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Enrique, fi de Oliva

Introducción (3 de 10)

Fuentes, parangones e influencias

Pascual de Gayangos [1871: XV] presumía que el origen de esta narración se encontraba en el fondo de alguna crónica francesa, «probablemente de la atribuida a Turpino, origen y fundamento de casi todas las ficciones carlovingias, no puede dudarse atendidos los nombres de los personajes que en él figuran». Sin embargo, limitaba el alcance de su afirmación a la primera parte de la obra, hasta que Enrique se ve obligado a huir en compañía de su ayo y refugiarse en las tierras del marqués de Monferrat. La segunda parte, de las dos en que Gayangos dividía la obra, tomaba numerosos datos de la Gran conquista de Ultramar.

Años más tarde Marcelino Menéndez y Pelayo [1943: 218] señalaba que la fuente remota de esta novela era el poema de gesta francés Doon de La Roche, pero no se extendía más ya que para él era un «libro vulgarísimo, plagado de todos los lugares comunes del género».

Cuando Paul Meyer y Gédéon Huet [1921] publicaron su edición de Doon de La Roche se establece definitivamente la relación entre ambos textos, aunque «la comparaison détaillée de F [= Doon] et de E [= Enrique] est difficile» (1921: LXX) vieron que: a) ambas narraciones coinciden a grandes rasgos; b) las semejanzas entre ambos textos son mayores en la primera parte; c) en el texto castellano parece haber una serie de interpolaciones del autor español; d) el Enrique es una traducción de un texto muy parecido al conservado, pero mucho más breve; e) la mayor diferencia reside en que Enrique marcha solo a Oriente, por lo que su padre no es hecho prisionero en Constantinopla y que la liberación de éste y la forma de establecer la inocencia de doña Oliva —que se hace «d’une façon ingénieuse et compliquée» [1921: LXIX, n. 1]— son muy diferentes. Sin embargo, a estos dos editores lo que les interesa, sobre todo, es confirmar «l’hypothèse d’un poème perdu, source commune de F et de E» [1921: LXXI]. Por lo que postulan la existencia de un poema O2 del que derivarían el poema francés conocido y la narración castellana, y los versos 2409-2411 del Doon de La Roche parecen apoyar esta hipótesis:

Cil autre jugleor qui de Doon vos dient
Assez en ont chanté, mail il ne sevent…
La ou il la vos laissent la vos a[i] rafichie.

Ignacio Chicoy-Dabán [1981b: 104], tras un detallado análisis comparativo entre la Historia de Enrique y la canción de gesta francesa, llega a la conclusión de que 1) la parte del contenido del Doon incluida en el Enrique es relativamente pequeña, quizás no llegue ni a una tercera parte; 2) la parte de la historia del héroe alemán contenida en el Enrique no es una traducción del Doon; 3) de acuerdo con los dos puntos anteriores no cree que se pueda llamar al Enrique la versión castellana del Doon de La Roche como se ha pretendido y que por lo tanto «habrá que decir que tenemos en nuestro texto una historia inspirada en varias fuentes de diversas épocas, una de ellas el Doon del siglo xii». La conclusión última, y con la que estoy de acuerdo, es que «el Enrique es un cuento original, escrito probablemente en castellano, que se vale eso sí de un esquema de la historia de Doon de la Roche».

En otro artículo, Chicoy-Dabán [1981a] trata de ver qué hay de verdad en la otra fuente propuesta por Pascual de Gayangos: la Gran conquista de Ultramar. Para ello analiza las batallas que se narran en la Historia y llega a la conclusión de que «aunque el autor del Enrique conocía la GCU (o una historia parecida), no pretendió incorporar en el Enrique resúmenes fieles de episodios de la GCU sino más bien servirse de nombres y datos esquemáticos transformándolos a su antojo» [Chicoy-Dabán 1981a: 66].

