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Leve introducción a unos diálogos hispano-ingleses (2 de 5)

Minsheu: «Scholar or charlatan?»

El panorama cambia por completo en la obra que reeditamos. Los Pleasant and Delightfull Dialogues in Spanish and English, publicados por John Minsheu en 1599, tuvieron larga posteridad. Además de volver a imprimirse en edición inglesa de 1623, los más célebres maestros de lengua española de los siglos xvii y xviii en Francia, Italia y Flandes (César Oudin, Juan de Luna, Lorenzo Franciosini, Francisco Sobrino) adaptaron y reeditaron una obra que siguió utilizándose hasta, al menos, 1778, y alcanzó un total de casi treinta ediciones en sus derivados franco-italianos. El juicio de los no muchos estudiosos y lectores modernos que se han aproximado a esta obra es también unánime respecto a su gracia e ingenio. La sorpresa de hallar una pequeña joya literaria donde menos podía pensarse (impresa, nada menos, que detrás de una gramática, donde no suelen saltar tales liebres), le añade encanto.

Los Diálogos de Minsheu son, en realidad, sólo la tercera parte de una amplia colección de materiales para la enseñanza del español en Inglaterra. Con paginaciones y portadas independientes, se imprimen en gran formato y encuadernan juntas tres obras distintas que aspiraban a satisfacer las necesidades del más exigente alumno de español. La parte del león, cerca de 400 páginas a tres columnas, se la lleva un Dictionarie in Spanish and English, con su correspondiente e inverso English and Spanish. Sigue una Spanish Grammar, donde se exponen, de acuerdo con la ortodoxia de Quintiliano, las partes tradicionales de la Gramática, desde la ortografía y la prosodia hasta la sintaxis, esta última tan adelgazada como ha sido norma hasta tiempos muy recientes. Pero Minsheu sin duda intuyó la importancia que tiene la fraseología, la «frase hecha» sea como paremia o mero sintagma fijo, para la adquisición de una nueva lengua, y añade a su Spanish Grammar varias páginas con listas traducidas de «Words, Phrases, Sentences and Proverbes», que toma de la Diana de Montemayor (en su edición de 1580), la Celestina (Amberes, 1595), el Lazarillo de Tormes (también de Amberes, 1595), el Menosprecio de Corte (ed. de 1591) y el Marco Aurelio de Guevara, y la Floresta española de Santa Cruz (Salamanca, 1592), además de refranes populares. El elenco de fuentes seleccionadas revela un paladar literario nada desdeñable.

La tercera y última parte del «plan curricular» de Minsheu la constituyen los Pleasant and Delightfull Dialogues in Spanish and English, que aquí transcribimos en su parte española y publicamos íntegramente en facsímil.

¿Quién era el incansable trabajador y entusiasta hispanófilo que respondía al nombre de John Minsheu? Muy poco se sabe sobre su persona, al margen de que era «Professor of Languages in London», o de que era pobre y que para sacar sus obras a luz dependió del mecenazgo de ilustres patronos a los que rinde pleitesía en sus prólogos. De su labor como gramático y lexicógrafo no puede decirse que haya recibido veredictos muy favorables. Dámaso Alonso lo rotula de «políglota pedantesco, infatigable y poco escrupuloso» y de «ávido aprovechador de cuantos materiales llegaran a sus manos»; y censura su «falta de honradez», que le lleva «no ya a aprovechar la doctrina ajena, sino a copiar al pie de la letra» lo que ya andaba escrito desde la Gramática de la lengua vulgar en España, de Lovaina (1559), a Percyvall y Stepney.5 Peor parado aún sale Minsheu del examen del más competente estudioso de la historia lingüística española del periodo clásico. Según Amado Alonso, Minsheu, al tratar de la pronunciación del español «no hace más que robar a dos manos estropeando a los plagiados, según su método constante», «Minsheu es el multiplagiario... copia sin citar, más que a dos manos a cien pies, del Anónimo de Lovaina de 1559, de Meurier, de Stepney, de Miranda, y sobre todo de Antonio del Corro, sin cuidarse de las contradicciones resultantes». Más lindezas: «Minsheu era pobre, casado y con muchos hijos, y tenía que darles de comer. De todos modos, es verdad que no tenía escrúpulos de propiedad literaria ni de verdad en las descripciones»; «El incompetente Minsheu era incapaz de oír crecer la hierba; en verdad no oía nada...»; «Minsheu, incapaz de decir nada si no lo copia», «Minsheu, desarreglador de Percyvall», etc.6

Similar descrédito alcanza hoy a la obra más ambiciosa de Minsheu, su Ductor in Linguas. The Guide into Tongues (Londres, 1617), considerada hasta principios del siglo xx como un monumento de modernidad filológica. Además de darse la equivalencia del término inglés en otras diez lenguas, el Ductor incluye un eruditísimo aparato de citas que autorizan las definiciones, y hace amplio uso de textos anglosajones y del «Old» y «Middle English» (con inclusión, por primera vez en la lexicografía inglesa, del vocabulario de Chaucer). En especial, se valoraban las etimologías propuestas por Minsheu, novedosas y sorprendentemente acertadas muchas veces. Por desgracia, tan esplendorosas novedades tenían dueño previo. Jürgen Schäfer ha probado que Minsheu se limitó muchas veces a dar como propio lo que John Cowell, un experto en antiguas leyes inglesas, había impreso diez años antes en un libro (The Interpretator, 1607) sentenciado al fuego por las veleidades absolutistas de su autor. Ante la pregunta de si con Minsheu estamos ante un sabio o un charlatán, Schäfer se inclina claramente por la segunda de las alternativas, aunque reconozca lo que se le debe como compilador y el valor de la intención didáctica de maestro de lenguas que inspiró toda su obra.7

