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Andersen. Un viaje por España

De Córdoba a Alcázar

«El espíritu de destrucción ha pasado por aquí con mayor ímpetu que el correr del tiempo.»

Grabado de Francisco Ortega y José Severini

El reloj dio las nueve de la noche antes de que llegásemos a Córdoba, ciudad natal de Séneca. Todos los pasajeros que deseaban ir al centro, sin excepción alguna, fueron encajados en el único ómnibus que esperaba delante de la estación; solamente Dios y el cochero saben cómo consiguieron meternos a todos. Los equipajes iban arriba, una montaña increíble de bultos de mudanza. El coche crujía y chirriaba con tanta carga. En el interior íbamos los pasajeros apiñados; casi todos tenían paquetes, paraguas o un bulto consigo; íbamos como sardinas en lata.

Córdoba

Córdoba posee un tesoro que no tiene ninguna otra ciudad española: su enorme e insólita Mezquita, ahora catedral de la ciudad... Mientras en el coro suenan alabanzas a Jesús y a la Virgen, predican las paredes en signos árabes: «Sólo hay un Dios y Mahoma es su profeta». Todo ello provoca una amalgama de extraños sentimientos, de los cuales el más digno sería aquel que elevase nuestros corazones con tolerancia, como rezan las mismas palabras del salmo:
«Creemos, creemos todos en Dios».

Catedral de Córdoba. Litografía anónima. Eléxpuru Hermanos. Bilbao

... Antojábaseme que, entre aquellos muros, había estado siempre y seguía allí atrapado y acorralado por la falta de horizonte por la vehemencia y por la vanidad humanas, todo el esfuerzo de los hombres por apoderarse del «único Dios verdadero». Pensamientos fervorosos y esperanzadores esclarecían aquí mi mente y mi corazón.

... Cuán duramente, con qué falta de caridad juzga, dentro de una misma iglesia, un hermano a otro hermano, cuando éste no reza el Credo de acuerdo con todas las letras de la versión del otro.

«Dans le défilé du Despeñaperros». Grabado sobre un dibujo de Robida

Despeñaperros

... las montañas de Sierra Morena ofrecían una variedad y belleza extraordinarias, era un paisaje grandioso. Colosales bloques de roca yacían volcados, como si acabaran de rodar por la pendiente; enormes árboles se aferraban con sus raíces en torno a la masa de piedra, dejando asomar sus copas por la orilla del abismo, en cuyas profundidades rugía la corriente.

Alcázar de San Juan

Nos sentamos mientras en el triste patio de la estación de ferrocarril a contemplar de lejos el antiguo pueblo, sus muchas torres de iglesia y sus grandes edificios; tenía un aspecto interesante; aquí podríamos haber pasado la noche, quizá, incluso hacer también una excursión al cercano Toboso, famoso por la Dulcinea de don Quijote; pero nadie nos había nombrado tal pueblo...

Grabado sobre un dibujo de Doré
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