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Don Quijote de la Mancha

Capítulo VIII
Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación (3 de 3)

Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes y preguntáronle que por qué le desnudaba. Respondióles Sancho que aquello le tocaba a él ligítimamenteXI como despojos de la batalla que su señor don Quijote había ganado. Los mozos, que no sabían de burlas49, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que ya don Quijote estaba desviado de allí hablando con las que en el coche venían, arremetieron con Sancho y dieron con él en el suelo, y, sin dejarle pelo en las barbas, le molieron a coces50 y le dejaron tendido en el suelo, sin aliento ni sentido. Y, sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro; y cuando se vio a caballo, picó tras su compañero51, que un buen espacio de allí le estaba aguardando, y esperando en qué paraba aquel sobresalto, y, sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino, haciéndose más cruces que si llevaran al diabloXII a las espaldas52.

Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole:

—La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniere en talante53, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo, derribada por este mi fuerte brazo; y por que no penéis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventureroXIII, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y, en pago del beneficio que de mí habéis recebido, no quiero otra cosa sino que volváis al TobosoXIV, 54 y que de mi parte os presentéis ante esta señora y le digáis lo que por vuestra libertad he fechoXV.

Todo esto que don Quijote decía escuchaba un escudero de los que el coche acompañaban, que era vizcaíno55, el cual, viendo que no quería dejar pasar el coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso, se fue para don Quijote y, asiéndole de la lanza, le dijo, en mala lengua castellana y peor vizcaína, desta manera:

—Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno56.

Entendióle muy bien don Quijote, y con mucho sosiego le respondió:

—Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura57.

A lo cual replicó el vizcaíno:

—¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojasXVI y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa58.

—Ahora lo veredes, dijo Agrajes59 —respondió don Quijote.

Y, arrojandoXVII la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela, y arremetió al vizcaíno, con determinación de quitarle la vida. El vizcaíno, que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler60, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche61, de donde pudo tomar una almohada62, que le sirvió de escudo, y luego se fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente quisiera ponerlos en paz, mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal trabadas razones que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a don Quijote encima de un hombro63, por encima de la rodela, que, a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura64. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe65, dio una gran voz, diciendo:

—¡Oh, señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad en este riguroso trance se halla!

El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno, todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un golpe soloXVIII, 66.

El vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo su coraje, y determinó de hacer lo mesmo que don Quijote; y, así, le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte67, que ya, de puro cansada y no hecha a semejantes niñerías, no podía dar un paso.

Venía, pues, como se ha dicho, don Quijote contra el cauto vizcaíno con la espada en alto68, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le aguardaba ansimesmo levantada la espada y aforrado con su almohada69, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que había de suceder de aquellos tamaños golpes con que se amenazaban70; y la señora del coche y las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imágenes y casas de devoción de España71, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban.

Pero está el daño de todo esto que en este punto y término deja pendiente el autor desta historia esta batalla72, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas de don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor desta obra73 no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha, que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte.

Lectura comentada (Claudio Guillén)

Notas:

  • (49) ‘que no estaban para bromas’. º volver
  • (50) ‘le arrancaron la barba y le dieron de patadas’; la ofensa es tanto moral como física (I, 7, 91, n. 26). volver
  • (51) picó: ‘apresuró el paso’. volver
  • (52) haciéndose cruces: ‘santiguándose para conjurar el mal’. º volver
  • (53) ‘lo que fuere de su gusto’ (I, 30, 351). º volver
  • (54) ‘os desviéis del camino para ir al Toboso’. En lo de imponer a la señora del coche presentarse ante Dulcinea, DQ sigue el ejemplo de héroes caballerescos como Amadís, quien encargó a los caballeros y doncellas que él había salvado del poder del gigante Madarque que fuesen a presentarse ante la reina Brisena (Amadís de Gaula, III, 65). º volver
  • (55) ‘vasco’, de cualquiera de las tres provincias; este personaje era guipuzcoano, de Azpeitia (I, 9, 109, n. 36). volver
  • (56) ‘Vete, caballero, en hora mala, que, por el Dios que me crió, si no dejas el coche es tan cierto que este vizcaíno te matará como que tú estás aquí’; el parlamento del vizcaíno esconde dos chistes a cuenta de DQ: decir caballero que mal andes a quien pretende ser caballero andante, y vizcaíno, que equivalía a ‘tonto’, que por concordancia se puede aplicar a DQ. A los vizcaínos se les atribuía un lenguaje convencional, que Quevedo caricaturiza en el Libro de todas las cosas; eran además objeto de sátira en la literatura de la época, sobre todo en el teatro, por sus ínfulas de nobleza, su inocencia o simpleza y su valor, junto con su facilidad para ofenderse y encolerizarse. º volver
  • (57) ‘criatura mezquina, endemoniada’ (I, 4, 70, n. 78). º volver
  • (58) ‘¿Que no soy caballero? Juro a Dios, como cristiano, que mientes mucho. Si arrojas la lanzaArmas blancas y sacas la espada ¡verás cuán presto me llevo el gato al agua! El vizcaíno es hidalgo por tierra, por mar y por el diablo; y mira que mientes si dices otra cosa’; llevarse el gato al agua: ‘salirse con la suya’. Era proverbial el aferramiento de los vascos a su hidalguía (véase arriba, n. 56); ponerla en duda constituía para ellos la mayor ofensa: por eso el vasco desmiente (y ofende gravemente) dos veces a DQ. º volver
  • (59) Fórmula proverbial de amenaza (I, 43, 508); con todo, Agrajes, personaje del Amadís, nunca en el texto conservado utiliza tal expresión. º volver
  • (60) Era tópica la mala fama de las mulas de alquiler (I, 29, 342; II, 40, 951). Nótese la paronomasia mula/mala. º volver
  • (61) avínole bien: ‘tuvo la fortuna’. º volver
  • (62) El hecho de que se utilice una almohadaEl estrado como escudo aumenta la comicidad del duelo entre DQ y el vizcaíno. º volver
  • (63) cuchillada: ‘golpe dado con el filo de la espada’ (II, 19, 788, n. 50). volver
  • (64) Hipérbole propia de los libros de caballerías. º volver
  • (65) pesadumbre: ‘peso, fuerza’; y también ‘ofensa, injuria, dolor’, por haber recibido el primer golpe en el combate. volver
  • (66) ‘a un único golpe’.XVIII, º volver
  • (67) ‘sin conseguir que la mula girase sobre sí misma’ para poder dar frente a DQ. volver
  • (68) cauto: ‘resguardado’; conserva el valor etimológico. º volver
  • (69) aforrado: ‘abrigado, protegido’. volver
  • (70) colgados: ‘suspensos y pendientes’. º volver
  • (71) casas de devoción: ‘santuarios, ermitas’. º volver
  • (72) ‘combate, batalla singular’; la interrupción del relato para suscitar el interés del lector, recurso literario frecuente en los libros de caballerías y en poemas épicos, es utilizada por C. con intención jocosa. º volver
  • (73) Hasta este momento la historia de DQ ha sido contada en primera persona («no quiero acordarme») por un narrador innominado y neutro, que ha recogido, ocasionalmente, las indicaciones que el propio DQ hacía al futuro historiador que escribiría sus aventuras (I, 2); pero en I, 1, 37 se dice que «hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben»: se crea así una ambigüedad sobre la identidad de los narradores, traductores y revisores de esta «verdadera historia», que modifican la perspectiva y la focalización del relato, lo que ha sido motivo de amplia discusión entre los comentaristas del Q. º volver

