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Clarín, espejo de una época

Clarín, crítico de Realidad de Galdós

Por M.ª de los Ángeles Rodríguez Sánchez

Quiero comenzar señalando que el título de esta comunicación debería ser Clarín crítico del drama Realidad de Galdós. Es de todos conocido que Don Benito Pérez Galdós escribió inicialmente la novela Realidad (1889) que después se convertiría en texto teatral siendo ésta su primera obra representada en los escenarios. Hago esta matización porque Clarín se ocupó críticamente de ambas obras. En 1890 dedicó un estudio a la novela, y en 1892 dos reseñas a la representación teatral, una escrita a raíz del estreno, y publicada en La Correspondencia de España y otra posterior que apareció en El Imparcial, dirigido por Ortega y Munilla, un mes más tarde En esta ocasión voy a comentar estos artículos de Leopoldo Alas, quien, como amigo de Galdós y por su interés personal en el fenómeno escénico, estaba muy interesado en este estreno, como lo demuestran los comentarios, expresados en sus cartas, sobre distintos aspectos de la puesta en escena, los actores que iban a interpretarla y aquellas personas que directa o indirectamente se relacionaron con la representación1 y el hecho de que incluso quisiera asistir a alguno de los ensayos previos aunque finalmente no le fuera posible y se trasladara a Madrid expresamente para asistir a la primera función del drama galdosiano.

Aproximación a Leopoldo Alas, crítico teatral

Leopoldo Alas (1852-1901), es, como todos saben, uno de los autores más importantes del siglo xix español, su obra literaria tiene un lugar fundamental en la narrativa decimonónica, y a su labor de creación hay que añadir su importante trabajo de crítico, donde su análisis del ámbito teatral ocupa un espacio primordial. Clarín sintió una gran atracción por el teatro, que se remonta a su infancia, según han señalado sus biógrafos y el propio escritor:

En mi vida he representado en teatros caseros ni públicos después de los doce o catorce años, pero a los diez años decían cuantos me veían representar que era yo una maravilla y por lo que recuerdo, y por lo que más tarde he hecho y a mis solas (sobre todo cuando escribía dramas —más de 40 todos perdidos— y me los declamaba a mi mismo) tenia sin duda gran disposición y un poder de apasionarme y exponer la pasión figurada con gran energía y verdad...Actor y autor de dramas esto creí yo que iba a ser de fijo hasta los diez y ocho o veinte años.2

En este mismo sentido le escribe a Galdós:

debo advertirle que yo hasta los 22 o 23 años escribí docenas de obras dramáticas todas herméticamente quemadas, como dijo el otro. Desde los 10 a 15 representé yo en la cocina o en el comedor de mi casa casi todos los días un drama en tres actos en verso en gran parte. A los 10 años, en León se puso en escena un drama mío titulado «Juan de Hierro» con una 2ª parte, «Juan Resucitado», por una compañía de aficionados, en el Gobierno de provincia.3

Pero no fue únicamente su faceta de creador de obras teatrales desarrollada en su juventud y años más tarde, sin demasiado éxito, la que ocupó a Clarín a lo largo del tiempo. Su interés por este medio también se manifestaría como espectador y como crítico atento a las variaciones que se producían en este género, sobre el que publicó múltiples artículos y pronunció diversas conferencias. Leonardo Romero en su introducción a Teresa, ensayo dramático Claríniano, que se representó en los escenarios en abril de 1895, señala como en opinión de Menéndez Pelayo los mejores aciertos del crítico asturiano radican en sus críticas teatrales que no son «improvisadas ni asistemáticas, sino fieles a una dinámica concepción teórica del teatro, cuyas fragmentarias exposiciones más articuladas encontramos en algunas páginas de los Solos —de modo singular en el capítulo Del teatro— y en el folleto dedicado a Rafael Calvo y el teatro español».4

