Capítulo II
Que trata de la primera salida que de su tierra hizo
el ingenioso don Quijote (1 de 2)
Hechas, pues, estas prevenciones, no
quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su
pensamiento1,
apretándole a ello la falta que él pensaba
que hacía en el mundo su tardanza,2
según eran los agravios que pensaba deshacer,
tuertos que enderezar3,
sinrazones que emendar y abusosI
que mejorar4 y deudas
que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona
alguna de su intención5 y sin
que nadie le viese, una mañana, antes del
día, que era uno de los calurosos del mes de
julio6, se
armó de todas sus armas7,
subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta
celada, embrazó su adarga8,
tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral
salió al campo9, con
grandísimo contento y alborozo de ver con
cuánta facilidad había dado principio a su
buen deseo. Mas apenas se vio en el campo, cuando le
asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por
poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que
le vino a la memoria que no era armado caballero y
que, conforme a ley de caballería, ni podía
ni debía tomar armas con ningún caballero10, y
puesto que lo fuera, había de llevar armas
blancas11, como
novel caballero, sin empresa en el escudo12, hasta
que por su esfuerzo la ganase. Estos pensamientos le
hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo
más su locura que otra razón alguna,
propuso de hacerse armar caballero del primero que
topase, a imitación de otros muchos que así
lo hicieron, según él había leído
en los libros que tal le tenían13. En lo
de las armas blancas14,
pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que
lo fuesen más que un arminioII, 15;
y con esto se quietó16 y
prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel
que su caballo quería, creyendo que en aquello
consistía la fuerza de las aventuras17.
Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero,
iba hablando consigo mesmo y diciendo:
—¿Quién duda sino que
en los venideros tiempos, cuando salga a luz la
verdadera historia de mis famosos hechos, que el
sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a
contar esta mi primera salida tan de mañana,
desta manera?18:
«Apenas había el rubicundo Apolo tendido
por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas
hebras de sus hermosos cabellos19, y
apenas los pequeños y pintados pajarillos con
sus harpadas lenguas20
habían saludado con dulce y meliflua
armonía la venida de la rosada aurora, que,
dejando la blanda cama del celoso marido, por las
puertas y balcones del manchego horizonte a los
mortales se mostraba21,
cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha,
dejando las ociosas plumas22,
subió sobre su famoso caballo Rocinante y
comenzó a caminar por el antiguo y conocido
campo de Montiel»23.
Y era la verdad que por él
caminaba. Y añadió diciendo:
—Dichosa edad y siglo dichoso
aquel adonde saldrán a luz las famosas
hazañas mías24,
dignas de entallarse en broncesIII, 25,
esculpirse en mármoles y pintarse en tablas,
para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio
encantador, quienquiera que seas26, a
quien ha de tocar el ser coronista27 desta
peregrina historia!28
Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante,
compañero eterno mío en todos mis caminos y
carreras29.
Luego volvía diciendo, como si
verdaderamente fuera enamorado:
—¡Oh princesa Dulcinea,
señora deste cautivo corazón! Mucho agravio
me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el
rigurosoIV
afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra
fermosura. Plégaos, señora, de membraros
deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas
por vuestro amor padece30.
Con estos iba ensartando otros disparates, todos al
modo de los que sus libros le habían
enseñado, imitando en cuanto podía su
lenguaje. Con estoV,
caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y
con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los
sesos, si algunos tuviera31.
Casi todo aquel día caminó
sin acontecerle cosa que de contar fuese,32 de lo
cual se desesperaba, porque quisiera topar luego33 con
quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo.
Autores hay que dicen que la primera aventura que le
avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que
la de los molinos de viento34; pero
lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que
he hallado escrito en los anales de la Mancha35 es que
él anduvo todo aquel día, y, al anochecer,
su rocín y él se hallaron cansados y
muertos de hambre, y que, mirando a todas partes por
ver si descubriríaVI
algún castillo o alguna majada de pastores donde
recogerse36 y
adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidadVII,
vio, no lejos del camino por donde iba, una venta37, que
fue como si viera una estrella que, no a los portalesVIII,
sino a los alcázares de su redención le
encaminaba38. Diose
priesa a caminar y llegó a ella a tiempo que
anochecía.
