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Leve introducción a unos diálogos hispano-ingleses (5 de 5)

La descendencia de los Pleasant and Delightfull Dialogues

Los Diálogos de Minsheu tuvieron una nueva edición inglesa en 1623, simple reimpresión de la primera.30 También en Inglaterra, ya en el siglo xviii la obra vuelve a aparecer como complemento a un diccionario y una gramática de nuevo cuño. El editor fue un prolífico hispanófilo, el capitán John Stevens, de origen irlandés, católico y jacobita, a quien se deben, además de varias traducciones de Quevedo, el padre Mariana y crónicas de Indias, una versión revisada del Quijote de Shelton y la primera compilación inglesa de obras picarescas españolas, que publicó con el título de The Spanish Libertines en 1707.31 Al final de su New Spanish and English Dictionary (Londres, 1706) Stevens incluye los «Spanish Dialogues that have been publish’d», pero esta vez «put into proper English», lo que indica que la antigua traducción de Minsheu no le parecía ya satisfactoria. También el texto español sufrió cambios, con algunas abreviaciones menores, y se prescinde del quinto diálogo, el que se produce entre los tres pajes, curiosamente uno de los más atractivos para el lector actual. El último avatar editorial de la obra en tierras inglesas lo protagonizó un emigrado de España por las mismas razones que hicieron huir siglos antes a Cipriano de Valera y Antonio del Corro. En 1718 y 1719 aparecieron dos ediciones de unos Diálogos ingleses y españoles junto con proverbios y explicaciones gramaticales, debidas a don Félix Antonio de Alvarado, quien resume así su currículum en las portadas: «Natural de la ciudad de Sevilla, en España, mas tiempo ha naturalizado en este Reyno; Presbítero de la Iglesia Anglicana, y Capellán de los Honorables Señores Ingleses Mercaderes que comercian en España». En 1719 añade otro título: «Intérprete de la Liturgia inglesa en Español, o Castellano». Alvarado no recurrió a los textos de Minsheu o Stevens, sino a las ediciones hispano-francesas de Francisco Sobrino, de quien después nos ocuparemos. El resultado es que los primitivos siete diálogos, muy alterados, aumentan hasta quince, sumando los siete añadidos por Sobrino y otro de su propia cosecha, que titula: «Entre dos protestantes, el uno llamado Miguel y el otro Raphael, en que muestran sus razones porque ellos no quieren ser Papistas».32

Mayor fortuna aún que en Inglaterra alcanzó la difusión de los Diálogos de Minsheu en el continente, sobre todo en Francia y los Países Bajos. El tercer diálogo, el del convite, se incluyó en varias ediciones de la Grammaire espagnole, de César Oudin, a partir de 1606, y el mismo Oudin publicó poco después una edición completa bilingüe en la que por primera vez se dotó a la obra de un título en español: Diálogos muy apazibles, escritos en Lengua Española y traduzidos en Francés (París, 1608). La versión de Oudin, varias veces reimpresa (1611, 1622, 1650, 1663, 1665, 1675), añadió a partir de 1622 un octavo, y no muy afortunado, diálogo en el que Poligloto y Philoxeno disertan sobre un viaje a España con comentarios más bien triviales e insulsos. En cuanto a los textos heredados de Minsheu, Oudin se permitió pocas libertades y salvo alguna ligera modernización sus transcripciones del original español son fieles.33 Antoine Oudin, hermano de César, sí creyó conveniente purgar el texto en «plusieurs endroits» de «certaines saletez, qui ne pouvoient estre bien seantes que dans la bouche de personnes de tres basse condition», en las ediciones de 1650 y 1665. Según Foulché-Delbosc, este incipiente proceso de «bowdlerización» no fue muy intenso, y los «plusieurs endroits» no son más de seis o siete. A eso y la supresión de dos cuentecillos en los últimos diálogos, además de atribuir abusivamente a su hermano la autoría de toda la obra, se limitó la labor del joven Oudin. De César Oudin procede la adaptación hispano-italiana de Lorenzo Franciosini, impresa en Venecia en 1626, y reimpresa en Roma (1638), Ginebra (1648, 1686, 1687) y Venecia (1734).

Las versiones bilingües hispano-francesas de los Oudin encontraron pronto un competidor en Juan de Luna, que en 1619 publicó su propia edición de los Diálogos de Minsheu, añadiendo otros cinco de su propia autoría, muy distintos por su tono de los que reimprime, pero también muy animados y excelentes en su género. Luna al establecerse como maestro de lengua española en París creyó necesario marcar diferencias con su más ilustre y asentado predecesor. La Grammaire espagnole de César Oudin era la obra de referencia desde 1597 y su autor detentaba el cargo de «Secretaire interprete du Roy». Juan de Luna además de enfatizar su superior cualificación en tanto hablante nativo de la lengua que enseñaba, descalificó en términos absolutos a Oudin, mencionándolo por su nombre como paradigma de los «muchos ignorantes que han compuesto algunos librillos con título de Gramática».34 En cuanto a su edición de los Diálogos de Minsheu, ya vimos que Luna declaraba en 1619 haberlos publicado «corregidos y emendados», debido a lo muy «corrompidos» que se hallaban los textos en la edición de Londres (pues «he hallado más de quinientas faltas notables»), hasta el extremo de que el propio autor original no los habría reconocido «y pensara ser su autor algún vizcaíno». Es claro que circulando la edición francesa de César Oudin desde 1608, Luna la señalaba también como inservible, por afectarle las mismas corrupciones que a la original inglesa.