A través de estos y otros trabajos Clarín manifestó un gran y entusiasta interés por la renovación del panorama teatral español, al que consideraba en decadencia pero no agonizante. Ya en 1886 en su folleto Un viaje a Madrid, Clarín señala la responsabilidad que en la decadencia del teatro tenían los distintos elementos que concurren en el hecho teatral: autores, público, actores y críticos. Según su opinión los dos primeros —autores y público— estaban a favor de la renovación, mientas que los actores y los críticos eran contrarios a ésta; idea que reiterará en su análisis del ámbito teatral publicado en El Imparcial en 1892 En esa línea renovadora se puede encuadrar la atención dedicada a Ibsen, del que fue introductor en España, ya que conoció inmediatamente la publicación francesa del primer volumen de obras ibsenianas, que contenía Espectros y Casa de Muñecas, traducidos por Prozor, que cita en un artículo de 1889. El interés artístico y sociológico de Clarín por el espectáculo teatral y por la reforma del arte escénico se manifestará a lo largo de las dos últimas décadas del siglo xix, y en trabajos diversos expresará su postura favorable al realismo en el teatro y su firme propósito de que este género alcanzara la relevancia que, en esos años, tenía la novela.

Con estos antecedentes, brevemente extractados, no puede extrañarnos la atención prestada por Clarín hacia el que sería el primer estreno de Galdós y que queda patente en la correspondencia dirigida al escritor canario. En relación con el interés del crítico asturiano por la experiencia como autor dramático del escritor canario hay unos interesantes antecedentes en sus cartas, en las que incluso, como he mencionado, se hace patente su deseo de asistir a alguno de los ensayos previos a la representación. En el epistolario podemos observar más directamente que en sus críticas periodísticas algunas opiniones clarinianas relacionadas con el teatro y con los actores, no sólo sobre aquellos que intervinieron en esta representación sino acerca de la profesión en general, y también encontraremos en ellas algunas aclaraciones relativas a distintos juicios expuestos en el articulo escrito esa misma noche, poco después de la representación como comentaba su autor:

no puedo yo hablar a mi sabor en un artículo escrito en lucha con el sueño, como el presente, sobre la mesa de una redacción, a altas horas de la noche, contra el hábito adquirido después de muchos años en mi vida de provinciano metódico que ya me han echado en cara algunos críticos a domicilio.5

Realidad y la crítica en su estreno

Galdós, a quien siempre le había interesado el teatro, estuvo durante largo tiempo dando vueltas a la idea de «probar fortuna en el arte teatral» como apuntaba en sus escasamente informativas Memorias de un Desmemoriado. Tras diversas vicisitudes relativas a la obra a representar, el escenario en el que hacerlo y la Compañía que llevaría a cabo este empeño, se produjo el esperado estreno de Realidad, que tuvo lugar en el Teatro de la Comedia de Madrid el 15 de Marzo de 1892 donde se representó hasta el 6 de Abril. A pesar de la polémica que se originó alrededor de este drama galdosiano, este estreno fue, sin lugar a dudas, el acontecimiento literario y teatral de la temporada.

La prensa de la época recogió ampliamente este evento teatral, del que se comentaron desde los detalles fundamentales hasta las más pequeñas anécdotas. En los contradictorios dictámenes críticos emitidos y recogidos por los periódicos del momento, es evidente que influyó la personalidad del autor, su relación con dos diferentes formas de expresión —novela y drama— así como la controversia surgida con bastante fuerza de sí una narración era susceptible de convertirse en representación como había hecho Galdós, pero la polémica más importante, de la que se hizo eco la prensa, era la que se refería al tema central de la obra y al enfoque dado al mismo que fueron duramente criticados por algunos periódicos y por los sectores sociales más conservadores. El debate surgido en torno al drama Realidad, obra que supuso un revulsivo para el público de la época se refleja en los diarios motivo por el cual la crítica periodística se convierte en el eco de opiniones contradictorias, como comentó Emilia Pardo Bazán en su extenso trabajo sobre esta obra, publicado en NUEVO TEATRO CRÍTICO, donde analiza los juicios emitidos en distintos medios y resume perfectamente la situación que se produjo ante el estreno señalando que los críticos se dividieron en dos bandos: «ditirámbicos, que volcaron el saco de las hipérboles, y examinadores, que dieron a Galdós, como autor dramático, un aprobado o un suspenso, previas las formalidades que marca la ley».6 No sabemos en qué grupo de éstos hubiera incluido D.ª Emilia el trabajo de Clarín, ya que no hace referencia a su crítica ni la menciona en su revista entre las recogidas en distintas publicaciones de la prensa diaria.

