Centro Virtual Cervantes
Literatura

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita > Índice del II Congreso > J. Joset
Arcipreste de Hita

Juan Ruiz «lector» de Matfre Ermengaud de Béziers

Jacques Joset. Université de Liège

A la verdad en materia de intertextualidades literarias de procedencia occidental, lo esencial había sido publicado por Félix Lecoy en sus clásicas Recherches sur le «Libro de buen amor» de 1938, que le valieron un alud de reproches, bastante injustificados cuando no injustos en mi opinión, de parte de los adalides y peones de una lectura mudéjar de la obra del Arcipreste. El filólogo francés había desmenuzado las posibles relaciones con textos anteriores o posteriores a 1343 de las tradiciones (neo) latinas sea para tejer vínculos más o menos estrechos con ellos, sea para desatarlos. Últimamente Fernando Gómez Redondo insistió sobre el conocimiento que tenía Juan Ruiz de las tradiciones literarias occitanas a la zaga de F. Lecoy, quien había señalado la deuda general de Juan Ruiz con procedimientos líricos de esta procedencia1.

Los textos de índole ético-religiosa ocupan en la literatura occitana, como en todas las literaturas medievales, un vasto espacio. Ya en las cercanías cronológicas de nuestro Arcipreste una obra inacabable, a pesar de su título, conoce un éxito de que son testigos los doce manuscritos completos o lacunarios y los trece fragmentos en lengua original hoy conservados del Breviari d’Amor de Matfre Ermengaud de Béziers2. Ésta es la tradición manuscrita más amplia de la literatura occitana medieval con excepción obvia de la de los cancioneros3.

El primero en vincular el Breviari y el Libro de buen amor en una argumentación filológica es otra vez, que yo sepa, Félix Lecoy, quien colocaba los más de 34.597 octosílabos de Matfre, compuestos entre 1288 y 1291, al lado del Libro de Alexandre y del Carmen de mensibus de Bonvesin da Riva en una misma tradición de la representación simbólica de los meses del año (LBA, cc. 1270-1300): « […] il n’est même pas impossible, agregaba Lecoy, qu’il [Juan Ruiz] ait pratiqué le Bréviaire d’Amour»4. En 1970, recogí, después de Henry J. Chaytor y Gerald B. Gybbon-Monypenny, esa prudentísima sugerencia al examinar las ocurrencias de bon’ amor en la obra del rimador de Béziers, quien contribuyó más que nadie a la plurisemantización de la lexía5. Ahora añadiría que ese bon’ amor polivalente (‘amor de Dios’, ‘amor del próximo’, ‘amor del hombre por la mujer y recíprocamente’, ‘amor cortés’, ‘amor de los hijos’, ‘amor de los ángeles entre sí’, ‘amor entre los humanos’, ‘amor por sí mismo’, ‘amor de Cristo por la humanidad’, ‘amor de los santos por los hombres’, etc.) ocurre sobre todo bajo la forma completa amar de bon’ amor en la última parte del Breviari, rubricada «Perilhos tractat d’amor de donas» que constituye una célebre antología de la poesía occitana de los siglos xii y xiii, con sus 266 citas de trovadores del sur y del norte de Francia. El Breviari d’Amor me hizo otro guiño cuando al seguir las transformaciones de las metamorfosis amorosas, que Juan Ruiz plasmó en una estupenda serie de antítesis (cc. 156-159)6, volví a topar con una posible fuente suya, la estrofa 3 de la pieza 15 de Aimeric de Peguilhan citada en el tratado antológico de Matfre (vv. 31.977-31.984)7.

Quizás antes de ahondar en una lectura paralela del enciclopedista de Béziers y del Arcipreste de Hita, cabría recordar, con Arturo García de la Fuente, que la disposición formal del Breviari, esa larguísima retahíla de octosílabos monorrimos, se parece a la cuaderna vía castellana8. Por otra parte, la estructura general del tratado occitano se presenta como un calco verbal de la iluminación del «albre d’amor» que encabeza los principales manuscritos. El orbe todo es una emanación del Amor cuya genealogía se remonta a Dios, creador de Natura que rige a todos los seres por el intermedio de dos hijos: derecho de Natura y derecho de Gente. Aquél, común a todas las criaturas, a su vez tiene dos descendientes: amor de macho y hembra y amor de los hijos; de éste, reservado al hombre, nacen el amor de Dios y del prójimo y el de los bienes temporales.

Siguiendo la pista que nos da la concentración de la expresión amar de bon’ amor en la parte que trata del amor «de masc’ ab feme» y del peligroso tratado del amor de las mujeres, el lector del Libro de buen amor que tiene en memoria las célebres coplas 71-76 las vinculará sin vacilación con los siguientes versos del Breviari:

[…] amors de mascl’ ab feme,
la quals ven de dreg natural,
quar de lui han dezir carnal
totas creaturas sentens,
auceilh, peicho, bestias e gens,
d’ajustamen far entre lor,
lo qual nos apelam amor.
Aquest deziriers naturals,
sabchatz cert que non es res als
mas talens et affeccios
qu’es entre femes e masclos
de se carnalmen ajustar
per lur natura cosservar,
lo qual recep de natura
e·l sec per l’azordenamen
de Dieu lo pair’omnipoten,
quar Dieus, quant hac creat lo mon
e las creaturas que·i son,
a las criaturas, sabchatz,
digs: «Creichetz e multiplicatz».
E per sso plac al Creator
que s’ajustesson entre lor,
quar autramen no·s poiria
cosservar ni duraria
per re la natura de gens
ni d’autres animals sentens.

