Antonio Rubiales Roldán
Juan Ruiz more than any other Spanish medieval
writer, creates an «aesthetic distance» by conciously distinguishing
between the moral value of love affairs and their literary quality.
He infuses the Libro with an esthetic energy by keeping the reader
continually in motion between the irony of the commentator and
the artistry of the poet […] an author who tells the reader
explicity and clearly that he not only composes verses correctly
but that he is a first rate poet and a good teacher.1
En 1965 se publicó en Estudios de Literatura española la obra de Anthony N. Zahareas The Art of Juan Ruiz Archpriest of Hita, editada en lengua inglesa. Hubiera constituido un completo e interesante estudio más en la ingente bibliografia dedicada al Libro de buen amor, si no fuera por lo que considero una aportación sumamente novedosa en el corpus crítico que hasta entonces se había publicado y conformaba el espinazo teórico fundamental para cualquier estudioso del Libro.
Por vez primera se realiza el esfuerzo de compatibilizar coherentemente las investigaciones sobre las fuentes medievales y la maestría artística de su autor (1). Intento integrador que hasta entonces y a la vista de los estudios críticos publicados, le había parecido a Zahareas aproximaciones dispersas, fragmentarias y, ante todo, carentes de la perspectiva estética necesaria (2). Este posicionamiento de partida no evita, obviamente, el reconocimiento de la necesidad de estudios diacrónicos de carácter social, histórico, lingüístico o de cualquier otra índole capaces de aportar luz a una obra tan especialmente ambigua y atípica en su concepción como el Libro.
Tras las aportaciones básicas e imprescindibles de Menéndez Pidal, Américo Castro, María Rosa Lida, Dámaso Alonso, O. H. Green, G-Monnypenny o Félix Lecoy, sólo Leo Spitzer dedica algunas páginas en su Zur Auffassung der kunst des Arcipreste de Hita (publicada en Gredos en 1955) a la concepción y el pensamiento artísticos de Juan Ruiz. La contribución novedosa de Anthony Zahareas se basa en la visión global del Libro bajo el prisma de la originalidad de su autor y de las herramientas artísticas que utiliza y que le hacen único en la literatura medieval española. Para Zahareas el Libro es, antes de cualquier otra consideración didáctica o moral, una obra de arte (3).
1)
It is unfortunate that these two aspects of the Libro, its masterful art and
its medieval sources, have regulary been treated as two saparate and unrelated
studies.2
2)
The major critical studies have concentrated upon the traditional sources of
the Libro, its autobiographical form, and its didactic or non-didactic
orientation. Aesthetic approaches have been few, partial, and mostly incidental
to historical studies.3
3) My critical-aesthetic approach is compatible if not a complement to the
historical method. To Maria Rosa Lida's view, therefore, that
the Libro is an artistic composition with a didactic purpose,
I should like to oppose the view, that it is a didactic work with
an artistic purpose.4
Juan Ruiz knows how to exploit artistically and for amusing purposes
the possible contradictions of traditional didactic forms […]
for me that framework [didactic frame] is important in that it
supplies a mold into Juan Ruiz pours his genius.5
Rebasa el propósito de esta breve exposición, y sería además imposible, sintetizar la estrategia metodológica que Zahareas despliega en su obra. Señalaré tan sólo aquellas líneas elementales para poner de manifiesto su interés en enfatizar lo que literariamente cree pertinente en cuanto a lo novedoso aportado por Juan Ruiz se refiere. Y no sólo en lo referente a la recreación de las fuentes, como por sus aportaciones claramente originales que no hacen sino elevar aún más su inmensa estatura artística.
El arte de Juan Ruiz lo cimenta Zahareas en la manipulación literaria personal, la absorción y tratamiento de las fuentes literarias tradicionales y en las aportaciones novedosas que le apartan claramente de la corriente literaria castellana de la época. Considera a Juan Ruiz un autor diferente, no sólo por su especial uso de recursos ya probados como lo sería la forma de narración autobiográfica, sino por su especial sentido de la ambigüedad, la ironía, el humor y la sutileza literaria que destila toda la obra. Si estas características no fueran ya suficientes por sí mismas, Zahareas apunta directamente al tuétano artístico del Libro.
Juan Ruiz utiliza estos recursos de forma sistemática, consciente y artística. Su maestría se condensa en el ejercicio de la composición poética como fundamento absolutamente diferenciado, aunque simbiótico, de su labor didáctica (4).
