En la última edición del Anuario del Instituto Cervantes, El español en el mundo, se inauguraba una sección de «textos recuperados» sobre la enseñanza del español, que deseamos tenga continuidad en sucesivas ediciones. Para la entrega de 2002, que atendía monográficamente a la situación de la enseñanza del español en Europa, la elección lógica era la de un texto que, además de ajustarse al ideal del prodesse et delectare, o «deleitar aprovechando» de los clásicos, en coincidencia con las modernas metodologías de la enseñanza de lenguas, hubiera tenido una especial importancia en la historia didáctica del español en el ámbito de la actual Unión Europea. Posiblemente ningún otro libro cumple ambas condiciones mejor que los anónimos Pleasant and Delightfull Dialogues, o Diálogos muy apacibles, publicados en Londres en 1599 por John Minsheu, un sorprendente personaje, varias veces tachado de falsario, charlatán y pícaro, que a su condición de laborioso filólogo y maestro de lenguas vivas unía la de hispanófilo de la misma estirpe, reñida con lo convencional, de los George Borrow o Gerald Brenan de siglos posteriores.
La obra publicada por Minsheu culminaba varias décadas de interés por la lengua y la cultura españolas en la Inglaterra de los Tudor. Un interés que, paradójicamente, recibió su mayor impulso después del fallido intento de invasión española protagonizado por la Armada vencida de Felipe II. El enfrentamiento bélico contribuyó, una vez más, al descubrimiento de la alteridad, y a los flujos e intercambios de valores entre los pueblos del viejo continente. La presencia formidable de la España de fines del siglo xvi en Europa y América se tradujo en que posiblemente no haya existido nunca en la historia inglesa una clase dirigente tan hispanizada o, al menos, atenta a lo que venía de España, como en la Inglaterra de Isabel I. Es sabido que la propia reina era capaz de hablar, y ocasionalmente escribir correspondencia diplomática, en la lengua de sus denostados enemigos políticos.
El atractivo de los Pleasant and Delightfull Dialogues no se agota en su valor de testimonio privilegiado de un período intenso de las relaciones hispano-británicas. La obra plantea problemas de gran relevancia para la propia historia literaria y cultural española, y para el gran debate europeo sobre la forma más provechosa de enseñar lenguas que gravitaba desde la época de Erasmo, en el que mucho tuvieron que decir Nebrija y Vives, y que ha continuado hasta nuestros días.
Para empezar, se desconoce quién es el autor del texto original español; una anonimia más, voluntaria o casual, de las que afectan a grandes creaciones literarias del Siglo de Oro. En el caso de los Dialogues parece claro que el encubierto autor pertenece al grupo de los huidos de España por razones de disidencia religiosa, o al de los prisioneros y rehenes de guerra, dos colectivos que contribuyeron decisivamente a la difusión de la lengua y la literatura españolas en Inglaterra. El autor, en cualquier caso, decidió componer una obra original en lugar de adaptar alguna de las colecciones de diálogos plurilingües que circulaban en Europa desde principios del siglo xvi. Enseñar lenguas por medio de diálogos ha sido y es un método habitual, pero ya en el Renacimiento se podía optar por diálogos simples que ayudan a memorizar y practicar el léxico y las estructuras gramaticales básicas, o por obras dialogadas más ambiciosas en donde la «lengua meta» aparece utilizada en todas sus capacidades y posibilidades expresivas. Es evidente que diálogos del tipo «My taylor is rich.», «My taylor is not rich.» son útiles, aunque muy pocos llegarán a entusiasmarse por la literatura inglesa con sólo ese bagaje. Si en lugar de unas «lecturas graduadas» se eligen unos textos que de entrada ponen al aprendiz de español frente al Quijote o, en nuestro caso, unos diálogos chispeantes de ingenio y desenfado, al estudiante podrán escapársele los dobles sentidos, los juegos verbales, el léxico coloquial o especializado, y gran parte del mundo referencial de los textos; pero si la lectura capta su interés por razones no sólo lingüísticas desarrollará pronto unas «competencias parciales» que le estimularán a acelerar su aprendizaje para acceder a unas creaciones artísticas y una nueva cultura que considerará valiosas en sí mismas.
En estos Diálogos muy apacibles el autor obsequió a los ingleses, todavía inmersos en la Diana y los relatos caballerescos, con una novedad literaria que lo era también para los españoles coetáneos: la del mundo y la lengua literaria del Lazarillo y la picaresca, o de los entremeses cervantinos. Para el lector actual estos diálogos serán también mucho más que un Assimil de fines del siglo xvi. Esa es la razón por la que el Instituto Cervantes publica ahora los Pleasant and Delightfull Dialogues en tirada aparte, en obsequio a todos los interesados en la difusión de la lengua española y la cultura en español.
Como en la tirada anterior, en el Anuario, además de la reproducción facsimilar de la obra completa, ofrecemos una transcripción modernizada de la parte española, actualizada con rigor filológico pero sin veleidades paleográficas: los fetichismos de la letra, ya se sabe, sólo encubren muchas veces la pedantería y la pereza. Nuestro objetivo es no mermar el deleite de su lectura, y sí facilitar la aproximación a estos sabrosos textos de la mejor literatura española en uno de sus más brillantes periodos. En esta nueva edición se ha mejorado considerablemente la calidad del facsímil, gracias a las facilidades dispensadas por la Biblioteca Nacional, se han revisado aspectos puntuales de la transcripción, y se ha ampliado el estudio introductorio. Contando, una vez más, con el buen hacer (y la paciencia) editorial de Plaza & Janés, distintas áreas del Instituto Cervantes han colaborado para hacer de esta edición un libro digno de los amigos del Instituto y de todos los partícipes, por legado propio o adquirido, en el patrimonio lingüístico y cultural hispánicos.
Jon Juaristi
Director del Instituto Cervantes