(Breviari, vv. 27.262-27.288)9

Gracias a este amor, macho y hembra, pues hombre y mujer en tanto criaturas dotadas de alma sensitiva, pueden «aver juntamiento» (LBA, 71d)se carnalmen ajustar») en razón de la ley natural, «por aver mantenencia» de la especie (LBA, 71c)per lur natura cosservar»). «Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva» (LBA, 73c)auceilh, peicho, bestias e gens») no sólo actúan «segund natura» (LBA, 73c)lo qual recep de natura») sino que además obedecen la ley divina de Génesis, I, 22: «Crescite et multiplicamini»10. Y este amor «de mascle ab feme es bona», como reza la rúbrica del Breviari que sigue el largo pasaje que acabo de aducir11, por más que el hombre sepa usar bien del mismo («ab qu’om n’uze be, et en qual maneira·n pot hom ben uzar»), lo que no deja de evocar el famoso y muy equívoco v. 76c del Buen amor: «e saber bien e mal, e usar lo mejor».

Además arguye Matfre en versos pedestres:

Diguam doncz que l’amors en se
es bona
, qui·n uzava be,
e si·lh muzart, per lur follor,
uzon malamen d’est’amor,
no·n rema per lur folia
que l’amors bona no sia,
quar de sso quez en se bon’ es,
uza hom mal per nescies.

(Breviari, vv. 27.311-27.318)12

Este mal uso del buen amor, que es el «de Dios e sus mandamientos»(LBA, Pr. pr. 25-26, p. 79)azordenamen») entre los cuales está el de crecer y multiplicarse, es el hecho de los «mucho disolutos e de mal entendimiento», los «non cuerdo[s]» del prólogo en prosa (63-64, p. 81; 116, p. 83) del Libro de buen amor. ¿Quién dudaría de que en el Breviari d’Amor nos las habemos con una modalidad más del aristotelismo radical, sin referencia explícita a Aristóteles, que la agudeza de Francisco Rico había entresacado de varios pasajes de la obra de Juan Ruiz?13 Los paralelismos ideológico y expresivo aún no bastan para afirmar una relación de fuente directa entre el Breviari y el Libro de buen amor: consabido es que antes y después de la condenación del aristotelismo heterodoxo por el obispo de París Etienne Tempier en 1270, ampliada en 1277, la doctrina se difundió tanto en tratados filosóficos como en textos literarios en términos forzosamente parecidos. Estalló como un desafío en los versos que Jean de Meun pergeñaba en el mismo decenio de la condena, lo que no impidió que Félix Lecoy, quien iba a ser el editor del Roman de la Rose, rechazase, después de Frederick Bliss Luquiens, la influencia de Jean sobre Juan: « […] nulle part on ne remarque dans le Libro de buen amor le moindre indice que Juan Ruiz ait pratiqué le Roman de la Rose»14. Pero trabajos más recientes de Luis Beltrán, Jeremy N. H. Lawrence, Francisco Rico, Antonio Torres Alcalá, Alan D. Deyermond y Francisco Márquez Villanueva ponen en duda tales afirmaciones y vuelven a revitalizar el vínculo primero postergado15. A la luz de los argumentos aducidos por estos investigadores y de la relectura de versos tales como los del discurso de Raison (vv. 5766-5770)16, no me cabe duda de que entre el Roman de la Rose y nuestro Libro hay una relación siquiera indirecta pero clara.

Como la hay entre Matfre y Juan Ruiz, aunque tendremos que acumular más puntos de contacto antes de hablar de intertextualidad, tanto más cuanto que, en sentido inverso, no encontramos en el Breviari, por lo menos en el razonamiento naturalista introductorio al «perilhos tractat»17, un equivalente a la «fenbra plazentera» (71d) del Libro, «‘traducción’, según Francisco Rico, de las facultades del alma vegetativa al plano del alma sensitiva, con hincapié —cómicamente determinado— en unos aspectos de la segunda y en detrimento de muchos otros»18 pero, no, según Carlos Heusch, del alma razonal, que elabora el criterio estético19.

El amor natural de Matfre lleva al matrimonio conforme a una recuperación cristianizada del aristotelismo heterodoxo: el tratadista de Béziers no puede admitir «la natura cosservar» (v. 32.659) fuera del «matremoni» (vv. 32.644 y sigs.). La doctrina, ni que decir tiene, cojea un tanto. El arcipreste (digo el personaje) más atrevido, por más radical, es a la vez más pagano y más cortés: su conducta se guía «segund natura» sin perspectiva matrimonial declarada, menos en el caso de las bodas «a ley e a bendiçión» de doña Endrina y don Melón. El Arcipreste (digo el autor-comentador) es quien anuncia que «Doña Endrina e Don Melón en uno casados son», disculpándose de «lo feo de la estoria» achacada a «Pánfilo e Nasón» (LBA, 891a y d), es decir a un narrador fuera de juego.

De menos peso me parece la ausencia de Dios en las estrofas 71-76 del Arcipreste: hubiera sido un estorbo en la lógica falaz de un personaje que lo sustituye por el argumento de la capacidad sexual del hombre «todo tiempo, sin mesura […] cada que puede» (74 c-d), observación tópica sin relevancia aristotélica particular20. Un Dios que, todo lo contrario, estaba presente en el Libro de Alexandre donde se conservan «los trazos germinales de la idea de Natura como manifestación de la voluntad divina»21. En el Breviari hay un poco más que «trazos germinales»; ahí se reivindica la colaboración divina con Natura, la misma que le servirá a Trotaconventos en su debate con Garoza:

lo que Dios e Natura han vedado e negado
de lo fazer el cuerdo non debe ser osado.

(1407cd)22

Dios reaparece de manera sonada en una digresión del Arcipreste donde se ha observado otra huella de naturalismo radical. En una secuencia paralela de la obra de Matfre Ermengaud se lee:

Quascus homs doncs naturalmen
sus el ponch de son naichemen
segon que sus hai tocat,
recep natural qualitat
e sos movemens naturals
et astre de bes o de mals,
e tota dispozitio,
segon la costellatio
dels planetas e dels signes
malicios o benignes,
renhans el cel o mens o mais
el ponch et en l’ora qu’om nais.
Mas sabchatz, per cert e per ver,
que·ilh planeta non an poder
ni lh’autre corss celestial
que puesco far ni be ni mal
per se ges, ans han be vigor
del omnipoten Creador,
e lur natural regimen,
et a lui son obedien,
don fan tot per necessitat
sso quez a Dieus azordenat.

