Un caballero, el duque de La Rocha, se casa con Oliva, hermana del rey Pepino de Francia. Este matrimonio, en sus inicios, es feliz y pronto se ve recompensado con el nacimiento de un hijo, Enrique. Lamentablemente, hay un traidor, Tomillas, que ha estado urdiendo una trampa contra la esposa del duque ya que quería que este se casara con su hija Aldigón. Tras drogar a Oliva hace que un hombre de clase social baja se acueste con ella después de haberlo hechizado con un anillo. Una vez que los ha dormido con la ayuda de una carta de encantamiento, corre al duque para acusarla de adúltera. El duque envía una carta al rey Pepino, quien viene para juzgar a su hermana. Las protestas de inocencia de Oliva, avaladas por un triple juicio de Dios, no son creídas y Oliva es repudiada por su marido y por el Rey, por lo que se retira a un convento fundado por Jufré de Flandes, su adalid y ayo de su hijo Enrique. El traidor continúa sus argucias para conseguir que el duque se case con su hija Aldigón, a lo que este finalmente accede. A las bodas asiste Enrique, quien reprocha a su padre lo que va a hacer. La respuesta del duque es una patada, a consecuencia de la cual el niño, de cinco años, cae al suelo y se hiere en la cabeza quedando casi muerto.
El traidor Tomillas quiere asegurarse de que Enrique ha muerto. Para que se lo crea, doña Oliva y Jufré de Flandes hacen enterrar el cuerpo de otro niño muerto como si se tratara de Enrique. Éste y su ayo huyen hacia las tierras del marqués de Monferrat. Allí se inician las aventuras de Enrique como caballero cruzado que lo llevarán a la conquista de la Vera Cruz y a ser rey de Jerusalén y, posteriormente, tras su matrimonio con Mergelina, hija del emperador Manuel de Constantinopla, llegará a ser emperador él mismo, todo ello en medio de cruentas batallas contra el infiel. Sin embargo, siente en su interior que aún tiene que vindicar a su madre, por lo que vuelve en su busca acompañado de sus ejércitos. Mientras tanto, el duque ha repudiado a Aldigón, la hija de Tomillas, con la que había tenido un hijo, Malindres, y se ha reconciliado con doña Oliva; reconciliación en la que tuvo un papel fundamental la amenaza de excomunión que dictó el Papa contra el Duque si no lo hacía. Al repudiar el Duque a la hija de Tomillas, éste los sitia en La Rocha, por lo que para acercarse a ellos, Enrique se disfraza de palmero con lo que puede entrar en la ciudad y de paso también espiar en el real de Tomillas.
Tras unas cruentas batallas, en las que mata a su hermanastro Malindres, Enrique logra desbaratar las huestes de Tomillas, quien se refugia en su feudo de Colonia. Enrique manda dos emisarios al rey Pepino para contarle lo que ha sucedido y que tiene cercado al traidor Tomillas en Colonia. Tomillas, al ver que no tiene salvación, huye de la ciudad excavando una galería bajo tierra, pero con tan mala fortuna que aflora dentro de la tienda de Enrique. Apresado Tomillas, pide que no los maten, ni a él ni a sus hijos Aldigón y Galalón, y que a cambio le entregará la sortija y la carta de encantamiento por medio de las que urdió toda la trama para deshonrar a su madre. Con ambos instrumentos de encantamiento, Enrique se venga de su padre haciéndolo yacer en la cama junto a una lavandera feísima. Por fin llega el rey Pepino quien se aviene a todas las peticiones de Enrique. Doña Oliva se presenta ante su hermano para pedirle que le entregue al traidor Tomillas para vengarse de él, venganza que ejerce con tremenda saña, pues lo hace descuartizar por cuatro caballos, después lo quema y esparce sus cenizas un día de mucho viento. Tras la muerte de Tomillas, doña Oliva es rehabilitada y le son devueltas todas sus heredades, a las que se añaden la ciudad de París, que le da el rey Pepino, y la de Colonia, que se la entrega su hijo. El duque y doña Oliva se vuelven a casar y tras las bodas Enrique parte de nuevo hacia Constantinopla, para reunirse con su mujer, Mergelina, quien a los pocos días de su llegada queda embarazada.