Alberto Várvaro. Universidad Federico II de Nápoles
Después de más de doscientos veinte años de la edición princeps, y a pesar de todas las investigaciones, la situación hoy en día no es muy distinta de aquella en la que se hallaba en 1779 Tomás Antonio Sánchez:
[…] hay tres ejemplares escritos en papel, y segun denota la letra, en el siglo xiv. El uno se conserva en la libreria de la Santa Iglesia de Toledo… El otro lo posee Don Benito Martinez Gomez Gayoso… El tercero se guarda entre los M.SS. del Colegio Mayor de San Bartolome de Salamanca.
[Sánchez 1779: 100-101]
En estas frases lo que ha de ser cambiado es tan sólo los nombres de las bibliotecas y el juicio sobre la fecha. Permanece invariada la conclusión de que por estar los tres testimonios más o menos dañados
con los tres códices no se pueden completar las poesías del Arcipreste.
[ibídem; 101]
G: Madrid, R. Academia Española, ms. 19 [= BOST3, núm. 1023].
Códice cartáceo, de papel bastante tosco, 220 x 157 mm. No hay filigranas.
Fecha: 23 de julio de 1389 (cfr. f. 86v).
Foliación: En el margen superior central hay restos de una numeración antigua escrita con pluma basada en letras y números. Son en cambio modernas la paginación en pluma del margen inferior, de M. Sarmiento, y la foliación a lápiz en la parte superior en el recto. Ninguna de las dos incluye el folio que precede al f. 1.
Estructura: ff. 1 + 4 + 1 + 87 + 1. Los cuatro ff. añadidos tras el folio de guarda anterior son ligeramente más pequeños y contienen una Nota autógrafa, firmada «Fr. Martín Sarmiento, Benedectino», y datada «Madrid Septiembre 6 de 1750». Sobre el recto del f. siguiente ha sido pegada una tira de papel con el título, de mano de Gayoso, y una nota de F.X. de Santiago Palomares, acerca del cual cfr. más abajo.
La estructura material del códice es la recogida en la figura 1 [cfr. Vàrvaro 1970: 550-551].
Ducamin [1901: XX] escribe: «Il semble, à la reliure, qu’il manque un cahier au début». Es dudosa la colocación del f. que sigue a las páginas de Sarmiento y que precede al numerado como 1. Willis [1972: XXV-XXVI] considera seguro que este folio es «of exactly the same manufacture as the rest of the pages of the text» y que fue «once connected with a now missing folio following the present N.º 6».
Mise en page: La caja de escritura varía en torno a los 190 x 120 mm, con extremos de 180 y 210. Al no existir falsilla, el número de líneas varía fuertemente en cada página, de 21 a 30, pero prevalecen las 25 o 26 líneas y en el total del folio la oscilación queda muy reducida, entre 53 y 54 [Gybbon-Monypenny 1962: 210].
Manos: Ducamin [1901: XX] considera que la mano de todo el texto es única, salvo alguna corrección de mano casi contemporánea del f. 73v en adelante. Menos fiable es la opinión de Corominas [1967: 29-30], quien afirma que son reconocibles al menos dos o tres escribas, con cambios al inicio de los ff. 5r, 6r, 10r, 12r, 18r, 19r, 38r y dentro del f. 39r. Se han dejado en blanco, para iniciales miniadas no realizadas posteriormente, 25 espacios de verso iniciales.
Encuadernación: En cartón y piel, del siglo xvii (pero nótese que Sarmiento habla de una «enquadernacion antigua»).
Historia: Es posible que deba ser identificado como el códice poseído por Argote de Molina (cfr. 1.1.6 e 1.1.7.). En 1750 el códice era de Benito Martínez Gómez Gayoso, archivero de la Secretaría de Estado; a su muerte el manuscrito pasó a F.X. de Santiago Palomares, oficial mayor del mismo Archivo, quien el 12 de mayo de 1787 lo regaló a T.A. Sánchez, de quien lo recibió el Director de la Real Academia, don Pedro de Silva y Sarmiento, quien el 22 de enero de 1802 lo donó a la corporación.
Descripción interna: G contiene hoy, y así era ya en la época en que lo usó Sánchez, el texto siguiente:
Edición facsímil: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de buen amor. Edición facsímil del manuscrito Gayoso (1389), propiedad de la Real Academia Española [Madrid], Real Academia Española, 1974.
Ediciones diplomáticas: Criado-Naylor 1965; ídem 1972.
Bibliografía: Ducamin 1901: XVI-XXVII; Chiarini 1964: X-XI; Criado-Naylor 1965: XV-XX; Corominas 1967; passim; Vàrvaro 1968 y 1970; Zamora Vicente 1974.
Copias:
S: Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. 2663 (= BOST3, núm. 2890).
En papel, de buena calidad, mide 278 x 205 mm. Las filigranas, descritas sólo por Ducamin [1901: XI-XII], han sido reproducidas y estudiadas por Kerkhof [1993], que identifica la tercera con el número 11.608 de Briquet [19682], documentada en Aviñón en 1423-1425.
Fecha: 1420 ca. (cfr. abajo).
Foliación: Hay restos sistemáticos de una foliación en números romanos en tinta roja, que Ducamin [1901: XII] atribuye al mismo copista; ésta empieza con III = 4 y se salta, ciertamente por error, el f. 89. Esta numeración romana tiene una particularidad: 42 se escribe XIIL, 99, XIC, etc. En el margen superior derecho de los rectos hay una foliación moderna en tinta que va de 5 a 36. La numeración moderna a lápiz situada en el margen superior derecho de los rectos es obra de Ducamin [1901: XIII]; ésta es la seguida por todos los estudiosos modernos. En el margen inferior del verso de los ff. 10, 18, 28, 36, 52, 72, 84 y 94 el copista añadió los debidos reclamos.
Estructura: ff. 2 + 105 + 11. Los folios de guardia iniciales y finales son modernos, de la misma época que la encuadernación. La fasciculación de códice es la recogida en la figura 2 [Vàrvaro 1968: 136].
Mise en page: Tampoco S fue dotado de falsilla antes de la escritura. Presenta una caja de escritura que oscila en torno a los 180/200 x 110 mm (220 x 155 en la prosa); en cada página, por regla general, hay 8 coplas copiadas. Los títulos, que no son obra del autor [Cejador 1913: XXXVII; Lida 1940: 108 n. 1; especialmente Lawrance 1997; ello no significa, naturalmente, que las rúbricas no estuvieran ya en el antígrafo: cfr. Blecua 1992: LXXII], y los calderones que abren cada estrofa están en rojo. Las estrofas guardan claramente una distancia entre sí.
Manos: La mano que escribe el LBA parece única, salvo alguna que otra intervención de mano distinta en f. 70r y v (Blecua [1992: LXXI-LXXII] atribuye a Alfonso toda la copia menos las cc. 1174-1180a) y tal vez de una tercera mano en f. 93v [Ducamin 1901: XIV-XV]. El copista principal se nombra en f. 93v: «Alffons(us) p(a)ratinen(sis)», y ha sido identificado por Menéndez Pidal [1901: 435] como Alfonso de Paradinas, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), que era colegial del Colegio de San Bartolomé de Salamanca en torno a 1417 y después inició una brillante carrera eclesiástica que le llevó a Roma y a la cátedra episcopal de Ciudad Rodrigo; murió en Roma en 1489, a los 90 años [Menéndez Pidal 1941: 127-128; García Blanco 1956]. Las autocorrecciones de Alfonso son enumeradas por Blecua [1992: LXXII-LXXIV].
Descripción interna: Los ff. 1-104r contienen el LBA, de la c.1 a la c.1709, incluido el prólogo en prosa entre f. 10 y f. 11, pero omitiendo
Es fácil calcular, en base al número de ff. perdidos, que originalmente las coplas debían ser alrededor de 160 más de las que se han conservado, y ya que gracias a G se han recuperado 88 (cc. 436-451, 548-563, 580-595, 661-691, 756-764) más 5 versos (660cd, 765abc), resultan perdidas 70 coplas más tres versos, concretamente
Entre estos 283 vv. podían estar también aquellos que nos son desconocidos pero que han sido transmitidos por la tradición indirecta.
En el f. 104v se leen unas recetas médicas de mano distinta pero más o menos contemporánea. En el f. 105 hay varias escritas en latín.
Encuadernación: En pasta española de inicios del siglo xix [Real de la Riva 1975: XCIII].
Historia: El códice, que fue probablemente donado por Pedro de Anaya en 1437 [Cátedra 1989: 44-45], aparece ya el 21 de diciembre de 1444 en el inventario de las propiedades del Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca: «el acipreste de fita en rromançe» [Askins 1986-87: 73]. Estaba todavía allí, con el número 364, cuando lo encontró Sánchez, quien afirma, sin embargo, haber utilizado la copia hecha por Madariaga. No trasladado de lugar hasta 1803, cuando estaba entre los códices que pasaron de Salamanca a la Biblioteca de Palacio de Madrid (signaturas 2,i,4, posteriormente VII-Y-4, posteriormente 7-1-4), para volver a Salamanca, pero a la Biblioteca Universitaria, en 1954.
Edición facsímil: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, al cuidado de C. Real de la Riva, Madrid, EDILAN, 1975.
Ediciones diplomáticas: Ducamin 1901; Criado-Naylor 1965 y 1972.
Bibliografía: Ducamin 1901: XI-XV; Chiarini IX-X; Criado-Naylor 1965: X-XIII; idem 1972; Corominas, passim.
Copia: Madrid, Biblioteca de la Real Academia Española, ms. 17, realizada en el siglo xviii por fr. Pedro Madariaga, agustino, para T.A. Sánchez [Sánchez 1779: 106; Ducamin 1901: XXXIX-XL].
T: Madrid, BN, ms. Vs-6-1 (= BOST3, núm. 1927).
Códice cartáceo, de papel tosco, 250 x 155 mm. Carece de filigranas.