(Breviari, vv. 5109-5130)23

El Arciprestre empieza la digresión astrológica declarando «qu’el omne, quando nace, luego en su naçençia, / el signo en que nace le juzgan por sentençia» (123cd), y remachando «qual es el ascendente e la costellaçión / del que nace, tal es su fado e su don» (124cd). Es el mismo determinismo naturalista de la conclusión del tratado astrológico de Matfre (Quascus homs donc naturalmen, / sus el ponch de son naichemen, / […] recep natural qualitat / […] segon la costellatio / dels planetas e dels signes)24. Pero mientras éste contrapone la omnipotencia divina al «natural regimen» a renglón seguido (ilh planeta non an poder / ni lh’autre corss celestial…), el Arcipreste, más hábil y con consumado arte del suspenso, deja espacio para un buen trecho de texto y para el relato de las desgracias del hijo del rey Alcaraz a modo de enxiemplo antes de introducir el poder de Dios en la argumentación («el poderío de Dios tuelle la tribulaçión», 149d)25.

Sin embargo el protagonista del Libro, ni corto ni perezoso, recupera pronto las facilidades morales del naturalismo riguroso aduciendo que cree haber nacido bajo el signo de Venus lo cual lo induce a él y a todos los de su condición a trabajar y afanarse para amar a las mujeres (LBA, c. 152). Matfre, al no ahorrarnos la descripción completa de la «natura» de todos los planetas, nos recuerda que Venus «vol dire luxuria» (v. 4369) y que los nacidos bajo su signo son, por lo tanto, lujuriosos (v. 4376), pero también «se devon far plus volontier / que d’autre mestier […] / juglar d’esturmens o cantor» (vv. 4391-4392, 4394). La vocación poética del Arcipreste como la de su personaje estaba inscrita en su constelación según los pronósticos de Matfre Ermengaud de Béziers.

Pero hay más: el arcipreste remata su argumentación astrológica falaz con una «escritura»: «buen esfuerzo vençe a la mala ventura» (160c). Ahora bien se lee en el Breviari entre las últimas y farragosas elucubraciones sobre el poder compartido de Dios y de los astros:

sso es, pot be son desastre
per esforss mudar en astre,
«Que bos esfors malastre vens».

(vv. 5216-5218)26

Esta sentencia que tiene todas las trazas de ser un refrán es, en realidad, un verso del poema «Ben for’oi mais sazos e locs» de Guilhem Ademar que Matfre vuelve a citar (v. 33.330) en el antológico «peligroso tratado del amor de las dueñas», en un contexto de consejos de conquista amorosa cuyo ápice no deja otra vez de evocar advertencias del Arcipreste:

Qui vol doncz d’amor jauzimen
am lialmen de bon’amor
ses malvestat e ses folor.

(vv. 33.368-33.370)27

¿No se transparentaría esta microgenealogía literaria en la palabra «escritura» empleada por Juan Ruiz? De ser así, tendría que matizar la nota a mi edición (p. 142) donde remitía faute de mieux a Corominas, quien rechazaba el verso 71aP del Libro de Alexandre, como fuente aducida por María Rosa Lida y reafirmada por Jorge García: para éste, la «escritura» mencionada por el Arcipreste en el verso 160b no puede ser sino una cita del Alexandre, 71aP: «Dizen que buen esfuerzo vençe la mala ventura»28. Corominas daba también la equivalencia ‘proverbio, sentencia popular’ para «escritura», lo que no es la norma en el Libro de buen amor donde la palabra integra siempre el concepto de «texto escrito»29. Pero ¿por qué al Libro de Alexandre como fuente de la «escritura» no se podría unir la sentencia de Guilhem Ademar citada por Matfre? Nos la habríamos con una relación poligenética bastante común no sólo en la literatura medieval sino en la literatura universal de todos los tiempos.

La aparición en el Breviari de una tradición folklórica que en el Libro se textualiza en el reproche del arcipreste a Don Amor que actuaría «como faze la loba: / al más astroso lobo, al enatío ajoba» (402bc) sería demasiado común para tildarlo de intertextual30. Pero cuando la comparación del Breviari aparece otra vez en una cita de un poema atribuido a Aimeric de Peguilhan que relata la misma desgracia que le ocurrió al arcipreste con Cruz la panadera y Ferrand Garçía, el estatuto de «coincidencia» del encuentro algo se aleja31:

Aichi cum cell qu’a la lebre cassada,
e pueis la pert et autres la rete,
tot atressi es avengut a me,
d’una falsa qu’ai lonjament amada
e servida de bon cor humilmen.
E quan cugiei penre mon jauzimen
pres sordejor e me mes en soan,32
aichi o fes cum las lobas fan.

(vv. 28.745-28.752)33

El último verso más bien alusivo se aclara a la luz de la reiteración de la tradición cuando compara la mujer que escoge a un vil amante con la loba:

e fai semblan de loba34
que pren lo plus vil que troba.

