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Enrique, fi de Oliva

Introducción (9 de 10)

Nuestra edición

El texto de nuestra edición se basa en el del incunable de 1498, ya que presenta la versión más cercana al arquetipo α puesto que no contiene ninguno de los elementos reelaborados por los impresores, y que se encuentran en las ediciones descendientes del subarquetipo β.

El objetivo no ha sido (re)crear el posible original pues, como se ha visto, se ha de remontar a un texto del primer cuarto del siglo xiv, y el material más antiguo con el que contamos es la edición príncipe de 1498. Lo que he hecho es seguir el texto del incunable y corregirlo en aquellos puntos en los que es evidente el hierro de los impresores e incluso del antecendente inmediato, α, del que estimo que derivan todos los testimonios conocidos y conservados. De este modo, he enviado al aparato de variantes (marcadas con un [*]) todas aquellas formas del testimonio de base que han sido corregidas con el apoyo de las ediciones posteriores. En las notas crítico-históricas, a veces, se explica el motivo por el cual he rechazado una lectura del texto de base o indico que en los otros testimonios hay una lectura errónea y a qué se debe. Asimismo, en la anotación léxica he procurado ofrecer testimonio de otros textos siempre anteriores a la fecha del texto más primitivo, aunque en algunos casos se ha tenido que recurrir a informaciones de los diccionarios, cuando no he tenido la posibilidad de conseguir documentación anterior.

En la presentación del texto he sido conservador; sin embargo, he regularizado los usos de una serie de grafías como sucede en las alternancias u / v por un lado, e i / j / y por otro. En estos casos, la grafía vocálica u se ha reservado para los valores vocálicos (avnque > aunque, Vltramar > Ultramar, Vngría > Ungría) mientras que la v para los consonánticos (uenid > venid, atauío > atavío, auentura > aventura); mientras que la y se ha mantenido como y en los casos en los que hoy aparece dicha grafía con el mismo reparto, tanto con valor consonántico (rayaua > rayava, haya), como vocálico (ley, rey); pero se ha trocado por i en los casos en los que hoy nos encontramos con ese signo (ayrado > airado, trayción > traición, yr > ir; trayan > traían). Por otra parte, las grafías dobles sin valor fonético alguno se han simplificado, aunque se limitan a -rr- tras consonante y -ss- no etimológica. En el primer caso se ha simplificado (Enrrique > Enrique; honrra > honra, desonrrar > desonrar), en el segundo, debido a un reparto equitativo entre ambos signos he preferido mantener la alternancia para que sea patente la confusión que ya existía entre fonemas sonoros y sordos, aunque se limita, únicamente al caso del par /z/ : /s/, pues en los demás pares no he observado ningún trueque.

Respecto a la acentuación y puntuación se han seguido las normas de la última edición de la ortografía académica (1999), aunque se han introducido unos acentos diacríticos para distinguir una serie de homógrafos (al ~ ál, do ~ , so ~ só, y ~ ý).

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