Fecha: Siglo xiv ex.
Foliación: La numeración antigua en números romanos a tinta negra llega hasta el f. CXXXVIII. La numeración moderna, del encuadernador, contaba también el tercer folio de guardia. Ducamin ha realizado en el margen inferior una foliación a lápiz, en números arábigos, que es la utilizada por todos los estudiosos modernos. No hay reclamos.
Estructura: ff. 3 + 48. Los primeros dos folios de guardia son del encuadernador, el tercero es más antiguo. El restaurador de finales del siglo xix ha reforzado algunos folios (ff. 1-11, 13-14) cubriéndolos con papel de seda. La pérdida de fascículos y folios es de tal envergadura que no puede establecerse un hipotético esquema de estructura si no es a partir del f. LXXXVIII (= 4). La correspondencia de la numeración de los primeros folios es 1 = xxvi, 2 = ?, 3 = LXXXVII. Los folios siguientes debían tener la disposición de la figura 3.
Mise en page: No ha sido realizada una falsilla preparatoria. La caja de escritura es de 169/197 x 123 mm. Las coplas están bien separadas y adornadas de calderones iniciales. Cada folio trae de 11 coplas y 2 versos a 14 coplas, con una media de 12 coplas y 2 versos. Por lo tanto T, cuando estaba íntegro, debió haber contenido 1.575 coplas [Gybbon-Monypenny 1962: 206].
Manos: La mano es única, con correcciones de otra mano de 1463.
Encuadernación: Realizada en 1899 en cartón recubierto de piel. Ducamin [1901: XXVII n. 1] pudo ver todavía la anterior encuadernación en pergamino. Como se dirá enseguida, en 1727 estaba desencuadernado.
Historia: En la nota que precede a G, Sarmiento declara haberlo visto en 1727 «en la Biblioteca de la Iglesia de Toledo» en la forma de «muchas hojas en cuartilla, sueltas». Ahora bien, 23 años más tarde, recuerda «que faltaban 80 hojas» y que las que se conservaban «creo que serán unas 50, o 60». En tiempos de Sánchez estaba todavía en el mismo lugar, con la signatura Cax. 17, núm. 20; en 1807 fue descrito por Fr. Lorenzo Frías y Pérez; pasó a la BN de Madrid en 1870.
Descripción interna: Contiene de f. 1r a f. 37r las siguientes coplas del LBA:
De f. 37v a f. 48 Visión de Filiberto, en castellano, cuyo único testimonio es este ms. (cfr. BOST3, núm. 1926; edición J.M.O. de Toledo 1878).
Edición facsímil: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, M. Criado de Val y E. W. Naylor, Madrid, Espasa-Calpe, 1977.
Ediciones diplomáticas: Criado-Naylor 1965, 1972 y 1977.
Bibliografía: Toledo 1878; Ducamin 1901, XXVII-XXX; Chiarini 1964: XI; Criado-Naylor 1965: XIII-XV; ídem 1972; ídem 1977; Muñoz Garrigós 1976-1977.
Copias: cfr. abajo G.
En el ms. 785 de la Biblioteca Municipal de Oporto, que procede del monasterio de Santa Cruz de Coimbra, donde llevaba el número 45, están incluidos, en cuanto que antiguamente constituían la guarda, dos folios de pergamino, uno fragmentario por la desaparición de una tira central y el otro completo. Los folios están escritos a dos columnas por página, de 18 líneas cada una; cada línea presenta un hemistiquio. Se leen allí 35 coplas del LBA. En el primer folio (197 x 44 mm, por una parte, 202 x 47 mm por la otra) se leen las cc. 60-78, pero se omite la c.75. En el segundo folio (277 x 195 mm) se leen las cc. 100-130, pero se omiten las cc. 104 y 111-122.
La mano produce una elegante cursiva de los últimos decenios del siglo xiv [García Solalinde 1914: 163], que deja en negro las capitales pero rubrica las pequeñas mayúsculas de las cc. 60, 124 y 129. Otra mano ha realizado alguna corrección por aquí y por allá.
Se trata del único testimonio del LBA en pergamino y de mano elegante; tiene, pues, razón Criado de Val [1978: 32] al definirlo como códice «cortesano».
El texto está editado en Braga [1881: 128-136], García Solalinde, con la ayuda de C. Michaëlis de Vasconcellos [1914]; Criado-Naylor [1965: 579-597; 1972: 585-597]. cfr. Moffatt 1956; Criado de Val 1978 (que ignora el estudio apenas citado).
Probablemente era un códice distinto, ahora perdido (no obstante las opiniones contrarias de Braga 1881: 128 y 135; García Solalinde 1914; Criado de Val 1978: 32) el que poseía en el siglo xv el rey D. Duarte († 1438), y que el catálogo de su biblioteca registra como «o açipreste de fyta» [Dias 1982: 208; Lawrance 1997: 226 n. 4]. Nótese que D. Duarte poseía también «O livro do Conde Lucanor», la «Conquista d’ultra mar» y varias obras históricas castellanas.
Además del códice de D. Duarte, mencionado en el párrafo anterior, tenemos noticia de un códice presente en Teruel en 1483, con el número 63 de la biblioteca de Pero Sánchez Muñoz, que contaba con muy pocos libros castellanos: «Item otro libret, cubiertas verdes, maltractado, en paper, intitulado Arcipestre de Yta. La noticia, publicada por mí hace más de treinta años [Vàrvaro 1968: 134; la fuente es actualmente Monfrin 2001: 662], ha sido recogida tan sólo por Deyermond [1973: 317].
En la biblioteca de Fernando Colón se hallaba entre 1536 y 1539 un manuscrito que es indicado en el Abecedarium B como «Jo. Ruiz arcipreste obra en coplas. De mano», con el incipit «Dios padre e dios fijo e dios espiritu santo», que corresponde a la c.11. Askins [1986-1987], al publicar la noticia, descarta razonadamente que se trate de S, que se hallaba ya entonces en Salamanca, y de G, que no trae notas colombinas; sin embargo, no estaría tan seguro de que no se trate de T.
Argote de Molina poseía un ms. del LBA: en el inventario de su biblioteca hay un «Cancionero del Arcipreste, de canciones antiquísimas, del tiempo del Rey Don Alonso XI» [Millares Carlo 1923: 145; D. Alonso 1973: 434], que tal vez pudo haber sido G.
Los testimonios indirectos que enumeramos en el parágrafo siguiente se remontan todos, o al menos en su mayor parte, a códices perdidos.
En 1438 Alfonso Martínez de Toledo, en su Libro del Arcipreste de Talavera, en los ff. 5v y 67v del ms. h.III.10 del Monasterio de S. Lorenzo del Escorial (= BOST3, núm. 318), cita en el primer caso los vv. 206bd, en el segundo, un verso desconocido. cfr. Criado-Naylor 1965: 617; Gerli 1979: 75 y 220-221.
En 1471-1476 Lope García de Salazar inserta la c.44 en el discurso en prosa de su Libro de las bienandanzas e fortunas (mss. Madrid, BN, 1634, f. 2r; BN, 10.339-340, f. 1v). cfr. Armistead 1973.
En el último cuarto del siglo xv (h. 1470 según Real de la Riva 1975: IV) bastantes versos del LBA (547bcd, 493abd, 492ab, 491d) y otros, a nosotros desconocidos, que se atribuyen al Arcipreste, se leen desordenadamente en el ms. 2497 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, ff. 140v-142r (= BOST3, núm. 2873). Menéndez Pidal, que los descubrió y publicó varias veces bajo el nombre de «fragmento cazurro» [1898: 8-9; 1918: 149-153; 1924; 1957: 388-392 y cfr. 233-239], los consideró ecos de un repertorio juglaresco (así también, en primer lugar, Ducamin 1901: XXX-XXXI); Deyermond 1974 prefiere ver en ellos unos apuntes para sermones populares. El texto está transcrito asimismo en Criado-Naylor 1965: 605-613; 1972: 605-613. El códice procede del Colegio Mayor de Santiago el Zebedeo (o de Cuenca) de Salamanca, donde llevaba el número 273.
Entre 1462 y 1508, en Aragón, las cc. 553 y 1450 fueron citadas dos veces en las glosas a la Poetria Nova de Goffredo de Vinosalvo en la copia del ms. Madrid, BN, 9589 (= BOST3, núm. 1627), la primera vez en el f. 2r, la c.553, y en el 9v, la c.1450 (cfr. Brey Mariño 1966: 30-31, 1973: 30), después las dos juntas en el f. 67v (cfr. Faulhaber 1974-1975: 32). El texto de la primera transcripción está también en Criado-Naylor 1972: 621.
En torno a la mitad del siglo xvi el humanista toledano Álvar Gómez de Castro transcribió en sus Apuntamientos misceláneos (Madrid, BN, 7896, f. 374r y v = BOST3, núm. 1559) treinta versos alejandrinos, 23 de los cuales proceden, desordenados, del LBA (829cd, 804abc, 811, 796, 781, 782, 711cd); los 7 restantes podría ser de la misma procedencia: 2 (rima en -ío) están insertos tras la c.829cd, 5 (rima en -ón en los primeros cuatro, en -igas en el último) están situados tras la c.796 y antes de la c.781. El texto se encuentra en Sánchez Cantón 1918; Criado-Naylor 1965: 601; 1972: 601; cfr. Moffatt 1975.
En los Elogios de las reinas, infantes, condes… Gonzalo Argote de Molina incluyó una copia de las cc. 1023-1027, atribuyéndolas a un cierto Domingo Abad de los Romances, de la corte de Fernando III: cfr. Madrid, Biblioteca de Palacio, 880, p. 186 (= BOST3, núm. 2184). El texto está editado en Ortiz de Zúñiga 1795: 197 (Ticknor 1851: 121 y n. 17 no da el texto, como se ha dicho); Amador de los Ríos 1863: 4, 547-548; Aguado 1929: 587; Alonso 1957: 70-71 (primera edición realizada directamente sobre el ms.) y 1973: 420-421; Criado-Naylor 1972: 625 (y cfr. XXIV). También Blecua [1992: L n. 78] piensa que Argote pudo haber poseído y usado G; en el trabajo citado están presentes versos que faltan en este ms., para no hablar de notables variantes, pero las costumbres de Argote hacen pensar que utilizó de todas formas el códice poseído por él [cfr. anteriormente], fuese o no G.