Estaban acaso39 a la
puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del
partido40, las
cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la
venta aquella noche acertaron a hacer jornada41; y
como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba,
veía o imaginaba le parecía ser hecho y
pasar al modo de lo que había leído, luego
que vio la venta se le representó que era un
castillo con sus cuatro torres y chapiteles de
luciente plata42, sin
faltarle su puente levadiza y honda cava43, con
todos aquellos adherentes que semejantesIX
castillos se pintan. Fuese llegando a la venta que a
él le parecía castillo, y a poco trecho
della detuvo las riendas a Rocinante, esperando que
algún enano se pusiese entre las almenas a dar
señal con alguna trompeta de que llegaba
caballero al castillo44. Pero
como vio que se tardaban y que Rocinante se daba
priesa por llegar a la caballeriza, se llegó a
la puerta de la venta y vio a las dos destraídas
mozas que allí estaban45, que a
él le parecieron dos hermosas doncellas o dos
graciosas damas que delante de la puerta del castillo
se estaban solazando46. En
esto sucedió acaso que un porquero que andaba
recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos
(que sin perdón así se llaman)47
tocó un cuerno, a cuya señal ellos se
recogen, y al instante se le representó a don
Quijote lo que deseaba, que era que algún enano
hacía señal de su venida; y, así, con
estraño contento48
llegó a la venta y a las damas, las cuales, como
vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y
con lanza y adarga, llenas de miedo se iban a entrar
en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su
huida su miedo,49
alzándose la visera de papelón50 y
descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil
talante y voz reposada les dijo:
—Non fuyanX
las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno,
ca a la orden de caballería que profeso non toca
ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a
tan altas doncellas como vuestras presencias
demuestran51.
Notas:
- (1) ‘ejecutar lo
que había pensado’. volver
- (2) ‘la
desconsideración que pensaba que infligía
al mundo con su tardanza’. º volver
- (3) tuertos:
‘torcidos’ e ‘injusticias’;
véase I, «De Solisdán...», p.
33, v. 6. º volver
- (4) ‘corregir,
enmendar para mejor’. º volver
- (5) ‘sin
comunicársela a nadie’. La salida furtiva
del caballeroCaballero
novel es habitual en los libros de caballerías.
º volver
- (6) Primera referencia
cronológica de las muchas que se
encontrarán en el Q. (un poco más
abajo se dice que es viernes). A partir de estos datos,
se ha intentado establecer una cronología de la
novela; sin embargo, las fechas son irreconciliables.
La Primera parte del Q. empieza un viernes de
julio, y termina un domingo de septiembre. La
acción de la Segunda parte comienza solo un mes
después del final de la primera, según se
afirma en II, 1 (y allí 625, n. 2): sin embargo,
se mencionan como inminentes las justas de San Jorge en
Zaragoza (abril); además, la carta de Sancho a
su mujer tiene como fecha el 20 de julio de 1614 (II,
36), pero DQ llegará a BarcelonaBarcelona en el siglo XVII (II, 62), al parecer, el día de
San Juan (24 de junio). Lo que queda claro es que ambas
partes del Q. transcurren en una especie de
verano recurrente. Según las creencias de la
época, el calor veraniego exacerbaba el humor
colérico, y por consiguiente la locura de DQ (I,
1, n. 31). º volver
- (7) Las armas se
enumeran más abajo en I, 2, 50. º volver
- (8) ‘metió
el brazo por el asa de su escudo’; la adargaDon Quijote con el arnés en su primera salida,
como los demás escudos, se sujetaba al brazo
izquierdo mediante una correa en forma de aro, llamada
embrazadura. º volver
- (9) puerta
falsa: ‘la que da a un callejón o al
campo’; corral: ‘espacio cercado
detrás de la casa, con distintas dependencias,
incluida una huerta’, propio entonces de
viviendas acomodadas. º volver
- (10) tomar
armas: ‘combatir’. º volver
- (11) ‘lisas, sin
empresa pintada’, que solo se ponía cuando
el caballeroCaballero
se había hecho merecedor de ella por alguna
proeza. La empresa pintada servía para que el
caballeroCaballero
fuera conocido e incluso para darle nombre: DQ
será primero «el de la Triste
Figura», después «el de los
Leones». º volver
- (12) ‘sin dibujo
simbólico ni lema’. º volver
- (13) Solo los que
habían sido armados caballeros podían
armar a otros; Galaor fue armado caballeroCaballero
por su hermano Amadís en un encuentro casual.