Luna empieza por distanciarse de la versión de Oudin desde el propio título español que da a la obra. Los Diálogos muy apacibles se convierten en Diálogos familiares... muy útiles y provechosos para los que quieren aprender la lengua Castellana. Por otra parte, introdujo, en efecto, abundantes modificaciones. Foulché-Delbosc negaba que el presunto rifacimento de Luna hubiera ido más allá de una simple «toilette» tipográfica y, a veces, ortográfica, por lo que Juan de Luna, aunque castellano, exageraría como andaluz: en la edición londinense no existen los quinientos errores que dice haber hallado Luna, y los que hay son simples erratas de imprenta, por lo que en realidad Luna se habría limitado a hacer una simple reimpresión.35 Un cotejo detenido, sin embargo, muestra que aunque Luna exageró los errores previos, y encareció excesivamente su propia intervención, sí realizó una labor editorial notable y profunda, lo que no quiere decir acertada.

Luna aplica una pauta de forma coherente y sistemática que consiste en abreviar el texto purgándolo de lo que le parece innecesario o expletivo. Por otra parte, moderniza el léxico y la sintaxis de acuerdo con criterios que más que con subsanar «faltas notables» tienen que ver con preferencias lingüísticas y estilísticas individuales, o «castellanistas», frente a lo que tiene todo el aspecto de ser un modelo de lengua meridional, andaluz. Sólo en muy escasa medida corrige erratas, o sencillamente construcciones anómalas pero posibles en el español del siglo xvi.

Como ejemplo del primer tipo de modificaciones, Luna elimina en al menos doscientos casos las fórmulas introductorias del diálogo en que un interlocutor se dirige o apela al otro. Estas marcas dialogales, como «Señor», «Vuestra merced», los nombres de los personajes, etc., para Luna no añaden nada al sentido del texto y prescinde de ellas:

  • Señor: el agua está helada (M) / El agua está helada (L)
  • Señor: es el caso que dos compañeros... (M) / Es el caso que dos compañeros... (L)
  • Señor: razonable (M) / Razonablemente (L)
  • Señor: de Flandes vino (M) / De Flandes (L)
  • Señor: contra gustos no hay disputa (M) / Entre gustos no hay disputa (L)
  • —¿Qué día hace? —Señor: nublado (M) / —¿Qué día hace? —Nublado (L)
  • Aquí están, señor (M) / Aquí están (L)
  • Ahora, señor, bien está lo hecho (M) / Bien está lo hecho (L)
  • Mi más alta, señor, es a seis ducados (M) / Mi más alta es a seis ducados (L)
  • Pues, señor, torne a danzar (M) / Torne, pues, a danzar (L)
  • ¡Oh, señor! No diga v. merced eso (M) / No diga v. merced eso (L)
  • Ah, señor, guarde Dios a v. merced (M) / Guarde Dios a v. merced (L)
  • Y se saldrá vuestra merced con ella (M) / Y se saldrá con ella (L)
  • En su casa de vuestra merced no podía faltar puerco (M) / En su casa no podía faltar puerco (L)
  • Los días pasados había vuestra merced reñido bravamente con la limpieza (M) / Los días pasados había reñido con la limpieza (L)
  • Muy mal danzó vuestra merced. No le toco más (M) / Muy mal danzó. No le toco más (L)
  • Señor don Juan: tome vuestra merced aquella cabecera (M) / Tome vuestra merced aquella cabecera (L)
  • Este mi criado, señor don Juan, es como malilla (M) / Este criado es como malilla (L)
  • ¡Qué bien aderezado tiene vuestra merced este aposento, señor don Pedro! (M) / ¡Qué bien aderezado tiene vuestra merced este aposento! (L)
  • Brindo a vuestra merced, señor don Juan (M) / Brindo a vuestra merced (L).

Lo mismo sucede con otras palabras introductorias de la elocución propias de la lengua coloquial: «pues», «ahora», «bien», «sí», «sí, pero», «pero», «por cierto», «ansí», etc., que Luna suprime en multitud de casos:

  • Pues yo le aseguro a v. merced que no lo halle (M) / Yo le aseguro a v. merced que no lo halle (L)
  • Pues no estoy ciego (M) / No estoy ciego (L)
  • Pues yo bien creo que entiendo (M) / Yo creo que entiendo (L)
  • Pues dacá la fuente (M) / Dacá la fuente (L)
  • Pues no se entiende que ha de ser mala (M) / No se entiende que ha de ser mala (L)
  • Pues menos mirara (M) / Menos mirara (L)
  • Pues escoja de ahí (M) / Escoja de ahí (L)
  • ¡Majadero!, pues el jubón me traes (M) / ¡Majadero!, el jubón me traes (L)
  • Ahora, hermano, déxate de retóricas y has lo que tu amo te mandó (M) / Déxate de retoricas y haz lo que tu amo te mandó (L)
  • Ahora vamos a la joyería (M) / Vamos a la joyería (L)
  • Ahora esta es la última prueba (M) / Esta es la última prueba (L)
  • Ahora dexen eso vuesas mercedes (M) / Dexen eso vuesas mercedes (L)
  • Ahora decíme, por vuestra vida (M) / Decíme, por vuestra vida (L)
  • Ora péselo (M) / Péselo (L)
  • Ora pues, corra el río por do suele (M) / Corra el río por do suele (L)
  • Sí, pero yo conozco ya vuestro humor (M) / Yo conozco ya vuestro humor (L)
  • Sí, pero la humidad sin calor sería como la tierra sin el sol (M) / La humedad sin calor sería como la tierra sin el sol (L)
  • Sí, pero no me negaréis... (M) / No me negaréis... (L)
  • Muy bien me saben (M) / Bien me saben (L)
  • Bien está; no pase más adelante (M) / No pase más adelante (L)
  • Por cierto no tengo muchas; sino, como dicen en mi tierra... (M) / No tengo muchas; pero, como dicen en mi tierra... (L)
  • De gentil mano son, por cierto (M) / De buena mano son (L)
  • Ansí es verdad (M) / Es verdad (L).

Se suprimen con frecuencia pronombres personales, en formas plena o enclítica:

  • Yo para mí tengo (M) / Para mí tengo (L)
  • Lo mejor que yo les hallo (M) / Lo mejor que les hallo (L)
  • No querría yo que le hiciésedes (M) / No querría que le hiciésedes (L)
  • A mí me parece en verano tienda (M) / En verano tienda (L)
  • Que tengo de dormirme en pie (M) / Que tengo de dormir en pie (L)
  • Sé muy bien lo que me bebo (M) / Sé muy bien lo que bebo (L).

En las enumeraciones se eliminan conjunciones, tendiendo siempre al asíndeton, o se evita la repetición del verbo:

  • Este salpimentero y esta copa, con su sobrecopa, y este pichel y esta caldereta y esta porcelana (M) / Este salpimentero, esta copa, con su sobrecopa, este pichel y esta caldereta, esta porcelana (L)
  • Los astros y planetas y signos (M) / Los astros, planetas, signos (L)
  • Aquel pavo, o este faisán, o el francolín (M) / Aquel pavo, faisán, o francolín (L)
  • Hay conejos, hay perdices, hay pollos, hay gallinas, hay ganzos, hay ánades, hay carnero, hay vaca, hay cabrito, hay menudo de puerco (M) / Conejos, perdizes, pollos, gallinas, gansos, ánades, carnero, vaca, cabrito y menudo de puerco (L).

Ni las repeticiones de términos ni los dobletes léxicos o enumeración de términos equivalentes complacen tampoco a Luna:

  • Trocar piezas chicas por piezas grandes (M) / Trocar piezas chicas por grandes (L)
  • De un estremo vinieron a dar en otro estremo (M) / De un estremo vinieron a dar en otro (L)
  • Habéis respondido un gran adefesio y disparate (M) / Habéis respondido un gran adefesio (L)
  • Hacer un guizado, o potaje (M) / Hacer un guisado (L)
  • También deben de ser de allá los lienzos o pinturas o retratos (M) / También deben de ser de allá los lienzos (L).

En fin, no se desaprovecha ocasión de abreviar siempre que la expresión tendía en Minsheu a explayarse mínimamente:

  • ¿Cuántas leguas pensáis caminar hoy? —Yo querría que doce. —Pues a la mano de Dios (M) / ¿Cuántas leguas pensáis caminar hoy? —Doce. —A la mano de Dios (L)
  • Está muy bien, señor. Yo lo haré ansí (M) / Así lo haré señor (L)
  • Cierto que está muy curioso, y muy bien asentada la taracea (M) / Muy curiosa y muy bien asentada está la taracea (L)
  • ¿Por qué madruga tanto, si no anda bueno? (M) / ¿Por qué madruga, tanto? (L)
  • Ya entiendo. Por la mujer lo dice v. m. (M) / Una muger quiere dezir v. m. (L)
  • ¿Y adónde le hallaremos que sea buena? (M) / ¿Y adonde la hallaremos buena? (L)
  • Yo me quiero poner a contar de cuántas cosas... (M) / Quiero contar de cuántas cosas... (L)
  • Quiere vuestra merced llevar capa y gorra (M) / Quiere vuestra merced capa y gorra (L)
  • Yo apruébola por buena salutación (M) / Yo apruébola por buena (L)
  • Antes creo que estás durmiendo todavía (M) / Antes creo que estás durmiendo (L)
  • Son más sabrosos que esotros; de azafrán gran cantidad se coge en España (M) / Son más sabrosos; de azafrán hay gran cantidad (L)
  • Vos lo habéis disputado muy bien, y yo os quedo muy aficionado servidor, y así os suplico que el tiempo... (M) / Muy gran merced me habéis hecho, y assí os suplico que el tiempo... (L)
  • Sí haré, aunque bien creo que no por eso me tengo de asentar con él a la mesa (M) / Sí haré, aunque no por eso me tengo de asentar con él a la mesa (L)
  • Aquel niño chiquito dixo (M) / Aquel niño dixo (L).