Por más que todos los estudiosos modernos concuerdan en considerar princeps la edición de Sánchez 1790, conviene recordar que el mismo erudito afirma que Gabriel de Sancha le había informado de que había visto en Londres en 1786 «en poder del librero Huith las obras de nuestro Arcipreste, impresas en un tomo en 8.º letra de tortis» [Sánchez 1790: xxii]. Sánchez añade que no encontró esta edición, que incluso habría estado en caracteres góticos y por lo tanto sería presumiblemente un incunable, y nadie después de él ha tenido mayor fortuna.
El criterio declarado por Sánchez [1779: 106; 1790: XIX] es que sigue la copia de S hecha para él por Fr. Pedro Madariaga [en 1790: XX declara también el uso de otra copia realizada para el conde de Mansilla, residente en Segovia], utilizando las copias de G y T por él poseídas «para las variantes que merezcan ponerse, y para la inteligencia de algunas voces obscuras ò dudosas», ibid.
En realidad el texto impreso en 1790 se aleja de S en primer lugar por algunas omisiones debidas a la autocensura, aun cuando el parecer de Jovellanos, impreso por el mismo Sánchez, le habría permitido una publicación integral. Sánchez no numera las cc. 1-10, de modo que —tras el prólogo en prosa— su c.1 equivale a nuestra c.11. Después de la c.363 (= 373), indica una laguna y vuelve a empezar desde la c.378 (= 388), hasta la c.425 (= 435), tras la cual no es señalada ninguna laguna sino que continúa en la c.426 (= 452). Tras la c.441 (= 467) se indica una laguna y sigue como c.464 (= 490). Tras la c.657 (= 683) se indica otra laguna y sigue en c.666 (= 692). Después de la c.796 (= 822) se señala una laguna y sigue en c.798 (= 824). Después de la c.992 (= 1018) se señala una laguna y sigue en c.994 (= 1020). Tras la c.1474 (= 1500) es indicada una laguna y sigue en c.1476 (= 1502). La c.1624 funde nuestras cc. 1650-1651, de modo que c.1625 equivale a nuestra copla 1652. Entre las cc. 1628 (= 1655) y 1629 (= 1657) se han omitido dos coplas sin indicación alguna. La última copla numerada es la 1681 (= 1709), pero siguen las poesías de G desde «Señores dat» hasta el explicit. Por lo tanto Sánchez 1790 indica explícitamente la omisión de 48 cc., pero, en realidad, elimina tácitamente otras 15.
Idéntica a la edición de Sánchez 1790 es la de Ochoa 1842.
Con la edición preparada para la Biblioteca de Autores Españoles, Janer pretende superar la edición de Sánchez, puesto que él publicaría «todos los trozos que Sánchez suprimió de propósito» [1952: 225 n. 1], sirviéndose, no obstante, no del ms. original, sino de las copias de S empleadas por el erudito dieciochesco y de G. En realidad su edición reintegra, respecto a Sánchez, las que según nuestra numeración son las cc. 374-387 (pero saltándose la 385), 468-489, 684-691, 823, 1019, 1501, sin advertir que habían sido ya publicadas por Amador de los Ríos [1863: 4, 581ss.]. Janer no se da cuenta, en cambio, de las lagunas que Sánchez había olvidado señalar, y por lo tanto no publica las cc. 436-451 y 656, además de la 385. Janer se jacta también de reproducir los textos «con mayor exactitud»; en realidad su texto es igual al de Sánchez y las presuntas «rectificaciones» son más bien empeoramientos [cfr. Ducamin 1901: XLIII].
Se trata, como es sabido, de una óptima edición paleográfica de S, con las variantes de GT en aparato, transcritas también en forma semidiplomática.
El editor declara atenerse «en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman» [Cejador 1913: XXXVIII].
En realidad, como escribe Real de la Riva [1975: XIII], el editor, sin dar indicación alguna, combina siguiendo su propio juicio las fuentes manuscritas, presumiblemente conocidas sólo a través de Ducamin, y se basa a menudo en S. Baste el examen de su comportamiento para las cc. 77-81, que cuentan con G y S como testimonios. Cierto es que el editor sigue el primero frente al segundo en los casos siguientes (la lección de S tras el paréntesis):
Pero también es cierto que, además de por la grafía y las rúbricas, más de una vez prefiere S, y no siempre por necesidad (la lección tras el paréntesis es la de G):
En un fragmento Cejador combina G y S:
Y no faltan lugares donde modifica libremente ambos testimonios:
Igualmente libre es la elección del orden de los versos, donde se da el caso. En los cuatro fragmentos en que, en nuestra muestra, S presenta un orden y G (T) otro, en tres de ellos Cejador sigue S (1212cd, 1213cd, 1405cd), pero ello no significa que no adopte otro testimonio para el texto, y en uno (1580cd) prefiere T.
Las cc. 1579-1585 nos permiten comprobar el comportamiento del editor en presencia de S y T. Su procedimiento es el mismo. Si tomamos como referencia S, el texto es corregido con T en los casos siguientes (paso por alto las grafías; la lección de S está tras el paréntesis; recuérdese la inversión de 1580cd):
Se hallan aquí también correcciones conjeturales:
Como puede verse, el texto de Cejador, que por varios decenios ha estado en la base de todas las lecturas del LBA, está fijado sin método filológico alguno.
Se basa explícita y sustancialmente en Ducamin [1901], aceptando las lecciones de Menéndez Pidal [1924] y las enmiendas sugeridas por Lecoy [1938], pero también algunas conjeturas de Cejador, por ejemplo en los vv. 166c, 670b, 1695c, y otras que son justificadas en Lida [1940; ahora 1973: 153-202]. La grafía está modernizada y se eliminan los leonesismos [cfr. Lida 1941: 188-189]. De nuestra muestra tenemos aquí sólo las cc. 1401-1407 y 1579-1585. Las diferencias respecto a S, si no tenemos en consideración la adaptación a la grafía moderna, son tan sólo (la lección de S tras el paréntesis):
La nueva edición de 1973, revisada por mí, no modifica los criterios, en todo caso reduce, allí donde es posible, el número de intervenciones sobre el texto de S.
Chiarini reconstruye el texto del LBA sobre la base del método neo-lachmanniano y por lo tanto del stemma que él ha establecido y que le obliga a seguir las concordancias de S G contra T o S T contra G, mientras que le deja libre de escoger en los casos de oposición entre lecciones de S y lecciones de G T. Me parece correcto el juicio global de Joset [1988: 34] de que la suya es «una lectura verosímil de la obra de Juan Ruiz, conforme a los criterios más elaborados de la crítica filológica de su tiempo». Además de las recensiones, cfr. Macrì [1969: 258-263].
De hecho, en nuestra muestra las intervenciones sobre S son las siguientes (la lección del ms. está tras el paréntesis):
Junto a la reducción de las intervenciones respecto a Cejador, nótese, en cambio, la presencia de casos en que, en contra de los presupuestos metodológicos del editor, se acepta la lección de G o de T frente a la de S y de otro de los mss. de la otra familia.
No es una edición crítica, como se declara en el frontispicio, sino una edición semidiplomática de los tres mss. principales y de algunos testimonios indirectos. La edición sucesiva de 1972 corrige algunos errores y completa este cuadro. Para las pocas correcciones todavía necesarias, véase la transcripción realizada para nuestra edición.
Además de las recensiones citadas en la biblioggrafía de Jurado [1993], cfr. Macrì [1969: 34-39]. Se trata de nuevo, como en el caso de Cejador, de una profunda reescritura del LBA, ejecutada con una competencia lingüística que nadie podría no reconocer a su autor, pero con independencia respecto de los testimonios manuscritos. La declarada preferencia por G es respetada sólo en parte.
Empecemos por las cc. 77-81 (la lección antes del paréntesis es la que se halla precisamente en el texto y procede de G):
Pero no faltan los casos en que la lección del texto procede de S:
Ni faltan casos en que Corominas abandona todos los testimonios:
En las cc. 1401-1411, en cambio, Corominas sigue por lo general a S, pero se aleja en los casos siguientes:
Basta esta pequeña muestra para mostrar la asistematicidad del comportamiento del editor y asimismo su presteza para intervenir contra los testimonios sobre la base de personales hipótesis lingüísticas.
El estudioso declara que todas las copias medievales «badly misrepresent the work of Juan Ruiz» y que por lo tanto el primer deber del editor «is to try to reconstruct the lost original as accurately as we can» [Willis 1972: XXII]. Puesto que según su parecer G T P «all… clearly derive from a common ancestor» [ibid.: XXIV] y puesto que él se propone editar la primera redacción como más arcaica y menos dialectal, sería de esperar que su edición fuese ortodoxamente lachmanniana respecto a la familia G T P; pero no es así. Se muestra, de hecho, una netísima preferencia por G, que se mantiene todas las veces que es posible. En las cc. 77-81 las únicas correcciones aportadas a este códice son las siguientes, siempre sobre la base de S, del cual proceden también las rúbricas2:
Las intervenciones en G son mayores en las cc. 1210-1218:
Existen también lecciones que el editor adopta alejándose de todos los testimonios:
Los criterios razonablemente conservadores del editor se exponen en la edición y también en Joset [1988: 30-53]. Puesto que el trabajo de Joset ha sido retocado posteriormente, efectúo la comparación (limitada a los dos primeros fragmentos) basándome en la edición de 1990, que presenta algunas correcciones respecto a la de 1974. El editor belga parece muy respetuoso con S y documenta bastante cuidadosamente, en aparato, las correcciones que aporta:
La muestra me parece suficiente para tener una idea clara del comportamiento equilibrado de Joset.
