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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo IX (1 de 2)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo IX
Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron (1 de 2)

Dejamos en la primera parte desta historia1 al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientesI, 2, tales, que, si en lleno se acertaban, por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia3, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba.

Causóme esto mucha pesadumbre4, porque el gusto de haber leído tan poco se volvía en disgusto de pensar el mal camino5 que se ofrecía para hallar lo mucho que a mi parecer faltaba de tan sabroso cuento. Parecióme cosa imposible y fuera de toda buena costumbre6 que a tan buen caballero le hubiese faltado algún sabio7 que tomara a cargo el escrebir sus nunca vistas hazañas8, cosa que no faltó a ninguno de los caballeros andantes,

de los que dicen las gentes
que van a sus aventuras9,

porque cada uno dellos tenía uno o dos sabios10 como de molde, que no solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos pensamientos y niñerías, por más escondidas que fuesen; y no había de ser tan desdichado tan buen caballero, que le faltase a él lo que sobró a Platir y a otros semejantes11. Y, así, no podía inclinarme a creer que tan gallarda historia hubiese quedado manca y estropeada, y echaba la culpa a la malignidad del tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas12, el cual, o la tenía oculta, o consumida.

Por otra parte, me parecía que, pues entre sus libros se habían hallado tan modernos como Desengaño de celos y Ninfas y pastores de Henares, que también su historia debía de ser moderna13 y que, ya que no estuviese escrita, estaría en la memoria de la gente de su aldea y de las a ella circunvecinas. Esta imaginación me traía confuso14 y deseoso de saber real y verdaderamente toda la vida y milagros de nuestro famoso español don Quijote de la Mancha, luz y espejo de la caballería manchega, y el primero que en nuestra edad y en estos tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y ejercicio de las andantes armas15, y al de desfacerII agravios, socorrer viudas, amparar doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes y palafrenes16 y con toda su virginidad a cuestas, de monte en monte y de valle en valle: que si no era que algún follón o algún villano de hacha y capellina17 o algún descomunal gigante las forzaba, doncella hubo en los pasados tiempos que, al cabo de ochenta años, que en todos ellos no durmió un día debajo de tejado, y se fueIII tan entera a la sepultura como la madre que la había parido18. Digo, pues, que por estos y otros muchos respetos es digno nuestro gallardo Quijote de continuas y memorables alabanzas, y aun a mí no se me deben negar, por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin desta agradable historia; aunque bien sé que si el cielo, el caso y la fortuna no me ayudanIV, 19, el mundo quedaraV falto y sin el pasatiempo y gusto que bien casi dos horas podrá tener el que con atención la leyere20. Pasó, pues, el hallarla en esta manera:

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sederoVI, 21; y como yo soyVII aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con carácteresVIII, 22 que conocí ser arábigos. Y puesto que aunque los conocía no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese23, y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara24. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo queIX de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese, y élX, sin dejar la risa, dijo:

—Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: «Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha»25.

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo26. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro, y, salteándosele al sedero27, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. ApartémeXI luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor28, y roguéle me volviese aquellos cartapacios29, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo30, y prometió de traducirlos bien y fielmenteXII, 31 y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa32, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.

Notas:

  • (1) El Q. de 1605, aunque con numeración seguida de capítulos, aparece dividido en cuatro partes de muy desigual extensión (véase I, 1, 35, n.*). Las razones de esta distribución han sido muy discutidas, atribuyéndose unas veces a propósitos literarios y otras a una reelaboración del original primitivo. º volver
  • (2) en guisa: ‘en actitud de’; fendientes: ‘golpes dados con el filo de la espada, de arriba abajo’. º volver
  • (3) y que...: el período concluye como si dependiera de y dijimos..., olvidando el inicial dejamos...; destroncada: ‘cortada’. º volver
  • (4) El segundo narrador o, quizá mejor, el narrador paralelo convertido en lector, toma la palabra en primera persona para contar su aventura personal con relación a la historia contada y a la que se va a contar; se recupera así el yo con que comenzaba el libro. º volver
  • (5) ‘la poca ocasión y mucha dificultad’ (compárese con el modismo: «Tener un pedazo de mal camino»). volver
  • (6) ‘fuera de todo buen proceder’ (véase el aforismo jurídico: «La buena costumbre hace ley»). volver
  • (7) Los libros de caballerías solían atribuirse a sabios (véase I, 2, 46, n. 18). º volver
  • (8) nunca vistas: ‘insólitas, extraordinarias’, pero también ‘que nunca fueron vistas’, porque no existieron. º volver
  • (9) Los versos están emparentados con los que añade Álvar Gómez de Ciudad Real en su traducción del Triunfo de Amor de Petrarca; los mismos versos se repiten en I, 49, 566, y II, 16, 752: en ellos se combina el caballeroCaballero aventurero con el enamorado. º volver
  • (10) Los autores fingidos de los libros de caballerías. º volver
  • (11) Se refiere al protagonista de la Crónica del caballero Platir. Véase I, 6, 79, n. 20. volver
  • (12) Traducción y amplificación del «Tempus edax rerum» de Ovidio, Metamorfosis, XV, 234. º volver
  • (13) Las dos obras, citadas en I, 6, 85, son de 1586 y 1587 respectivamente, pero el libro más moderno que se cita en la Primera parte es El pastor de Iberia, de 1591. Este dato, entre otros, ha sido utilizado para establecer las fechas de la primera elaboración del Q. (I, 2, 45, n. 6). º volver
  • (14) imaginación: ‘pensamiento’; como potencia del alma, se opone a fantasía (I, 1, 39, n. 32). º volver
  • (15) Se enuncia el lugar común de la calamidad del presente debida a la decadencia moral del hombre; es la Edad de Hierro frente a la Edad de Oro pasada, que se plantea varias veces en el libro (I, 11, 121-123). º volver
  • (16) azotes: ‘fustas, correas cortas y anchas que se emplean como látigos’; palafrenes: ‘caballos pequeños y mansos, propios para viaje, pero no para las armas’; Covarrubias, Tesoro, añade: «En estos, según los libros de caballerías, caminaban las doncellas por las selvas». º volver
  • (17) ‘capacete, casquete’; hacha y capellina eran las armas que tenían a su disposición el labrador y los de baja condición. También se armaba así, con lo que tenía a mano, el villano que, por alguna razón, se echaba al monte (II, 4, 660). º volver
  • (18) y se fue...: la construcción cambia a mitad del período. Se invierte, con malicia, el esperable: «como le había parido la madre». La alusión a la madre que lo parió a uno es tradicional en España para dar fuerza a una afirmación; incluso, descargada de sentido, queda como expresión de sorpresa o admiración.III, º volver
  • (19) el cielo, el caso y la fortuna: ‘la providencia, el azar y la fortuna’, elementos que se conjugan con frecuencia en el Humanismo, acaso con origen en Boecio (Consolación, V, 1); ayudan: puede entenderse ‘no llegan a ayudarme, no me hubieran ayudado’. º volver
  • (20) ‘sin las casi dos horas de entretenimiento que se podrán encontrar en el libro, si se lee con cuidado’; se ha objetado que es imposible leer la Primera parte del Q. en dos horas, por lo que gran parte de la crítica ha considerado que el pasaje se atiene al tópico de la captación de benevolencia, arropado por el de la modestia del autor y el de la petición de atención del lector. º volver
  • (21) La Alcaná era calle mercantil; cartapacios: ‘papeles en que se apuntan cosas diversas’ o ‘pliegos contenidos en una carpeta’; las mercancías se envolvían frecuentemente en papeles usados.VI, º volver
  • (22) C. acentuaba la palabra como esdrújula (II, 35, 922). volver
  • (23) morisco aljamiado: ‘el que habla castellano’. º volver
  • (24) El autor se refiere al hebreo, considerada la lengua mejor y la más antigua, por ser la del Antiguo Testamento. Posiblemente haya una alusión a los criptojudíos que seguían en Toledo, pese a la expulsión de 1492. º volver
  • (25) la mejor mano: ‘la mayor habilidad’; la visión desmitificadora de Dulcinea se acrecienta al conjugarla con la fama de moriscos de la población del Toboso, por hacerla salar un animal prohibido. º volver
  • (26) En el título del manuscrito encontrado se obvia todo género de calificativos referidos a DQ, tanto el de ingenioso como el de hidalgo o caballeroCaballero: serían, pues, añadidos del editor (C.), que se convertiría así en el primer lector-intérprete. La figura, nombre y función del autor ficticio, Cide Hamete Benengeli, y del traductor morisco han planteado múltiples problemas a la crítica. El presentarse como simple traductor de una obra escrita por otro es recurso frecuente en los libros de caballerías. º volver
  • (27) ‘adelantándome en el negocio al sedero’. volver
  • (28) ‘catedral’. volver
  • (29) volviese: ‘tradujese’. volver
  • (30) arrobas: ‘medida de peso, equivalente a unos doce kilos’ (como medida para líquidos, véase I, 37, 435, n. 7); fanegas: ‘medida de capacidad para grano, que equivale a unos cincuenta litros’. Con las pasas y la sémola del trigo se preparaba el alcuzcuz, plato muy apreciado por los moros. º volver
  • (31) ‘con toda exactitud’ (I, 25, 284, y 40, 467); fórmula de escribanos para dar cuenta de la copia de un documento. º volver
  • (32) ‘lo alojé en mi casa’; truje es forma etimológica de traje (I, 2, 53, n. 86). º volver