Podrían añadirse muchos otros ejemplos en donde se evidencia que Luna modifica el original de Minsheu para abreviar y reducir la sintaxis a una verbalización más llana y simple, pero la muestra es suficiente. Es posible que con esa poda los diálogos pudieran cumplir mejor su función para la enseñanza de la lengua. En otro terreno, el resultado es que, sin duda, se gana en concisión; pero se pierde, y mucho, en el carácter coloquial y la naturalidad espontánea de unos textos que antes de nada pretendían ser diálogos, recreación fictiva de conversaciones vivas. Los elementos redundantes y expletivos, propios del lenguaje oral, que a Luna le molestan, contribuían decisivamente a la ilusión de hallarnos asistiendo a la transcripción de unos auténticos diálogos en donde hablan personajes vivos, y no gramáticos.

El afán de acortar puede a veces jugarle una mala pasada a Luna, y al lector. Así, en el cuentecillo del diálogo quinto sobre los dos caminantes sorprendidos por el oso, el compañero cobarde desampara al otro, que se finge muerto. Minsheu imprimía:

El oso llegó y le olió todo, las narices y la boca y los oídos y, pensando que estaba muerto, se fue de allí sin hacerle ningún daño.

Luna abrevia:

El oso llegó y le olió todo y, pensando que estaba muerto, se fue sin hacerle ningún daño.

Pero al suprimir el olisqueo que recorre narices, boca y oídos, pierde todo su sentido, y su gracia, el desenlace del cuento, basado en la respuesta a la pregunta del cobarde, intrigado por saber qué le había dicho el oso al oído a su compañero.

Otro tipo de modificaciones que practica Juan de Luna tiene como finalidad modernizar la lengua de los Diálogos de Minsheu, que consideraba envejecida en su fonética, léxico o sintaxis; o bien manifiesta simplemente unos distintos y más rígidos criterios sobre la «corrección» idiomática. Esos criterios no siempre coincidirían con los actuales, y las sustituciones de Luna no implican en modo alguno que el texto de Minsheu sea incorrecto siempre que Luna introduce cambios. Luna se atiene a una idea generalizada en la época según la cual el castellano hablado en Toledo, su propia ciudad natal, ostentaba una particular excelencia frente a otras modalidades del español (y nótese que también el autor de los Diálogos de Minsheu reconocía a Toledo «la prima de la lengua española»). Luna se consideraba, en consecuencia, legitimado para modificar todo lo que disonase de su ideal lingüístico. Un maestro de lenguas en el siglo xvii tenía necesariamente que partir de una norma única, y ello se traduce en simplificaciones, o en exclusiones de posibles normas alternativas, que hoy no podrían ver con buenos ojos el dialectólogo o el historiador de la lengua.

Luna, claro está, corrige los abundantes casos de confusiones de sibilantes («ceceos»: ganzos, ocación, celozos, preçidio, neçeçidad, aconcejaba, iglezia, manza, beza [por «besa»], guizado, viçitar, camuezas, dioces, converçaçión, Zalamanca; o «seseos»: sincha, reconosimiento, reconosco, guarnesiessen, vense [por «vence»], meresca, obedesco, dies y seis, torresnos, basa [por «baza»], etc.), que denotarían claramente un origen andaluz del autor, si pudiera darse al dato todo su valor.

Tampoco acepta vacilaciones en el timbre de las vocales átonas, y opta por las soluciones modernas: frente a las formas invidia, invidioso, inviar, disierto, semijante, serviendo, mormurar, etc., ampliamente utilizadas todavía muy avanzado el siglo xvii, Luna imprime envidia, envidioso, enviar, desierto, etc. Opta también por las formas modernas ahora, así, entonces, cuchara, vio, vendrán, etc., frente a los arcaicos agora, ansí, estonces, cuchar, vido, vernán, etc., de Minsheu. En algún caso, sin embargo, la solución de Luna no coincide con la norma posteriomente aceptada, como cuando corrige los cerceganillo y cebratana de Minsheu por zarzaganillo y zarabatana.

En las sustituciones léxicas no es siempre evidente que la sustitución del arcaísmo sea la única razón, aunque sea el criterio dominante:

  • comida tan acorrida (M) / comida tan pronta (L)
  • vedamiento es causa del apetito (M) / privación es causa de apetito (L)
  • está corrupta la letra (M) / está corrompida la letra (L)
  • Alexandre (M) / Alexandro (L)
  • mesas (M) / tablas (L)
  • guardarropa (M) / camarero (L)
  • cartas (M) / naipes (L)
  • cuellos de encaje (M) / cuellos de lechuguilla (L)
  • cuando hombre tiene muchos criados (M) / cuando hay muchos criados (L)
  • Ya me voy parando viejo (M) / Ya me voy haziendo viejo (L)
  • De esa suerte (M) / De esa manera (L)
  • Hacerme regañar algunas veces (M) / Hazerme reñir algunas veces (L).

Luna altera muchas veces el régimen preposicional de los verbos, sin que por ello pueda decirse que las formas sustituidas de Minsheu respondan a usos inaceptables en el español de su época o, incluso, actual:

  • Yo vine este camino (M) / Yo vine por este camino (L)
  • Todas las veces que vinieren este camino (M) / Todas las veces que vinieren por este camino (L)
  • Demasiada razón a motejarte (M) / Demasiada razón en motejarte (L)
  • ¿Por cuál taza quiere vuestra merced beber: por la llana o por esta hondilla? (M) / ¿En qué taza quiere vuestra merced beber: en la llana o en esta hondilla? (L)
  • Colgada de aquel clavo (M) / Colgada en aquel clavo (L).