Otra posible fuente de inspiración explorada por Chicoy-Dabán [1981a: 66] es el Mainete, y comparando el texto del Enrique con la narración de Carlos Mainete contenida en la Gran conquista de Ultramar ve una serie de paralelismos:

Paralelismos entre las dos historias
Mainete Enrique
Tiene un ayo, Morante de Ribera, que lo cría y protege. Tiene un ayo, Jufré de Flandes, que lo protege.
A Carlos lo llaman Mainete por su gran estatura. A Enrique se lo describe «Tan grande y tan apuesto era en todo, ca un codo venía más alto que los otros reyes».
Carlos sufre persecución de sus poderosos hermanastros. Enrique es perseguido por Tomillas y entre sus enemigos está su hermanastro Malindres.
Mainete, por consejo de Morante de Ribera y Mayunot, sale de su patria para escapar de la persecución. Oliva pide a Jufré de Flandes que se lleve a su hijo a otras tierras por temor a Tomillas.
Los que acompañan a Carlos ocultan su verdadera identidad. Jufré oculta la verdadera identidad de Enrique (el mismo Enrique lo hará en otra ocasión más adelante).
Galiana contempla desde un alcázar el lugar donde se desarrollará el combate entre los francos y los moros enemigos de su padre, el rey de Toledo. Mergelina observa desde una torre las huestes moras que quieren atacar Constantinopla.
Galiana oye desde su torre a Mainete, quejándose de su alto linaje. Mergelina oye a Enrique idénticos lamentos.
Galiana entrega a Mainete el caballo y las armas del rey de Toledo, su padre. Mergelina da a Enrique armas y caballo del Emperador, su padre.
Mainete combate a los enemigos del padre de Galiana. Enrique combate a los enemigos del padre de Mergelina.

Una tercera fuente de inspiración, apuntada por Gayangos y años más tarde por Walter Benary [1910], sería la vida del histórico Enrique de Flandes, emperador de Constantinopla y que el padre de Mergelina habría sido Emmanuel II Paleólogo, penúltimo emperador de Oriente. Hay que desestimar esta fuente totalmente si aceptamos que la Historia de Enrique, fi de Oliva ya era conocida en el primer tercio del siglo xiv, salvo que se estableciera que el texto que conocemos es uno reformado durante el siglo xv, tesis que se podría ver avalada por el episodio del encantamiento que se menciona en el Cancionero de Baena. Sin embargo, lo que se desprende de la lectura de los episodios orientales de la Historia de Enrique, fi de Oliva es que el autor de esta historia tenía un buen conocimiento de las cruzadas y que entremezcló a su antojo personajes, lugares y episodios de varias cruzadas para darle un cierto verismo a la Historia.

Kimberly Anne Campbell [1984: 110-33] dedica el capítulo cuarto de su estudio a explorar otras posibles fuentes diferentes al poema francés. Muchas de ellas con claras intenciones historicistas como la de tratar de establecer que el conde Nicolás de Varde (f. 36v-37r) se trata del conde Nicolás de Lorena y Bar, nacido en 1448 y muerto en 1473 [Campbell 1984: 113]. Identificación imposible de admitir si se acepta que la Historia de Enrique, fi de Oliva es un texto del primer tercio del siglo xiv.4 Este análisis se limita a aclarar que tal o cual episodio se encuentra en una u otra historia de origen francés, pues «a survey of other chansons de geste confirms the hypothesis of the French epic repertory as central to the development of the legend of Doon»5 [1984: 124], así menciona similitudes con Orson de Beauvais, La reine Sibilla, Aïol, Le Chevalerie Vivien, Voyage de Charlemagne à Jérusalem et à Constantinople, o un mero personaje como que un musulmán de nombre Mirabel que aparece en Gaufrei, La Prose de Cardres, Le Chevalier au Cygne y en el Foucon de Candie [Campbell, 1984: 129], etc. aunque muchas veces reconoce que uno u otro detalle de la Historia de Enrique, fi de Oliva no se encuentra en Doon: «Enrique incorporates various details reminiscent of the legend of Mainet not included in Doon» [Campbell, 1984: 127].

Fradejas Lebrero [1981] en un extenso trabajo, desconocido para la crítica, también analiza las posibles fuentes de la Historia de Enrique, fi de Oliva; pero mucho más interesante es el apartado titulado «Parangones e influencias» [1981: 328-338] en el que muestra que hay coincidencias de desarrollo entre la historia de nuestro héroe y otras muchas obras medievales y posteriores, como el Decamerón, el Tirant lo Blanc o El Abencerraje. Véanse las coincidencias que existen entre dos pasajes de la Historia de Enrique y sus equivalentes en el Decamerón y en El Abencerraje.