º volver
- (14) Se juega con el
doble sentido ‘armas de caballeroCaballero
novel’ y ‘no manchadas’,
dejándolas aun más limpias de lo que
habían quedado en I, 1, 41. volver
- (15) Como
símbolo de blancura y pureza. Indirectamente,
desvela la «condición y ejercicio»
(I, 1, 35, n. 1) elegidos por el caballeroCaballero:
el armiño estaba también asociado a la
nobleza.II, º volver
- (16) ‘se
tranquilizó’. º volver
- (17) Es frecuente que
el caballeroCaballero
se entregue al azar del caballo para lograr la aventura
(I, 4, 67, n. 53). Caso similar y extremo es el
episodio del barco encantado (II, 29), basado
también en un motivo caballeresco. º volver
- (18) Los libros de
caballerías se atribuyen con frecuencia a un
sabio (‘mago’) que acompaña
al protagonista; un poco más adelante
será llamado sabio encantador. DQ, que se
ve a sí mismo como héroe de libro, le
dicta al sabio su historia empleando el estilo
elevado. º volver
- (19) Apolo,
dios de las artes y maestro de las Musas, personifica
al sol: el comienzo se convierte en una
invocación. Se establece también un
paralelo entre la salida del sol para iluminar el mundo
y la de DQ. C. recurre al tópico del amanecer
mitológico (véase I,
«Amadís...», p. 25, vv. 10-11), que
en los cuentos épicos anunciaba el relato de los
grandes y felices acontecimientos, con intención
paródica. Véase también I, 43,
506, n. 37, y II, 20, 790, n. 1. º volver
- (20)
‘armoniosas’; originariamente significaba
‘cortadas’, ‘sin punta’, como
la lengua del ruiseñor, según
Aristóteles (Historia de los animales,
IX, XV, 616b). El epíteto, unido a lengua
y pájaro, abunda en la literatura
española, hasta hacerse tópico. º volver
- (21) celoso
marido: perífrasis por Titón, marido
de la Aurora; las puertas y los balcones
aparecen a menudo en las descripciones del amanecer
mitológico (I, 13, 135, n. 1). º volver
- (22) ‘colchón’,
generalmente relleno de plumas; la perífrasis
procede de Petrarca. º volver
- (23) Comarca de la
ManchaLa España del «Quijote», (detalle),
entre Ciudad Real y Albacete; véase I, 1, n. 2;
antiguo y conocido, en especial, por la
referencia de un romance que localiza allí la
muerte de Pedro I el Cruel. º volver
- (24) El arranque del
discurso corresponde al que abre las peroratas de DQ en
I, 11, 121, y 20, 208 y 219. La bendición del
tiempo puede proceder de un soneto de Petrarca:
«Benedetto sia ‘l giorno, e ‘l mese,
e l’anno» (LXI, 1). volver
- (25) ‘grabarse
en láminas de bronce con cincel o buril’
(II, 1, 634, n. 70). º volver
- (26) Esta forma de
invocación épica, frecuente en DQ (I, 3,
58; 19, 202; 25, 278; etc.), algunas veces con
intención paródica, procede del
Laberinto de Fortuna, 270b. º volver
- (27)
‘cronista’; muchos de los libros de
caballerías se intitulan crónicas,
y se presentan como historias. º volver
- (28) peregrina:
‘inusitada’ (I, 1, 44, n, 76); el adjetivo
remite también al viaje iniciático, que
más abajo se prolonga en caminos y
carreras y en la estrella que le ha de
servir de guía a DQ. volver
- (29) ‘caminos
carreteros o reales’, frente al que se anda
solamente a pie o caballo. º volver
- (30) cautivo:
‘desdichado’; afincamiento:
‘porfía, obstinación’;
fermosura: ‘hermosura’;
plégaos:
‘complázcaos’; membraros:
‘acordaros’; sujeto: ‘vasallo,
sometido’. Todo el pasaje está escrito en
el arcaizante lenguaje caballeresco que C. pretende
parodiar. º volver
- (31) El calor del sol
es un elemento coadyuvante en la locura de DQ, a quien
la sequedad del cerebro ha provocado la pérdida
de juicio (I, 1, 39, n. 31). º volver
- (32) ‘cosa digna
de mención’. º volver
- (33)
‘encontrarse inmediatamente’. º volver
- (34) avino:
‘sucedió’; Puerto
Lápice: puerto de montaña y villa de
la ManchaLa España del «Quijote», (detalle)
al noroeste de la actual provincia de Ciudad Real. Las
dos aventuras, la del vizcaíno y la de los
molinos, pertenecen a la segunda salida (I, 8);
aquí se citan en orden inverso a como aparecen