La obra vista por Clarín

Clarín, gran amigo de Galdós, reseñaría el debut teatral galdosiano en los dos artículos mencionados que aparecerían en la prensa diaria. El primero se publicó en la portada de La Correspondencia de España, del 17 de Marzo de 1892 y en él Leopoldo Alas hace un análisis del drama Realidad y de su significación en los escenarios como el día anterior anunciaba López Ballesteros, que había recogido, en este mismo diario, un comentario de dos columnas sobre la representación teatral y el acontecimiento que esta había supuesto. El segundo apareció en El Imparcial, un mes después, el 17 de Abril, cuando la obra ya no estaba en las carteleras, aunque aún se sucedían en la prensa los comentarios con relación a ella; en esta ocasión, Clarín, se ocupaba de la Realidad galdosiana y de El Hijo de Don Juan, de Echegaray, estrenos recientes y que habían producido una fuerte reacción en algunos sectores de la crítica periodística y un cierto rechazo, por su temática, en un determinado tipo de público.

Clarín, en ambos artículos, aunque éstos presentan estructuras diferentes, hace un análisis de la importancia renovadora y ética del drama galdosiano y de su gran repercusión tanto en el mundo teatral como en la sociedad de su tiempo. El escrito en La Correspondencia es una crónica de la primera representación en la que hace una valoración de éste acontecimiento y de su trascendencia artística y social. En el publicado en El Imparcial, temporalmente alejado del fragor del estreno, expondrá su visión general sobre el medio escénico resaltando su importancia y analizará cada uno de los elementos que intervienen y determinan su realización, vinculándolos, en este caso, con las dos obras ya mencionadas y que en esos meses habían puesto en escena un dramaturgo consagrado: Echegaray y otro novel: Galdós.

En esta comunicación me centraré fundamentalmente en el análisis del artículo escrito por Clarín sobre el drama galdosiano que se publicó en La Correspondencia7 y que se dividía en cuatro partes. En el primero de los apartados el escritor asturiano comenta las opiniones expresadas, por algunos importantes autores como Valera, Menéndez Pelayo o Balart, en los entreactos de la noche del estreno, así como la, en general, favorable reacción del público ante la obra. Posteriormente analiza la renovación aportada por el drama y las variaciones introducidas, en la acción y en los personajes, en relación con el texto novelístico y que venían impuestas por el diferente género expresivo utilizado. Aunque en su opinión, en la obra representada hay algunos puntos mejorables atribuye esos lunares a la inexperiencia de un Galdós novel en asuntos de teatro. En el tercer apartado establece la importancia de esta obra en el panorama teatral y social del momento y en el último sus comentarios están dedicados a los actores que participaron en la representación.

En el inicio de su crítica Clarín se refiere al público, como un jardín al que hay que cuidar y menciona las opiniones que la obra suscitó en Balart, quien consideraba que los pasajes culminantes del drama se encontraban en el quinto acto, coincidiendo con lo expresado por Valera, quien opinaba «que el cuarto acto de Realidad era de gran fuerza dramática y el lenguaje de la obra en general, una saludable novedad y un adelanto de la verosimilitud escénica sobre antiguos y gastados procedimientos de convencional estilo». Por ultimo el crítico asturiano pone en boca de Menéndez Pelayo, una exclamación breve pero de importancia: «¡Este es nuestro Ibsen, así le queremos!». Esta sola afirmación, es de gran interés ya que manifiesta el carácter renovador atribuido al teatro galdosiano por algunos de sus contemporáneos, que lo situaban en la línea innovadora de lo que se estaba haciendo en el teatro europeo.