Notas críticas:

  • (I) 105.10 fendientes BR’ SB FL fedientes A B+ volver
  • (II) 106.21 al de desfacer B+ SB al desfacer A FL [El de se perdió por haplografía, pero dejando el rastro de la forma al. volver
  • (III) 107.4 y se fue A se fue edd. [El anacoluto es sin duda del autor. volver
  • (IV) 107.10 ayudan A+ ayudaran B+ volver
  • (V) 107.10 quedara C SB FL quedará A B que dará BR volver
  • (VI) 107.14 sedero A+ escudero B+ volver
  • (VII) 107.14-15 como yo soy A+ como soy B+ volver
  • (VIII) 107.17 [Nótese que C. pronunciaría carácteres  tanto en prosa (aquí y en II, 62, 1135) como en verso: II, 35, 922. volver
  • (IX) 108.6 Preguntéle yo que A+ Preguntéle que B+ volver
  • (X) 108.8 y él edd. y apartéme él BR volver
  • (XI) 108.24 Apartéme edd. BR’ Apartame B BR volver
  • (XII) 109.3 y fielmente edd. si fielmente BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 105.1—MU, VG. BW ve la división en cuatro partes como imitación de las cuatro en que se divide el Amadís; Casalduero [1949/75:21-47 y passim] la justifica como sistema de distribución estructural; según Stagg [1959; 1964] y Martín Morán [1990a:129 ss.]b, la posible falta de justificación de las partes se debe a una reelaboración del Q. primitivo, con dislocación de episodios e introducción de otros nuevos; este último la liga a la función creciente de Cide Hamete Benengeli. Flores [1979a] piensa en una primera distribución regular de cuatro partes de ocho capítulos cada una, en la que luego se intercalaron otros relatos, alargando algunas de ellas. Cf. Lecturas. volver
  • (2) 105.2—PE, CL, RM. volver
  • (3) 105.3—Algunos de los supuestos despistes o descuidos de C. parecen más bien errores de cajista (cf. abajo, 107, n. 18). L. Iglesias Feijoo ¶ «Con esto se acabó la ronda aquella noche, y de allí a dos días el gobierno, con que se destroncaron y borraron todos sus designios» (II, 49, 1034); «Mas quien el fin deste combate aguarda / me perdone si dejo destroncada, / la historia en este punto» (Araucana, XXIX, 53). ¶ Estudian la ruptura de la narración, desde un punto de vista estilístico o estructural, Olmeda [1958:109] y Gerli [1981]. Perret [1982:180] explica el juego entre la suspensión y la imagen dibujada. volver
  • (4) 105.4—MU, Moner [1989a:94, 133-138]. volver
  • (5) 105.7—BW, CL, MU. volver
  • (6) 105.8—Es expresión muy del gusto de C.: «Las hasta allí nunca vistas ceremonias» (I, 3, 61, y n. 60); «Nunca vistas locuras» (II, 62, 1137). L. Iglesias Feijoo ¶ CL. volver
  • (7) 106.9—CL I, 49, n. 35, RM, RQ; la traducción se publicó tras la Diana de Montemayor en la edición de Valladolid de 1561 y en la de Amberes de 1575; se pueden leer también en el Cancionero de Gallardo, vv. 506-510, p. 118: «Lanzarote y don Tristán / y el rey Artús y Galván / y otros muchos son presentes, / de los que dicen las gentes / que a sus aventuras van». Es posible, sin embargo, que tanto los versos de Gómez de Ciudad Real, como los de C. provengan de algún romance. volver
  • (8) 106.10—BW, PE, MU. ¶ Por ejemplo, Artemidoro y Lirgandeo, supuestos autores del Espejo de príncipes y caballeros. M.C. Marín Pina volver