Lo mismo sucede en otros usos preposicionales, de los artículos y adverbiales:

  • En diez de marzo (M) / A diez de marzo (L)
  • En casa de (M) / A casa de (L)
  • Al servicio de vuestra merced (M) / A servicio de vuestra merced (L)
  • Al de menos (M) / A lo menos (L)
  • Es más caliente para por la mañana (M) / Es más caliente para la mañana (L)
  • Perderemos la gana de el comer (M) / Perderemos la gana de comer (L)
  • Por el bien que le sabe el vino (M) / por lo bien que le sabe el vino (L)
  • De todos cuatro pies (M) / De todos los cuatro pies (L)
  • No hay aquí más que ocho (M) / No hay aquí más de ocho (L)
  • Aquí no hay más que dos (M) / Aquí no hay más de dos (L)
  • Más que un año de aprendiz (M) / Más de un año de aprendiz (L)
  • No sabe leer más de por el libro (M) / No sabe leer sino en el libro (L)
  • No le falta más que la chusma (M) / No le falta más de la chusma (L).

O en alteraciones de los tiempos verbales, donde lo habitual es que tan aceptable nos parezca la opción de Minsheu como la de Luna:

  • ¿Adónde fue hecho? (M) / ¿Adónde se hizo? (L)
  • Unos escamochos que sobraran a mi amo (M) / Unos escamochos que sobraron a mi amo (L)
  • ¿Cuánto habremos andado? (M) / ¿Cuánto hemos andado? (L)
  • ¿Tengo de ir acompañando a v. m.? (M) / ¿Tengo de ir a acompañar a v. m. (L)
  • Visto que el oso era ido (M) / Viendo que el oso se había ido (L)
  • El compañero, visto que él solo no se podía defenderse del oso (M) / El otro, viendo que el sólo no se podía defender del osso (L)
  • Haciendo muestras de que estaba muerto (M) / Haciendo muestras de estar muerto (L)
  • Pero que cuando contase algún cuento, se alargase y pasase tanto (M) / Pero que cuando contaua algún cuento, se alargaua y pasaua tanto (L)
  • Y ¿eso ha de ser verdad? (M) / Y ¿esso será verdad? (L)
  • Y los hombres que no comieron lo que estos vomitaren... (M) / Y los hombres que no comieren lo que estos vomitaran... (L)
  • Como me llamáis para que os ayude a esto, no me llamárades para que os ayudara al almuerzo (M) / Como me llamas para que te ayude a esto, no me llamarías para que te ayudasse al almuerzo (L).

En contadas ocasiones, sin embargo, Luna sí corrige erratas o pasajes de concordancia cuando menos anómala:

  • Más vale que miento yo que no el año (M) / Más vale que mienta yo que no el año (L)
  • Ha dado las cinco (M) / Las cinco eran dadas (L)
  • La Luna cada noche aparece de su manera, que las estrellas, si no fuere por el Sol, no ternán resplandor ninguno, que los ríos corren a la mar (M) / La Luna cada noche aparecerá de su manera, que las estrellas, si no fuese por el Sol, no tendrán resplandor ninguno, que los ríos correrán a la mar (L).

En el caso de expresiones proverbiales, Luna a veces muestra conocer variantes a las que da preferencia sobre el texto de Minsheu:

  • Donde una puerta se cierra, ciento se abren (M) / Donde una puerta se cierra, otra se abre (L)
  • Piedra movediza no la cobre moho (M) / Piedra movediza nunca moho la cobija (L)
  • Obra de Milán, veeme y no me tangas (M) / Obra de Milán, veeme y no me toques (L)
  • Mozo de mulas un punto sabe más que el diablo (M) / Los mozo[s] de mulas un punto saben más que el diablo (L)
  • Ese es tu enemigo: el que es de tu oficio (M) / Ese es tu enemigo que es de tu oficio (L)
  • Pan y vino anden camino... (M) / Pan y vino andan camino... (L)
  • Si Dios me guarde mi juicio... (M) / Si Dios me guarda mi juicio... (L)
  • Cállate y callemos, que sendas nos tenemos (M) / Cállate y callemos, que sendas tenemos (L)
  • Dios me dé siempre contienda con quien me entienda (M) / Dios me dé contienda con quien me entienda (L)
  • A puerta cerrada el diablo se vuelve (M) / De puerta cerrada el diablo se vuelve (L)
  • Ni abad por vecino, ni poyo a la puerta, no es bueno (M) / Ni abad por vecino, ni poyo a la puerta, es bueno (L).

La lógica sustitución de pasajes que hacían referencia explícita al contexto inglés en la primera edición se produce en algunos casos:

  • —No sé cuál sea mejor uso: este que usamos en España o el que se usa en Inglaterra. —¿Qué es el uso de Inglaterra? (M) / No sé cuál sea mejor uso: este que usamos en España o el que se usa en Francia. —¿Qué es el uso de Francia? (L)
  • ¿Acaso va a Londres? (M) / ¿Acaso va a Madrid? (L).