El estrecho corsé didáctico medieval debería asfixiar formal y cualitativamente cualquier atisbo de genialidad y creatividad literarias y se opondría, igualmente, a la evolución lógica de su desarrollo y evolución. El didactismo constituiría, con seguridad, un insalvable impedimento a cualquiera de las novedades artísticas que según Zahareas aporta Juan Ruiz (5). La superación de este marco preestablecido se realiza, una vez más, aplicando la maestría del autor en cuanto a su capacidad de reconstruir los recursos y fuentes tradicionales con las herramientas de su genio creador. El uso sistemático de la ambigüedad como elemento constructivo deja al lector/oyente fuera de la práctica moralizante tradicional, forzándole a leer entre líneas superando el límite de las apariencias y tomar, así, su propia posición ante la obra (6).
El juego de la ambigüedad no es sino el paso previo y ciertamente lógico, según el planteamiento de la obra, al uso de la ironía como recurso estilístico y estético. En el Libro, y de principio a fin, Juan Ruiz se convierte en un auténtico prestidigitador de las palabras a las que manipula y utiliza hasta sacarles un partido entonces desconocido. Las palabras sugieren conceptos diferentes a los aparentes, ideas distintas e incluso claramente contrarias a su significado estricto. La insinuación supone una relación dialéctica, abierta, con el lector/oyente que llega en el caso del Libro, a una clara y abierta complicidad.
4) As a commentator the Archpriest
looks in two directions: with regard to content, he is concerned with the
manner in which they are written. The implications of his views concerning the
artistic quality of his work have never, as far as I know, been adequatly
studied.6
5) Previously, critics have raised the question of
whether it is possible to analyze the Libro as a work of art without first
establishing a set of defining properties for medieval literature and which may
be applied to most medieval literature and which may be applied to most
medieaval works. To analyze the Libro as a medieval work implies that it has
certain fixed properties.7
6)
Through ambiguity, Juan Ruiz sustains intricacy of thought and purpose: as
such, the Libro's ambiguity should be considered an artistic accomplishment,
not a slavish imitation of didactic juxtaposition.8
Juan
Ruiz's artistry is evident in the deftness with which he exploits effectively
the ambiguity ibherent in traditional figures of didactic exposition such as intellectum,
vanidat, amor.9
Para Zahareas el Libro de buen amor es una pieza concebida también como puro entretenimiento en su amplio sentido de diversión (entertainment) en la que el humor juega un papel fundamental y pone de manifiesto la madurez artística de Juan Ruiz. Pero la inclusión de la diversión, el recreo y la alegría no sólo suponen recursos atractivos y sumamente efectistas para captar la atención (estrategia didáctica al uso); suponen también una inseparable unión a consideraciones artísticas (8).
Al margen del famoso episodio de griegos y romanos, donde supera la mera tradición concentrando la energía del relato en el propio malentendido y sus elementos puramente cómicos, el uso sistemático del elemento humorístico en el Libro abarca todas las posibilidades literarias del mismo. Juan Ruiz lo exprime hasta el límite de sus potenciales gradaciones, desde el descarnado descaro de lo claramente procaz, pasando por la total irreverencia religiosa, hasta la finura más exquisita de la sutileza inteligente.
Este uso explícito requiere, según Zahareas, el despliegue de toda una serie de recursos estilísticos y literarios que fortalecen su técnica narrativa (9).
Es en su técnica narrativo-poética donde reside la clave de su maestría artística. Juan Ruiz se presenta a sí mismo como poeta consumado y el Libro es antes que nada, y según Anthony Zahareas, un ejercicio estético (10). El Arcipreste es consciente, y no deja de manifestarlo en el Libro, de su capacidad poética y de su dominio absoluto sobre los recursos estéticos y técnicos de la misma.