  • (9) 106.12—La expresión se repite en I, 37, 437; 44, 517-518; II, 25, 845. volver
  • (10) 106.13—Stagg [1955]b opina que C. empezó la redacción del Q. en 1592, fecha que se ajusta a la publicación de El pastor de Iberia y a la que él considera la primera difusión del Entremés de los romances (Lecturas, I, 4 y 6); Stagg apoya su hipótesis en la afirmación de C. de que la novela «se engendró en una cárcel» (I, Pról., 9), ya que en 1592 C. fue encarcelado en Castro del Río. Murillo [1975:76-77] estima que C. empezó a concebir la idea de la novela entre 1590 y 1597, período en el que fue encarcelado dos veces, una en Castro del Río y otra en Sevilla, en 1597; la alusión a que la novela se engendrara en una cárcel podría ser —cree— metafórica. La redacción de los primeros capítulos se remontaría a los años 1597-1598, según lo que él considera como la probable fecha de composición del Entremés (1597). Al mismo tiempo, Murillo [1981a] sostiene que la historia del cautivo (I, 39), que de hecho transcurre veinte años después de Lepanto, constituye la versión más primitiva del Q., compuesta hacia los años 1589-1590. Para Riley [1986/90:41] el grueso de la novela fue redactado entre 1598 y 1604, después de la estancia en la prisión de Sevilla (1597). Orozco Díaz [1992:113-128] ubica en Sevilla el inicio de la redacción. Cf. I, Pról., 9, n. 8. ¶ La llamada de atención sobre el carácter contemporáneo de la historia, ya indicado en el inicio de la obra, señala una importante diferencia con los libros de caballerías. L. Iglesias Feijoo. volver
  • (11) 106.14—Avalle-Arce [1976:108 ss.], Egido [1991b:10-11]. La propia imaginación puede crear el manuscrito o forzar a hallarlo; para sus efectos cf. Morby [1958/68:189n]. volver
  • (12) 106.15—MU, Levin [1972], Murillo [1975; 1988:32-34], Endress [1991a: 24-39]. volver
  • (13) 106.16—Se ha pensado en una posible errata de azotes por azores (II, 30, 875), pero más adelante se dice que Dorotea «dio del azote a su palafrén» (I, 29, 337, y n. 23 Véase la nota complementaria 337.23 ubicada en el capítulo 29). L. Iglesias Feijoo ¶ BW, CL, RM. volver
  • (14) 107.17—BW, CL, RM, Riquer [1980:354-355]. volver
  • (15) 107.18—como la madre que la había parido: CL, RM, MU, Riley [1962/66:161-162; 1986/90:85]. El chiste se encuentra ya en el Belianís de Grecia; C. lo apoya en la inverosimilitud, ya no de los libros de caballerías, sino de la falsa doncellez expuesta como gran mérito en la literatura (y quizá en la sociedad) de la época: Ariosto se había burlado de ello, casi con las mismas palabras, en el Orlando furioso, I, 55, refiriéndolo a Angélica; Chevalier [1966:454]. Con mayor dureza que en este pasaje, C. hará decir a las viejas dueñas en El celoso extremeño, f. 150: «Todas las que estamos dentro de las puertas desta casa somos doncellas como las madres que nos parieron, excepto mi señora». volver
  • (16) 107.19—La idea pudo pasar a C. a través de Mena: Patch [1927]. volver