Frente a todos los cambios vistos, que tienen siempre alguna posible justificación como corrección o adaptación lingüística, abundan los que parecen producto de una simple voluntad de variatio:

  • ¿Ya vos venís cavalgando? (M) / ¿Ya venís a caballo (L)?
  • Luego ¿no hacéis confianza de mí? (M) / Luego ¿no os fiáis de mí? (L)
  • ¡Oh, cuánto polvo tiene esta capa! (M) / ¡Qué de polvo tiene esta capa! (L)
  • él parece buen hijo (M) / Parece buen muchacho (L)
  • ¿Y cuáles son las demás? (M) / ¿Cuáles son las otras? (L)
  • Cuando le doy ocasión es menester que me perdone, que, cuando no se la doy, poca amistad me hace (M) / Cuando le doy occasión me ha de perdonar, que quando no se la doy, ni grado ni gracias (L)
  • Él me dixo: Pues sea esta la manera (M) / Díxome: Hagamos desta manera (L)
  • Bueno, señor: es tan bueno que, a ser más, no valiera nada (M) / Bueno, es lo tanto que, a ser mejor, no valiera nada (L)
  • Estonces contarles he uno que me subcedió el viaje pasado, haciendo este camino con un hidalgo (M) / Contarles he uno que me sucedió el viaje pasado, yendo este camino con un hidalgo (L)
  • Pues cuatro faltan. A la lavandera pedirle he que dé cuenta dellos; y si ella los perdió... (M) / Quatro faltan, a la labandera, que dé cuenta dellos y si los perdió... (L)
  • Bueno sería. Eso es por motejarme de viejo (M) / Bueno sería esso; quiere v. m. motejarme de viejo (L)
  • Yo obedesco en su casa y fuera (M) / Yo le tengo de obedezer en su casa y fuera della (L)
  • Canas y cuernos no vienen por días (M) / Cuernos y canas no vienen por días (L).

Y un largo etcétera. En suma, no existían en el texto de Minsheu las «más de quinientas faltas notables» que fuera preciso enmendar, pero Juan de Luna sí hizo más de quinientos cambios, sin que por ello podamos preferir su versión a la original.36

Aparentemente, la versión de Luna fue reimpresa sólo una vez en fecha antigua (París, 1621), y otra combinada con el texto de Oudin (Bruselas, 1625), pero su difusión hubo de ser mayor si se tiene en cuenta que la edición primera de 1619 debe desglosarse en, al menos, otras dos tiradas más.37 Ya en tiempos modernos la obra de Luna fue objeto de una cuidada reimpresión, casi paleográfica, por parte del entusiasta paremiólogo y cervantista José María Sbarbi.38

La última utilización de los Pleasant and Delightfull Dialogues como libro de texto para la enseñanza del español la protagoniza, ya en el siglo xviii, Francisco Sobrino, publicista de amplia difusión y pocos escrúpulos editoriales. Sobrino ejercía como «Maestro de la lengua Española en la Corte de Bruselas», y después de haber impreso una Gramática (Bruselas, 1697) y un Diccionario español-francés (Bruselas, 1705), «Qui ont été aprouvez par le prompt debit qui en été fait», declara que «plusieurs personnes m’ont prié de travailler à un Dialogue, afin d’avoir les trois Livres necessaires pour bien aprendre la langue Espagnole». Dado que, según Sobrino, los libros que existían de diálogos en español y francés no eran satisfactorios, decidió «componer» uno nuevo, que imprimió en 1708 y que alcanzó siete ediciones en el siglo xviii, todas de Bruselas excepto la última (Avignon, 1778). Los Dialogues nouveaux Espagnols, expliquez en François de Sobrino no son enteramente nuevos, puesto que siete de los catorce diálogos son adaptación de los de Minsheu, y otro (el décimo) reproduce con alteraciones el de César Oudin. Respecto a los que toma de Minsheu, Sobrino no se los apropia sólo por ocultar su procedencia, sino por la libérrima forma en que los refunde y altera, añadiendo pasajes extensos, suprimiendo otros, y reformulando a fondo toda la fraseología.39 Sobrino, por otra parte acostumbra interrumpir el diálogo para incluir aclaraciones léxicas o gramaticales, que da a veces en la forma de paradigmas de frase. Véase un ejemplo de su diálogo noveno (el séptimo de Minsheu):

CABO: Esso es hazer la cuenta sin la huéspeda. Y quiçá irá usted por lana y bolverá tresquilado, porque a donde las dan, las toman.
Ir por lana, y bolver tresquilado. Aller querir de la laine, & revenir tondu. Les François disent le chien de brusquette alla au bois pour manger le loup, & le loup le mangea.

CABO: Plegue a Dios que quando llegue la ocasión, no coja las de Villadiego.
Coger las de Villadiego, s’enfuir, gagner aux piés, montrer les talons.
Cogió las de Villadiego, il s’est enfui, il a gagné aux piés, il a montré les talons.
Cogerá las de Villadiego, il s’enfuira, il gagnera aux piés, il montrera les talons.

