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Amor al mar

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Una donación, un tesoro para la Universidad de Chile

El esplendor de estos libros, la gloria oceánica de estas caracolas, cuanto conseguí a lo largo de la vida, a pesar de la pobreza y en el ejercicio constante del trabajo, lo entrego a la Universidad, es decir, la doy a todos.

Fragmento del discurso de Pablo Neruda al donar
su biblioteca y colección malacológica a la Universidad de Chile.

El año 1954 marca para la Universidad de Chile un importante hito: el 20 de junio, en la casa de Los Guindos, que el poeta compartía con la artista Delia del Carril, la Universidad se hace depositaria de una de las donaciones más importantes, en el plano de la cultura, que jamás haya recibido. La, en ese entonces, Biblioteca Central, hoy parte del Archivo Central Andrés Bello, recibió los libros y la colección malacológica que el poeta Pablo Neruda juntó en sus diversos peregrinajes por el mundo.

En su componente bibliográfico la donación incluye libros raros, tal vez únicos, ediciones autógrafas y manuscritos pertenecientes al patrimonio cultural de la humanidad. Su valor radica, del mismo modo, en haber sido parte de la biblioteca privada de uno de los más grandes poetas de la lengua española. En su componente malacológico, la muestra que llevamos al Instituto Cervantes incorpora caracolas cuyo valor no solo es el científico sino, sobre todo, que son fuente de inspiración para el poeta.

Esta donación marcó un momento histórico y biográfico relevante. Para Pablo Neruda fue hacer un legado que devolvía a su casa de estudios superiores, simbólicamente, algo de lo que él había recibido de ella. Para nuestra institución, este gesto significó otorgarle el carácter de guardiana de un patrimonio, material e intangible, que debía ser custodiado para que todos los chilenos tuviéramos la oportunidad de ver, conocer y admirar los objetos maravillosos recolectados por Neruda en su recorrido por el mundo.

La exposición «Amor al mar» ha hecho posible que este patrimonio circule no solo en el tiempo, sino en el espacio, fuera de las fronteras nacionales, para ser conocido y valorado más allá de los límites que el propio donante pensó como destino. Las caracolas que se presentan en el Instituto Cervantes de Madrid, gracias a las gestiones de nuestra Embajada de Chile en España y del Archivo Central Andrés Bello, que las alberga, nos hablan de un nuevo viaje de estas materialidades, de un movimiento en el que los sonidos y ademanes de Neruda se escuchan y se perciben: el poeta retorna a través de su pasión de coleccionista y de su «amor al mar».

«Sin embargo, la unidad del conocimiento continúa la naturaleza, la inteligencia revela las relaciones más remotas o más simples entre las cosas...», sostuvo Neruda en su discurso de donación. Es de ese modo que libros y caracolas se alían en la búsqueda de esas remotas relaciones. Las 7.784 piezas de ejemplares marinos y de agua dulce, y terrestres, provenientes de Chile, de otros países de Sudamérica, de Asia y Oceanía, entre otros, nos prodigan vínculos personales, poéticos e interculturales. Una pequeña parte de esa inmensidad de relaciones es la que la Universidad de Chile ha querido hoy poner en escena; este valioso patrimonio de todos, este don invaluable que conserva y proyecta la generosa voluntad de Pablo Neruda.

Víctor Pérez Vera
Rector de la Universidad de Chile

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Un sueño realizado

Al inaugurar esta exposición materializamos un viejo sueño. Un antiguo proyecto de Neruda. Y un trabajo de varios años desde que primero se planteó la idea, en esta embajada. Fue en 2007, cuando la directora del Archivo Central de la Universidad de Chile, la Dra. Sonia Montecino Aguirre, vino a España invitada a nuestro ciclo de conferencias magistrales «Chile Piensa». Contó que la inmensa colección de caracolas, que Neruda había donado a su universidad, seguía en ese archivo después de medio siglo. Y que los intentos por exponerla públicamente —excepto por la pequeña muestra en el mismo recinto— no habían tenido éxito hasta entonces. Continuaba vigente el discreto reproche del poeta, que, en 1969, se preguntaba por las caracolas que había donado un 20 de junio de 1954: «hace quince años de aquella fecha. Nadie las ha visto más».