  • (17) 107.20—MZ, RM, AA, RQ; Orozco Díaz [1992:236], tras RM, lo explica afirmando que la intención del autor, en el momento de redactar el pasaje, era la de escribir un relato mucho más corto que el que resultó en definitiva. Es posible que se emplee el dos como signo tradicional de desconfianza: dos son también los frailes benitos, y dos los golpes que DQ da a la celada Armadura del siglo XVI (Devoto 1974:485-503). volver
  • (18) 107.21—PE, CL, RM, Amador de los Ríos [1911]. ¶ cartapacios: CL, RM. Cf. Viaje del Parnaso, VII, v. 257, f. 58v, y Herrero García [1983:819]. ¶ Era costumbre vender especias en papel de muy mala calidad: «Escribieron comedias tan poco artificiosas, que en pocos años las más servirán de envolver especias» (Cotarelo 1904:486b); y también: «Y ese tu don Quijote baladí / de culo en culo por el mundo va / vendiendo especias y azafrán romí, / y al fin en muladares parará» (apud Moner 1989a:25). Cf. también los Sueños de Quevedo, pp. 275 y 355nn. volver
  • (19) 107.23—PE, CL, RM, MU, Moner [1990]. ¶ Según Covarrubias, Tesoro, aljamía era para los moros cualquier lengua que no fuese la propia y de ahí, por antonomasia, el castellano para ellos. L. Iglesias Feijoo. volver
  • (20) 108.24—Domínguez Ortiz [1955/91; 1971], Caro Baroja [1962]b, Gómez-Menor [1970]. volver
  • (21) 108.25—Loupias [1976:89-90], El Saffar [1989:60-61]. volver
  • (22) 108.26—Cide significa ‘señor’; Hamete es el nombre árabe Hamid; Benengeli significa ‘aberenjenado’ o ‘berenjenero’. López Navia [1996]b resume las diferentes opiniones habidas para explicar el nombre del autor arábigo. L. Iglesias Feijoo ¶ Para las teorías sobre el nombre de Cide Hamete, PE, Percas de Ponseti [1975:I, 115-123]b; para su status, función de narrador, relación con los otros narradores y papel estructural en la obra entera, cf. Lecturas. ¶ Menéndez Pelayo [1943:II, 135] ve en el arranque del episodio una parodia del libro del cronista moro, supuesto autor del Lepolemo de Salazar; cf. Roubaud [1990:560-566]. El mismo truco del hallazgo del manuscrito arábigo fue utilizado por Ginés Pérez de Hita en Las guerras civiles de Granada (1595). ¶ Soons [1959] relaciona el nombre y la naturaleza de Cide Hamete con los secretos de la alquimia. ¶ Para López Navío [1960], C. quiso aludir a Lope de Vega. ¶ Márquez Villanueva [1973:183-257] ve similitudes con la Epístola XXIV de fray Antonio de Guevara. ¶ Ya Montalvo interrumpe el relato de Las Sergas de Esplandián en el cap. 98, para contar en el 99 cómo halló el libro en griego del maestro Elisabad, supuesto primer autor. L. Iglesias FeijooCf. Apéndices, 2. 1. volver
  • (23) 109.30—RM. Cf. Lerchundi, Vocabulario, s.v. «alcuzcuz»; cf. Martínez Montiño, Arte de cocina, pp. 166-167. Romance del cerco de Álora: «Los moros harina y trigo /... / y los moricos pequeños / llevan la pasa y el higo». volver
  • (24) 109.31—RM. volver
  • (25) 109.32—No debía de ser extraño el dar habitación al que hacía algún servicio mientras lo cumplía: Lope de Vega llevará a su casa al capitán Alonso de Contreras para que le cuente su historia, porque —dice— «pienso en dilatados versos honrarme de escribir sus valerosos hechos» (dedicatoria de El rey sin reino: Pelorson 1970). volver
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