El editor declara basarse en S de manera más fiel que sus predecesores [Jauralde Pou 1982: 41]. Efectivamente, en toda la muestra sus intervenciones, destacadas en negrita, son modestísimas (paso por alto la grafía; la lección de Jauralde está tras el paréntesis):
Las palabras de Joset [1988: 34] caracterizan bien la edición de 1983: «eliminada definitivamente la tentación ‘reconstructora’, toma como base el ms. S, salvo en las lagunas en que sigue a G, e introduce en lugares convenientes las lecciones de G y/o T, más, por supuesto, algunas correciones propias fundadas, cómo debe ser, en las experiencias ajenas». Veamos en concreto como actúa el editor. Respecto a S, las intervenciones del editor en nuestra muestra, además de las inversiones de 1213cd y 1580cd (que reaparecen ambas en la edición de 1990), son las siguientes:
Nuestra edición mantiene todas las lecciones de las dos ediciones precedentes, con la excepción significativa de 1215d y 1218a, para las cuales Blecua retoma la lección de 1983. En todo caso, el dato más significativo es la consolidación del texto, que parece ya lejano de las continuas mutaciones que han caracterizado durante largo tiempo las ediciones del LBA.
El editor declara preferir S como ms. base, en cuanto que «más satisfactorio» [Gybbon-Monypenny 1988: 77]. En efecto, en toda la muestra las intervenciones sobre S, indicadas con la cursiva, son mínimas y casi todas coinciden con las de Jauralde (paso por alto alguna que otra pequeñez gráfica, pero tengo que observar que la grafía de S es muy respetada):
La edición se declara «sinóptica», pero en realidad es sustancialmente una impresión de S, del cual se respeta bastante la grafía (la puntuación, en cambio, es sumaria); además de indicar en el margen de cada copla cuáles son los testimonios existentes, Zahareas añade lo que falta en S, por ejemplo el v. 81e, que anticipa el 82a. En nuestra selección las intervenciones sobre S son las siguientes, indicadas irregularmente con paréntesis cuadrados:
El primer estudioso que ha demostrado ser consciente de los problemas planteados por la tradición manuscrita es Ducamin, quien, más allá de la cuestión de la divergencia de fechas, pronto reconoce que G y T representan una familia contrapuesta a la representada por S. La argumentación del estudioso francés es, efectivamente, totalmente correcta. La rama G T se opone a S por las lagunas comunes entre c.909 y c.950 y entre c.1317 y c.1332, además de por la c.1472. G T ordenan de la misma forma, diferente de la de S, los versos de las cc. 1212, 1213, 1287, 1296, etc. (sic). «Enfin, et surtout» éstos presentan errores textuales comunes, por ejemplo (sic) en el v. 1132c omiten mucho «nécessaire à la mesure», en el v. 1370c sustituyen en rima cava por posada, rompiendo así la medida del verso y la rima (con madrugava: andava: fava). «Ce sont néanmoins des parents assez éloignés et qui présentent parfois des leçons fort divergentes» [Ducamin 1901: XLV].
Una reevaluación más profunda de esta relación se debe, casi cuarenta años después, a Félix Lecoy [1938: 42-49]. El estudioso toma en consideración a este fin sólo 235 de las 351 coplas que, junto con las lagunas, son comunes a los tres códices. Se trata de las cc. 1128-52, 1178-83, 1185-1263, 1276-1317, 1332-1414, con un total de 940 vv. Puesto que a Lecoy los resultados obtenidos le parecen claros, considera que es lícito generalizarlos a todo el texto.
El procedimiento del estudioso es sistemático y escrupuloso. Los casos en que SG,T son 90, pero en 33 de los casos se trata de lecciones equivalentes, que nosotros llamaremos adiáforas, en 44 casos, por una razón o por otra, T presenta un error. Quedan, pues, 13 variantes, 6 de las cuales son puramente rítmicas, de modo que los casos problemáticos son apenas 7:
| ed. Blecua | ||
| 1179c | de ... el S, de ... al G, da ... al T | da ... al |
| 1216c | esta S G, estaua T | está |
| 1226c | e dulçes S G, e de dulçes T | e de dulçes |
| 1237d | te amore S, te amoren G, de amoro T | Te, Amorem |
| 1277c | seguir S G, fynchyr T | finchir |
| 1333a | la serui S G, las serui T | la serví |
| 1351a | cada dia S, cadia dia G, cadal dia T | cada día |
Examinados atentamente estos casos, Lecoy no encuentra prueba alguna de que S y G coincidan en error conjuntivo y deban por ello considerarse como pertenecientes a una misma familia, opuesta a T.
Los casos de lecciones de S T y G son 65, pero 26 son lecciones adiáforas, 34 lecciones erróneas de G, un caso (v. 1201a) parece presentar una difracción en error. Los cuatro casos restantes, es decir
| ed. Blecua | ||
| 1133d | un poquillo S T, en un poquillo G | en un poquillo |
| 1138a | quito quanto a S, quando contra T, quito es quanto a G |
quito quanto a |
| 1276b | capirotada S T, capada G | capirotada |
| 1302c | vino S T, vido G | vido |
no permiten a Lecoy demostrar ningún parentesco entre S y T.
Hay 60 lecciones en que G, S, T, pero no son concluyentes acerca de una filiación de parentesco de los manuscritos. Por tanto, llegados a este punto de la demostración, la conclusión es la siguiente: «il s’affirme une fois de plus que nous avons deux recensions du texte, S d’une part, G et T de l’autre… Ces deux recensions sont absolument indépendantes l’une de l’autre. D’autre part, quoique fortement apparentés, G et T sont indépendants, et T est un représentant infiniment plus médiocre que G» [Lecoy 1938: 47]. Sólo en este punto el estudioso toma en consideración la divergencia de fechas, para deducir que la dualidad demostrada con otros medios remonta, pues, al autor [ibid.]. Sin embargo, extrae la importante consecuencia, generalmente descuidada por los editores, de que, si esto es así, las variantes de S respecto a G T podrían ser de autor y sería, por lo tanto, ilegítimo utilizar estos dos códices para corregir S [Lecoy 1938: 47-48].
Abordemos, pues, la oposición G T y S, que se produce 204 veces (ya esta cifra me parece interesante). Los casos «sans intérêt» son 70, dos (1201b e 1311d) ofrecen serias dificultades específicas, en 44 casos S es erróneo frente a una buena lección de G T, en 27 sucede lo contrario (es interesante observar que de los dos únicos casos explicitados por Ducamin Lecoy recoge sólo 1370c, mientras que no encuentro 1132c), en los 52 fragmentos restantes ambas lecciones son admisibles. Los errores que prueban la familia G T son para Lecoy, pues, los siguientes:
| ed. Blecua | ||
| 1141d | suelta de culpa G, suelta que de culpa T absuelta de culpa S |
absuelta de culpa |
| 1147d | los del papa G, los del papa que T, los que del papa S |
los que del papa |
| 1178c | e que le venga G, e que se le venga T, e les venga S |
e que les venga |
| 1196c | ymos G T, yremos S | imos |
| 1208c | meto G T, creo S | meto |
| 1230c | la rrota G T, la flauta S | la flauta |
| 1235b | onrrados G T, ordenados S | ordenados |
| 1241b | pedricadores G T, predicaderas S | predicaderas |
| 1245d | es el val G, es el valle T, es todo el val S | es todo el val |
| 1256b | aman G T, amauan S | aman |
| 1280a | manda aora G, manda oras T, andaua era | andava era |
| 1282c | pasalas G, pesales T, pesal S | pésal |
| 1294a | vienen todos por G T, vinien todos S | vienen todos |
| 1295 | capartando G T, aparta S | aparta |
| 1301d | mayor G T, mas S | más |
| 1304a | diz ... viste G T, dyxo ... visite S | dixo ... visité |
| 1307a | non G T, avn S | Aún |
| 1310b | fablauan G T, fallaua S | fallava |
| 1338c | se preçia G T, preçia S | preçia |
| 1349b | de frio G, del frio T, medio S | medio |
| 1359a | ayna G T, muy ayna S | muy aína |
| 1363d | el buen G T, en el S | en el |
| 1370c | posada G T, caua S | cava |
| 1384d | muy noble G T, segura S | segura |
| 1390a | e tienenlo G T, touiendo lo S | toviéndolo |
| 1390b | lo saben G T, lo pueden S | lo pueden |
| 1396a | monja G T, mongia S | mongía |
Las 52 lecciones que son admisibles ya sea en la forma de G T como en la de S «ne sont pas telles qu’on doive les attribuer à l’auteur» [Lecoy 1938: 48]. Así pues, es legítimo usar G T para corregir a T y viceversa. En cuanto al valor de cada manuscrito, «il est évident, en premier lieu, que la concordance G T n’a pas plus de valeur que le témoignage seul de S, mais que, par contre, la concordance S G ou S T est une forte présomption en faveur de l’authénticité des leçons» [ibid.: 49]. Desde un punto de vista estadísitico existe una ligera superioridad de la familia G T, pero sólo cuando ambos manuscritos están presentes y coinciden «mauvaises copies d’une bonne tradition» [ibid.]. Por tanto «il fautra être de la plus grande prudence pour abandonner S, surtout en faveur de T» [ibid.].
Para valorar este análisis quizá es oportuno recordar que Félix Lecoy fue durante decenios un defensor acérrimo y combativo de la teoría editorial conservadora de Joseph Bédier. Por más que sea posible que en su tesis juvenil fuese menos devoto a la doctrina que después ha enseñado durante tantos años en el Collège de France, sería totalmente absurdo desembarazarse de sus palabras como si procediesen de un lachmanniano doctrinario.