7)
Juan Ruiz's irony consists either of a statement that says one thing but
insinuates another, or a situation presenting a contrast between what is
expected and what actually happens […] Moreover, the Libro's artistic
significance depends upon the Archpriest´s systematic pluralism, i e., upon the
conciously designed pattern of contradiction in the comments concerning his
secular and divine intentions.10
The Archpriest's
ironic manner compels the reader to explore the imaginative implications of his
statesments. The narrator-commentator constantly makes us read between the
borrowed traditional didactic lines.11
In
fact, to insinuate, to suggest more than one meaning at once, or to suggest the
opposite of what is said is not allegory but irony […] But if the central
element of allegory is clarity, that of irony is paradox or ambiguity. From
antiquity throughthe Middle Ages to the modern times, one of the functions of
irony, for example, has been to create humour (bitter and gentle) or to amuse
(by ridicule and affability).12
8)
Juan Ruiz […] justifies the use of humour ot the expense of serious content
[…] he doesn't subordinate form to content but instead clearly states that
poetic composition should be considered paramount in the delivery of
entertaining stories. He is the first medieval writer, as far as I know, to
insist on an inextricable connection between amusement and art.13
9)
The fact that the roots of the Archpriest's judgements are ironic and humorous
infallibly shows up in the artistic manner of the comments and story, that is,
in Juan Ruiz's managements of tone, diction, syntactical use, and narrative
technique.14
10)
Thus the Libro has an extra function: it is a demonstration, a lesson on
poetry.15
Al analizar los recursos retóricos que Juan Ruiz utiliza en su arte poética, incide Zahareas en la originalidad de su uso, poniendo de manifiesto la novedad de sus aportaciones. El efecto dramático y la inmediatez de la apostrophatio, el elemento retórico de la ocupatio, el efecto del contraste irónico de la disgressio y la interpretatio o la manipulación humorística de la amplificatio (11). Todos estos recursos en manos de Juan Ruiz no hacen sino aportar la chispa necesaria que aviva todo el colorido vital que despliega la obra de la forma más novedosa que pueda encontrarse en la literatura del siglo xiv español.
Especial atención merece para Zahareas el arte desplegado por el Arcipreste en lo que llama «the rethorical portrait», su capacidad para retratar con un grado de complejidad e innovaciones estéticas y creativas impropias de su época y que marcarán la pauta de futuras tendencias literarias en siglos posteriores. Aunque Juan Ruiz no se aleje demasiado del concepto convencional, casi inflexible, del retrato físico, sí aporta novedades en su propio autorretrato (?) donde al margen del añadido de nuevos conceptos concernientes a su carácter como persona, pone de relieve con precisión inusitada su sensualidad y virilidad como amante ideal (12).
Su capacidad retratística aplica pinceladas claramente sensuales en la descripción de doña Endrina, la técnica de lo grotescamente expresionista —casi esperpéntico hasta la animalidad— en la descripción de la serrana de Tablada, consiguiendo mejorar al modelo de Anus hasta crear un detallado paradigma prototípico de tal fuerza que se convertirá en punto de referencia (13).
La originalidad de Zahareas reside en el intento de analizar el Libro desde una perspectiva global y desde el punto de vista del espíritu artístico de Juan Ruiz, el análisis de su sentido del humor, el uso de la ironía, la sutil reelaboración de tradiciones, su propio temperamento vitalista. Y sobre todo, su conciencia de artista, de hombre que posee el don de la ciencia poética como regalo sobrenatural para la sensibilidad humana (14).
11)
In the hands of Juan Ruiz the rules of the rethoricians become the instruments
of a living and ironic stile […] Juan Ruiz's control of rethorical devices
sharpens his capacity for making a description vivid and attractive, a
situation humorous, a comment ambiguous, and didactic generalizations full of
ironic insinuations and suggestions.16
12)
This is the first case, I believe, where all the parts of a rethorical portrait
are characteristic of sensuality and virility. Erotic symbols have been
numerous in tradition but gain precision here because they are grafted to a
complete, well-ordered portrait.17
13)
The elements which create the pattern of the so-called «celestinesque» type and
of which Trotaconventos is a prototype, are her old age, her experience and
capacity for deception, her feigned religiosity, her talkativeness and easy
resert to fables or anecdotes, her «profession» of selling cosmetics as a way
to enter homes, her claims that she keeps secre, her alertness to exploit or
create favourable and enterntaining quality of the stories, the subtle
elaboration of traditional ideas.18
14)
There is much of Juan Ruiz's expression a quality that trascends technical virtuosity.
It is perhaps the awareness he shows both in sustaining his irony, and his
artistic intentions. This artistic awareness combined with the temperament of
alegría, leads Juan Ruiz to exploit ironic techniques so diverse that he stands
apart from all other satiric or moral writers of the Spanish Middle Ages. As
one of Spain's major artists, he represents a triumph of the aims and
techniques of medieval literary art. The exploitation of them to their fullest
degree is the essence of the art of the Libro de buen amor.19
NOTAS