
La sociedad dominicana sigue siendo hoy lo que fue ayer, una sociedad de mezcla de razas y de mezcla de culturas. Podemos decir que estamos en el centro de la América Latina, y que aquí ha venido todo. Por ser isla, por ser isleños, tenemos una integración multicultural. Todos los rasgos de Europa se encuentran en la sociedad dominicana; es decir, todos los grupos sociales y culturales que han pasado por estas islas han dejado algún rasgo o algún recuerdo; por eso se habla del pueblo dominicano como un pueblo de mestizos y de mulatos, pero con aspiraciones europeas y con aspiraciones a países desarrollados. La sociedad dominicana de hoy es una integración, la integración del pasado, del presente y de la tecnología del futuro. El dominicano no tiene grupos indígenas que le identifiquen, simplemente es un pueblo café con leche, diríamos «un pueblo de matices raciales y culturales». El que viene aquí se encuentra como en su casa. Es una sociedad abierta, siempre abierta a todo lo bueno que llegue a estas islas.
Evidentemente que al ser nosotros una mezcla de culturas tenemos rasgos de muchas culturas diferentes; pero, al ser isleños, hemos integrado la amabilidad que las islas representan; las islas son puntos geográficos, donde la gente va y donde la gente viene. Hemos recibido del europeo el lenguaje, la fe, la tradición, el juego, todos aquellos elementos culturales que se asocian al ayuntamiento, al desarrollo de las leyes; hemos recibido del norteamericano la dinámica del desarrollo, del progreso y de la tecnología; y hemos recibido de Las Antillas todos esos elementos que Cuba, Puerto Rico, Jamaica, Curaçao, a través del tiempo y de la historia han dejado en nosotros. Nosotros somos un cúmulo de tradiciones; aquí, en Santo Domingo, uno no sabe decir qué vino de Europa y qué vino de otros sitios; todo se constituye en una forma de ser del dominicano, una forma de ser que se expresa en la apertura permanente de un pueblo que quiere su pasado, que ama su presente y que espera su futuro.