Nuestra Agregaduría Cultural le propuso a la universidad que nos permitiera intentar cumplir, aquí en España, ese sueño. Como primer paso se estudió la colección, la obra y bibliografía, para definir un concepto de exposición novedoso, que no se limitara a la conocida pasión marinera de Neruda, sino que alcanzara aspectos esenciales de su poesía. El guión de «Amor al mar» propone al visitante no sólo ver caracolas y poemas inspirados en ellas. También lo asoma al complejo proceso por el cual la imaginación poética sintetiza sus metáforas. La espiral, que es su emblema, grafica la unión entre lo pequeño y lo infinito, entre hombre y cosmos, entre una caracola y el océano.

Enseguida iniciamos una intensa «diplomacia cultural» en busca de apoyos públicos y privados, chilenos y españoles. A mediados de 2008 se propuso el proyecto a la Fundación Endesa, que lo patrocinó, posibilitando la materialización de este sueño. Asimismo, se postuló al concurso de Apoyos a la Acción Cultural en el Exterior, que otorga la Dirección de Asuntos Culturales de nuestra Cancillería, con un proyecto que resultó favorecido. También se obtuvo la experta colaboración de la Fundación Neruda y su abundante material gráfico, alguno inédito, así como los derechos para reproducir poemas y prosas.

Paralelamente, en Santiago de Chile, el Archivo Central de la universidad perfeccionaba la catalogación general y seleccionaba la muestra de 400 caracolas y varios libros que aquí exhibimos. Ese minucioso trabajo se refleja en el difícil pero muy logrado equilibrio entre el valor científico, poético, biográfico y estético, de las piezas que han venido a España. Ese delicado empeño de la Universidad de Chile, depositaria del legado del poeta, posibilita que hoy admiremos este patrimonio único.

Por fin, nos acercamos al Instituto Cervantes para proponerle ser la sede en España de esta exposición. Parecía natural que fuese en Madrid, de la que Neruda escribió que es: «la capital de nuestra lengua». Y en el Instituto Cervantes, gran navío que promueve el español en el mundo. Neruda, maestro del idioma, no podría sentirse más en su casa. El Instituto no solo ofreció su sede, sino que se ha volcado en la organización con un profesionalismo que compromete el agradecimiento de nuestro país.

Esta muestra será una importante celebración en España del Bicentenario de nuestra independencia nacional. Adicionalmente, mediante ella contribuimos con un hermoso «adelanto» del V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Valparaíso, en marzo de 2010. Precisamente, fue en este mismo Instituto, en 2006, donde nuestra embajada inició los contactos para que Chile fuera sede de ese congreso.

La organización de una gran exposición internacional chilena, como esta, se hace con doble esfuerzo. Chile no tiene un «Instituto Neruda» para promover su cultura en el exterior. Pero lo que no tenemos en institución lo suplimos con trabajo e imaginación. Y, por tanto, es doble el entusiasmo y la alegría cuando vemos que el sueño se ha realizado.

Gonzalo Martner Fanta
Embajador de Chile en España

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Neruda y las caracolas

Existe en el acto poético una voluntad de coleccionar y preservar el mundo. Agrupar, rescatar, proteger palabras de la incesante fatiga que produce la comunicación diaria. Por eso no es extraño que Neruda fuese un coleccionista entusiasta. En el escritor chileno existió siempre esa necesidad de relacionarse con la materialidad de la existencia; por eso se rodeó de objetos hermosos, de brillantes, sonoras palabras, y juntó muchas veces una y otra pasión, como podemos leer en esos versos suyos: «Amo / todas las cosas, / no sólo / las supremas / sino / las / infinita- / mente / chicas».

En Neruda la poesía y la vida eran una pasión sostenida en lo sensorial, en las huellas que cada presencia deja sobre el territorio de los días. Frente a ciertas tentativas de escritura sostenidas sobre la intelectualización del acto creador, Neruda apostaba por la escritura volcánica, apasionada, de ahí la sencillez de su receta para escribir: «Con papel y tinta», afirmaba, reiterando esa necesidad de tocar, de palpar, de sentir la proximidad, los olores, las texturas, de aquello en lo que se detenía su mirada.

«Amor al mar. Las caracolas de Neruda», exposición en la que el Instituto Cervantes, la Embajada de Chile y la Universidad de Chile recogen y condensan ese espíritu nerudiano, nos ofrece la oportunidad inmejorable de navegar, de conocer muy desde dentro el espíritu poético que alimentó la escritura del creador chileno. 366 caracolas que el escritor coleccionó a lo largo de su vida, fragmentos de poemas, materiales interactivos y bibliográficos, nos conducen por un camino de sensaciones, de descubrimientos, de comprensión de la incesante búsqueda que configuró la poesía nerudiana en su constante diálogo con el mundo.