La demostración de Chiarini [1964] es mucho más esquemática. Aporta sólo «il quadro esatto dei contatti significativi che denunziano la… stretta affinità» de G T sin tomarse la «ingrata fatica di sciorinare in liste interminabili le innumerevoli lectiones singulares» de los dos manuscritos [ibid.: XVI. Como es sabido, Chiarini ha rehecho la numeración de los versos del LBA con numeración continua; yo restituyo aquí el número habitualmente utilizado]. La tabla 1 enumera, pues, 67 lecciones de G T opuestas no a las de S, sino a las de la edición crítica (si bien generalmente se corresponde con S). Sería de esperar que en este número estuvieran comprendidos los 27 errores comunes de G T indicados por Lecoy, que el estudioso italiano puede no haber tomado en consideración, en cambio encontramos sólo los de 1141d, 1147d, 1230c, 1235b, 1245d, 1256b, 1295c, 1304a, 1310a, 1370c, 1384d, 1396a (la omisión de 1132c, puesta de relieve por Ducamin, no está en la tabla, sino que es registrada como error en la segunda faja del aparato).
Nos preguntamos qué es lo que ocurre con los casos restantes. El comportamiento de Chiarini (= Chi) está indicado al lado del de los manuscritos seguidos por él:
| ed. Blecua | ||
| 1178c | e que se le venga T, e que le venga G, e les venga S, e que les venga Chi |
e que les venga |
| 1196c | ymos G T Chi, yremos S | imos |
| 1208c | meto que G T, creo que S Chi | meto que |
| 1241b | pedricadores G T Chi, predicaderas S | predicaderas |
| 1256b | aman G T, amavan S Chi | amavan |
| 1280a | manda aora G T, andava era S Chi | andava era |
| 1282c | pesales T, pasalas G, pesa.l S Chi | pésal |
| 1294a | por una carrera G T, una carrera S Chi | una carrera |
| 1301d | mayor prólogo G T, más prólogo S Chi | más prólogo |
| 1310b | fablavan G T, fallava S Chi | fallava |
| 1338c | que más se preçia G T, que.s más preçia S Chi |
que.s más preçia |
| 1349b | de frio amodorrida G T, medio amodorrida S Chi |
medio amodorrida |
| 1359a | aína G T, muy aína S | muy aína |
| 1363d | el buen viejo G T, en el viejo S Chi | en el viejo |
| 1390a | e tiénenlo G T, toviéndolo S Chi | toviéndolo |
| 1390b | lo saben G T, lo pueden S Chi | lo pueden |
En dos casos (1196c y 1241b), pues, Chiarini acepta como buena la lección que Lecoy consideraba errónea. En los otros, contrariamente, considera errónea la lección de G T, por cuanto la relega al aparato, pero no la considera relevante. Téngase en cuenta que actualmente A. Blecua acepta la lección de 1196c que Lecoy valoraba como errónea, pero se alinea contra G T y Chi en 1241a.
Ello es confirmado inmediatamente por el comportamiento de Juan Corominas, que no duda un instante al afirmar que G y T descienden de un mismo antígrafo, pero después no sólo no aporta demostración formal alguna, sino que indica aquí y allá lecciones erróneas comunes a los dos testimonios que no coinciden para nada con las indicadas por los tres estudiosos que le han precedido. Por el contrario, encontramos tranquilamente en el texto algunas lecciones de G T que Chiarini declaraba erróneas:
| Corominas | S Chi | ed. Blecua | |
| 952a | barata | rebata | rebata |
| 1133c | sin | e sin | sin |
| 1256b | que aman | que amavan | que aman |
| 1307a | e fueme | fuyme | fuime |
| 1309c | e | en que | e |
| 1334d | unas a otras | S e otras, (ma G T unos a otros) Chi unos e otros |
unos e otros |
| 1385b | fazer (ma T fazyendo) | e fazer | e fazer |
| 1446b | dizen | dezien | dezién |
| 1476d | es enemigo | es en amigo | es en amigo |
| 1501b | monja | monja a | monja a |
| 1518a | de nota (ma T se nota) | se nota | se nota |
| 1532c | te faré (ma T te fara) | que faras | que farás |
El único que se ocupa después del problema es Alberto Blecua [1992: LXI-LXIII], quien reduce la base de su demostración a sólo diez fragmentos en los que distingue errores separativos de a (restablezco el orden de los pasajes pero mantengo la numeración del estudioso):
Blecua añade después 33 errores de G T que según su opinión no pueden considerarse separativos. Éstos se refieren a las lecciones de 368c, 374d, 378b, 378d, 908d, 1141d, 1179ab, 1214c, 1224a (no numerado), 1245d, 1302d, 1295c, 1304a, 1314cd, 1316s, 1317c, 1335c, 1335c bis, 1336a, 1343abc, 1354c, 1370c, 1378ab, 1389d, 1442a, 1450cd, 1472, 1494c, 1507cd, 1513a, 1517c, 1528c, 1529a, 1529d [ibid.: LXIII-LXVII].
Sorprende a primera vista la escasa coincidencia de la lista de Blecua con las de Lecoy y Chiarini. Lecoy no ha examinado (1), (2), (9) y (10), pero de los seis pasajes restantes sólo (3), (5) y (6) son considerados también por él errores significativos. En cuanto a Chiarini, la valoración es la misma sólo en (1), (3), (4) y (5). Con Corominas no hay ninguna coincidencia. Si este resultado es señal de la subjetividad en la valoración de los errores, todavía más singular es el comportamiento editorial. En realidad Chiarini acoge siempre en el texto la lección que Blecua considera la única correcta, pero coloca las variantes de G T unas veces en la primera faja del aparato [(2), (3), (7), (8), (6), (7)], la que acoge «le varianti di tipo redazionale cioè di uguale valore stemmatico rispetto alle corrispondenti lezioni del testo critico» [Chiarini 1964: LXXIV], y otras veces en la segunda [(1), (4), (5), (10)], la reservada a los errores, lo cual indica un juicio totalmente distinto al de Blecua (6/10 de las variantes consideradas erróneas por el estudioso español eran «di tipo redazionale» para el italiano) e incluso contradictorio, porque la variante de (3), es decir, del v. 1230c, es «di tipo redazionale» si se considera su colocación en el aparato, se convierte, en cambio, en «contatto significativo» en la tabla de la p. XVII.
No obstante las desesperantes incoherencias de los editores, puede concluirse que la existencia de una rama tradicional G T está probada.
Hemos dicho ya que Ducamin y Lecoy consideraban en todo caso a S más fiable, en su conjunto, con respecto a G T. Se recordará, sin embargo, que sólo Lecoy [1938: 45] había aducido, de pasada y sin retomar el importante argumento, un error común a los tres testimonios («bien que le sens soit clair, les trois manuscrits semblent fautifs»), el del v. 1201a, donde éstos leen:
En efecto, nuestra edición lee: «dizen los naturales que non solas las vacas», de forma que son sería un añadido erróneo del arquetipo, con modificaciones posteriores de G.
Sin embargo, Lecoy no habla de arquetipo común. Le toca a Chiarini afirmar su existencia. En la p. XXIII de su libro la tabla 5 contiene una lista de 16 errores comunes a S G T. El editor se apresura a decir que su valor es desigual: «è massimo ed assolutamente incontestabile» el de
| Chiarini | ed. Blecua | ||
| 376c | dásle (pero S dasles) | e dásle | dasle |
| 902c | e sin orejas | nin orejas | e sin orejas |
| 1294c | el terçero al segundo | Al terçero el segundo | el terçero al segundo |
| 1306d | echáronme de la çibdad | De la çibdad me echaron | echáronme de la çibdat |
| 1447d | tenemos | tememos | tenemos |
| 1448b | f. tener | f. temer | f. tener |
| 1484c | qual sea | qual él sea | qual sea |
| 1511c | aducho bueno | Buen aducho | Aducho bueno |
Parece fácil demostrar la inconsistencia de estas presuntas pruebas [cfr. ya Vàrvaro 1968: 143-145]: bastará decir que en casi todos los casos los editores posteriores no tienen dificultad en seguir la lección de S. Señalo la ausencia en esta argumentación del v. 1201a, único ejemplo aducido por Lecoy, que, efectivamente, Chiarini edita en el texto, según la lección de S T.
También Corominas da por descontado que toda la tradición se remonta a un arquetipo, pero no aporta una demostración formal y se limita a indicar algunas lecciones que deberían ser significativas [Corominas 1967: 16-17 y n. 9] y a presuponer que existen frecuentes errores de arquetipo. He aquí un muestrario, dispuesto en un orden cualquiera y comprobado sobre los manuscritos (la lección tras ] es la del editor; omito la comparación con Blecua, salvo en los casos en que éste acepta la lección de Corominas):
Las pruebas exhibidas coinciden en una mínima parte con las de Chiarini (circunstancia que sólo Ayerbe Chaux [1971: 40] es capaz de considerar positiva: «añade certeza a la existencia de Z») y son igualmente, si no más, inconsistentes, pues a menudo se trata de conjeturas que sustituyen un texto totalmente aceptable. Baste reenviar aquí a Vàrvaro [1968: 145-146]. Hace treinta años concluí con estas palabras que «l’esame delle prove addotte dagli edd. a dimostrazione dell’esistenza dell’archetipo non è stato molto soddisfacente. Ad un nuovo controllo non sembrano sussistere che indizi assai esigui di tale esistenza (379b, 1230b, 1237d, 1335c?)».
Sería de esperar que el problema fuese reexaminado en profundidad, también porque mi estudio indicaba un camino parcialmente nuevo. Dado que en definitiva es cierto que G T constituyen una rama autónoma de la tradición, es lícito, hasta prueba contraria, adeudar al arquetipo los errores comunes a S G o a S T allí donde falta la comprobación del tercer testimonio. Pero nadie ha realizado seriamente esta investigación.