(vv. 30.988-30.989)

Si pasamos ahora de estos paralelismos entre pasajes para examinar «coincidencias» estructurales, no se nos puede escapar que el marco general de ambas obras es «autobiográfico». Por supuesto entre el «ieu» de Matfre, que corresponde las más de las veces al autor de carne y huesos, y el «yo» complejo, equívoco y denso de Juan Ruiz hay un mundo, aunque cuando aquél reconoce «qu’ieu sui en ver’amor conplitz» y «d’amor verais filhs» (vv. 97, 100), uno puede legítimamente preguntarse si no asistimos al principio de una difracción entre la persona y un personaje en ciernes, más allá de una declaración de conocimiento de los códigos y usos amorosos de finales del siglo xiii. Y vuelve a repetirse la pregunta cuando al umbral de la última parte del Breviari, el rimador de Béziers, experto en asuntos de amor, regañando a los trovadores que hablaron mal del amor, les opone su pericia «quar hieu sui aimans verais» (v. 27.999)35, más capacitado que nadie para ser protagonista en primera persona del debate que ahora se abre.

Un paralelismo estructural común estriba en la importancia del concepto de mesura que puse de manifiesto en un trabajo anterior sobre el Libro de buen amor36. Por su parte Peter T. Ricketts escribe que Matfre «a bien compris la notion de mezura à sa façon, même s’il n’y consacre pas un chapitre entier, […] car non seulement il s’en sert dans son propre texte mais elle devient un leitmotiv dans plusieurs chapitres (veánse v. 29.895, 30.615, 32.009, 32.027, 32.087, 32.094, 32.600, 33.085, 33.985)37». La «mezura» imprescindible hasta en el ayuno según el Breviari (vv. 9.675-9.681) anticipa la «mesura» que condena los excesos de la penitencia impuesta por la Cuaresma a don Carnal de la que sale engañado don Ayuno (LBA, cc. 1162-1182).

Otro componente estructural común de menor bulto por no ser infrecuente en obras medievales es la presencia de un prólogo en prosa rubricado «L’entendemens del albre d’Amor abreujatz e senes rimas» (Breviari, II, pp. 28-34), desdoblamiento de un «prolex» anterior en versos que consiste en una exposición de la materia y de las propiedades del «árbol de Amor». Este doble comentario de la iluminación que encabeza los manuscritos del Breviari no corresponde exactamente a la composición más compleja de los prólogos del Libro de buen amor, aunque los argumentos de la exposición doctrinal en prosa se repiten de alguna forma en las coplas de cuaderna vía que exigen del lector/oyente que no se quede en la superficie de las palabras (cc. 11-18) y en «la disputaçión que los griegos e los romanos en uno ovieron» (cc. 44-70).

Tampoco carece de interés el análisis de contenido de los títulos de nuestras obras. Si bien la corrección del de Juan Ruiz ha sido verificada repetidas veces, y a pesar de las dudas y propuestas que más bien tienen que ver con una reacción antipidaliana que con la lucidez filológica38, el título de la enciclopedia sobre el Amor de Matfre tampoco sufre rodeos y cambios: la primera rúbrica de los manuscritos de más fiar reza «Comensa le Briviaris d’Amor», rótulo confirmado a continuación en los versos del incipit:

Matfres Ermengaus de Bezerss,
………………………………
comenset lo primero dia
de primavera, sus l’albor,
aquest Briviari d’Amor:

(vv. 9, 17-20)39

Sea en las notas a mi edición, sea en otros lugares, no me he cansado de disertar sobre la polisemia del buen amor del Arcipreste y de sus empleos tergiversados por su personaje40. Un estatuto semántico igual de polivalente tiene el Amor de Matfre Ermengaud. El ensayo de definición que nos dio Gabriel Azaïs en 1862 no tiene desperdicio:

Le mot Amour, ainsi que nous le verrons dans l’arbre généalogique qu’il [Matfre] en dresse, y est pris dans le sens le plus étendu. C’est l’amour mystique qui unit les trois personnes de la sainte Trinité, c’est l’amour créateur de tout ce qui existe, l’amour de Dieu et du prochain, l’amour de l’homme pour les biens terrestres, l’amour des créatures entre elles, l’amour du père pour les enfants41.

Sin olvidar el amor «de mascle ab feme», el del hombre y de la mujer, el amor cortés,…

¿Será casual el encuentro de esos amores tan polifacéticos en los títulos del Breviari y del Libro? ¿Y será casual la contradicción entre el consejo de Matfre a cuantos son asechados por la tentación carnal de no leer a los trovadores que exaltan «aquesta natural amor» (v. 34.318) y la elaboración de una antología del amor cortés cuyo fin es el jauzimen erótico, contradicción con la que topamos a cada rato en el Libro entre, digamos, la invitación a practicar el buen amor de Dios y los consejos de Don Amor y Doña Venus? Pero Juan Ruiz, más ducho que su compadre de Béziers, juega a sabiendas con la contradicción, organizando también a su manera un cancionero antológico de composiciones personales que abarcan tanto lo cazurro como lo religioso, a la panadera Cruz y a la Virgen, a don Hurón y a Cristo.

Matfre se da cuenta de la contradicción y trata de salir de apuro mediante una pirueta dialéctica:

qu’ieu, per pagar los trufadors,
hai desus dig tan de lauzor
d’aquesta natural amor,
quar tems y ha de prezicar,
tems de rire e de trufar,
e quar, per cert, l’amors en se
es bona quant hom n’uza be
quo ceilh qu’estan en estamen
de matremoni leialmen
quar autramen ses ajustar
no·s poiria ges cosservar
nostra natura humanals.

(vv. 34.439-34.449)42

«En plaçant ce traité [el tratado peligroso del amor de las dueñas] dans son livre, Ermengaud a donc voulu nous donner le mérite de résister à la tentation de le lire», como dice de manera elegante Gabriel Azaïs43. Peter T. Ricketts explica la contradicción por la coexistencia en el Breviari de dos éticas incompatibles, la de la fin’amor y la del amor de Dios44. Sin embargo la pirueta es peligrosa y termina, como he dicho, en una andadura de cojo que se esfuerza por acreditar la ecuación «natural amor» = «bon’ amor» = «matrimoni». El Arcipreste bien vio el peligro y se sale con las suyas dando lecciones de buen amor de Dios por la vía negativa de aventuras amorosas que siempre fracasan a pesar de los socorros ovidianos.