en el libro, y se omite el encuentro con Juan Haldudo
(I, 4). º volver
- (35) Los anales
o memorias de la ManchaLa España del «Quijote», (detalle)
volverán a aducirse en I, 52, 591; la diversidad
de perspectivas aumenta la ilusión de verdad
histórica y deja traslucir la ironía de
C. º volver
- (36) majada:
‘lugar protegido donde se recoge de noche
el ganado’; suele contar con una cabaña
que sirva de refugio a los pastores. º volver
- (37) ‘posada en
el campo, cerca del camino’. º volver
- (38) Referencia a la
estrella de los Reyes Magos. º volver
- (39) ‘por
casualidad’. volver
- (40)
‘prostitutas’; los textos de la
época y aun anteriores las distinguen de las
rameras (I, 2, 54), pero no es claro el matiz
que las diferencia. º volver
- (41) ‘descansar
entre dos días de viaje’. º volver
- (42) chapiteles: ‘tejadillos en forma de cono o
pirámide que rematan las torres’.
º volver
- (43)
‘foso’; en tiempos de C. puente era
voz femenina. volver
- (44) almenas:
‘cubos de piedra que coronan el muro de una
fortificación’. En los libros de
caballerías es un enano el que suele avisar de
la llegada de los caballeros con un instrumento de
viento. La idea se copió en momos y fiestas
cortesanas. º volver
- (45) destraído, además de su sentido
recto, denomina a la gente de mala vida, y en especial
a las prostitutas (I, Pról., 12, n. 32).
Más abajo, C., con un juego de palabras,
llamará a estas mozas traídas y
llevadas (52, n. 71). º volver
- (46) El sentido es
equívoco: doncellas y damas pueden
ser eufemismos de ‘prostitutas’ y
solazarse de ‘fornicar’. º volver
- (47) Popularmente, es
costumbre y cortesía pedir perdón al
oyente al pronunciar alguna palabra tabú; C.
deforma irónicamente esta costumbre (sin
perdón) y se burla del recato popular al
escoger el malsonante puercos frente a otras
opciones para nombrar los mismos animales. º volver
- (48) ‘con
extraordinario contento’. º volver
- (49) coligiendo: ‘deduciendo’. volver
- (50) viseraArmadura del siglo XVI:
‘pieza móvil del casco que protege la
cara’; tenía unos agujeros o ranuras para
ver y respirar. El papelón era una
especie de cartón hecho con hojas de papel
pegadas con engrudo. º volver
- (51) fuyan las
vuestras: ‘huyan vuestras’;
desaguisado: ‘injusticia, agravio’;
ca: ‘pues’; altas doncellas:
‘nobles doncellas’; presencias:
‘aspecto, figura’. DQ imita la fabla
caballeresca, utilizando vocabulario y estilo arcaicos,
como en el parlamento siguiente (véase arriba,
48, n. 30). º volver
Notas críticas:
- (I) 45.8 emendar (enm. B+ ) y
abusos edd. emendar, abusos
FL volver
- (II) 46.10 arminio] armino A
FL armiño
edd. [La lectura de edd.
está ya en AB, pero la única forma
usada en el Quijote es arminio (cuatro
veces en I, 33, 385); en Los baños de
Árgel, II, v. 1210, f. 68, se lee
«conservad a estos arminos (sic)» en
rima con «niños». Cf. 185.26, y para
la frecuencia de n y ni por
ñ, L. Williams (1994-1995:20-21). volver
- (III) 47.10 bronces
edd. bronce AB volver
- (IV) 48.1-2 riguroso
edd. fuguroso A [La
forma ruguroso, que explicaría bien la
errata, está documentada en Juan Méndez
Nieto, Discursos medicinales, ed. G. del Ser
Quijano et al., Salamanca, 1989, p. 7. volver
- (V) 48.7 Con esto
A+ Y
con esto B+ volver
- (VI) 48.18 descubriría
edd. descubría FL volver
- (VII) 48.20 mucha hambre y
necesidad
A+ mucha
necesidad B+ volver
- (VIII) 48.21-22 que no a los portales
A+ que a los portales B+ volver
- (IX) 49.7 que semejantes
edd. que en semejantes
FL [Podría corregirse con que
semejantes, pero era y es común no repetir la
preposición ante el relativo que
lógicamente debiera llevarla: «vestidos con
los mesmos vestidos que representamos» (II, 11,
714; RM). volver
- (X) 50.3 Non fuyan
[...] ni
BR11 FL No fuyan [...] ni A
SB Non fuyan [...] nin
B+ No fuyan [...] nin MA
[Non es regular cuando don Quijote usa lenguaje
arcaizante (en especial, I, 4, 70: «Non
fuyáis»; I, 8, 95: «non
fuyades»), pero no hay ejemplos de nin. volver
Notas complementarias:
- (1) 45.2—RM.