La mayor parte de los editores que han trabajado después de 1970 o no creía en la existencia de un arquetipo o no lo tomaba en consideración. El único estudioso que retoma con convicción nuestro discurso sigue siendo Alberto Blecua, que reconoce que los errores aducidos por Chiarini no son válidos [Blecua 1992: LX], pero invoca un atenuante: «no es fácil demostrar la existencia de errores comunes en las ramas altas porque lo normal es que los errores que transmiten el arquetipo sean mínimos y se confundan con los accidentales de copista o hayan sido subsanados, cuando son patentes, por una de las ramas» [ibid.]. Pero Blecua confía en poder «aducir ejemplos de errores comunes conjuntivos y separativos que se ajustan a las exigencias ortodoxas de la teoría» [ibid.: LXI]. Para el arquetipo se trataría de tres errores comunes [ibid.: LXVII-LXX].
| (1) | ||
| S G | ||
| 1648 | Gozos fueron siete años çinquaenta e quatro çiertamente ovo ella por cuenta. ¡Defiéndenos sienpre de mal e de afruenta, virgen genta! |
|
| S | G | |
| 1649 | todos los xristianos aved alegria en aquel dia que nasçio por saluar nos de la virgen maria en nuestra valia De como los scolares demandan por Dios |
todos los xristianos avet alegria señalada mente en aqueste dia Nasçio jesu xristo de santa maria coronada |
| S G | ||
| 1650 | Señores dat al escolar que vos viene demandar |
|
Blecua acepta la explicación de Morreale [1984: 24 y 26] según la cual 1649 es la primera o la última copla de una composición lírica sobre la Natividad distinta de la que la precede. El arquetipo estaba falto, pues, de uno o más folios en esta zona; probablemente esta parte final (¿y por qué sólo ésta?) no estaba encuadernada. Más adelante hay un salto análogo en S entre 1684 y 1685. Se puede considerar la hipótesis de que el arquetipo contase 45 o 55 versos por folio. «En todo caso, está claro que la rama a se remonta al arquetipo en un estadio más fragmentario que el de S.
| (2) | ||
| S | G | |
| 58a | todos los de Greçia dixo el sabio griego | todos los de Greçia dixeron al sabio griego |
La lección correcta debe ser «A todos los de Greçia dixo el sabio griego».4 El error se debería al hecho de que el arquetipo habría dejado blanca la inicial.
| (3) | ||
| S2 T | S1G | |
| 1368c | ansy como el gallo vos ansy escogedes (T escogeredes) |
ansi como el galgo vos ansi escogedes |
La lección correcta es gallo, pero el arquetipo tenía que tener galgo, enmendada conjeturalmente por T.
Otras dos lecciones son verosímilmente erróneas para el estudioso: 1092c Safrue,G lidiar, y 89a S diçia,G vieja, aun sin considerar los numerosos errores métricos. Blecua enumera finalmente 20 errores no significativos del arquetipo: 379c, 385c, 704d, 847d, 889ab, 897c, 906b, 1043a, 1043b, 1061d, 1109d, 1174d, 1218c, 1307a, 1378b, 1411b, 1449a, 1518b, 1536d, 1590b.
Corominas [1967: 15] es el primero en intentar trazar un cuadro completo de la tradición (Chiarini descuidaba completamente tanto P como la tradición indirecta). Para él el fragmento cazurro es paralelo a S, la fuente de la traducción portuguesa, Argote de Molina y Álvar Gómez de Castro dependen directamente del arquetipo. Lamentablemente, los argumentos son insuficientes. P presentaría errores de arquetipo (por lo tanto, comunes a G S) en 64a, 73b, 130b y d (ya sabemos que en Corominas los errores de arquetipo son muy frecuentes). Pero tales errores presuntos resultan del hecho de que el editor ha corregido estos versos por razones métricas. Álvar Gómez de Castro mejoraría la lección de S en 781d, 782c, pero en 796b presentaría el texto de la primera redacción que en S aparecería mejorado por el autor. En cuanto al fragmento cazurro, lo que se lee en la página 19 contradice el stemma: se habla de indicios «muy vagos y endebles» de pertenencia a la familia de S. Argote coincidiría unas veces con G, otras con S, y en cuatro casos con ninguno. En definitiva, no se distingue entre variante y error y las conclusiones parecen todo menos concluyentes [cfr. Vàrvaro 1968: 141 n. 24].
Blecua [1992: LXXXV-LXXXVI] juzga con razón, pero sin argumentos explícitos, que la versión portuguesa, el ms. BN 9589, Álvar Gómez de Castro y Argote de Molina se remontan a la rama G, mientras que no puede decidirse la colocación de las citas del Arcipreste de Talavera, de Lope García de Salazar y del fragmento cazurro.
En realidad la relación de P con la rama G T está confirmada por la omisión de la c.75 y por un cierto número de lecciones comunes, por ejemplo en 63b (dias vs. vida de S), 70b (diré, direy vs. dirá de S) y 129a (Alcarros vs. Alcaraz de S) [García Solalinde 1914: 166-167; Moffatt 1956: 109-111].
La hipótesis de que el LBA haya pasado a través de documentables fases redaccionales aparece ya en 1779 en T. A. Sánchez: «Cotejando el [códice] de Salamanca con el de Gayoso, se notan muchas variantes, y algunas son tales que hacen sospechar que el mismo Arcipreste puso la mano en ellas» [1779: 101].
La idea regresa con motivaciones diferentes a finales del siglo xix. Gottfried Baist, que desde hacía veinte años se proponía publicar una edición del Libro [cfr. Toledo 1878: 41; Menéndez Pidal 1901: 436], creyó que podía deducirse de la doble datación que Juan Ruiz redactó el LBA en 1338 y que en 1343, encarcelado en Toledo, le añadió «einige Stücke»; y que además, tras el sínodo de Alcalá en abril de 1347, compuso la cántica de los clérigos de Talavera [Baist 1897: 406-407].
También don Marcelino Menéndez y Pelayo partió de la divergencia de fechas, que «puede explicarse de dos maneras igualmente verosímiles: o el Arcipreste retocó su obra y la fue adicionando en distintos tiempos (como nos lo persuaden las variantes y el diverso contenido de los códices), o la segunda de estas fechas no se referirá a la composición de la obra sino al traslado», como sucede en el colofón de T [Menéndez y Pelayo 1892: 3, LXVII].
En 1901 Ducamin excluye la doble redacción en el momento mismo en que considera errores comunes las lagunas de G T. Es, sin embargo, Ramón Menéndez Pidal, en el mismo año y al reseñar el trabajo del estudioso francés, quien argumenta la hipótesis. G y T no representan, respecto a S, «familias diferentes», como pensaba Ducamin [1901: xliv], sino «dos ‘redacciones’ diferentes» [Menéndez Pidal 1901: 439]. La «primera, y más breve, fechada en 1330» es la transmitida por G T, «la redacción definitiva fechada en 1343» es la de S (ibid.; el estudioso no menciona la cantiga de los clérigos de Talavera). En el trabajo de don Ramón aparece por vez primera la indicación exacta de las «varias adiciones»:
«En vista de la comparación completa de los tres códices», hecha posible gracias a Ducamin, la que en Baist y Menéndez y Pelayo era una conjetura para Menéndez Pidal «toma carácter de evidencia» [ibid.: 440].
Don Ramón volvió sobre la cuestión en 1924, subrayando un aspecto distinto y aumentando la lista de los añadidos de la redacción de 1343: «La segunda edición (…) añade mucho a la primera, precisamente en la parte lírica [de la que no se mencionaba una palabra en 1901], esto es, en composiciones propias para ser cantadas sueltas» [Menéndez Pidal 1924: 271]. La nota reenvía al trabajo anterior, pero continúa: «La segunda edición añade especialmente canciones, como los loores de Santa María, 1671», observa que las cantigas transmitidas hasta nosotros, a las que se alude en las cc. 92, 915, 918 y 1319 de la segunda edición, faltan en los mss. de la primera, sin que en éstos haya lagunas materiales. Se observa, en cambio, que las poesías a las que se alude en las cc. 104, 122 y 171 corresponden a lagunas de G T, «así que no sabemos si en realidad faltaban» [ibid.]. Menéndez Pidal [1957: 210] presenta el mismo texto con alguna modificación formal.
A las listas 1-4 deben añadirse, pues,
Sería inútil recordar aquí a todos los que después han asumido esta hipótesis como probada. Es preciso, por el contrario, examinar a Lecoy [1938: 329-330], que no sólo afirma que «cette hypothèse est une quasi-certitude», sino que subraya un punto esencial: que, a diferencia de otros casos análogos, el segundo texto no es un rimaneggiamento del primero sino que añade solamente algunas estrofas, que el estudioso francés enumera en un elenco preciso:
Son olvidados aquí, no obstante, el prólogo en prosa y las poesías finales de S.
Lecoy precisa enseguida, sin embargo, que la c.575 «est sans doute apocryphe», la c.1472 es «absente de G T par erreur», las cc. 75, 90-92, 452, 983-984, 1007 y 1016-1020 «ne sont que des retouches de détail», de forma que la intervención redaccional propiamente dicha se reduciría a dos únicos episodios, los de las cc. 910-949 y 1318-1331 (Lecoy olvida las cc. 1-10, el prólogo en prosa, la c. 452 y las cc. 1660-1709), las cuales a su juicio «n’ajoutent ni ne retranchent rien au charactère fondamental de l’oeuvre».