En realidad, ya entre sus contemporáneos parece haber circulado ampliamente la opinión de que Minsheu tenía menos de sabio que de charlatán. Abraham Fraunce, autor de la Arcadian Rhetoricke (1588), en donde por primera vez se dio a conocer en Inglaterra la obra de Boscán y Garcilaso, se refiere a un Minsheu todavía inédito calificándolo de bribón falsario («a false knave»), y otro hispanófilo próximo en el tiempo, Edward Phillips, aunque parece adoptar la defensa de Minsheu afirmaba en 1658 que para muchos su recuerdo era «obnoxious», odioso o repugnante.8

Para fin de fiesta, Amado Alonso rescató otra alusión denigrante a Minsheu en un texto del gran comediógrafo isabelino Ben Jonson, que también había sido ocasional gramático de la lengua inglesa. El autor de Volpone y Everyman realizó un viaje a Escocia, en 1619, y disfrutó de la hospitalidad del poeta y erudito William Drummond of Hawthornden, quien indiscretamente publicó después un libro donde recoge las confidencias maldicientes del autor inglés. En estas Ben Jonson’s Conversations se califica a Minsheu de granuja o pícaro («rogue»), y se le mete en el mismo saco que a otros «rogues» del mundo de la farándula.

Si nos atenemos estrictamente a la obra hispánica de Minsheu, y al margen de la opinión de Ben Jonson, que no era un alma cándida (según el propio Drummond of Hawthornden, «He is a great lover and praiser of himself; a contemner and scorner of others; given rather to lose a friend than a jest»), y de las deudas pendientes que pudiera tener con Minsheu, los juicios de entrambos Alonsos sobre el Minsheu gramático y lexicógrafo son en exceso rigurosos e injustos.9 Para empezar, tanto en el Diccionario como en la Gramática, Minsheu reconoce ya desde las portadas utilizar como base la obra de Percyvall, de quien se declara simple adicionador. Por otra parte, en labores de gramáticos y redactores de diccionarios la «intertextualidad», en su recto sentido, es la norma; la originalidad absoluta es, en esos campos, simple entelequia. En materia de descripciones de lenguas y diccionarios, el recurso a los predecesores es obligado; y en el siglo xvi no existían normas estrictas que obligasen a mencionar en cada caso lo que se tomaba de un caudal considerado como bien mostrenco y de uso común. Súmese, en fin, que Minsheu dista mucho de ser un mero refundidor. De acuerdo con los cálculos de Guerrero Ramos y Pérez Lagos, las 13.200 entradas del léxico de Percyvall se incrementan hasta 46.973 en la obra de Minsheu, y la parte inversa, inglés-español, es enteramente nueva, como lo es la identificación de los arabismos. Minsheu antepone un asterisco para distinguir de las entradas de Percyvall las que se debían a su trabajo personal, y en ello no sólo fue veraz sino que más bien se quedó corto al poner su marca. En la Gramática, igualmente, es mucho lo que aportó Minsheu, incluyendo largas listas de paradigmas verbales que duplican con creces lo que adapta de Percyvall; y es exclusivamente suya la recopilación de frases hechas y refranes, que extrae de obras en ediciones que eran novedades tipográficas recientes. Hay, en conclusión, un muy considerable trabajo personal y demasiadas novedades en la obra de Minsheu que invalidan la creencia de que estemos ante un simple plagiario.

En la parte que aquí más nos interesa, los Pleasant and Delightfull Dialogues, son obra segura de Minsheu la traducción inglesa y las notas marginales, precisas y atinadas casi siempre, que añade para aclarar o ilustrar pasajes oscuros para el lector inglés. Es evidente, sin embargo, que el texto español de los diálogos, que es la obra original, no salió de la minerva de Minsheu, quien aquí sí actuó como «ávido aprovechador» de materiales ajenos, sin que por ello haya que negarle su buen criterio selectivo.

Notas:

  • (5) D. Alonso, art. cit. en Revista de Filología Española, XVIII (1931), págs. 17-19. volver
  • (6) Amado Alonso, De la pronunciación medieval a la moderna en español, I, cit., págs. 54, 203, etc. volver
  • (7) Jürgen Schäfer, «John Minsheu: Scholar or Charlatan?», en Renaissance Quarterly, 26 (1973), págs. 23-35. volver
  • (8) «Mr. Minshaw that spent his life and estate in scrutinizing into Languages, still remains obnoxious to the misconstructions of many» (E. Phillips, The New World of English, 1658), ap. D. B. J. Randall, The Golden Tapestry. A Critical Survey of Non-Chivalric Spanish Fiction in English Translation (1543-1647) (Durham: Duke University, 1963), pág. 22. volver
  • (9) Así se hace ya notar acertadamente en la discreta introducción de Gloria Guerrero Ramos y Fernando Pérez Lagos a una reciente reedición facsimilar del Dictionarie de Minsheu (Málaga: Universidad, 2000), págs. 12-22. volver
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