volver
- (2) 45.3—Vilanova [1993:74 ss.] ve en esta frase
un leitmotiv de todo el Q., en
relación con el Enquiridion
erasmiano.
volver
- (3) 45.4—Fuero general de Navarra, p.
279: «Como según el fuero antiguo y
según el dicho amejoramiento de dicho rey
don Felipe...».
volver
- (4) 45.5—En
muchos casos, cuando el novel abandona la corte paterna
por primera vez lo hace en secreto, evitando ser
descubierto por sus progenitores. A los ejemplos
aducidos por Chevalier [1966:457-459 y 499]
podría añadirse el de Primaleón,
que parte en busca de don Duardos para acabar la
batalla interrumpida con él:
«Salióse tan encubiertamente que ninguno
de sus donceles lo sintió»
(Primaleón, Salamanca, 1512, LXXXIII, f.
LXXIVV). M.C. Marín Pina ¶ A este
propósito cf. también Stagg [1953:6-7].
La misma situación se repite en el Orlando
furioso, VIII, 84 ss.
volver
- (5) 45.6—El
verano es estación idónea para la
práctica caballeresca, pues recuérdese el
temor de Amadís de Gaula ante la llegada del
invierno: «Pues así anduvo por aquella
tierra todo el verano, y 'viniendo el invierno,
temiendo el frío, acordó de se ir al
reino de Bohemia» (Amadís de Gaula,
III, 70, ed. Cacho Blecua, II, p. 1083). M.C.
Marín Pina ¶ El primero en interesarse
por el plan cronólogico del Q. fue Mayans
y Siscar [1737], quien condenó los numerosos
anacronismos de la novela; después de él,
Ríos [1780/82:I] estableció un
«calendario» del Q., tomando como
válidas solo parte de las indicaciones
cronológicas de C. –dejando de lado otras
que serían incongruentes– y asumiendo que
los episodios de la Segunda parte son sucesivos en el
calendario a los de la Primera. De esa manera, la
acción se desarrollaría a lo largo de
ciento sesenta y cinco días naturales, desde el
28 julio de 1604 (viernes), día en que DQ hace
su primera salida, hasta el 8 de enero de 1605,
día en que DQ muere; Ríos supuso fechas
tan cercanas a la publicación de la novela
porque el mismo C. afirma que se trata de una
«historia moderna» (I, 9, 106). Estos
cálculos fueron muy criticados tanto por Eximeno
y Pujades [1806], quien consideró que el tiempo
de la acción de una novela («tiempo
imaginario») no guarda relación con el
tiempo histórico, como por CL I, 2, nn. 5 y 45,
quien afirmó que el Q. carece de plan
cronológico. Por su parte, PE consideró
las incongruencias cronológicas del Q.
como un intento por parte de C. de ridiculizar los
disparates de los libros de caballerías,
mientras que HZ volvió a la idea del calendario
de Ríos, corrigiéndolo y dejando de lado
muchas incongruencias para afirmar que la acción
de la Primera parte empieza el 28 de julio de 1589
(fecha que corresponde a un viernes de luna llena) y se
desarrolla en el verano de aquel año, mientras
que la Segunda transcurre en el verano de 1614,
según la carta de Sancho a su mujer. Thomas
Carranza [1965], apoyándose en algunas
referencias internas (como el hecho de que el libro
más moderno citado en el escrutinio de la
biblioteca –I, 6, 85– es El pastor de
Iberia, publicado en 1591), afirma que la
acción del Q. I empieza el viernes 26 de
julio de 1591 y termina el domingo 1 de septiembre del
mismo año. Murillo [1975:39-71] resume la
evolución de la crítica sobre esa
cuestión, al tiempo que propone [1975:75] como
tiempo de la acción para la Primera parte los
años comprendidos entre 1591 (fecha de
publicación de El pastor de Iberia) y
1598 (fecha de la muerte de Felipe II, mencionado en I,
39 como rey actual). Dale [1938], Ramírez Molas
[1978:9-15], Riley [1986/90:98-99], Eisenberg [1989],
Juan Bolufer [1991]. Cf. I, 9, 106, n. 13; II, 1, 625,
n. 2; 34, 916, n. 24; 47, 1008, n. 29; 59, 1115, n. 55.