Notas críticas:

  • (XI) 101.4-5 ligítimamente A+ legítimamente B+ volver
  • (XII) 101.16 al diablo edd. el diablo C volver
  • (XIII) 101.23-24 y aventurero edd. om. C volver
  • (XIV) 101.26 Toboso edd. Totoboso A volver
  • (XV) 101.27 fecho edd. hecho BR volver
  • (XVI) 102.13 arrojas B+ SB arojas A FL volver
  • (XVII) 102.17 arrojando B+ SB arojando A FL volver
  • (XVIII) 103.19 a la de un golpe solo LI:PC SB FL a la de un gol solo A a la (allá BR’) de un solo golpe B+ volver

Notas complementarias:

  • (34) 101.49—MU. volver
  • (35) 101.52—Recuérdese también el dicho proverbial «Detrás de la cruz está el diablo». volver
  • (36) 101.53—CT n. a I, 30, 351. volver
  • (37) 101.54—CL, RM. volver
  • (38) 102.56—CL, RM, Urquijo [1925], F. Ynduráin [1951], González López [1972b], Percas de Ponseti [1975:I, 76-84], Ascunce Arrieta [1979], Bloom [1981], Gerhard [1982:49-55]. ¶ Para el tratamiento del vizcaíno en la literatura del Siglo de Oro, cf. Castillo Solórzano, Tardes, pp. 141-145 y n. 46, Herrero García [1966:249-274]b, y Lecturas. volver
  • (39) 102.57—CL I, 21, n. 13; Lida de Malkiel [1942/77]. volver
  • (40) 102.58—Sobre el significado de la expresión llevarse el gato al agua, PE, y cf. Covarrubias, Tesoro; Rodrigo Caro, Días lúdicros, II, 126 ss., lo identifica como término de un juego similar a la sokatira vasca (Funis contentiosus). volver
  • (41) 102.59—PE, CL, RM, Bataillon [1962], Riquer [1987; 1989a]; para darle forma de refrán se prolongó...con sus pajes (Correas, Vocabulario, p. 64b). volver
  • (42) 102.60—Bañeza Román [1981]. volver
  • (43) 103.61—Oudin. volver
  • (44) 103.62—VG, Zimic [1970]. volver
  • (45) 103.64—RM. volver
  • (46) 103.66—a la de un golpe solo: El la es un «instrumento confidencial», en la nomenclatura de Spitzer [1948/55]: no hay que suponer ninguna elipsis (>RM, MU); este tipo de construcción es muy corriente en castellano. volver
  • (47) 103.68—Gerli [1981] compara las cuatro descripciones que se hacen de este combate (I, 8, 103-104; 9, 105; 109, y 110-111). volver
  • (48) 103.70—RM. volver
  • (49) 104.71—CT. volver
  • (50) 104.72—CL, RM. La suspensión de la narración y el combate han sido vistos como resultado de una imitación, admirativa o paródica de la que sucede entre la Segunda y Tercera Parte de la Araucana, entre los cantos XXIX y XXX (Ercilla presumía de vizcaíno); la diferencia fundamental entre ambas obras estriba en que en el poema se confiesa la intención de que el lector espere, interesado, la siguiente entrega, que tardará once años en producirse (entre 1578 y 1589), mientras que aquí es la creación y uso de un recurso narrativo nuevo. Cossío [1954], Chevalier [1966:157-158], Lida de Malkiel [1974:136-137], Gerli [1981], Caplan [1993]. ¶ Murillo [1981b:672-673] diferencia este combate de los caballerescos por la presencia de la ira. volver
  • (51) 104.73—Ródenas de Moya [1955]; cf. Lecturas, 9 y 10. volver
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