, de la Biblioteca Nacional; con mss., la concordancia de ambos manuscritos. No recogemos las variantes meramente gráficas. volver
  • (III) 146.20 mi voz edd. ms2 su voz ms1 volver
  • (IV) 146.21 deseo edd. mss. [En el ms2 se había escrito antes tormento. volver
  • (V) 147.3 mezcladas edd. mss. mezclados LO volver
  • (VI) 147.8 forzoso edd. ms2 furioso ms1 volver
  • (VII) 147.10 rugir edd. mss. rigor A volver
  • (VIII) 147.13 baladro ms1 C SB FL balando A B BR ms2 volver
  • (IX) 147.16 implacable edd. impacable mss. volver
  • (X) 147.18 sentible edd. mss. [Juan Gil, que ha cotejado para nosotros el ms1, sugiere leer sensible. volver
  • (XI) 147.18 arrullar edd. ms1 arrullable ms2 volver
  • (XII) 147.24 pues edd. ms2 que ms1 volver
  • (XIII) 147.25 cantalla (pide para cant.) ms1 contalle (para cont. pide) A+ contarle B BR ms2 contarla C contalla RM VG [La rima interna exige -alla, y modos (cf. n. 16) condice mejor con cantar. volver
  • (XIV) 148.5 y en profundos huecos edd. ms2 o profundos ecos ms1 volver
  • (XV) 148.8 contrato edd. ms2 refugio ms1 volver
  • (XVI) 148.9 o edd. ms2 om. ms1 volver
  • (XVII) 148.11 alimenta edd. ms2 sustenta ms1 volver
  • (XVIII) 148.11 libio ms1 CL SB FL libro A B BR ms2 Nilo C libre LO volver
  • (XIX) 148.13 roncos edd. ms2 tristes ms1 volver
  • (XX) 148.14 suenen edd. ms2 suenan ms1 volver
  • (XXI) 148.23 cierta edd. mss. cuenta A volver
  • (XXII) 148.26 de las edd. ms2 en las ms1 volver
  • (XXIII) 148.27 fuego edd. ms2 amor ms1 volver
  • (XXIV) 149.1 ni yo C SB ni aun yo ms1 no yo edd. ms2 volver
  • (XXV) 149.14 limpia edd. ms2 pura ms1 volver
  • (XXVI) 149.17 Dame edd. ms1 Dadme ms2 volver
  • (XXVII) 149.25 antigua edd. ms2 estraña ms1 volver
  • (XXVIII) 150.1 y que su edd. ms2 ya que su ms1 volver
  • (XXIX) 150.1 mi culpa edd. ms2 mis culpas ms1 [El ms2 acaba en el verso siguiente. volver
  • (XXX) 150.5 acelerando edd. apresurando ms1 volver
  • (XXXI) 150.6 conducido sus edd. condenado mis ms1 volver
  • (XXXII) 150.8 sin lauro o edd. en lauro y ms1 volver
  • (XXXIII) 150.10 fuerza edd. muestra ms1 volver
  • (XXXIV) 150.17 turbe edd. turben ms1 volver
  • (XXXV) 150.18 nada edd. cosa ms1 volver
  • (XXXVI) 150.19 al darte edd. ms2 el darte ms1 volver
  • (XXXVII) 150.21 el fin edd. al fin ms1 volver
  • (XXXVIII) 150.22 Mas gran simpleza es avisarte desto edd. Mas ¿no es simpleza el advertirte desto? ms1 volver
  • (XXXIX) 150.9-24 [En el ms1 esta estancia y la siguiente (I, 13, 150, lín. 25-151, lín. 12) intercambian su orden. volver
  • (XL) 150.25 Venga edd. Vengan ms1 volver
  • (XLI) 150.27 el peso edd. la carga ms1 volver
  • (XLII) 150.28 traiga ms1 B+ traya A+ volver
  • (XLIII) 151.3 mortal edd. inmortal ms1 [mortal ‘capaz de ocasionar la muerte (aun sin llegar a darla)’ parece difficilior. volver
  • (XLIV) 151.7 niegue aun edd. niega ms1 volver
  • (XLV) 151.8 de edd. con ms1 volver
  • (XLVI) 151.9 monstros A+ monstruos ms1 B BR mostruos C mostros CL volver
  • (XLVII) 151.12 un edd. este ms1 volver
  • (XLVIII) 151.16 aumenta ms1 MA(aug-) SB au(g)mentas edd. [Para la grafía, seguimos el uso regular en el Q. volver
  • (XLIX) 151.17 aun en la sepultura no estés triste edd. (aun edd. aumente C) no es desventura para ser tan triste ms1 volver

Notas complementarias:

  • (1) 146. 2—PE, MU, RQ, Basave Fernández del Valle [1968:248-252]. El título de Canción desesperada, que se le daba en I, 13, es el mismo que se encuentra en otra versión que aparece en dos manuscritos; cf. 146.14II. ¶ El género de la «canzone disperata» era frecuente en los cancioneros italianos de finales del siglo XV y principios del XVI: Cian [1893/1969:LXXXVII-XCIII], Marchand [en prensa]. Cf. ejemplos en A. da Ferrara, Rime, pp. 127-129, y A. Tebaldeo, Rime, II, pp. 448-454, 473-480; III, pp. 907-919, 943-957, 975-989. ¶ Lapesa [1992] anota la relación con la canción IV de Garcilaso, con la de Cetina, Obras, I, pp. 213-218: «Alma enojosa, de vivir cansada», en cuyo envío se dice: «Canción desesperada y sin concierto, / nacida entre sospechas y temores, / crecida en el dolor de mi recelo», y también con la X de Camões («Vinde cá, meu tam certo secretario»). De Cetina proceden también algunos otros elementos. La composición exclusivamente en versos endecasílabos, sin embargo, no la usará nunca Petrarca: su modelo está en Dante y en otros poetas del «dolce stil novo». Es una estructura condenada por los tratadistas de la época: Faría e Sousa, Rimas varias. Segunda parte (Lisboa,1689), dice que «será fastidiosa la que fuere toda de versos endecasílabos», que admiten en cambio la presencia de un único heptasílabo si las estancias son largas, como en la XXIII de Petrarca, la IV de Garcilaso o la X de Camões. C. descarga la isometría de versos largos sirviéndose de la rima interna entre el penúltimo verso y el primer hemistiquio del último endecasílabo, siempre construido a minore; el modelo se encuentra en la canción CXXXVI de Petrarca y en la X de Camões. C. lo usó también en la Canción de Tirsi y en el libro IV de La Galatea, ff. 221-223. ¶ En el poema, la explicación de la muerte del pastor (suicidio) no resulta ambigua como en el relato en prosa (I, 12, 128, n. 3). Además, los versos señalan engaños e infidelidades de la amada, lo que contradice la fama de honestidad de Marcela (cf. abajo, 151, n. 42). Por esos motivos se ha creído que el poema había sido compuesto por C. con anterioridad a la composición del Q. Para la ambigüedad sobre la muerte de Grisóstomo, Avalle-Arce [1957a; 1974]. ¶ El exceso verbal de toda la canción es interpretado por Lapesa como una «exageración irónica de excesos expresivos no raros en la poesía petrarquista», idea que comparte Iventosch [1974], cuando interpreta todo el episodio de Grisóstomo y Marcela en sentido paródico al contrastar a los pastores aficionados con los verdaderos cabreros, aunque Lapesa reconoce, junto a la ironía para lo excesivo, comprensión y compasión para la tragedia vivida. Lapesa no coincide con Iventosh en cuanto a la baja calidad de la canción, sino que cree que se expresa en sus versos la «aspereza», como en Camões o en las rime petrose de Dante. Sobre las huellas de Garcilaso en C., muy perceptibles aquí, J.M. Blecua [1947a]; cf. también Marasso [1947/54], Rosales [1960:II, 487-510], Avalle-Arce [1975:91-116] y Lecturas. volver
  • (2) 146. 3—«Vaya mi clara voz de gente en gente» (Numancia, v. 2417). Lida de Malkiel [1950/84:519] señala el mismo motivo en la estrofa III del Laberinto de Fortuna de Mena; como creación del poeta cordobés lo sentía Torres Naharro, Aquilana, I, 236 ss. La emplearon también, entre otros, Garcilaso, égloga I, v. 160, y Ercilla, Araucana, XXI, 1. Un soneto de Hurtado de Mendoza, Poesía, p. 77, comienza «Lenguas extrañas y diversa gente». Aquí el pregón de las desdichas se opone al amor secreto. volver
  • (3) 147. 4—Kossoff [1966]. volver
  • (4) 147. 5—RM. volver
  • (5) 147. 6—Frente al maravilloso silencio, este principio de la Canción está lleno de ruidos, incluso opuestos al concertado son procedente de fray Luis. El fragor remite al canto del Polifemo ovidiano y al desorden de la naturaleza. volver