Ni el uno olvida que «homs e femna son carnal / et aparelhat a far mal» (vv. 34.415-34.416), ni el otro que «la natura umana que más aparejada e inclinada es al mal que al bien» (LBA, Pr. pr. 69-70). Pero el rimador occitano encamina los pasos hacia la salvación por medio de un tratado pesado y el poeta castellano lo hace en un Libro compuesto no sólo siguiendo las técnicas del buen trovar sino con la inteligencia de quien conoce y practica como un maestro los recursos del humor y de la ironía.

Quedarían más verificaciones por hacer cotejando de más cerca aún Breviari y Libro. Pero no me quedan muchas dudas sobre el hecho de que Juan Ruiz haya conocido la obra de Matfre Ermengaud. Esa convicción vendría reforzada, por supuesto, si pudiéramos dar alguna pista sobre el cómo llegaron los versos del occitano a la vista o a los oídos del Arcipreste. El Breviari d’Amor fue, como he dicho, todo un éxito en su tiempo. A los códices occitanos completos o fragmentarios de la obra, se agrega una tradición manuscrita en catalán que abarca diez testimonios de tamaño vario, todos de los siglos xiv y xv45. Complétese el panorama textual con una versión castellana descrita por Edouard Roditi46, posterior al año de 1400, fecha aproximada del manuscrito catalán del British Museum, Yates Thompson 31, de la familla del que parece proceder47. Roditi propone una fecha aún más tardía, posterior a 149548. Lo eliminaremos, pues, por razones cronológicas. Por otra parte, la tradición catalana del Breviari depara, desde un principio, una decepción: en todos los manuscritos falta la última parte, después del verso 27.25249. Ninguno transmite el «perilhos tractat» que me sirvió de pieza fundamental en el análisis genético.

En cambio la tradición occitana de los manuscritos completos ofrece paradójicamente más oportunidades de contacto con el Arcipreste. De hecho, el manuscrito N de San Petersburgo se copió «in civitate Ilerdensi» y el D (BN París, fr. 1601) en alguna parte de Cataluña. En cuanto a M, de principios del siglo xiv50, el mejor manuscrito según Peter T. Ricketts, el que le sirve de base a su edición del Breviari, se encuentra actualmente en la biblioteca del Escorial, sign. S.I.351, ejemplar que según Félix Lecoy, era de la propiedad del marqués de Santillana52. Ahora bien, Mario Schiff en su clásico libro sobre la biblioteca del marqués registra la existencia de un manuscrito del Breviari en ella, pero lo da como perdido, después de que Amador de los Ríos lo hubiera someramente descrito en 1852 tras haberlo visto en el fondo de la biblioteca de los duques de Osuna incorporado en 1884 a los de la Biblioteca Nacional de Madrid. No obstante en el catálogo de la BN nunca figuró ejemplar alguno, completo o fragmentario, del tratado de Matfre53. La verdad es que la afirmación de Lecoy sigue siendo para mí un enigma54, tanto más opaco cuanto que, para mayor confusión, Arturo García de la Fuente, autor de un larguísimo (y algo farragoso) estudio sobre el manuscrito escurialense del Breviari afirma que éste «perteneció a la Biblioteca del Conde Duque de Olivares»55.

Por más que estudios a veces elementales todavía nos falten, por lo menos sabemos que como mínimo tres o cuatro manuscritos provenzales circularon en la península, quizás algún que otro en tierras de Castilla en la primera mitad del siglo xiv.

Flecha hacia la izquierda (anterior) Flecha hacia arriba (subir) Flecha hacia la derecha (siguiente)