Para la fecha de llegada a
Barcelona
Barcelona en el siglo XVII de DQ, II, 60, 1129, n. 67. ¶ MU;
Murillo [1972/80] subraya el valor mitológico
del verano; Maravall [1976:174 ss.] ve resonancias
ovidianas; Egido [1985:81], la coincidencia con el
tiempo de La Galatea.
volver
- (6) 45.7—Para las armas de DQ, BW subraya la
falta de espada y cita la dedicatoria de Luigi Alamanni
al Gyrone il cortese: «Non era ad alcun
che intendeano di esser fatti cavalier novelli
permesso di portar scudo se non d’un color solo o
d’un metallo, né cingersi spada, ma solo
haver lancia». ¶ «Induite vos
armaturam Dei, ut possitis stare adversus insidias
diaboli» (Efesios, VI, 11); cf. Erasmo,
Enquiridion, pp. 145-146.
volver
- (7)
45.8—
M. de R.
volver
- (8) 45.9—puerta falsa: Covarrubias,
Tesoro, cita a Horacio (Epístolas,
I, v, 31) en una ocasión similar:
«“Atria servantem postico falle
clientem”, cosa que hoy día se usa en la
corte entre señores, cuando quieren huir el
cuerpo a las audiencias y visitas importunas, salirse
por la puerta falsa o postigo». ¶
Únicamente las viviendas manchegas de
propietarios acomodados o medios poseían un
corral atrás: López Gómez
[1990:222]; Sancho imagina rica a Dulcinea, pues
tenía corral (I, 31, 358). ¶ Marasso
[1947/54:47] y Gaos [1971:I, 203-206] emparientan esta
salida con la Noche oscura de San Juan de la
Cruz.
volver
- (9) 46.10—Sobre las leyes de caballería,
BW aduce a Guardiola, Tratado de la nobleza,
títulos y ditados de EspañaLa España del «Quijote», Madrid, 1591, f. 71v. Cf.
también Puddu [1982/84], con abundantes
referencias a la obra cervantina.
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- (10) 46.11—BW, CL, RM, CZ, Riquer
[1986a]b.
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- (11) 46.12—Rico [1990b:189-230]. Definiciones
antiguas de empresa en Gómez
Sacristán [1989:63-65]. Cf. I, 31, 357, n.
2.
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- (12) 46.13—CL.
volver
- (13) 46.15—En las empresas el armiño se
acompaña a menudo del mote «Malo mori quam
foedari» (‘Prefiero morir que
mancharme’ o ‘ser deshonrado’),
procedente de Claudio Eliano. Cf. I, 34, 385, n.
51.
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- (14) 46.16—CC, con ejemplos de C., Espinel y
Tirso.
volver
- (15) 46.17—BW ad loc. y 169.6; CL I, 21,
n. 36; MU. Cf. también I, 21, 228; 23, 255, y
II, 11, 711, n. 2. Hay un paralelo de esta actitud en
el Amadís de Gaula, III, 45, cuando el
protagonista, desdeñado por Oriana, se va de la
Ínsula Firme y se adentra en la montaña,
«no a otra parte sino adonde el caballo lo
quería llevar». ¶ Togeby
[1957/77:57-58] ve en esta actitud uno de los factores
básicos de la composición del libro; en
la misma línea, Baena [1990] (>A. Castro
1966:56-64). Cf. II, 29, 867 ss.
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- (16) 46.18—Sobre la narración y el estilo
del sabio encantador: Locke [1969], Szuchmacher
de Reiman y Cambiaso de Iriarte [1981:144-159],
Eisenberg [1987a:80-86] y López Navia
[1990:211-222]. Riley [1986/90:199] se apoya en la
anonimia del sabio para justificar la tardía
invención de Cide Hamete.
