Como preparación a los actos conmemorativos del II centenario del nacimiento de Hans Christian Andersen (Odense, 1805), la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil ha organizado la exposición Andersen: Un viaje por España, que ha sido patrocinada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
Es poco conocido que el célebre escritor de cuentos tan populares como La sirenita o El patito feo, visitó España en dos ocasiones. De la primera de ellas en 1862, durante los meses de septiembre a diciembre, dejó reflejadas sus impresiones en el libro Viaje por España. Cuatro años más tarde atravesó nuestro país con destino a Portugal.
Por ello ha sido nuestro deseo el mostrar a las familias españolas que Andersen estuvo aquí. Conoció a personalidades relevantes del mundo de la cultura, sintió admiración y respeto ante nuestros monumentos y obras de arte, deteniendo su mirada en escenas cotidianas y familiares, protagonizadas por la chiquillería y personas de toda condición social. Andersen degustó nuestra excelente cocina popular y bebió el «agua tibia con anís» en tradicionales botijos. Acudió a la ópera, a la zarzuela, a los teatros y cafés de moda; presenció corridas de toros y fue testigo de excepción de la entrada de la reina Isabel II en la ciudad de Granada.
Andersen vino a España buscando «lo pintoresco» e imbuido por los ideales románticos que ligaban a nuestra tierra con las leyendas árabes, los romances del Cid y el espíritu caballeresco de Cervantes. Aunque tenía otro motivo mucho más especial: el recuerdo inolvidable de su encuentro con un soldado español cuando tenía tres años de edad: «Un día, un español me cogió en brazos y me dio a besar una medalla que llevaba sobre el pecho. Mi madre se enfadó por ello; aquello olía a catolicismo, decía. Pero a mí me gustaba aquella medalla y aun el mismo extranjero que me hacía saltar y me besaba llorando. Seguramente había dejado algún hijito en España».
La realidad que encontró fue sin duda muy diferente de la soñada. El viaje ilusionado que inicia por «el país del sol» y «del verano» poco a poco va perdiendo ese calor emocional y real. El desconocimiento que en España había respecto a su persona y su obra, noticias que le entristecen, los altos precios de los hospedajes y, aunque pueda parecer paradójico en una persona procedente del norte de Europa, el intenso frío del otoño castellano, hacen que precipite su regreso a Dinamarca.
La exposición ilustra y documenta su viaje, destacando con sus palabras descripciones, pensamientos y anécdotas. Se han seleccionado imágenes, grabados y fotografías realizadas en una época muy próxima a la estancia del autor en esos lugares. Así cobran especial interés artístico y testimonial los dibujos de Gustavo Doré realizados en su estancia en España en 1861 en la que acompañó al barón Jean Charles Dauvillier. Respecto a las fotografías, queremos destacar las realizadas por Rafael Castro y Ordóñez en la Expedición Científica del Pacífico, que en agosto de 1862 inicia su andadura en Cádiz. Pero especial interés cobran las realizadas por el fotógrafo oficial de la reina Charles Clifford, escogidas del álbum de Recuerdos fotográficos de la Visita de SS. MM. y AA. RR. a las provincias de Andalucía y Murcia en setiembre y octubre de 1862, que coinciden plenamente con la estancia de Andersen en esas provincias. Andersen fue testigo de la realización de algunas de esas fotos que describe y comenta. La presencia del escritor en el Museo del Prado hemos podido acreditarla con su firma en el Libro de apuntes para forasteros y extranjeros, junto a la de su compañero de viaje Jonas Collin el día 8 de diciembre, así como otras circunstancias, con noticias publicadas en periódicos y revistas de la época. Los textos de Andersen se han seleccionado de la traducción de Marisa Rey en la edición del Viaje por España, publicada por Alianza Editorial en 1988.
Acompañamos los paneles dedicados a este viaje, con otros dirigidos especialmente al público infantil, que reproducen escenas de los cuentos más populares ilustradas por artistas españoles. Así pretendemos mantener, durante el recorrido visual de la exposición, la vinculación entre el ilustre viajero y su obra. Nos hemos permitido escoger un elemento anecdótico entre sus testimonios que sirva de enlace con los motivos ilustrados.
Aunque sabemos que los sueños están muy lejos de la realidad, el desencanto de Andersen provoca cierta melancolía. La fantasía y el original sentido del humor que caracterizan su obra pierden en El viaje protagonismo ante la fiel descripción de lo contemplado y la reflexión más profunda. Su fina ironía es aquí rara pincelada. Nos hubiera gustado que Andersen fuera en todo su recorrido plenamente feliz, pero nos consuela el pensar que el desengaño expresado con tan elegante contención forma parte esencial de su forma de afrontar la vida y es lo que nos enamora de sus hermosos y tristes cuentos.