Clarín señala que su insistencia en referirse al testimonio de estos importantes autores es «porque conviene señalar el fenómeno de que coincidieran en apreciar el grandioso mérito de Realidad, los más insignes críticos […] y el público grande, el sincero, el que no es bachiller, el que no tiene las preocupaciones del trivio y el cuadrivio». Al mostrar la aceptación del público ante la obra dramática comenta que si los primeros aplausos, podían atribuirse a méritos antiguos del novelista, los conseguidos en el acto cuarto y quinto se debían íntegramente al valor de la obra, que había sido aplaudida por las distintas clases de público que llenaban el teatro —galerías, palcos y butacas—. Este comentario tiene su importancia ya que algunos articulistas señalaron en sus crónicas que las numerosas ovaciones dedicadas a Galdós a lo largo de la noche se debían a su labor de reconocido novelista y no a la aceptación del drama por parte de los espectadores.

En opinión de Clarín, Realidad suponía un progreso y una renovación del panorama teatral aunque matizaba que había que separar «la innovación oportuna de la incorrección natural en el principiante» y consideraba negativa la inclusión de la escena en que aparece la hermana de Viera, Clotilde, y el estudio dedicado a este personaje, que alargaba el tiempo teatral sin aportar tensión dramática. También Emilia Pardo Bazán y otros críticos juzgaron este incidente de escaso interés en el desarrollo de la trama, pero hay que tener en cuenta que el personaje de Clotilde adquiere en el drama una relevancia que no tenía en la novela y esto se debe a que el papel se hizo pensando en Concha Morell, joven relacionada con Galdós, que se inició en esta obra como actriz teatral.

En cuanto a los caracteres de los personajes principales, Viera, Orozco y Augusta, el crítico asturiano opina que quedan más claros en la novela que en el teatro aunque comenta que en este espacio adquieren el relieve y la fuerza plástica que solo se da en el escenario. Sus observaciones ponen de manifiesto la dificultad de «reducir la obra de arte de un género de formas libres, amplias, a otro de estrecho cuadro» y coinciden con las ideas expresadas por otras voces críticas en la prensa contemporánea.

A lo largo de su análisis Clarín señalará en varias ocasiones, la importancia que para él tuvieron el cuarto y el quinto acto, sobre todo este último donde, según su opinión, se ponía en evidencia la espiritualidad ética emanada del divorcio moral entre la adúltera, Augusta y el santo, Orozco, opinión que contrastaba con lo manifestado por otros críticos más conservadores, quienes reiteradamente incidieron en la escabrosidad del tema. Algunas de estas voces críticas pedían públicamente un final más acorde con los códigos del honor calderoniano, como se puede colegir de este breve aparecido bajo el epígrafe de «Un poco de todo» en la revista Blanco y Negro de Madrid, el 22 de Mayo de 1892:

«Anda por ahí un fraile metido á crítico literario ¡qué dice cada cosaza!...

El tal, hablando del drama Realidad dice que el personaje Orozco le da asco.

¿Y por qué le da asco? Pues porque Orozco no mata a su mujer.

Es decir que el bueno del fraile está a la altura de aquel público de las galerías de Novedades, que pide a gritos en los dramas fuertes como Carlos II el Hechizado que maten al traidor. Y añade el propio crítico de cogulla que sólo un estúpido o una canalla puede ser indiferente en esta tierra de cielo azul, de ojos negros y corazones fogosos

¡Padre! ¡Dios le perdone a usted!».

Clarín, sin embargo, entiende que en el final de Realidad hay más drama y plasticidad escénica de lo que muchos creían y aunque no crea oportuno hablar de revolución teatral señala que el famoso novelista «ha obtenido un legitimo triunfo y ha probado que tenía razón su instinto dramático contra los temores del propio autor y de algunos de sus amigos»; así mismo menciona que espera nuevas aportaciones dramáticas de Galdós y considera que aunque no debe renunciar a sacar dramas y comedias de otras obras suyas que se prestan a ello, sería mejor que éstas fueran creadas expresamente para la escena: «será preferible que Galdós invente acciones dramáticas que lo sean desde su vida oscura y misteriosa en el cerebro hasta la precaria de las tablas».