SOLDADO: No soy menor de edad, para aver menester de curador. Señor Cabo de esquadra, yo sabré bolver por mí.
Bolver por sí, Se défendre.
Buelva usted por sí, Défendés-vous.
Bolver por alguno, Défendre quelqu’un.
Nadie bolverá por ella, Personne ne la défendra.
Nadie bolverá por él, Personne ne le défendra.
Yo bolveré por usted, Je vous défendrai.
Buelva usted por mí, Défendés-moi, prenés mon fait.
Sus amigos bolverán por él, Ses amis le défendront, ses amis prendront son fait & cause.

El método no deja de tener interés, por más que destruya la posibilidad de una lectura trabada y coherente de los diálogos.

En cuanto a los seis diálogos «propios» de Sobrino, si es que se le pueden atribuir los que no tienen precedente conocido, varios de ellos son más bien simples «lecciones de cosas»: un español y un flamenco exponen por turno la variedad y nomenclatura de los juegos de naipes y el sistema monetario de sus respectivos países (diálogo cuarto); Colón y Drake describen el nuevo mundo con especial atención a los virreinatos de Perú y México (diálogo duodécimo); los filósofos Daniel y Gabriel enumeran las estrellas, constelaciones, meteoros, etc. (diálogo décimocuarto). El diálogo decimotercero entre Arrio y Mahoma es poco más que un pretexto para ensartar insultos antiislámicos a propósito de los turcos. De mayor interés es el que mantienen Hernán Cortés y Moctezuma (diálogo onceno), al menos por la posibilidad que se da al americano, en términos de cierta igualdad, de cuestionar la presunta superioridad del conquistador europeo. Como piedra de toque para aquilatar el abismo que separa los diálogos de Minsheu de los de Sobrino es ilustrativo el sexto del maestro de lenguas de Bruselas. El diálogo de Sobrino, «Sobre un pleito entre un mozo de mulas y una ventera», quiere ser continuación del cuarto de Minsheu, especialmente bien logrado e ingenioso, «Entre dos amigos llamados el uno Mora, el otro Aguilar y un mozo de mulas y una ventera». Se supone que después de que los dos viajeros y el mozo Pedro, muy justamente rotulado de «Urdemalas», han abandonado una venta en la que hemos asistido a una desaforada lid verbal de pullas entre el mozo y la ventera, deben regresar a ella por haber olvidado en la caballeriza las alforjas donde guardan el dinero. La ventera niega haber encontrado las alforjas, y le ponen pleito hasta que aparezcan. Entran en escena un alcalde, un procurador, abogados, un alguacil, jueces, y la acción se dilata varios días, con transcripción de autos, requerimientos y sentencia. En otras manos, la historieta podría haber servido de tema a un buen entremés; en las de Sobrino, y a pesar de que los caracteres básicos le venían ya dados, el resultado es un centón de tópicos, repetitivo y sin gracia, en el que se desvanece la propia idea de lo que es un diálogo.

Para concluir, a lo largo de casi dos siglos la obrita que sacó a luz John Minsheu en 1599 reveló su notable virtualidad, y versatilidad, para adaptarse a contextos muy diversos. Los Pleasant and Delightfull Dialogues in Spanish and English fueron la mediación decisiva para que se imprimiesen obras muy distintas a la original, pero que mantenían la misma finalidad: convertir en una actividad agradable la enseñanza y el aprendizaje del español como lengua extranjera en Europa.

Notas:

  • (30) London: Iohn Haviland, 1623. Aunque Foulché-Delbosc (al. M. Gauthier), la cataloga como edición exenta, se trata en realidad de una reimpresión que, como la ed. de 1599, agrupa, con portadas distintas, el Diccionario, la Gramática y los Diálogos. volver
  • (31) Sobre John Stevens, cf. C. Steele, English Interpreters of the Iberian New World from Purchas to Stevens (1603-1726): A Bibliographical Study (Oxford: Dolphin, 1975); R. H. Williams, «A Manuscript Document on the Translations from Spanish by Captain John Stevens», Revue de Littérature Comparée, XVI (1936), págs. 144-166, y S. Martín-Gamero, op. cit., 129-132. volver
  • (32) Cf. S. Martín-Gamero, op. cit., págs. 133-137, y A. Sánchez Pérez, op. cit., págs. 172-176. volver
  • (33) El diálogo añadido por Oudin lo publica Foulché-Delbosc, «Diálogos de antaño», en Revue Hispanique, XLV (1919), págs. 147-155. La versión española completa de los Diálogos muy apacibles de C. Oudin se reimprimió en España modernamente, en colección poco rigurosa (Madrid: Atlas, 1943; «Colección Cisneros», núm. 17), a partir de la ed. de 1622. volver
  • (34) En el mismo texto:

    [...] La inorancia de los unos y de los otros les sirve de escusa, entre quienes se puede contar un Cesar Oudin [la cursiva es de Luna] Francés, que haviendo hecho una Gramática larguíssima y prolixa, en lo más necesario ha pasado sobre peine poniendo ocho, o diez verbos irregulares (a la ventura, sin saber si lo eran o no) con tanta confusión y obscuridad que los que en ella se engolfan se sumen en un abismo y se meten en un laberinto.

    (Juan de Luna, Arte breve y conpendiossa para aprender a leer, escrevir, pronunciar y hablar la Lengua Española [Londres: Iuan Guillermo, 1623], «Advertencia necessaria à los lectores», s. p.).