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- (17) 46.19—CL, RM, VG; Capmany [1786-1794:444] lo
escoge como pintura del amanecer; Lida de Malkiel
[1946] estudia la tradición del amanecer
mitológico; Stagg [1953] resume las fuentes de
este y lo plantea como autoparodia de páginas
similares de La Galatea; Riley [1956;
1986/90:83] lo coloca dentro de la tópica del
ornatus en la literatura pastoril y, parodiado,
en el Q.; Egido [1985:82, 87-88], Moner
[1989a:60]. Cf. también II, 14, 740, n. 45.
¶ Cf. Apéndices, 2.2.
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- (18) 47.20—Lida de Malkiel [1951], Eisenberg
[1988:157].
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- (19) 47.21—RM recoge las alusiones a Titón
en la literatura. ¶ El epíteto
celoso, aplicado a Titón, se encuentra en
Parabosco (L’Adone, XV), Camões
(Oda I, XV) y López Maldonado
(Égloga II); pero el tema del viejo
casado con mujer joven y de los celos es frecuente en
C., quien llama dos veces celoso a Titón
en La Galatea, I, f. 30v, y III, f. 133, ed.
Schevill y Bonilla, I, pp. 41 y 183. ¶ Lida de
Malkiel [1946/75:162-163] considera la
asociación puertas y balcones como
paródica (>VG).
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- (20) 47.22—«La gola e ‘l sonno e
l’ozïose piume» (Petrarca,
soneto VII, 1), citado también por Covarrubias,
Tesoro, s.v. «pluma».
«Bien previno la hija de la espuma / a batallas
de amor campos de pluma» (Góngora,
Soledad I, vv. 1090-1091).
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- (21) 47.23—RM.
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- (22) 47.25—Oudin, CL.
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- (23) 47.26—Lida de Malkiel [1950:515].
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- (24) 47.27—Eisenberg [1982:119-129]. ¶ Sobre
la identidad de los cronistas del Q., Rivers
[1982].
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- (25) 47.29—Oudin; Covarrubias, Tesoro:
«Carrera, en algunas partes de
España
La España del «Quijote», vale ‘caminos’, y
así decimos “caminos y
carreras”». Viaje del Parnaso, I, v.
229, f. 5v: «Llenas van ya las sendas y
caminos»; G. Menéndez Pidal [1951; 1992] y
Herrero García [1983:414-415]. Posiblemente,
carrera vale por ‘camino de
perfección’: El conde Lucanor, ed.
Serés, p. 7, n. 2.
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- (26) 48.30—PE; CL ve en el parlamento un eco del
Amadís de Gaula, ed. Place, II, p. 367.
¶ El arcaísmo cautivo, encontrado en
I, «De Solisdán...», p. 33, v. 8,
con el sentido de ‘vil, infeliz’,
volverá a aparecer en boca de DQ, casi siempre
en oraciones y lamentos dirigidos a Dulcinea (I, 3, 59;
20, 209; 31, 357; etc.): García González
[1990:205-210]. ¶ El término
afincamiento es interpretado también como
‘apremio’ (RQ, MC), ‘pena’
(AA), ‘congoja, dolor’ (CL, MZ, VG). ¶
Para el valor paródico de fermosura,
Rosenblat [1971:26-32], Cravens [1978] y López
Estrada [1988:VIII-IX; 1989]. ¶ Para los
arcaísmos caballerescos, CL, MC, JA, AA, RQ,
Darbord [1987], Joly [1988:354 ss.], y cf.
Lecturas.
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- (27) 48.31—Para la importancia del calor en la
locura de DQ, VG. ¶ Resume lo dicho sobre este
pasaje y lo comenta estilísticamente Labertit
[1972].
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- (28) 48.32—MU. El procedimiento sumario es propio
de todo relato y típico de los libros de
caballerías; la ironía reside en que
aquí no se cuenta nada porque nada pasó
de verdad: la frase, de tópica narrativa, se
convierte en real.
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- (29) 48.33—RM. Cf. Guzmán de
Alfarache, I, I, 2, p. 132n.
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- (30) 48.34—CL atribuye la inversión del
orden de aparición de las aventuras a una
distracción de C. (>VG).
