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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo VIII (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo VIII
Del buen suceso1 que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,2 con otros sucesos dignos de felice recordación (1 de 3)

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra3, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra4.

—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.

—Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes5, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras6: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla7.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante8, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometerI. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes9, que ni oíaII las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba diciendo en voces altas:

—Non fuyades10, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:

—Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo11, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre12, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero13, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.

—¡Válame Dios! —dijo Sancho—. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

—Calla, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza14; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad15, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo16 han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.

—Dios lo haga como puede —respondió Sancho Panza.

Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba17. Y, hablando en la pasada aventura18, siguieron el camino del Puerto Lápice19, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero20; sino que iba muy pesaroso, por haberle faltado la lanza; y diciéndoselo a su escudero, le dijo:

—Yo me acuerdo haber leído que un caballero español llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espadaIII, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre «Machuca»21, y así él como sus decendientes se llamaron desde aquel día en adelante «Vargas y Machuca». Hete dicho esto porque de la primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco, tal y tan bueno como aquel que me imagino; y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas.

—A la mano de Dios22 —dijo Sancho—. Yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída.

—Así es la verdad —respondió don Quijote—, y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna23, aunque se le salgan las tripas por ella.

—Si eso es así, no tengo yo que replicar —respondió Sancho—; pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De mí sé decir que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse.

Notas:

  • (1) ‘éxito’ (I, «Orlando...», p. 31, v. 14). volver
  • (2) Los molinos de viento se conocían desde antiguo en EspañaLa España del «Quijote», pero el tipo que vio DQ probablemente era una relativa novedad, y hay quien dice que se introdujo hacia 1575, procedente de los Países Bajos. º volver
  • (3) ‘guerra justa’, en la que era lícito quedarse con el botín. º volver
  • (4) simiente: ‘estirpe’; adecuación de «Dii, talem terris avertite pestem» (‘Dioses, apartad de la tierra tan gran peste’), de Virgilio (Eneida, III, 620). º volver
  • (5) se parecen: ‘se ven’. volver
  • (6) cursado: ‘práctico, experimentado’. volver
  • (7) desigual: ‘ardua, sumamente peligrosa’. º volver
  • (8) dio de espuelasArmadura del siglo XVI: ‘espoleó’. volver
  • (9) tan puesto en que: ‘tan empeñado, tan convencido de que’. º volver
  • (10) ‘No huyáis’; al volver a la aventura caballeresca, DQ retoma el lenguaje arcaico. º volver
  • (11) Hermano de los Titanes, hijo de Urano y la Tierra, que se opuso a Júpiter; según la mitología poseía cien brazos y cincuenta cabezas con bocas que arrojaban llamas: la idea de amenaza horrible se hace así presente. º volver
  • (12) ‘soporte en el petoArmadura del siglo XVI de la coraza para encajar y afianzar la empuñadura de la lanza’; así, al atacar, se podía impulsar con todo el cuerpo y no solo con el brazo. º volver
  • (13) Posible recuerdo de una frase bíblica (Éxodo, XV, 21) que acentuaría la ironía del pasaje. º volver
  • (14) Parece un adagio que acaso provenga de Cicerón. º volver
  • (15) La frase es una variación sobre una fórmula habitual en la lengua desde la Edad Media, utilizada por C. con bastante insistencia (I, 11, 127; 12, 132; 26, 293; etc.). º volver
  • (16) ‘al fin de todo’; la duplicación, como en otras ocasiones, es un potenciador (I, 2, 48, n. 33). volver
  • (17) ‘tenía medio descoyuntada la paletilla’. volver
  • (18) hablando en: ‘conversando acerca de’. º volver
  • (19) Paso entre dos colinas en el camino real de la ManchaLa España del «Quijote», (detalle) a Andalucía, también llamado Ventas de Puerto Lápice. º volver
  • (20) ‘transitado’. º volver
  • (21) Lo relatado sucedió en el cerco de Jerez (1223), en tiempo de Fernando III; machucar: ‘machacar’. º volver
  • (22) ‘Que sea lo que Dios quiera’, ‘Hágase su voluntad’ (II, 35, 928); se trunca me encomiendo. º volver
  • (23) no es dado: ‘no está permitido’. º volver