NOTAS

  • (1) F. Gómez Redondo, «El Libro de buen amor: las líneas de pensamiento poético», in C. Heusch (ed.), El «Libro de buen amor» de Juan Ruiz, Archiprêtre de Hita, París, Ellipses, 2005, pp. 160 y 164; F. Lecoy, Recherches sur le «Libro de buen amor» de Juan Ruiz, Archiprêtre de Hita, París, Droz, 1938, p. 304. El estudio clásico de Henry J. Chaytor, «The Influence of Provençal Literature on the Libro de buen amor of Juan Ruiz», en Bulletin of the Modern Humanities Research Association, XVIII, 1939, pp. 10-17, también había recorrido la pista occitana. volver
  • (2) Citaré el Breviari según la edición de Peter T. Ricketts cuyos 5 volúmenes se publican desde 1976 por editoriales diferentes: t. V, Leiden, Brill, 1976; t. II, Londres, Westfield College, Association Internationale d’Études Occitanes, 1989; t. III, Londres, Association Internationale d’Études Occitanes, 1998; t. IV, Turnhout, Brepols, Publications de l’A.I.E.O., 2004. El tomo I ha de ser un estudio literario y filológico, y el VI un glosario. Peter T. Ricketts anuncia también una reedición revisada del t. V con una traducción al francés. Para la cuenta de los códices, remito a la ed. cit., V, pp. 1-5, a lo cual hay que añadir nuevos descubrimientos de los que me informó el erudito colega inglés en un mensaje electrónico del 8 de noviembre de 2006. Véase también Geneviève Brunel, «Un fragment du Breviari d’Amor au Palais du Roure (Avignon)», en Romania, CIV, 1983, pp. 177-197 (en particular pp. 178-183). volver
  • (3) R. Richter, «En marge d’une édition critique des citations de troubadours dans Matfré Ermengau», en Cultura Neolatina, XXXVIII, 1978, p. 201. volver
  • (4) Lecoy, op. cit., p. 277. volver
  • (5) H. J. Chaytor, art. cit.; G. B. Gybbon-Monypenny, «Lo que buen amor dize con razon te lo pruevo», en Bulletin of Hispanic Studies, XXXVIII, 1961, pp. 13-24; Jacques Joset, «Le ‘bon amors’ occitan et le ‘buen amor’ de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, (Réflexions sur le destin d’une expression ‘courtoise’)», in Actes du VIème Congrès international de langue et littérature d’oc et d’études franco-provençales. Montpellier septembre 1970, Montpellier, Centre d’estudis occitans-Revue des langues romanes, 1971, pp. 349-368 (en particular pp. 359-361). volver
  • (6) Citaré el Libro de buen amor por mi edición (Madrid, Taurus, «Clásicos Taurus, 1», 1990). volver
  • (7) Matfre, Breviari, V, pp. 225-226; J. Joset, «Transformaciones de las metamorfosis amorosas: Juan Ruiz, Rodrigo Cota, Lope de Vega», en Pedro M. Piñero Ramírez (ed.), Dejar hablar a los textos. Homenaje a Francisco Márquez Villanueva, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2005, I, pp. 95-107: a lo dicho en las pp. 99-100, agregaré ahora que el tópico trobaderesco se encontrará también en el primer soneto de la segunda parte del Canzionere de Petrarca («in morte di madonna Laura»), probablemente de 1348: «oimè il parlar ch’ogni aspro ingegno et fero / facevi humile, ed ogni huom vil gagliardo!» (CCLXVII, vv. 3-4). La editora de Petrarca, Rosanna Bettarini, rastrea las antítesis en poetas «prestilnovísticos» como Bonagiunta («ch’Amore ha in sé vertode: / del vile uom face prode, / s’egli è villano en cortesía lo muta») y Guitone («Lo vil pro’, parladore lo nisciente / […] / dicon que fai [Amor]») (Francesco Petrarca. Canzoniere. Rerum vulgarium fragmenta ed. de Rosanna Bettarini, Turín, Giulio Einaudi, 2005, II, pp. 1197-1198). Mientras tanto los paralelismos entre el Breviari y el Libro fueron objeto de argumentaciones opuestas de Eduardo Forastieri Braschi, «La descripción de los meses en el Libro de buen amor», en Revista de filología española, LV, 1972, pp. 213-232 y Alicia C. de Ferraressi, De amor y poesía en la España medieval. Prólogo a Juan Ruiz, México, El Colegio de México, «Estudios de Lingüística y Literatura, 4», 1976, pp. 163 y sigs. volver
  • (8) Arturo García de la Fuente, «El Breviari d’Amor de la biblioteca de San Lorenzo», en Religión y Cultura, XIX, 1932, p. 64. El empleo del octosílabo es tanto más notable que los tratados de cortesía occitanos anteriores al Breviari solían escribirse en heptasílabos (véase Amos Parducci, «Sul Perilhos tractat d’amor de donas di Matfre Ermengau di Béziers», en Romania, LI, 1925, pp. 1-33, en particular p. 31, n. 2). volver
  • (9) Matfre, Breviari, V, pp. 35-36. Estos versos habían sido anunciados por una sección del Breviari titulada «De dreg de Natura» (III, pp. 2-8, vv. 8880-9094) de la que extraemos el pasaje siguiente: «[…] e d’aquell azordenamen / devetz entendre que dichen / le talens e l’affexios / qu’es entre·ls femes e·ls masclos / d’ajustamen far entre lor, / lo qual nos apelam amor» (vv. 9007-9012). volver
  • (10) Precepto al que acudirá también el protagonista del LBA, pero en otro lugar donde se enuncia la nueva coartada de las cc. 109-110. V.q. Fr. Rico, «‘Por aver mantenencia’: el aristotelismo heterodoxo en el Libro de buen amor», en El Crotalón. Anuario de Filología Española, II, 1985, pp. 169-198 (en particular p. 183). volver
  • (11) Lo subrayado es mío. Michel Zink, «L’amour naturel de Guillaume de Saint-Thierry aux derniers troubadours», en Journal des savants, 2001, pp. 321-349 (en particular pp. 344-345) cita estos mismos versos del Breviari sin sospechar la presencia del aristotelismo radical en ellos. Esa omisión de un dato tan evidente, que no merece ni una mención en el artículo de M. Zink, hay que achacarla a la reducción del «amour naturel» al «amour des enfants» y a la merma de la sexualidad en el concepto que informa el trabajo del colega francés. Debo la referencia de la contribución de M. Zink a la gentileza del profesor Ricketts. volver