    El Arte breve de Luna se había publicado antes en París, 1616, si no antes, y reeditado sin que el autor se permitiera en las ediciones francesas esa andanada contra su predecesor. Sobre la complicada historia editorial del Arte breve, y otros aspectos de la obra de Luna como gramático, cf. H. Simon y J.-M. Pelorson, «Une mise au point sur l’Arte breve... de Juan de Luna», en Bulletin Hispanique, LXXI (1969), págs. 218-230; J.-M. Pelorson, «Un document inédit sur Juan de Luna (14 juin 1616)», en BHi, LXXI (1969), págs. 577-578; S. Collet Sedola, «Juan de Luna et la première édition de l’Arte breve», en BHi, LXXIX (1977), págs. 147-154; A. Berthelot, «A vueltas con Juan de Luna (y César Oudin)», en BHi, LXXXVI (1984), núms. 3-4; Judith S. Merrill, «Juan de Luna: Renaissance Pedagogue par excellence», en Language Quarterly, XXI (1982), núms. 1-2, págs. 51-52; E. C. Hills, «Una Gramática del Siglo de Oro [Juan de Luna, 1623]», en Hispania, I (1918), págs. 98-99; J. M. Lope Blanch, «Las gramáticas de Juan de Luna y de Jerónimo de Texeda», en Nueva Revista de Filología Hispánica, XXVI (1977), págs. 96-98.

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  • (35) R. Foulché-Delbosc [al. M. Gauthier], op. cit., pág. 75. volver
  • (36) Cuestión aparte, en la que ahora no merece la pena entrar, es que en algunos de los cambios textuales que introduce Luna le precedió su vilipendiado Oudin. volver
  • (37) Así lo advirtió F. Marcos Marín al describir el ejemplar que fue propiedad de R. Foulché-Delbosc y se conserva en la Biblioteca Nacional de la República Argentina, FD13 (cf. http://www.lllf.uam.es/). Además de una edición que consta de 591 páginas (a la que corresponde el ejemplar de Buenos Aires), existe otra de 464 páginas, y esta última se encuadernó a veces conjuntamente con otra obra, Los memorables dichos y sentencias de varios filósofos y oradores [...] Con algunas canciones de enamorados cortesanos y cortesanas, con distinta paginación y pie de imprenta. En realidad, la distinción básica, que se le escapa a F. Marcos, entre las dos ediciones descritas como de París: Michel (~Miguel) Daniel, MDCXIX, consiste en que la de 591 páginas es bilingüe, con texto español y francés, y la de 464 contiene sólo el texto español, ésa es la única razón de que el ejemplar de Foulché-Delbosc contenga «un número de páginas mayor». Por lo tanto, conviene saber, y señalar, que no existen pasajes expurgados «en las ediciones breves», y que es ilusoria la idea de que en ellas se suprimiesen pasajes que contenían «ataques al catolicismo», según afirma F. Marcos («Vendiendo la lengua», en ABC Cultural, 14-9-2002, pág. 21, «reseña» de El Español en el Mundo. Anuario del Instituto Cervantes, 2002). En http://www.lllf.uam.es/, F. Marcos era algo más cauto y se limitaba a anunciar que «será preciso tener en cuenta si en una [edición] han desaparecido los pasajes de crítica a los frailes y los conventos, junto con otras observaciones de tipo religioso que abundan en la otra». Basta cotejar el texto de la edición que hizo el propio Foulché-Delbosc de los diálogos de Minsheu y los de Luna, partiendo de su propio ejemplar de la edición «amplia», con el de la «edición breve» (representada por, entre otros, el ejemplar de la Biblioteca del Museo Lázaro Galdiano y el que utilizó J. M. Sbarbi en su reimpresión de 1874), para advertir que no existen más variantes que las meramente gráficas. Por otra parte, y ya queda indicado en este estudio preliminar, en los Diálogos de Minsheu no existe la menor referencia religiosa que pudiera ser considerada heterodoxa, y en consecuencia «expurgable»; y lo mismo es válido para los diálogos que añade Juan de Luna, salvo que el lector actual esté aquejado de una pacatería del todo ajena a las letras españolas del Siglo de Oro. volver
  • (38) J. M. Sbarbi, El Refranero General Español, I (Madrid: Fuentenebro, 1874), págs. 155-277. volver
  • (39) Como ejemplo del modus operandi de F. Sobrino puede verse su diálogo séptimo, que adapta el quinto de Minsheu («Entre tres pajes»). Sobrino añade un cuarto personaje, el estudiante Rodrigo, que a lo largo de seis páginas habla con el paje Juan de sus desventuras escolares y otras materias. Se anuncia el cuento del oso, pero se suprime porque «es muy largo»; y son pocos los pasajes del original donde el texto queda sin refundir. La edición de Sobrino es, por otra parte, descuidadísima y está plagada de erratas, al menos en las últimas apariciones de la obra (manejo ejemplar de la sexta edición: Bruselas: Francisco Foppens, 1754). Sobre el conjunto de la obra de Sobrino, desaprensivo plagiario de Oudin, cf. A. Sánchez Pérez, op. cit. págs. 155-158. volver
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