Por vez primera, el público podrá conocer una muestra tan amplia de las caracolas que el premio Nobel atesoró en una existencia llena de viajes, experiencias, aprendizajes, observaciones…, por lo que esta exposición es un regalo que nos permite acercarnos a una parte de la intimidad de uno de los artistas más reconocidos del siglo xx.

Queremos con «Amor al mar. Las caracolas de Neruda» celebrar también la próxima inauguración del V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Valparaíso en marzo de 2010. Porque, así como en el idioma y en las palabras viajan los sueños, también en las caracolas de Neruda pervive la pasión de quien, en su existencia, unió a España y a Chile a través de su amor y su escritura.

Porque fue la poesía de Neruda una recreación constante de la existencia y sus milagros, y estas caracolas y estos poemas que ahora nos acompañan son la posibilidad de un milagro poético: el mar que Madrid siempre sueña y nunca tiene se puede escuchar al fin en el soplar del aire, pues Neruda lo ha traído para cada uno de nosotros. Por último, no queremos dejar de agradecer a la Fundación Endesa su generoso patrocinio, que ha hecho posible esta magnífica exposición.

Carmen Caffarel
Directora del Instituto Cervantes

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Poderosos motivos

En esta exposición, que exhibe una parte de la excepcional colección de caracolas que Pablo Neruda reunió a lo largo de su vida para legarla luego a la Universidad de Chile, y que se nos muestra integrada, en una presentación que ayuda a entender mejor los misteriosos mecanismos que conducen desde el deslumbramiento que experimenta el poeta ante la admirable naturaleza, ante estos preciosos «nácares de las oceanías», hasta el flujo certero y portentoso de su palabra, concurren numerosas razones para que la Fundación Endesa se sienta especialmente agraciada por el hecho de haber podido colaborar en su realización, llamada a disfrutar de ese privilegio por la Embajada de Chile en Madrid.

En efecto, para una institución como la nuestra, a la que sus estatutos imponen, como dedicación preferente, la cooperación cultural con aquellos países en los que Endesa, o sus empresas participadas, se hallan presentes, especialmente en América Latina, dentro de cuya cooperación le piden, además, que preste particular atención a aquellos proyectos que se encaminen al servicio de la lengua común española, la suma de circunstancias que convergen en este acontecimiento cultural reúne, ciertamente, un atractivo irresistible.

En primer lugar, resulta una evidencia palmaria que el eje y la cima de ese atractivo se encuentran en el nombre y en la obra de Neruda, de quien seguramente parecerá una obviedad que prediquemos que escribiera en español, si no fuera porque críticos solventes han puesto de relieve que este entrañable «místico de la materia», como lo definió Gabriela Mistral, es probablemente el primero de los líricos hispanoamericanos que vuela alto en esa dificilísima disciplina de la poesía sin recurrir a la tradición europea, plenamente liberado de ella, o, por decirlo de otro modo, fundándose sólo en las vivencias adquiridas en la tierra del nuevo continente en la que ha nacido y en la que se reconoce residente.

En este sentido, Neruda representa tanto todo lo que los hispanohablantes tenemos en común como lo que cada una de las comunidades humanas que se expresan en español tiene de específico e irrepetible.

A esta razón poderosísima se suman otras no menos determinantes. Entre ellas, estamos obligados a destacar en justicia a las instituciones con las que compartimos el honor de haber hecho posible este acontecimiento.

Además de la Embajada de Chile, en la que es habitual que abunden personas deseosas de que la cultura chilena, tan cercana a la española, esté siempre bien representada y visible en Madrid, está también en esta exposición la bien reconocible ejecutoria del Instituto Cervantes. En cualquier caso, nos satisface decir que no es esta la primera vez que hemos puesto en común esfuerzos con cada una de estas dos eficaces y fecundas instituciones.

Pero también nos ha dado motivos vigorosos para el compromiso que esta exposición se presente como emisaria precursora de dos importantes eventos: la celebración en España del Bicentenario de la independencia nacional de la República de Chile y el V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Valparaíso en marzo de 2010 y con el que la Fundación Endesa también se propone colaborar, como lo hizo ya la propia compañía que es nuestra fundadora en anteriores convocatorias.

Rafael Miranda Robredo
Presidente de la Fundación Endesa

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