«El rumor del reflujo del mar fue nuestra música de sobremesa; las estrellas del cielo, la iluminación. Hacía una noche de verano como no la había experimentado nunca.»
Cerca de la Alameda hay, de cara al puerto, una especie de bazar o mercado de carniceros, pescaderos y vendedores de hortalizas... Por doquier oíase el zumbido y el murmullo del incesante parloteo de compradores y vendedores. De los puestos de la carne y el pescado pasábase a la sección de verdulería. Aquí amontonaban las naranjas como las patatas en Dinamarca; cebollas y uvas enormes colgaban de las vigas verticales, cual si brotasen de la madera muerta.
... hasta el día siguiente no supimos por el cónsul danés que a una legua de la ciudad se había celebrado una fiesta popular. Damas y caballeros, en refinados trajes regionales, habían bailado al aire libre, junto al mar, hasta altas horas de la noche. ¡Qué pena no haberlo sabido antes!... Imágenes evocadoras de mi país desfilaron por mi memoria, recuerdos de noches de verano danesas, de bailes en el bosque bajo las hayas, junto a la orilla del mar.
Nos acercábamos a Elche, ya se distinguía su valle rebosante de frutos y su inmenso palmeral, el mayor y más hermoso de Europa, el más paradisíaco de toda España. Las gigantescas palmeras extendían sus escamosas y prolongadas ramas, sorprendentes por lo gruesas y, sin embargo, esbeltas por su altura. Los dátiles pendían en grandes y pesados racimos, rabillo con rabillo, bajo la gran pantalla verde de las hojas... No hay más que un Elche en España.
... un paraje extraordinario, una naturaleza evocadora de los relatos que solemos leer sobre Tierra Santa.
La próxima parada sería en Orihuela, cuya fértil campiña tiene tal fama entre los españoles, que dicen que: «Llueva o no llueva, trigo en Orihuela»
... Admito haber visto los monumentales edificios de la villa, su grandioso Cuartel de Caballería, el Palacio del Arzobispo y la Catedral; mas no guardo el menor recuerdo de todo ello. En cambio la taberna donde comimos aquel día no la olvidaré jamás. El patio, las habitaciones, la cocina, la gente, todo era tan típicamente español como hubiéramos podido desear.