Tras el naufragio de Enrique y sus huestes cuando iban hacia Constantinopla para ayudar al sitiado Emperador, naufragio del que sólo se salvan Enrique, su ayo y un tercer hombre, llegan a las puertas de Constantinopla. Enrique manda a sus dos compañeros en busca de comida, porque hacía cinco días que sólo comían hierbas; mientras que aguarda su vuelta se sienta al pie de una torre y

pensando en su desaventura que le avía acontecido, fieramente començó a llorar diziendo sus quexas y nonbrándose cómo era hijo del duque de La Rocha y de la infanta doña Oliva, y sobrino del rey Pepino; y cómo por servicio de Dios viniera a aquel lugar, y cómo sobre la mar perdiera sus gentes y que no quedaron sino sólo él, y su amo y el cavallero los quales eran entrados a la ciudad. Y de cómo él era muy fatigado de hanbre. Y dixo:

—Señor Dios o me da algún socorro o me tira luego la vida.

La fija del enperador, que avía nonbre Mergelina, que estava en aquella misma torre, do Enrique estava assentado, mirando cómo el almirante con todas sus gentes asomavan por los visos, de que ella havía muy grand miedo que su padre perdiera el imperio, y que ella sería cativa. Comoquier que ella estava en su grand cuidado, oyó los lloros y los gemidos de aquel que estava al pie de la torre llorando y quexándose tan fuertemente [f. 21r-v].

por lo que lo socorre con unas piezas de oro, y tras escuchar de nuevo los lamentos de Enrique:

—¡O, Señor Jesuchristo!, bien sabes quántas eran mis tierras y hazienda que yo gané y no las quise por no mostrar alguna codicia, y agora veo aqueste haver que me dan, y no sé quién por conortarme en mis quexas y fatigas las quales yo conté, aunque ciertamente más quisiera yo un pan con que tirase de mí esta hanbre que no quanto oro me pudieran aquí echar [f. 21v].

le envía a su senescal. Mientras tanto Mergelina consulta con su padre y de nuevo manda al senescal a recoger a Enrique, quien se había negado a acudir ante ella por estar desnudo y tener que esperar a sus compañeros. Tras una disputa entre el senescal y Enrique, éste es conducido a la presencia del Emperador, y en ese momento comienza la elevación final de Enrique ya que el Emperador y Mergelina, su hija, habían pensado que:

Y si ombre de tan grand linaje, como vos dexistes que se nombra, aquí fue venido, yo en mi lugar lo haría señor de todo mi imperio; e sería contento de casarvos con él si él no es casado [f. 22r].

Este episodio tiene una derivación italiana, que se encuentra en la segunda novela de la segunda jornada del Decamerón. Rinaldo, mientras que está de viaje con un criado suyo y unos ladrones, dice que siempre consigue albergue por su gran devoción a san Giuliano. En esto se adelanta su criado hasta la cercana Castel Guiglielmo y entonces los ladrones lo despojan de todo, a la vez que se burlan de su devoción. Se le hace de noche y al llegar a la ciudad no puede entrar porque estaba la puerta cerrada y el puente levantado.

Laonde, dolente e isconsolato piagnendo, guardava dintorno dove porre si potesse, che almeno addosso non gli neviscasse: e por avventura vide una casa sopra le mura del castello sportata alquanto in fuori … tristo e dolente si pose a stare, spesse volte dolendosi a san Giuliano, dicendo questo non essere della fede che aveva in lui. [Decamerón: 103]

En Castel Guiglielmo había una dama viuda «del corpo bellissima quanto alcuna altra» que decide darse un baño y:

Era questo bagno vicino all’uscio dove il meschino Rinaldo s’era accostato fuori della terra; per che, stando la donna nel bagno, sentì il pianto e ‘l triemito che Rinaldo faceva, il quale pareva diventato una cicogna: laonde, chiamata la sua fante, le disse: «Va sù e guarda fuori del muro a piè di questo uscio chi v’è e chi gli è e quel ch’el vi fa». La fante andò e aiutandola la chiarità dell’aere vide costui in camiscia e scalzo quivi sedersi come detto è, tremando forte; per che ella il domandò chi el fosse. E Rinaldo, sì forte tremando che appena poteva la parole formare, chi el fosse e como e perché quivi quanto più brieve poté le disse: e poi pietosamente la cominciò a pregare che, se esser potesse, quivi non lo lasciasse di freddo la notte morire. La fante, divenute pietosa, tornò alla donna e ogni cosa le disse. La qual similmente pietà avendone […] disse: «Va e pianamente gli apri; qui è questa cena e non saria chi mangiarla, e da poterlo alberga ci è assai». [Decamerón: 103-104]

Para Fradejas Lebrero «la conclusión bocachesca es previsible y no heroica, sino burlesca; cena bien, se acuesta con la dama, recibe ricos dones, halla a su criado y los ladrones son aprehendidos y ahorcados, con lo cual recibe todas sus pertenencias y la devoción a san Julián ha quedado reafirmada» [1981: 330]. La relación entre ambos textos se puede ver con mayor facilidad en el siguiente cuadro:

Paralelismos entre las dos historias
Enrique Decamerón
Náufrago, desnudo y despojado de todo. Rinaldo, robado, descalzo y en camisa.
Se acurruca al pie de una torre. Se acurruca junto a una casa adosada a un castillo.
Gime y reza. Se queja de san Julián.
Lo oye la princesa Mergelina. Lo oye una dama viuda.
La princesa lo socorre. ___
Le envía al senescal a preguntarle. Envía a su doncella a preguntarle.
Nueva visita del senescal a recogerlo. La criada lo hace entrar en la casa por orden de su ama.
Acogido, llega a casarse con la princesa y será emperador. Disfrutará de la hospitalidad de la viuda, de sus dones y recupera lo perdido.

Otro texto con el que Fradejas Lebrero ve unas grandes semejanzas que pueden invitar a pensar en una influencia de la Historia de Enrique sobre otras obras la encuentra en El Abencerraje. El pasaje de la Historia de Enrique es en el que el protagonista, ya casado con Mergelina, suspira en recuerdo de su madre. Los hechos fundamentales de este episodio son: 1) Enrique está en la cama con su reciente esposa Mergelina, desvelado y pensativo; 2) da un gran suspiro; 3) Mergelina, ante ello, sospecha despego y desamor; 4) Enrique se justifica con el doloroso recuerdo de la deshonra de su madre; 5) Mergelina le ofrece todos sus tesoros y 6) lo incita a partir en busca de su madre. En El Abencerraje se lee:

Y siendo desposados se acostaron en su cama […] al moro vino un profundo pensamiento, y dejando llevar de él, dio un gran sospiro. La dama, no pudiendo sufrir tan grande ofensa de su hermosura y voluntad, con gran fuerza de amor le volvió a sí y le dijo:

—¿Qué es esto, Abindarráez? Paresce que te has entristecido con mi alegría […] Pues si yo soy todo tu bien y contentamiento como me decías, ¿por quién sospiras?…

El Abencerraje, corrido […] la dijo:

—[…] mis sospiros se causan más de sobra de lealtad que de falta de ella […]

Luego le contó lo que había sucedido[…]

La dama con buen semblante le dijo:

—No te congojes, Abindarráez, que yo tomo el remedio de tu rescate a mi cargo[…] que yo tengo las llaves de las riquezas de mi padre; yo os las porné en vuestro poder. [Abencerraje: 125-127]

En una tabla se pueden observar con mayor facilidad las coincidencias entre ambas narraciones:

Paralelismos entre las dos historias
Enrique Abencerraje
Son recién casados. Son recién casados.
Están acostados la noche de bodas. Están acostados la noche de bodas.
Enrique da un «grand sospiro». Abindarráez da un «gran sospiro».
Mergelina se muestra celosa. Jarifa se muestra celosa.
Enrique se disculpa con el recuerdo de su madre. Abindarráez se disculpa con la prisión en manos de Narváez.
Mergelina le ofrece todas las riquezas para ayudar a su madre. Jarifa le ofrece todas las riquezas de su padre para el rescate.
Enrique se irá solo a ver a su madre. Abindarráez y Jarifa se entregan prisioneros a Narváez.