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- (31) 48.35—Percas de Ponseti [1975].
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- (32) 48.36—El pasaje es un recuerdo
paródico del «Pallida mors aequo pulsat
pede pauperum tabernas / Regumque
turres» (Horacio, Odas, I, iv), que
ya C. había citado en el prólogo (I,
Pról., 14, n. 57).
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- (33) 48.37—González López [1968]
apunta que los personajes de la primera venta del
Q. pertenecen al mundo picaresco, siguiendo el
modelo italiano (Bandello, Pulci, Ariosto). ¶ Ly
[1988a:66-90] estudia el papel estructural,
semiótico y simbólico de las ventas en el
libro, y subraya la confusión entre venta
y castillo en el Q. I, frente a la
distinción clara en el Q. II, aunque el
papel que desempeñan sea parecido;
además, ve en este episodio y en este espacio un
paso desde el referente picaresco al referente
caballeresco [ibidem:69-71]. ¶ Para Joly
[1982/86], que estudia la «sistemática de
las ventas» en la literatura clásica, la
venta es —desde Mateo Alemán— una
transformación realista del castillo de los
cuentos de hadas. ¶ Para las ventas del Q.,
Sánchez Rivero [1927], García de la Torre
[1979], G. Menéndez Pidal [1992:137-140], Caro
Baroja [1993], Isado Jiménez [1993], y cf. I,
16, 167, n. 1, y 36, 424, n. 1. Cf. también M.
Torres [1995] y Lecturas, I, 32, 37, 42 y 43.
¶ Para el aspecto socioeconómico de los
viajes en el Siglo de Oro, Dadson
[1994]b.
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- (34) 48.38—La metáfora del
alcázar equivale al «castillo
interior» de Santa Teresa; se da, por tanto, un
uso profano de imágenes religiosas, que
marcarán la función que DQ imprime a su
aventura; >A. Castro [1966:368-369] defiende la
interpretación religiosa; <Rosenblat
[1973:330]. ¶ García de la Concha
[1978:81-85, 264-274].
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- (35) 49.40—RM, VG, Alonso Hernández
[1976], H.P. Márquez [1990: 147-150]. Segunda
parte del Lazarillo, p. 324: «A cabo de rato
llegamos a una casa que en el postiguillo, patio y
mujercillas que allí bailaban, conocí ser
del partido». ¶ Redondo
[1990a:255-258] estudia la faceta erótica del
episodio.
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- (36) 49.41—CT, MZ, VG.
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- (37) 49.42—Góngora, Sonetos, VI:
«Sacros, altos, dorados c[h]apiteles»; Lope
de Vega, Arcadia, p. 146: «Excelsas torres
y famosos muros, / cerca antigua, lustrosos
chapiteles». ¶ Para la interpretación
de la distancia entre lo que DQ vio y lo que
se le representó en la
construcción del modelo básico de
técnica novelesca, Riley [1986/90:184].
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- (38) 49.44—BW, CL.
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- (39) 49.45—CL. Cf. Alonso Hernández
[1976], s.v. «distraído».
«Esa Angélica —respondió
DQ—, señor cura, fue una doncella
destraída, andariega y algo
antojadiza» (II, 1, 638).
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- (40) 49.46—Redondo [1990a:255-257] interpreta
todo el episodio como un doble sentido. ¶
Avalle-Arce [1976:98-143] apunta que la locura de DQ no
afecta a su capacidad sensoria, sino a su facultad
imaginativa, lo que le hace transformar la realidad
según el modelo caballeresco.
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- (41) 49.47—RM, MU, RQ. En II, 45, 997, C. usa, en
el mismo contexto, la frase en su forma corriente:
«Señores, yo soy un pobre ganadero de
ganado de cerda, y esta mañana salía
deste lugar de vender, con perdón sea
dicho, cuatro puercos». Cf. II, 68, 1178, n.
1.
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- (42) 49.48—El valor ponderativo de
extraño es frecuente en las épocas
medieval y clásica (CC, con un ejemplo de
Arguijo).
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- (43) 50.50—Zapata, al describir las armas del
justador, da a la visera
Armadura del siglo XVI
una importancia capital, pues era el punto más
peligroso, por más débil, para recibir el
golpe (Miscelánea, p. 125). ¶ Para
el papelón, I, 1, 41, n. 48.
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- (44) 50.51—RQ, MU, VG.
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