«Volábamos hacia Sevilla, la ciudad natal de Murillo, donde Cervantes escribió parte de su Don Quijote, la ciudad ligada a la leyenda de Don Juan.»
La muchedumbre pasea en coche, a pie y a caballo, van pendientes unos de otros; se distraen mirando los numerosos barcos al otro lado del espolón, procedentes unos del Atlántico, otros del Mediterráneo. Aquí junto al río está la octogonal Torre del Oro, donde, en otros tiempos, los moros almacenaban sus tesoros...
.. Después de que los frailes del convento de La Caridad habían sido expulsados, el hospital fue objeto de una gran ampliación y, ahora, piadosas monjitas cuidan a los enfermos. Su fundador don Juan Tenorio, que murió de fraile en el convento, reposa aquí; él mismo escribió su epitafio:
«Aquí yacen los huesos y cenizas del peor hombre que ha habido en el mundo».
La leyenda cuenta que don Juan Tenorio era un noble de Sevilla...
Sevilla es la ciudad natal de Murillo, aquí iba yo a contemplar su grandeza y poder, el rayo de sol meridional del mundo de los genios.
... mas a mí lo que más me maravilló fue un cuadro al que tuve que volver para mirar una y otra vez: San Antonio. Estaba representado como un hombre joven al que empieza a apuntarle la barba en las mejillas; las Sagradas Escrituras estaban abiertas ante él y, sentado en medio del libro, estaba el Niño Jesús, tan feliz y sonriente; San Antonio se inclinaba hacia el Niño, sin que sus manos se atreviesen a tocarlo; era un placer contemplar el cuadro.
«¡Ahí baila la bella Dolores!», exclamó uno de mis jóvenes amigos españoles. «Tienes que ver a la Dolores, se sentirá usted muy joven y contento, hasta quizá tan feliz como yo», y él parecía realmente feliz.
¡Cuán gran diferencia entre el baile francés y la danza española!
... insinúa la belleza de las líneas del cuerpo con movimientos naturales. Las castañuelas repiten el ritmo de la sangre en las venas; puede llegarse al apasionamiento, pero sin traspasar el límite de la belleza. Las gracias podrían soportar ese espectáculo, mientras que las ménades huirían de él; Venus accedería a bailar un baile español, pero el cancán no lo bailaría aunque la invitase a ello el mismísimo gran Marte.