Esta última opinión debió ser ampliamente compartida, si es cierto que, de los numerosos reseñistas del libro, sólo Arnold se declara contrario a esta hipótesis. Éste procede a un veloz «study of the gaps in G» y se apresura a retomar las anotaciones de Ducamin [1901: XX] acerca de que el códice G tenía al principio un fascículo, después perdido, añadiendo que éste debía de contener las cc. 1-10 y el prólogo en prosa (pero en S éstos ocupan apenas 2 folios). Las primeras seis lagunas de G son de todas formas accidentales, las cc. 910-949 son necesarias para justificar las menciones a Urraca en el epitafio de c.1576 S T: «although an epitaph must bear the name of the deceased of necessity, still the evidence of connection is affirmative or at least inconclusive» [Arnold 1940: 167]. Las cc. 983-984 son también necesarias porque describen la merienda prometida en el v. 980b S G. Las cc. 1016-1020 completan el retrato anunciado en el v. 1010a S G. Lecoy había ya admitido que la c.1472 es necesaria para la comprensión de la c.1474 y, añade Arnold, de la c.1473. Lo mismo puede decirse de las cc. 1318-1331, sin las cuales «one senses an abruptness in the transition» y con las que se explica el v. 1332c. La conclusión es clara: «The gaps of G (supplied by S) seem then to be omissions either accidental or intentional from an original like S and not additions to a shorter text. The assumption of an early edition, it seems, rests on very scanty evidence» [ibid.: 168]. En realidad Arnold no va más allá de simples observaciones de coherencia interna, que son naturalmente discutibles.
De todas formas, se tiene la impresión de que continuase prevaleciendo la opinión mucho más autorizada de Menéndez Pidal, de modo que no se sintiese la necesidad ni siquiera de corroborarla con nuevos argumentos. Lo hace solamente, muchos años después, Gybbon-Monypenny, quien precede en poco tiempo a las nuevas ediciones críticas del LBA y a quien la cuestión no podía resultar extraña ni indiferente. El estudioso inglés distingue correctamente dos problemas distintos: «firstly, what material was added or suppressed in the second version; and secondly, in what way, if any, did the author alter what was already in the first» [Gybbon-Monypenny 1962: 205]. Extrañamente, no se ocupa después de la segunda cuestión, nada insignificante, ciertamente.
Para resolver su problema, Gybbon-Monypenny retoma, sirviéndose de Ducamin [1901] y de fotografías imperfectas de los códices [cfr. ibid.: 205; le faltan todas las informaciones sobre la foliación de G y S], el examen de los pasajes de S que no están en G T, ya sea por la ausencia en estos manuscritos de folios enteros como por omisiones en folios íntegros. Dejando de lado el principio y el final, el cuadro es el siguiente:
| Faltan en | |
| 75 | G P |
| 90-92 | G |
| 104 | P |
| 111-122 | P |
| 452 | G |
| 575 | G |
| 910-949 | G T |
| 983-984 | G |
| 1007 | G |
| 1016-1020 | G |
| 1318-1331 | G T |
| 1472 | G T |
| 1655 | G |
Respecto a la lista de Lecoy, el estudioso inglés añade cc. 104 y 111-122, sobre la base de la hipótesis tácita, tal vez fundada en la omisión de c.75 y con seguridad [cfr. ibid.: 212] en la omisión en P del episodio de Ferrant García, de que P forma parte de un mismo grupo junto con G T, así como c.1655. En cuanto al inicio, Gybbon-Monypenny observa que la gran inicial de G, en el margen superior en el recto del folio, es la señal de que «the first version only began at stanza 11» [ibid.: 209]. Para la parte final de la obra, piensa que después c.1634, la última de T, hay sólo «miscellaneous songs» [ibid.: 209], de las cuales las primeras cuatro «must surely have been included by the author himself in both versions» [ibid.: 209-210], mientras que es posible que «some at least of the remainder were added independently by copyist from an oral tradition which attributed them to the Archpriest» [ibid.: 210], con escasa conexión con el cuerpo del libro; pero la omisión de cc. 710-728 en S puede ser un descuido del autor o del copista. S tiene además, a diferencia de los otros, las rúbricas, pero para él no hay modo de juzgar si son o no auténticas [ibid.].
Llegado a este punto el estudioso examina si estas diferencias entre G T(P) y S pueden corresponder a lagunas mecánicas. Habiendo calculado que cada folio de G contiene 53 o 54 coplas, divide entre 54 el número de versos de S que corresponden a cada laguna. El resultado es que las lagunas de G debían de ser las siguientes:
La comparación con la estructura material de G, que se ha reconstruido en 1.1.2, demuestra que este cuado es sólo en parte realista.
En conclusión, Gybbon-Monypenny reseña esta lista de pasajes añadidos por Juan Ruiz en la segunda redacción:
«probably»:
«very likely»:
«possibly» pero «not likely»:
En cambio las cc. 1472 y 1655 deben considerarse «accidental omissions» de G. Nada prueba que la segunda versión omita material presente en la primera: la ausencia de la c.1656 en S es un error.
Antes de pasar a las ediciones de Chiarini y Corominas quedan por mencionar unos pocos estudios. Willis [1963-1964] da por descontada la existencia de «two recensions» del LBA, pero observa que, dado que no es probable que las cc. 910-949 y 1318-1331 estuvieran presentes en la primera y después han sido eliminadas por algunos códices, «curiously» las eventuales lagunas coincidirían precisamente con la pérdida de 3 y 1 folio respectivamente. Pero añade: «But for them to have been removed without damaging the narrative would require the coincidence that both commenced precisely at the top of a folio recto» [Willis 1963-1964: 354 n. 7]. Ullman [1964] intenta demostrar que las cc. 140-150 faltarían en G, y por lo tanto en la versión de 1330, sobre la base de razonamientos confusos y poco convincentes (los cita y discute Ayerbe Chaux [1971: 46-48]). Mignani [1969], sin citar ni las ediciones ni a Gybbon-Monypenny, se declara seguro de que G «non ha mai contenuto i 13 passi in questione, dati da S» [Mignani 1969: 1]; si tratta di cc. 1-10, 75, 90-92, 452, 575, 910-949, 983-984, 1007, 1016-1020, 1318-1331, 1472, 1655, 1660-1709; también Mignani olvida el prólogo en prosa] y se plantea la pregunta más difícil: ¿qué traía T? La conclusión, muy hipotética, es que este testimonio tendría al menos 129 folios (lo cual implicaría que habrían sido foliados tras la pérdida de por lo menos 3) y, por lo tanto, alrededor de 1634 coplas, casi como G. Incluso el autor considera poco convincentes estos resultados [ibid.: 7].
Más interesante es que Mignani se plantee otras dos preguntas, generalmente obviadas: ¿ha habido en S una revisión estilística? ¿Cuál es la razón artística de la adición de 13 pasajes en S? La respuesta a la primera cuestión es «che se, nella tradizione manoscritta del Libro, varianti d’autore esistono, sono assai poco evidenti» [ibid.: 4]. En cuanto a la segunda, las cc. 983-984, 1007, 1318-1331, 1472 se consideran lagunas de G porque «sono necessari[e] all’intelligenza o alla completezza del testo» [ibid.]. Las cc. 75, 452 e 575 «non sembrano aggiungere niente di artisticamente importante alla ‘prima redazione’ e dànno anzi, talvolta, l’impressione di zeppe» [ibid.: 5]. Más problemáticos son los últimos tres pasajes: cc. 90-92, 910-949, 1016-1020. Mignani considera «incerti» estos resultados [ibid.: 7]. Queda todavía la diferencia de fechas, y el estudioso sospecha que Alfonso de Paradinas «abbia cambiato tale data» sobre la base del explicit sobre el cardenal Albornoz [ibid.; ¿pero dónde aparecería el explicit?].
Más que por el resultado, en verdad modesto, el estudio de Mignani nos interesa por alguna observación útil. Que T no ha poseído nunca ningún apéndice lírico final [ibid.: 4 n. 3] es cosa banal, pero no me consta que nadie lo hubiese notado explícitamente antes. Útil también es la señalación de que T tiene una laguna evidente en la c.1184 [ibid.: 5]. Es inteligente la observación final: es imposible tanto afirmar como negar categóricamente que haya existido una segunda redacción, pero «ammetterne la possibilità crea più problemi di quanti non ne risolva» [ibid.: 7].
Pero vayamos a Chiarini, que dedica un capítulo al problema de la doble redacción [Chiarini 1964: XXV-XXX]. Éste retoma el análisis de Arnold [1940] y lo extiende a los primeros 6 fragmentos, enriqueciéndolo con alguna observación útil, pero sin modificar la lógica ni la conclusión. En realidad, al considerar que ha demostrado la existencia del arquetipo común a G S T, piensa que es obvio que «la maggior consistenza materiale» de S respecto a G T resulta sólo de lagunas en esta rama de la tradición. Retoma de Lecoy [1938: 48] la observación de que las variantes adiáforas no parecen ser variantes de autor, es decir, que no se advierte una revisión de autor de la parte atribuida por muchos a la redacción de 1330, y Chiarini concluye que la hipótesis de la doble redacción está «priva di contenuto concreto» y es «improduttiva e pertanto fallace» [ibid.: XXVIII]. Falta, de todos modos, explicar la doble fecha. El estudioso propone una explicación paleográfica (una improbable confusión entre m.ccc.lxviij y m.ccc.lxxj) o una intervención enmendatoria de Paradinas basada en la convicción de que la cántica de los clérigos de Talavera pertenecía al Libro, que por tanto el Libro postulaba el obispado de Albornoz y que por consiguiente la fecha 1330 era errónea, puesto que D. Gil se habría convertido en arzobispo en 1338. Que las dos explicaciones son débiles («supposizioni molteplici variamente probabili ma mai veramente stringenti» [ibid.: XXX] no tiene que habérsele escapado al estudioso, que está optimistamente convencido, no obstante, de que ha exhibido «dati meno controvertibili» [ibid.].
