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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo VI (1 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo VI
Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo (1 de 3)

El cual aún todavía dormía1. Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana. Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados2, y otros pequeños; y, así como el ama los vio3, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo4, y dijo:

—Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de lasI que les queremos dar echándolos del mundo5.

Causó risa al licenciado la simplicidad del amaII, 6 y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego7.

—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallosIII por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos8 y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo9.

Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello10 sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula11, y dijo el cura:

—Parece cosa de misterio esta12, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen deste; y, así, me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin escusa alguna condenar al fuego.

—No, señor —dijo el barbero—, que también he oído decir que es el mejorIV de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.

—Así es verdad —dijo el cura—, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él.

—Es —dijo el barbero— Las sergas de Esplandián13, hijo legítimo de Amadís de Gaula14.

—Pues en verdad —dijo el cura— que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer.

Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.

—Adelante —dijo el cura.

—Este que viene —dijo el barbero— es Amadís de Grecia15, y aun todos los deste lado, a lo que creo, son del mesmo linaje de Amadís.

—Pues vayan todos al corral —dijo el cura—, que a trueco de quemar a la reina Pintiquiniestra, y al pastor DarinelV, y a sus églogas, y a las endiabladas y revueltas razones de su autor, quemaréVI con ellos al padre que me engendró, si anduviera en figura de caballero andante.

—De ese parecer soy yo —dijo el barbero.

—Y aun yo —añadió la sobrina.

—Pues así es —dijo el ama—, vengan, y al corral con ellos.

Diéronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera y dio con ellos por la ventana abajo.

—¿Quién es ese tonel16? —dijo el cura.

—Este es —respondió el barbero— Don Olivante de Laura17.

—El autor de ese libro —dijo el cura— fue el mesmo que compuso a JardínVII de flores18, y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero o, por decir mejor, menos mentiroso; solo sé decir que este irá al corral, por disparatado y arrogante.

—Este que se sigue es FlorismarteVIII de Hircania19 —dijo el barbero.

—¿Ahí está el señor Florismarte? —replicó el cura—. Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su estraño nacimiento y soñadasIX aventuras, que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él, y con esotro, señora ama.

—Que me place, señor mío —respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.

—Este es El caballero Platir20 —dijo el barbero.

—Antiguo libro es ese —dijo el cura—, y no hallo en él cosa que merezca venia21. Acompañe a los demás sin réplica.

Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título El caballero de la Cruz22.

—Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir «tras la cruz está el diablo»23. Vaya al fuego.

Notas:

  • (1) La frase depende de la última del capítulo anterior; el sujeto de la oración siguiente es el cura: ‘DQ dormía... El cura pidió a la sobrina las llaves...’. Véase I, 4, 62, n. 1. º volver
  • (2) ‘tomos en folio encuadernados en pasta’; para la época, una biblioteca de cien infolios y otros muchos de tamaño menor era considerable. El aprecio del hidalgo por ellos y el dinero gastado se muestra en el decir que están muy bien encuadernados, no protegidos simplemente, pues, con las habituales cubiertas de pergamino. Del escrutinio de la biblioteca del hidalgo que aquí comienza pueden desprenderse ciertas preferencias literarias de C. º volver
  • (3) así como: ‘en cuanto, tan pronto como’. volver
  • (4) ‘un cuenco de agua bendita y una ramita de hisopo’; no era extraño tener en las casas un poco de agua bendita con que llenar las pilas que había en algunas habitaciones o a la entrada del edificio. º volver
  • (5) ‘en castigo de las penas del infierno al que han de volver tras el exorcismo’. º volver
  • (6) ‘ingenuidad’. volver
  • (7) Se continúa la alegoría del acto público, y ahora sí de Inquisición, que se había iniciado en I, 5, 75. º volver
  • (8) ‘un montón con ellos’. volver
  • (9) ‘no molestará el humo’. volver
  • (10) ‘no consintió en ello’. º volver
  • (11) Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula; según lo que C. sabía, es, como dice el cura, el primer libro de caballerías impreso en España, puesto que no conocía la primera edición del Tirant lo Blanch —solo había visto la traducción castellana— ni la rarísima del Zifar; de todas formas, si no el primero impreso, sí fue aquel del que tomaron principio y origen todos los demás. La versión que se imprime a lo largo del XVI es la refundición hecha por Garcí Rodríguez de Montalvo de una versión más antigua. º volver
  • (12) ‘parece algo providencial’. º volver
  • (13) Continuación natural del Amadís, cuyo título completo es El ramo que de los cuatro libros de Amadís de Gaula sale, llamado de las sergas del muy esforzado caballero Esplandián, hijo del excelente rey Amadís de Gaula y que fue escrita por el mismo Montalvo que refundió el Amadís, quien aprovechó las alusiones a Esplandián que aparecían en el manuscrito del Amadís primitivo, modificó su final y convirtió a aquel en el protagonista de un nuevo libro. Según Montalvo, sergas significa ‘proezas’; véase II, 71, 1202, n. 30, para sargas. º volver
  • (14) Esplandián, hijo natural de Amadís y Oriana, se convierte en legítimo con la boda final de sus padres (IV, 125). Véase I, «La señora...», p. 27, v. 14. volver
  • (15) El Amadís de Grecia, de Feliciano de Silva (citado en I, 1, 37, y n. 19), es el noveno de la serie de los Amadises. El cura manifiesta cierta admiración no solo por algunos personajes, sino también por las églogas y por el estilo del libro, a pesar de las endiabladas y revueltas razones con que se manifiesta. º volver
  • (16) Por alusión al tamaño del volumen (en realidad, no tan grueso). º volver
  • (17) Se trata de la Historia del invencible caballero don Olivante de Laura, príncipe de Macedonia, que por sus admirables hazañas vino a ser emperador de Constantinopla (1564), de Antonio de Torquemada. º volver
  • (18) El Jardín de flores curiosas, de Antonio de Torquemada, es un centón de noticias extrañas que sirvieron de fuente a algunos pasajes del Persiles. º volver
  • (19) Se trata de la Primera parte de la grande historia del muy animoso y esforzado príncipe Felixmarte de Hircania y de su estraño nascimiento (1556), de Melchor Ortega; lo estraño de su nacimiento fue el parto de su madre en despoblado, en circunstancias que recuerdan levemente las de la Comedia Rubena de Gil Vicente. En el cuerpo de la obra, el protagonista cambia su nombre de Florismarte por el de Felixmarte, con el que se citará otras veces en el Q. Hircania era una región del Asia Menor cuyos habitantes y animales se caracterizaban por su crueldad.VIII, º volver
  • (20) La crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir, hijo del invencible emperador Primaleón (1533), anónima, es el tercer libro de la serie de los Palmerines; sus hazañas o su estilo no debían de parecer gran cosa a DQ, cuando puede decir que «no había de ser tan desdichado tan buen caballero, que le faltase a él lo que sobró a Platir y a otros semejantes» (I, 9, 106). º volver
  • (21) ‘merezca perdón’. volver
  • (22) Se compone de dos libros: el primero es La crónica de Lepolemo, llamado el caballero de la Cruz (1521), de Alonso de Salazar; el segundo, Leandro el Bel (1563), donde se añaden las hazañas del hijo de Lepolemo, traducido del italiano por Pedro de Luxán, autor también de unos Coloquios matrimoniales, muy populares. No sabemos a cuál de los dos libros puede referirse el cura. º volver
  • (23) ‘detrás de lo que aparenta ser lo mejor o más santo, puede ocultarse lo malo’ o ‘bajo visos de santidad se encuentra la hipocresía’; es refrán. º volver

Notas críticas:

  • (I) 77.6 de las edd. de la C volver
  • (II) 77.8 ama edd. alma C volver
  • (III) 77.13 arrojallos SB FL arrojarllos A arrojarlos B+ [Cf. Flores (1985: 90, n. 23). volver
  • (IV) 78.2 el mejor edd. lo mejor BR volver
  • (V) 78.18 Darinel edd. Dariniel C volver
  • (VI) 78.19 quemaré A+ quemara B+ [El uso de C. alterna las dos formas. volver
  • (VII) 79.3 a Jardín A B+ al Jardín BR’ el Jardín FL volver
  • (VIII) 79.6 Florismarte edd. Florimorte A Florimonte A’ [La lectura de A, aquí y en seguida, es corrección introducida en el curso de la impresión. Cf. FL I:XIX. volver
  • (IX) 79.9 soñadas B+ sonadas A+ [Cf. arriba, 39. 14. volver

Notas complementarias:

  • (1) 76.1—Sobre el enlace de capítulos como técnica innovadora: AA, VG. MZ, RQ y Flores [1979b] piensan en una distribución de capítulos posterior a la redacción; PE opina que el pasaje es defectuoso. ¶ Riley [1986/90:87-88] establece una relación entre las fantasías caballerescas de DQ y el sueño, llamando la atención sobre el hecho de que DQ está dormido mientras tiene lugar el escrutinio de su biblioteca. volver
  • (2) 76.2—Rubens [1957], Bohigas y Balaguer [1962:231-248, 283-300], Millares Carlo [1971:260], Chevalier [1976], Bennassar [1983:287-299] y Lecturas. ¶ Para la ausencia de cancioneros y romanceros, cf. Lecturas. volver
  • (3) 77.4—En el Exorcismus domus a Daemonio vexatae, según el Ritual Toledano, se asperjaba con agua bendita en tres momentos; el exorcismo no figura en el Ritual romano. volver
  • (4) 77.5—La conjuratio del rito del exorcismo es la siguiente: «Adiuro te, serpens antique, per iudicem vivorum et mortuorum, per factorem mundi, qui habet potestatem mittere te in gehennam, ut ab hac domo festinus discedas. Ipse tibi imperat, maledicte diabole, qui ventis ac mari et tempestatibus imperavit. Ipse tibi imperat, qui de supernis coelorum in inferiora terrae te demergi praecepit. Ipse tibi imperat, qui te retrorsum abire praecepit». volver
  • (5) 77.7—AA, Gilman [1970], que reseña además las ocasiones en que se habla de libros en la Primera parte. ¶ Marasso [1947/54:103-105] ve en la quema de los libros un recuerdo de la de los de don Enrique de Villena, en Laberinto de Fortuna, 127 y 128: «Es don Enrique, señor de Villena /... / Perdió los tus libros sin ser conocidos / y como en exequia te fueron ya luego / unos metidos al ávido fuego, / otros sin orden no bien repartidos». ¶ M. Aguirre [1976:88-90] ve una crítica a la huida de la realidad por medio de los libros. Cf. también V. Lloréns [1974:47-66]. volver
  • (6) 77.10—«Jamás podía sacar della una pequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese» (I, 33, 391). volver
  • (7) 77.11—CL, RM, MU, RQ. La primera edición conservada del Amadís es de 1508, pero es probable que existiese una anterior de finales del siglo XV: Ramos Nogales [1994; en prensa]. ¶ Sobre la tradición del Amadís, Rodríguez Moñino [1956], Cacho Blecua [1987-1988] y Avalle-Arce [1990]. volver
  • (8) 77.12—RM. Marasso [1947/54:103-105] relaciona la frase con la dedicatoria de Villén de Viedma a su versión del Arte poética horaciana: «Lo postrero en orden de todas las obras de Horacio es el Arte poética, que no sin misterio tiene este lugar; pues (como V.M. sabe) las cosas que ordenaron los hombres discretos no son acaso, sino con prudencia y acuerdo»; según ello, existiría la intención de que el lector se fijara en el orden y clase de los libros sobre los que se ejerce el escrutinio. Cf. también Gilman [1970]. volver
  • (9) 78.13—Para el significado de sergas, RQ (>PE, CL, RM). Cf. Lida de Malkiel [1952-1953] y L.C. Pérez [1969:112]. volver
  • (10) 78.15—PE, CL, Cravens [1976:42]. Cf. también I, 24, 268. volver
  • (11) 78.16—MU, CZ, AA, Rodríguez Cacho [1991]. CL, RM y RQ piensan que puede haber una confusión en C. al llamar tonel a este libro, no excesivamente grueso. volver
  • (12) 79.17—CL, MU. volver
  • (13) 79.18—PE, CL, Ticknor [1851-1856:III, 313], González de Amezúa y Mayo [1943:IX-XXXVIII], A. Reyes [1947], Riley [1962/66:280-281], Allegra [1982:9-84]. volver
  • (14) 79.19—PE, CL. ¶ El libro está dividido en tres partes, y cada una de ellas lleva su correspondiente título. En la licencia se dice que el autor ha compuesto un libro de caballerías «intitulado de la historia y hechos del príncipe Felismarte de Hircania». M.C. Marín Pina. volver
  • (15) 79.20—PE, CL. ¶ La serie española de los Palmerines consta de tres libros: Palmerín de Olivia (1511), Primaleón (1512) y Platir (1533). Se vinculó a la serie, como libro tercero, Polindo (1526), pero no tiene nada que ver. M.C. Marín Pina. volver
  • (16) 79.22—Para los problemas planteados por El Caballero de la Cruz: PE, CL, SB, RM, Bataillon [1937/66:649-651]. Roubaud [1990]b se inclina por el primero, tras analizar las causas del juicio del cura. Se ha llegado a conjeturar que C. leyó la edición de Toledo (1562): Eisenberg [1987c: 291]. ¶ El título completo del segundo libro es: Libro segundo del esforzado Caballero de la Cruz Lepolemo, príncipe de Alemaña, que trata de los grandes hechos en armas del alto príncipe y temido caballero Leandro el Bel, su hijo (Toledo, 1563). M.C. Marín Pina volver
  • (17) 79.23—Horozco, Teatro, núm. 3015. volver
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