Como fallos en el drama apunta una cierta falta de técnica y de tramoya escénica, así como un desconocimiento del tiempo teatral y de los gustos del público, factores todos ellos derivados de la inexperiencia del autor en este medio aunque con esta obra, en opinión de Clarín, el autor canario, había demostrado que era un dramaturgo que estaba «en el camino de las más oportunas reformas del teatro» y que acaso su inexperiencia «con ayuda de su gran talento, de poeta realista, le sirva para librarse de defectos inveterados en los dramáticos de oficio».

Leopoldo Alas al hablar del drama galdosiano presenta una fotografía de la realidad social y ética del país y se referirá, pidiendo tolerancia, a los enfrentamientos que van a surgir a raíz de este estreno «Mucho ha de hablar la crítica de este esfuerzo del ingenio que se llama Realidad pero sería de desear que hubiera por una y otra parte (pues hay bandos), prudencia, moderación, espíritu imparcial y comprensivo...»; así mismo resalta la oportunidad sociológica del empeño de Galdós, que había sabido dar al público «la poesía de la moral, de la idealidad esperanzada pura y noble pero no como un soporífero sermón, sino haciendo que Bossuet hable en figura de Orozco» y por último advierte sobre la importancia de este drama en el ámbito de una realidad nacional decaída y enferma.

Los actores

Al hablar de los actores Clarín, de forma elíptica, hará una referencia a la separación de Antonio Vico y Emilio Mario, de la que ya había hablado de forma mucho más clara en sus cartas. Ruptura que tuvo sus consecuencias en los momentos previos del estreno de Realidad y en su definitiva puesta en escena.

Aunque Antonio Vico no intervino en el reparto de la primera obra galdosiana tuvo su importancia en la evolución que el drama siguió hasta que se produjo su montaje en los escenarios.8 Vico era uno de los actores más respetados en el panorama teatral español de esos años ya que estaba considerado como un gran interprete a pesar de la irregularidad de sus actuaciones. Tal vez debería decir que era el actor más apreciado de su época, como el mismo Clarín señala en la carta escrita a Galdós el 2 de marzo de 1892, en la que manifiesta su negativa opinión sobre los cómicos españoles y apunta que «había uno bueno, Vico, y ya no trabaja».9 Es conocido que cuando Galdós se decide a participar en el teatro, piensa en Antonio Vico y Emilio Mario para llevar a cabo el estreno de Realidad en Madrid, representando Vico el papel de Orozco, hecho que se truncó por los problemas surgidos entre estos dos actores que llevó a la ruptura de ambos y a que se deshiciese la compañía, siendo sustituido Vico por Miguel Cepillo. Esta separación de los directores del teatro de la Comedia, dificultó bastante el reparto de Realidad, como señaló Emilia Pardo Bazán en su artículo del Nuevo Teatro Crítico,10 y retrasó bastante el estreno, que incluso estuvo a punto de posponerse para la siguiente temporada. Clarín que desde Oviedo seguía las incidencias del drama, galdosiano, hace referencia a estos problemas entre los actores que podían afectar a la obra y en una carta del 11 de Febrero de 1892, comenta a Galdós que siente que Vico no haga de Orozco, y que tal vez el autor debía haber seguido a este actor en vez de quedarse con Mario en el teatro de La Comedia.

Mucho he sentido que Vico no haga el Orozco. Vd. a estas horas acaso esté convencido de que Cepillo le sustituirá con poca diferencia. No lo creo. Estimo muchísimo a Cepillo a quien vi hacer un Mr. Alphonse muy aceptable, pero Vico es el típico actor español inspirado y con intuiciones. De fijo hubiera hecho mejor en dejar a Mario y seguir a Vico a la Princesa.11

En la crítica escrita la noche del estreno, Clarín volverá a incidir en esta idea y se referirá a la separación de los mencionados actores, implícita en la siguiente observación: «Es claro que es gran lástima que no se hayan juntado para representar Realidad, los cómicos pocos, que son dignos de tan difícil empeño».