Totalmente distinta es la posición de Corominas, para quien la existencia de dos redacciones es cosa segura. Nada justifica, por otra parte, la violencia de su opinión sobre el trabajo del joven filólogo italiano que se lee en la nota 27 de las páginas 37-38. Tanto más cuanto no hay aquí ninguna demostración formal de la hipótesis. Basta la afirmación de que la «primera versión» fue acabada en 1330 y de ella derivó un arquetipo que Corominas llama Z; en 1343 Juan Ruiz «nos dio otra versión de su Libro bastante ampliada» [Corominas 1967: 20]; también S, único representante de esta versión, procede de Z. «Caben dos posibles explicaciones, las dos naturales»: o (1) los añadidos fueron registrados aparte y alguien («quizá ciertos universitarios salmantinos» [ibid.] los insertó en una copia de un descendiente de Z, o bien (2) «el propio Juan Ruiz, para redactar la nueva versión, se sirviera del manuscrito defectuoso Z sin someterlo a una revisión previa, o por lo menos no a una revisión completa» [ibid.: 20-21]. Corominas consideraba preferible esta segunda explicación porque «bastantes adiciones son de una, dos o muy pocas estrofas» y porque existen coplas en versión doble (y ésta sería una afirmación verdaderamente nueva si se tomase al pie de la letra), «que presentan todas las señales de proceder ambas del propio Arcipreste» [ibid.: 21].
Corominas cita, sin embargo, 827b, 831b, 836bc, 980c, 984d, 987c, 989a, versos, por lo tanto, y no coplas, de los cuales nos habrían llegado ambas redacciones. Se trataría, pues, de
En dos casos G traduciría fielmente el Pamphilus mientras S se alejaría: en 831b la fuente trae «amatis non sapienter», en 836bc «nunc tua forma prius et post tua lingua fefellit hisque duobus enim uulnerat acer amor». Por tanto, «fue el poeta mismo el que más tarde mejoró sobre su manuscrito la frase de 1330» [ibid.: 31]. Corominas admite también la existencia de dos variantes de autor en el autógrafo de la redacción de 1330 [cfr. la nota a la c.1559].
Me parece evidente que Corominas no tenía ninguna familiaridad con los procedimientos con los que era elaborado un manuscrito medieval y con los que trabajaban los autores de la época y, en efecto, aun preguntándose si existieron casos análogos de escritores que trabajasen con copias en lugar de con originales, no es capaz de citar ningún ejemplo; tampoco el gran lingüista estaba muy versado en los métodos de la crítica textual, y es ésta, me temo, la principal razón de la confusión y el carácter aproximativo de su discusión. Pero en todo caso sus observaciones deben sopesarse una por una, y no hay duda de que la hipótesis de un autor que trabaja con un texto suyo ya corrupto no es, paradójicamente, para nada inverosímil (cfr. más adelante).
Veamos ahora cuáles serían los añadidos de la segunda versión [ibid.: 33-37]. Para Corominas sin duda G ha omitido por error la c.1472, que es indispensable. Existen también, sin embargo, «porciones del texto agregadas sólo en 1343». Se trata de
Parece, finalmente, verosímil que en la redacción de 1330 faltasen las cc. 1660-1709. Corominas no cree en cambio que sean añadidos de la redacción de 1343 las cc. 452, 1007, 1635-1641, 1655. No puedo no notar, sin embargo, que las cc. 166-180 se encuentran sólo en S y corresponden al relleno de grandes lagunas de G T, de modo que es imposible saber si estaban o no, y que las cc. 1635-1641 constituyen sólo uno de los gozos presentes solamente en S.
Los estudios posteriores no han añadido mucho al problema. En general, se tiene la impresión de que la mayor parte de los estudiosos acepta todavía la hipótesis de la doble redacción, pero no extrae después las consecuencias (pues continúan discurriendo acerca de un LBA o se abandonan, como Dagenais [1994], a elucubraciones sobre presuntas caracterizaciones literarias individuales de cada uno de los manuscritos).
Los análisis críticos son pocos: Macchi [1968] opta por la redacción única, yo [1968, 1970] no encuentro argumentos a favor de la hipótesis contraria, Catalán [1970] y Ayerbe-Chaux [1971] defienden, en cambio, esta hipótesis. Por último, Blecua es quien argumenta en contra [1992: LXXXI-LXXXVI]. Éste insiste, en primer lugar, en el carácter no de autor de la varia lectio que separa G T de S: «en efecto, las variantes entre los testimonios no presentan los rasgos característicos de las variantes de autor de acuerdo con las experiencias que tenemos de las llamadas variantes redaccionales. En el LBA todas las lecciones de los manuscritos pueden explicarse como variantes de copista» [Blecua 1992: LIX; el concepto es reiterado en las pp. LXXXI-LXXXIII]. No hay duda de que es extrañísimo, como observa el estudioso, que un autor vuelva a su obra después de trece años y no retoque nada. Quedan los añadidos (1-10, prólogo en prosa, una veintena de coplas entre 139 y 329 y cc. 75, 90-92, 910-949, 983-984, 1016-1020, 1318-1331, 1661-1709). Muchas son necesarias ya en la hipotética primera redacción, a decir de todos. En el caso de 1016-1020, 910-949 y 1318-1331 Blecua se decanta por la supresión voluntaria, en el primer caso por razones de moralidad o de verosimilitud, en los otros dos para eliminar episodios repetitivos. Blecua no cree, en cambio, en relación con estos pasajes, en la pérdida de folios en el arquetipo de a, que es la explicación preferible para la desaparición de lo que precede a la c.11. Por la fecha, Blecua opta por la lección de S, puesto que generalmente T es más innovador.
A pesar de todo, Blecua no deja de concluir con una nota de perplejidad, que no puede no compartirse: «Confieso, sin embargo, que los problemas que plantea este arquetipo no son los habituales. Al final, en efecto, estaba desencuadernado como demuestran las lagunas de S y a; es lógico que desaparecieran también los primeros folios que ya no llegaron a a con la oración inicial y el prólogo en prosa, y con una plausible laguna en S en la oración (entre 7d y 8a). Es, en cambio, sospechosa la pérdida de las coplas 910-949 y 1318-1331 que se corresponden exactamente con dos episodios completos, y, por supuesto, es anómala la desaparición de las cantigas cuya introducción se anuncia. Estas últimas ya no estaban en X. O nunca se escribieron o en el original se incluyeron en hojas sueltas, perdidas en la copia de la que procede el arquetipo».
Me parece, en cambio, oportuno que resulte obviada aquí otra argumentación, la que apela a la demostración de la existencia de un arquetipo para considerar automáticamente invalidada la hipótesis de la doble redacción. En efecto, como se ha señalado, Corominas había enunciado una hipótesis que a primera vista parece inverosímil, pero que encuentra verificación en otras tradiciones medievales. El caso mejor conocido es quizá el de Giovanni Boccaccio [cfr. el resumen de Lippi 2001; y antes Várvaro 1968: 151]. No me refiero tanto al Decamerón, cuya tradición presenta algunas características que se encuentran en el LBA: la mayor parte de las copias son modestos códices cartáceos, ejecutadas por copistas no profesionales que no se preocupaban demasiado de respetar punto por punto el dictado del autor. Lo que nos interesa, sin embargo, es otra cosa: el autor Boccaccio, en su larga actividad de copista, de sí mismo y de otros (empezando por Dante), que está documentada por numerosos autógrafos, cae a menudo en errores, incluso cuando copia sus propias obras [cfr. Lippi 2001: 343 y n. 43]. Se sigue de ello la verosimilitud de la existencia de errores de arquetipo, que son ya probablemente errores de original, y que no faltan tampoco en los casos en que existen varias redacciones de autor. El texto en que la cosa parece más clara es la Elegia di Madonna Fiammetta, cuyos 73 testimonios «derivano da un archetipo segnato da poche quanto indiscutibili mende»; las dos familias a y b están caracterizadas «dalla presenza di lezioni indifferenti che hanno fatto pensare, forse non a torto, a possibili ritocchi d’autore» [Lippi 2001: 333; quien sostiene, de forma autorizada, que existen dos redacciones es A. E. Quaglio]. Parecido es, por lo menos, el caso del Ameto. Situaciones análogas, y tal vez todavía más cercanas a la de Juan Ruiz, han sido descritas en la literatura inglesa medieval [cfr. el estudio de conjunto de Pearsall 2002]. Baste una cita de este trabajo: «Anche Langland [l’autore trecentesco del Piers Plowman] sembra che abbia avuto meno controllo sugli aspetti pratici del suo essere autore, venire pubblicato e diventare conosciuto, di quanto ci si sarebbe aspettato. C’è tra gli studiosi un accordo generale che quando egli lavorava alla revisione C del testo B non possedesse una buona copia su cui lavorare ma solo una copia scribale piuttosto modesta. Alcune delle revisioni di C possono essere considerate tentativi di tornare indietro a ciò che sapeva di aver voluto dire ma era adesso oscurato nella sua copia corrotta di B. Ad un lettore moderno la situazione può sembrare strana, ma serve a richiamare l’attenzione sull’esistenza alquanto alla giornata degli autori più poveri e sul fatto che la pergamena era cara, sicché un autore poteva non avere con sé copie in più della sua opera e poteva doversi contentare di copie scribali. È importante ricordare inoltre che i libri stessi erano ancora dei beni piuttosto rari e costosi».
Si estas comparaciones nos sugieren que debemos considerar con menor rigidez la tradición manuscrita del LBA, hay que decir que tampoco autorizan para nada las hipótesis que han formulado los partidarios de la doble redacción de nuestro Libro. Por un lado, en efecto, parece altamente inverosímil que una nueva redacción no implique más que adiciones, tampoco demasiado numerosas, a la precedente. Esta práctica es frecuente, y justificada, en obras historiográficas, pero sería inexplicable en un relato en verso, en que nos encontraríamos con la paradoja de que el autor no interviene nunca en lo que ha escrito antes mientras que los copistas no se contienen de hacer innovaciones de todo tipo. Por otro lado, ninguna de las tradiciones a las que hemos hecho mención contiene errores de arquetipo en la medida en que Corominas consideraba admisible: que el autor se equivoque al copiarse a sí mismo o que tenga que utilizar para su trabajo redaccional copias no exentas de errores es una cosa, pero otra muy distinta es pensar que le fuese indiferente una gran cantidad de errores y los dejase intactos en su copia de trabajo.
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