Como se puede ver, las diferencias esenciales entre ambos relatos son el motivo del suspiro, en el Enrique el recuerdo de su madre, en el Abencerraje el de la prisión y la partida para cumplir su destino, en el Enrique parte solo, en el Abencerraje la pareja. Por lo tanto, tratar de buscar las fuentes de la Historia de Enrique, fi de Oliva es bucear en un mundo lleno de semejanzas y viejos recuerdos que no pueden servir, en muchos casos, para establecer las relaciones de dependencia entre un texto y otro, y afirmar que la fuente de uno se encuentra en otro, cuando puede ser absolutamente al revés. A la vista de las similitudes entre el Decamerón y la Historia de Enrique, fi de Oliva, si no se hubiera establecido que la Historia de Enrique es de los últimos años del siglo xiii a primer tercio del siglo xiv, bien podría decirse que la fuente de este episodio se encuentra en el Decamerón, obra compuesta entre 1350 y 1355.

También se ve una cierta relación entre las aventuras orientales de Enrique y las aventuras de Tirant en Grecia. Para esto partía de lo que Martí de Riquer [1990: 55] dice sobre estos episodios del Tirant lo Blanc «que constituixen la part central de Tirant lo Blanc [caps. 115-296], ofereixen, […], un doble aspecte: d’una banda el relat militar de les campanyes de Tirant a Orient i de l’altra els amors del protagonista amb Carmesina», y eso es en lo que se centran las aventuras de Enrique tras su huída de Francia, en las campañas militares de Enrique en Tierra Santa y en Constantinopla y las aventuras galantes y amorosas, aunque apenas apuntadas, entre Mergelina y Enrique. No todos los episodios que guardan una semejanza con la Historia de Enrique, fi de Oliva acontecen a Tirant; así encontramos que Hipòlit, sobrino de Tirant, es natural de Francia (cap. CCXXXIV, p. 709); lo arman caballero («que aquell dia s’era fet home d’armes e li donà la honor de cavalleria», cap. CLV, p. 527); «L’Emperador havia fet capità seu major a Hipòlit» (cap. CDVII, p. 1036); accede al imperio por su matrimonio (cap. CDLXXXIII, pp. 1180-1181).

Tanto Chicoy-Dabán como Campbell han tratado de establecer la dependencia o independencia del Doon y del Enrique por medio del recuento de las palabras que contiene uno y otro texto [Chicoy-Dabán, 1981] o tratando de establecer el tanto por ciento que cada episodio ocupa en cada una de las versiones [Campbell, 1984: 66]. Ambas aproximaciones son absurdas y no pueden dar nunca la respuesta sobre si la Historia de Enrique, fi de Oliva es una traducción de Doon, o si por el contrario se trata de una reformulación independiente que comparte los mismos argumentos, cosa que ya habían establecido Meyer y Huet [1921: LXXXVII], aunque para ellos esas líneas principales proceden del segundo poema (O2) perdido. El proceder de Chicoy-Dabán y Campbell es inaceptable puesto que el recuento se basa en las líneas impresas en la edición de Gayangos, edición que incluye material —todas las rúbricas— que no existe en ninguno de los testimonios conservados y que son invención de este editor decimonónico, aunque algún investigador moderno [Gómez Redondo, 1994: 259, n.] no cree que hayan sido inventadas, sino que se deben a que Gayangos utilizó un ejemplar desconocido para nosotros, lo cual no se sostiene a la luz de la información que Gayangos ofrece en su edición, en la que llega a dibujar la portada del incunable conservado en Viena, y, contrariamente a lo que afirma Gómez Redondo [1994: 259, n.] de que Gayangos «no menciona nunca el año de impresión» hay que aclarar que, efectivamente, nunca menciona la fecha de impresión en su prólogo, pero sí la da, junto con todos los datos de impresión cuando incluye el colofón al final del texto editado: «Mill y quatro cientos e / nouenta y ocho años» [1871: 98]. Sin embargo, si nos atuviésemos a la comparación del texto editado con el del ejemplar vienés, se podría llegar a suponer la existencia de tal versión, hoy desaparecida.