Aunque en su artículo Clarín señala que no va a hablar de los actores que participaron en la representación, sí que emite una serie de juicios sobre ellos: «Hace muchos años que no escribo revistas de teatros y hace muchos años que apenas hablo de actores españoles. En esta ocasión excepcional tengo derecho de abstenerme de juzgar a los artistas que interpretaron el drama de Galdós, de los cuales en adelante no he de hablar, pues no he de verlos. No podré seguir su progreso; no es justo ni oportuno juzgarlos de una vez para siempre, de modo estático». Tras esta introducción preliminar hablará de María Guerrero, quien tres años más tarde sería la protagonista de Teresa, su primera obra teatral. De ella, en esta ocasión, dirá que es una hermosa esperanza con condiciones especificas para la escena y que posee una serie de cualidades que bien cultivadas pueden dar como resultado una gran actriz. Tras este reconocimiento de sus méritos, señala que si en esa ocasión no está en «todo a la altura de su papel dificilísimo, particularmente para ella, no deja de comprenderlo y expresar con acierto alguno de sus muchos matices.» Y aunque opinaba que se podría hacer mejor defiende su actuación en el quinto acto, ya que en ella hay «propiedad, energía, tono adecuado en la manera como la distinguida actriz entiende y desempeña en esta parte su papel delicado».

De Cepillo, que interpreta a Orozco opina que «en las escenas culminantes, no deja de sacar partido de su temperamento para no perturbar con recursos vulgares, con movimientos excesivos, la grave solemnidad de las palabras que el autor pone en sus labios», aunque no le agrada de este actor un cierto tonillo, que se hace más patente en las escenas de conversación ordinaria, recriminación que también hará a Mario, aunque éste merece sus plácemes en su corto pero significativo papel. En relación con la Peri, interpretada por Julita Martinez, considera que aunque no es como en la novela, es la del drama y representa una Peri al gusto de la generalidad y de Thuiller, al que define como actor modesto y simpático, comenta que en su papel importantísimo hace grandes esfuerzos y que en algunos momentos vence grandes dificultades. Resume la intervención de la compañía señalando que «en conjunto han conseguido que la obra no deje de ser comprendida por culpa de los actores».

El público y los críticos

En cuanto al público, Clarín señala, en sus dos trabajos críticos, que Galdós consiguió la atención y el interés de los espectadores y comenta que éstos comprendieron las novedades aportadas por la obra galdosiana, señalando que la gran importancia de esta función teatral residía en que un drama espiritualista, psicológico y ante todo ético, hubiera podido «interesar y conmover con tanta fuerza a un público educado en el convencionalismo secular, y acostumbrado a que se le tribute la lisonja de halagar su frivolidad y fría inconstancia bajo los nombres de interés teatral, variedad, acción».

En su artículo de El Imparcial, escrito un mes más tarde al hablar de los espectadores emitirá un duro juicio hacia algunas de las polémicas valoraciones recogidas por la prensa durante ese tiempo al señalar «que no era el gran público el que hacia frases y decía mil sublimes necedades para burlarse de la resignación de Orozco, que no mata a su mujer infiel según las pragmáticas teatrales antiguas y modernas. Los que hicieron chistes contra Orozco eran autorcillos silbados, empleados de consumos, o cosas así, disfrazados de gacetilleros en función de críticos ... y no pocos Orozcos a palos, es decir maridos tolerantes que hacen de la severidad virtud...o granujeria».12

Conclusiones

Clarín en su trabajo sobre el drama Realidad coincide en algunas observaciones con las opiniones expresadas por otras voces críticas contemporáneas, como en señalar la inexperiencia teatral de Don Benito, la longitud excesiva del texto teatral o el controvertido tema de si una novela puede y debe convertirse en texto dramático,13 aunque todos estos puntos susceptibles de discusión son acotados por Clarín con un tacto exquisito; pero en lo que fundamentalmente se diferencia de otras posturas críticas expresadas en aquel momento, es en la valoración e importancia que otorga al tema central de la obra, ya que no sólo no hará ninguna referencia a lo escabroso del argumento, tan aireado y discutido en la prensa, sino que precisamente centrará en la resolución del drama, su gran interés, señalando que el simbolismo ético del final superaba en trascendencia a la renovación teatral que se apuntaba en esta obra. Según el crítico asturiano la importancia del drama era inmensa, no sólo para el ámbito del teatro, sino y sobre todo para una sociedad que contaba con una realidad nacional débil cuyo «espectáculo ordinario de la calle, del ágora, del mercado, [se] nos presenta tan tristemente decaída y enferma: cultivemos nuestro jardín. No tenemos ciencia apenas, no tenemos costumbres políticas, no tenemos escrúpulos patrióticos, no tenemos energías sociales, no tenemos dinero...Tenemos un poco de arte en un ambiente poco propicio».