  • (12) Matfre, Breviari, V, p. 37. Subrayo. volver
  • (13) F. Rico, art. cit. Gabriel AZAÏS, primer editor del Breviari d’ Amor, Béziers-París, Publications de la Société archéologique, scientifique et littéraire de Béziers, 1862, I, pp. XLIV y LVI, ya había observado el transfondo aristotélico de la obra de Matfre Ermengaud. volver
  • (14) F. Lecoy, op. cit., p. 337; Frederick Bliss Luquiens, «The Roman de la Rose and the Medieval Castilian Literature», en Romanische Forschungen, XX, 1907, pp. 284-320 (en particular pp. 289-296). volver
  • (15) Luis Beltrán, «La Vieille Past», en Romanische Forschungen, LXXXIV, 1972, pp. 77-96 (en particular pp. 92-95) ; Jeremy N. H. Lawrence, «The Audience of the Libro de Buen Amor», en Comparative Literature, XXXVI, 1984, pp. 220-237; Francisco Rico, art. cit., p. 198; Antonio Torres Alcalá, «El Libro de buen amor y el Roman de la Rose: algunas analogías», en Anuario Medieval, II, 1990, pp. 172-183; Alan Deyermond, «El Libro de buen amor y la poesía del siglo xiv», en Historia y crítica de la literatura española, 1/1, Edad Media, Primer suplemento, Barcelona, Crítica, 1991, p. 181; Francisco Márquez Villanueva, «Juan Ruiz y el celibato eclesiástico», en Bienvenido Morros y Francisco Toro (eds.), Juan Ruiz, Arcipreste de Hita y el «Libro de buen amor», Congreso Internacional del CECE, Alcalá la Real, Ayuntamiento de Alcalá la Real-Centro para la edición de los clásicos españoles, 2004, pp. 17-33 (en particular, pp. 25-26). P. Pellen-Barda, «Une lecture du Libro de buen amor et du Roman de la Rose», en Rica Amran (coord.), Autour du «Libro de buen amor», París, Indigo-Université de Picardie Jules-Verne, 2005, pp. 239-252, al pasar por encima de la bibliografía básica sobre el tema, redescubre lo ya descubierto. volver
  • (16) «C’est naturels enclinemenz / De vouloir garder son sanblable / Par entencïon convenable / soit par voie d’engendreüre / ou par cure de norreture», versos citados por Michel Zink, art. cit., p. 342. volver
  • (17) Aunque sí más allá en el Breviari d’ Amor, en los retratos de las donas pintados por los trovadores. volver
  • (18) F. Rico, art. cit., p. 174. volver
  • (19) Carlos Heusch, «‘Por aver juntamiento con fenbra plazentera’: el astuto naturalismo amatorio de Juan Ruiz», en C. Heusch (ed.), El Libro de buen amor, pp. 129-142 (en particular pp. 136-137). En la ponencia «Una posible fuente para el pensamiento ruiziano, más allá del naturalismo: el Virgilio cordobés», presentada en las «Jornadas en torno al LBA» organizadas por el Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Barcelona el 26 y 27 de octubre de 2006, C. Heusch dio un paso más al achacar el «determinismo naturalista» del personaje del Arcipreste al Virgilio cordobés, ya razonablemente evocado por F. Rico en tanto testigo de un ambiente cultural al cerrarse el siglo xiii aunque no como «fuente» del LBA. De hecho el radicalismo de las propuestas del heterodoxo averroísta, editado en su tiempo por M. Menéndez Pelayo, no me parece pertenecer al ámbito ideológico de Juan Ruiz mientras que las huellas del Breviari se encuentran a la vez en el aristotelismo tergiversado y en otros lugares, formas y modismos de la obra de Juan Ruiz. volver
  • (20) F. Rico, art. cit., p. 177. Otro tópico estacional dejó su huella en el Breviari: «de las filhas del dreg premier [el derecho de Natura] / l’annada qu’es del dezirier / comu a las criaturas / sentens, segons lur naturas, / e d’omes especialmen / e de femnas en lur joven / quan sento venir le dous temps / de Pascor, lai part Careme, / es amors de masc’ ab feme» (vv. 321-330, ed. cit., II, p. 16-18) y «Enquaras podetz vezer mais / quez aichi quo homs es plus gais / e plus ardite per cel’amor / el gai termeni de pasquor» (vv. 9.021-9.024), lo que, a su vez, no deja de recordar versos del Arcipreste: «Vigilia era de Pascua, abril çerca pasado» (1210a), cuando la Cuaresma ha huido vencida y Amor sale en triunfo recibido por «los omnes e dueñas con amores» (1227c). volver
  • (21) Jorge García, «La influencia del Libro de Alexandre en el Libro de buen amor», in B. Morros y F. Toro (eds.), Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, pp. 183-198 (cita de la p. 195). volver
  • (22) En mi edición de 1990, escribí «natura» con minúscula. Ahora la mayúscula de la entidad alegórica se me impone. Traigo el Libro de Alexandre a esta altura del razonamiento para que conste lo enmarañado de las tradiciones que informan el Libro de buen amor. volver
  • (23) Matfre, Breviari, II, pp. 244-246. volver
  • (24) Lo subrayado es mío. En la introducción del tratado (vv. 3997-4107), cuya fuente declarada es la misma de Juan Ruiz, Tolomeo (Breviari, v. 4093; LBA, 124a), ya Matfre Ermengaud había seguido los mismos pasos. volver
  • (25) Aprovecho la oportunidad para rectificar la opinión mal expresada en 2004 («El pensamiento de Juan Ruiz», en B. Morros y F. Toro (eds.), Juan Ruiz y el «Libro de buen amor» Alcalá la Real, Ayuntamiento de Alcalá la Real y Centro para la edición de los clásicos españoles 2004, p. 115) y en 2006 («‘Mesure’ et glissements de sens: approche du système de pensée de Juan Ruiz», en C. Heusch (ed.), El Libro de buen amor, París, Ellipsess, 2006, p. 51) donde se podía entender que rechazaba la posibilidad de que el apólogo del horóscopo del hijo del rey Alcaraz tuviera fuentes orientales. La versión española de mi artículo es ambigua y la francesa viene desfigurada por una lamentable errata por falta de una negación esencial. La buena lectura es: «Les sources orientales directes des doctrines (I’orthodoxe et l’hétérodoxe), sont à écarter même si celles de a’pologue de I’horoscope du fils du roi Alcaraz ne peuvent I’êté». La argumentación de María Jesús Lacarra, «El cuento del hijo del rey Alcaraz (Libro de buen amor, 128-41) entre Oriente y Occidente», en Medioevo Romanzo, XXX, 2006, pp. 282-29, es impecable. volver