Notas críticas:

  • (I) 95.19 iba a acometer edd. iba acometer C volver
  • (II) 95.20 ni oía edd. no oía C volver
  • (III) 97.2 roto la espada C SB rota la espada A FL rota la espalda B BR volver

Notas complementarias:

  • (1) 94.2molinos de viento: CL, VG, Sánchez Molledo [1987; 1993b, con iconografía], García Tapia [1989], López Gómez [1990:236-238] y Lecturas; Redondo [1980; 1991b] ve en el molino Tecnología popular y aperos de labranza un símbolo emblemático de la locura. Cf. también Aubrun [1972] y Márquez Villanueva [1980/95:53-55]. ¶ de felice recordación: El giro (‘de digna memoria’) es frecuente en el lenguaje caballeresco (cf. I, 39, 453, y II, 5, 663). AA n. al epígrafe de II, 5. volver
  • (2) 95.3—RM, VG. Es guerra justa porque se hace contra gigantes, que en la Biblia (Nembrot y Goliat), en los libros de caballerías, en la mitología (Briareo) o en el folclore aparecen como enemigos de los hombres (I, 1, 40, n. 37). Cf. Apéndices, 2. 7. volver
  • (3) 95.4—Marasso [1947/54:56-57]. volver
  • (4) 95.7—RM. volver
  • (5) 95.9—RM. ¶ Avery [1961-1962] opina que la transfiguración de los molinos en gigantes procede de un episodio de la Divina Commedia, en el que se confunde a los gigantes con torres (Inferno, XXXI). volver
  • (6) 95.10—RQ. volver
  • (7) 95.11—BW; el gigante Briareo aparece en la Divina Commedia (Inferno, XXXI, 97-99, y Purgatorio, XII, 28-30) y en la Eneida, X, 565 ss.: «Aegaeon qualis, centum cui bracchia dicunt / centenasque manus, quinquaginta oribus ignem / pectoribusque arsisse, Iovis cum fulmina contra / tot paribus streperet clipeis, tot stringeret ensis». volver
  • (8) 96.12—PE, Riquer [1980:348-349]. volver
  • (9) 96.13—Éxodo, XV, 21: «Cantemus Domino, gloriose enim magnificatus est, / equum et ascensorem deiecit in mare»; MU señala también la posible mediación de Herrera: «y el caballo y el caballero». volver
  • (10) 96.14—«Incertus exitus et fortuna belli» (Cicerón, Pro Marcello). volver
  • (11) 96.15—Morreale [1979:487], Eisenberg [1988:37 ss.]. volver
  • (12) 96.18—hablar en: CC, con ejemplos de C., Lope de Vega y Lucas Fernández. volver
  • (13) 96.19—Puerto Lápice: Debía de estar en la ruta de Sevilla a León; allí se encontraban dos ventas, con una de las cuales quizá sea posible identificar la que va a encontrar DQ: la Venta del Molinillo y la Venta de los Locos; cf. Meneses Correo, Reportorio, f. XXXIIII. volver
  • (14) 96.20—RQ. volver
  • (15) 97.21—Machuca: PE, CT, CZ; el hecho se cuenta en la Primera Crónica General, en el Valerio de las historias escolásticas y de España La España del «Quijote» de Diego Rodríguez de Almela y en el Romancero de Lorenzo de Sepúlveda; en el romance se arranca una rama de olivo. ¶ Moner [1989a:247-252] subraya el valor de la cita de proezas ejemplares en el relato oral; Egido [1991b:14] lo señala como punto de referencia en la memoria para el acometimiento de la aventura. volver
  • (16) 97.22—RM, Correas, Vocabulario, p. 598a. volver
  • (17) 97.23—BW, CL, RM; quejarse estaba prohibido en el ordenamiento de los Caballeros de la Banda, recogido en el Doctrinal de caballeros de Alonso de Cartagena y en Origine de’ cavalieri de F. Sansovino (Venecia, 1566). Cf. también Rodríguez Velasco [1996]. volver
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