En definitiva en estos artículos de Clarín dedicados a la primera representación teatral de Galdós, encontramos al amigo, al autor interesado en las diversas posibilidades del espectáculo teatral, al observador del universo artístico, pero sobre todo al creador preocupado por la cultura y por la realidad española del último tercio del siglo xix y al crítico que, desde una postura independiente, buscaba los valores estéticos y las virtudes éticas que fueran capaces de mejorar la realidad y las costumbres de sus contemporáneos. Si Clarín, en su artículo de El Imparcial señalaba cómo Cánovas había vuelto su atención al teatro áureo para juzgar y conocer a los españoles del siglo xvii, nosotros podemos considerar que los escritos clarinianos nos ayudan a comprender mejor la vida y la sociedad decimonónica y a vislumbrar algunos de sus múltiples matices.

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  • (1) Emilia Pardo Bazán sustituyó durante unos días a Emilio Marío en los ensayos que tuvieron lugar en el teatro de La Comedia, mientras éste se encontraba enfermo como publicó la prensa y comentó la propia escritora. En su carta del 11 de febrero de 1892, Clarín le hace el siguiente comentario a Galdós sobre esta participación de la escritora en la puesta en escena de Realidad, «También me escama la intervención de Dª Emilia. Me han dicho que anda muy metida en eso ¡Malo!. Hay un epigrama de Racine a que ella se acogerá si es malo el éxito». Soledad Ortega, Cartas a Galdós, Madrid, 1964, p. 262. volver
  • (2) Sergio Beser, «Siete cartas de Leopoldo Alas a José Ixart», Carta 5-2-1888, Archivum, X, 1960, pp. 385-397. volver
  • (3) Soledad Ortega, Cartas a Galdós, Madrid, 1964, p. 247. volver
  • (4) Leopoldo Alas Clarín, Teresa, Avecilla, El hombre de los estrenos, ed. de Leonardo Tomero Tovar, Madrid, 1976, p. 13. volver
  • (5) Clarín, La Correspondencia de España, 17 de marzo de 1892. volver
  • (6) Emilia Pardo Bazán, «Revista de Teatros», Nuevo Teatro Crítico, Madrid, Abril 1892, pp. 39-40. volver
  • (7) Todas las citas que se hagan a continuación y que no lleven nota corresponden a opiniones de Clarín mencionadas en este artículo periodístico. Clarín, La Correspondencia de España, 17 de Marzo de 1892. volver
  • (8) La relación de Antonio Vico con el drama galdosiano, la traté en mi trabajo «Galdós y el teatro en provincias: Antonio Vico y el desconocido estreno de Realidad en Galicia», presentado en el VI Congreso Internacional Galdosiano, Yolanda Arencibia, M.ª del Prado Escobar, Rosa Mª Quintana (ed.), VI Congreso Internacional Galdosiano (1997), Actas, Las Palmas, 2001, pp. 839-853. volver
  • (9) Soledad Ortega, Cartas a Galdós, Madrid, 1964, p. 263. volver
  • (10) Emilia Pardo Bazán, «Revista de Teatros», Nuevo Teatro Crítico, Abril 1892, p. 26. volver
  • (11) Soledad Ortega, «Cartas a Galdós», Revista de Occidente, Madrid, 1964, p. 262. volver
  • (12) Clarín, El Imparcial, 17 Abril 1892. volver
  • (13) Años antes, en sus cartas, Clarín le había manifestado a Galdós que sus novelas se prestaban a convertirse en obras teatrales. «Me daría mucho gusto sacar a las tablas, bajo la dirección de Vd., a Isidora, o a Cimarra y Julia, o a Daniel, o a Salvador o a Fortunata ¡Si yo tuviera el don y si hubiera actrices!». Soledad Ortega, ob. cit., p. 248. volver
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