Para Campbell [1984: 78] la Historia de Enrique no es una versión directa del poema francés conservado en el manuscrito Harley,6 sino que para ella no sería nada ilógico suponer que la Historia conservada (esto es, la versión del incunable de 1498) se basa en una versión no muy diferente del Doon de la British Library,7 aunque también apunta la idea de que la Historia puede ser una paráfrasis de su original. Por lo que la Historia de Enrique, fi de Oliva es a la vez un resumen y una ampliación del Doon de La Roche. Es un resumen, por ejemplo, en todo lo referente a la marcha de Enrique a Oriente, mientras que es una amplificación en lo que concierne a las aventuras orientales. Por lo tanto, para Campbell, que aplica las teorías de Georges Doutrepont [1939], el Enrique es un ejemplo de la categoría mixta de prosificación ya que presenta una versión resumida, que a su vez es amplificada8 y por último se ve contaminada por otras fuentes (todo el material que corresponde al Enrique cruzado). Sin embargo, no se ha parado a ver que la contaminación de otras fuentes se da precisamente en lo amplificado, no en la base argumental que se mantiene idéntica en todas las versiones.

Mi opinión es que se puede considerar la Historia de Enrique, fi de Oliva como una narración original castellana, de finales del siglo xiii o inicios del xiv, que toma su base argumental y numerosos detalles, de la canción de gesta francesa Doon de La Roche, y que en la parte central, aunque se inspira en la idea del poema francés del exilio en Oriente, se aparta de ella y de forma independiente crea una narración de cruzados basada en un amplio, pero a la vez impreciso, conocimiento de la historia de las cruzadas, sin que se pueda ver en esta narración ningún elemento histórico ni interés por desarrollar una crónica de las cruzadas y que todos los personajes y lugares utilizados9 en la historia cumplen la función de servir de escenario más o menos verosímil.

  • (4) En esta sección de su trabajo, Campbell parece no haber entendido demasiado bien ni el español del texto castellano ni el francés de la edición de Meyer y Huet, pues al tratar de explicar el motivo por el cual en el texto castellano aparece la forma Enrique en vez de la francesa Landri, nos dice que Meyer y Huet «have no explanation for this difference, other than to comment that Enrrique is more easily pronunceable by a Spanish-speaking reader» [Campbell, 1984: 111]; sin embargo, Meyer y Huet [1921: LXVII-LXVIII] tan sólo dicen que «la substitution d’Enrrique à Landri (nom du fils) s’explique facilement: le nom peu connu de Landri a été remplacé par Enrrique (= Henrique, Henrí), très répandu, dans la péninsule ibérique comme ailleurs». Asimismo afirma que «both texts retain the name “Doon”, with no phonetic alteration» [Campbell, 1984: 112], pero en el texto castellano el padre del héroe no tiene nombre, tan sólo el título de duque (119 apariciones, hay otra ocurrencia del duque, pero es referida al duque Godofredo, f. 18v) de La Rocha (28 ocurrencias) a lo largo de toda narración. volver
  • (5) Con «Doon» se refiere a la historia genérica, pues para referirse al poema francés la palabra aparece siempre subrayada Doon, para contraponerla a Enrrique, que es la forma de indicar, abreviadamente, las versiones francesa y castellana. volver
  • (6) El poema épico que se encuentra en la base de la Historia de Enrique, fi de Oliva se conserva completo (4.638 endecasílabos, divididos en 130 tiradas de entre 5 —tirada LX— y 519 versos —tirada LIX—) en un único manuscrito, el ms. Harley 4404 de la British Library, copiado en el siglo xv. A lo que hay que añadir el testimonio fragmentario, más antiguo y mejor, que corresponde a los versos 1146-1325 y 3110-3289 y que se encuentra en un bifolio de pergamino datable en el siglo xiv y que Meyer y Huet [1921: IX] designaron como ms. L. volver
  • (7) Para Smyser [1941: 76, n. 33] hay enormes diferencias entre el texto francés y el castellano. volver
  • (8) Un análisis detallado de las amplificaciones se puede ver en el citado trabajo de Fradejas Lebrero [1981: 322-327]. volver
  • (9) A este respecto Nieves Baranda dice que las ciudades citadas son fácilmente identificables, pero «no son más que un decorado sin relieves, que de tener alguna función será meramente simbólica» [1995: XXXIV]. volver
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