  • (6) 147. 8—PE. «No vamos a bodas, sino a rodear el mundo... y a oír silbos, rugidos, bramidos y baladros» (II, 5, 664). volver
  • (7) 147. 9—PE ve una referencia a la Égloga I de Virgilio; VGb. Las retóricas antiguas recomiendan para la corneja los epítetos «loquax, praesaga, sinistra, grata, improba». volver
  • (8) 147. 12—RM, Bataillon [1964:144-166], E. Asensio [1970a:235-237], Rico [1990b:1-32]b. El arrullo de la tórtola funciona aquí como índice de la muerte del enamorado. volver
  • (9) 147. 13—PE, CL, RM. volver
  • (10) 147. 14—Lapesa [1992:146]. volver
  • (11) 147. 15—CL, CT. C. utiliza la expresión también en La Galatea, III, f. 126: «Saldrá con la doliente ánima fuera» y en el Persiles, II, 3, f. 64v: «Salga con la doliente ánima fuera». volver
  • (12) 148. 17—«Baetis olivifera» (Marcial, XII, 98). volver
  • (13) 148. 18—RM; VG ve en el verso un eco de Garcilaso, égloga III. ¶ Las acumulaciones con las que se expresa Grisóstomo no hacen más que subrayar el carácter caótico de su propio pensamiento desesperado. volver
  • (14) 148. 21—Garcilaso, elegía II, vv. 176-177: «En la arenosa Libia, engendradora / de toda cosa ponzoñosa y fiera». PE. volver
  • (15) 148. 22—RM. volver
  • (16) 149. 25—RM. Los celos son un tema recurrente en C., quien normalmente los condena. volver
  • (17) 149. 26—Avalle-Arce [1975:108-109] propone la ambigüedad de la interpretación. Séneca, Fedra, 259: «Laqueone vitam finiam an ferro incubem?». volver
  • (18) 149. 29—Frenk [1987:núm. 760]. volver
  • (19) 150. 31—Cf. el comentario de Casiodoro al Salmo 118: «Oblivio non natura nobis venit, sed ab originalis peccati infirmitate descendit». volver
  • (20) 151. 36—Tántalo mató a su hijo Pélope para servirlo a los dioses en un banquete; por ello fue condenado a estar siempre en el río Erídano –el Po actual– cerca de unos árboles cargados de frutos; cuando quería beber o comer, las aguas bajaban y las ramas se retiraban de su alcance. Sísifo fue un rey de Corinto, tenido por el más astuto de los hombres y sobre quien se cuentan multitud de leyendas; al morir fue condenado por los dioses a transportar eternamente una enorme piedra desde el fondo de un valle a una alta cumbre; cuando llegaba a ella, el peñasco se desprendía y tenía que volver a subirlo. El gigante Ticio fue condenado por Júpiter a los infiernos por haber intentado violar a Latona; allí un buitre le arrancaba continuamente trozos del hígado, que le volvía a crecer siguiendo las fases de la luna. Egión o Ixión, nieto de Marte, abrasó a su suegro; luego quiso forzar a Juno; Júpiter, ofendido, lo despeñó a los infiernos, atándole a una rueda llena de serpientes que, como antes Ixión en el mundo, no deja nunca de moverse. ¶ Como Grisóstomo, también Camões (canción II), entre otros poetas, utiliza a estos condenados como figuras simbólicas de las penas interminables del amor no correspondido. Lo mismo hace Groto en el soneto que empieza «Tra vaghi pomi e chiare acque si vede», y también Cetina en la canción XI («Sobre las ondas del furioso Reno»). volver
  • (21) 151. 37—PE, RM. Hay una curiosa semejanza entre estos versos y los de la Carta XX de Diego Bernardes en O Lima: «Por más que un dulce canto tanto pueda / que detenga los ríos perenales / y la piedra no deje estarse queda, / lleve plantas tras sí, lleve animales, / y haga de Exión parar la rueda, / y Tántalo en las penas infernales / las aguas olvidar y las mañanas, / y su trabajo vano las hermanas, / y todos los tormentos del infierno / suspenda...». volver
  • (22) 151. 39—CL. volver
  • (23) 151. 40—PE. volver
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