  • (26) Matfre, Breviari, II, p. 250. volver
  • (27) Íd., V, p. 282.. volver
  • (28) Jorge García, art. cit. pp. 186-187; véase también Barry Taylor, «Exempla and Proverbs in the Libro de Buen Amor», en Louis M. Haywood y Louise O. Vasvári (eds.), A Companion to the «Libro de Buen Amor», Woodbridge, Támesis, 2004, p. 97. Para la bibliografía sobre la intertextualidad Alexandre-LBA, véanse las notas 9, 20, 21 (pp. 186 y 192), de la ponencia de Jorge García y el status questionis bibliográfico y crítico más detallado de Vittorio Marmo, Dalle fonti alle forme. Studi sul «Libro de buen amor», Nápoles, Liguori editore, 1983, p. 39. volver
  • (29) LBA, Pr. pr. 74, 92-93, 1142d. volver
  • (30) Véase la nota a 402b en mi edición de 1990, p. 228 y mis Nuevas investigaciones sobre el «Libro de buen amor», Madrid, Cátedra, 1988, pp. 91-102. volver
  • (31) A la verdad el poema no es de Aimeric sino de Guiraut de Salignac (Breviari, V, p. 21), pero la falsa atribución da cuenta de la preferencia de Matfre por Aimeric de Peguilhan, el trovador más citado de la antología con 24 ocurrencias, y de una atracción entre éste y Juan Ruiz, Matfre mediante. Otra «coincidencia», ésta tan verdadera como divertida, es que Aimeric de Peguilhan, quien actuaba en la corte de Aix-en-Provence, era hijo de «panadero». volver
  • (32) «Me ha jugado la peor jugada y me ha despreciado». volver
  • (33) Breviari, V, p. 94 volver
  • (34) «Hace como la loba», no la «prostituée» como propone el glosario de Ricketts, V, p. 343. volver
  • (35) Y unos cuarenta versos más abajo, da una lista de «verdaderos amantes» a los cuales se compara el «ieu», «plus fis en amor» (v. 27.837) que «Floris ab Blanchaflor» (v. 27.838) y que el mismísimo «Tristans» (v. 27.843). Gabriel Azaïs, un tanto perturbado por lo atrevido de la comparación puntualiza: «Le titre de sincère amant qu’il se donne n’est probablement qu’une fiction qu’il emploie, à l’exemple des autres troubadours pour écrire son traité» (ed. cit., p. LXXXI). volver
  • (36) Jacques Joset, «‘Mesure’ et glissements de sens: approche du système de pensée de Juan Ruiz», en C. Heusch (ed.), El «Libro de buen amor», pp. 39-65. volver
  • (37) Peter T. Ricketts, «Matfre Ermengaud, un homme de son temps?», en C. Heusch (ed.), Bitteris. Béziers et son rayonnement culturel au moyen âge, Perpignan, Ville de Béziers / Presses Universitaires de Perpignan, 2003, pp. 13-24 (cita de pp. 21-22). volver
  • (38) Véase Jacques Joset, «El pensamiento de Juan Ruiz», en B. Morros y Fr. Toro (eds.), Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, pp. 105-128 (en particular p. 105 y la bibliografía de la nota 1). volver
  • (39) Breviari, II, p. 2. volver
  • (40) J. Joset, «El pensamiento…», pp. 105-109. volver
  • (41) G. Azaïs, ed. cit., p. XXXIII. volver
  • (42) Breviari, V, p. 324. volver
  • (43) G. Azaïs, ed. cit., p. LXXIX. volver
  • (44) Peter T. Ricketts, «Matfre Ermengaud, un homme de son temps?», pp. 17-19. Dicha incompatibilidad conceptual redunda en una confusión terminológica ya que en el Breviari el amor que los hombres le tienen a Dios es también «natural»: «mais devem doncs lo creador / amar de natural amor» (vv. 9287-9288, III, p. 18). volver
  • (45) Peter T. Ricketts, «The Hispanic Tradition of the Breviari d’Amor by Matfre Ermengaud of Béziers», en D. M. Atkinson y A. H. Clarke (eds.), Hispanic Studies in Honour of Joseph Manson, Oxford, The Dolphin Book Co. Ltd., 1972, pp. 227-253, contribución completada por una lista puesta al día de las tradiciones manuscritas occitana, catalana y castellana que debo a la amabilidad del profesor Ricketts (véase nota 2). volver
  • (46) Edouard Roditi, «The Chicago Manuscript of the Castilian Breviario de Amor», en Modern Philolgy, XLV, 1947-1948, pp. 15-22. volver
  • (47) P. T. Ricketts, «The Hispanic Tradition…», pp. 233 y 253. volver
  • (48) E. Roditi, «The Chicago Manuscript…», p. 17. volver
  • (49) Ibíd. volver
  • (50) Arturo García de la Fuente, Catálogo de los manuscritos franceses y provenzales de la biblioteca del Escorial, Madrid, Tipografía de Archivos, Olórzaga, I., 1933, p. 38, aunque a vuelta de página confiesa que la fecha de composición del manuscrito «nos es desconocida». G. Brunel, art. cit., p. 180, confirma la fecha propuesta por A. García de la Fuente. volver
  • (51) P. T. Ricketts, ed. cit., V, pp. 2-3. volver
  • (52) F. Lecoy, op. cit., p. 277, n. 11: «Le marquis de Santillana en possédait un très bel exemplaire conservé encore aujourd’hui à l’Escurial». volver
  • (53) Mario Schiff, La bibliothèque du Marquis de Santillane, París, Bouillon, 1905, pp. 383-384. Este libro de referencia no figura en la bibliografía de Lecoy. volver
  • (54) Enigma reforzado por el hecho de que no conocemos la historia del manuscrito M ni la fecha de su incorporación a la Biblioteca del Escorial, como el profesor Ricketts, a quien vuelvo a agradecer la paciencia en contestar mis consultas, me lo confirmó por mensaje electrónico del 5 de mayo de 2006. volver
  • (55) El erudito agustino agregaba «y no la de de Felipe II», según había indicado J. Fernández Montaña (Museo Español de Antigüedades, VI, p. 377). Véase Arturo García de la Fuente, «El Breviari d’Amor de la Biblioteca de San Lorenzo», en Religión y Cultura, XIX, 1932, pp. 55-68, 183-199, 364-383 (en particular pp. 66, 183-184). volver
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es