
El habla limeña ofrece las características generales del español andino costeño, más parecido al de otras áreas hispánicas, pero enriquecidas por la complejidad etnográfica y sociolingüística de toda gran ciudad.
Toda palabra hay que plasmarla; en ese caso, las dos unidades que tenemos al frente son incensiario, perfumero, pebetero, como se quieren nombrar. El hecho es que hay poner el fuego, siendo el fuego vida, y del fuego hay que añadirle el perfume, que, subiendo, da el mensaje. En esa pieza específicamente es un mensaje típicamente andino; la base, en la interpretación, nos habla de pureza y alegría y vida en la Tierra. El mundo andino siempre, el indio coge la figura del ombligo para arriba cuando debe hablar vida en la Tierra; si pone flauta nos está diciendo el mensaje ‘alegría’. El metal plata siempre se usa cuando se habla de la vida en la Tierra, siendo que la Luna es plateada, la plata, es, por lo tanto, femenina; cuando hablamos de Tierra, va la plata. El platero que elabora esa pieza fue José Bocchio, un descendiente de familia Condottieri, florentino, que marca y fecha también la pieza en el año de 1820. Ha colocado el caballo de sus antecesores y sienta sobre él Túpac Amaru, que es el último inca, que viste como español, con botín hasta la rodilla, con levita; pone un casco sumamente pronunciado sobre la frente con un cerquillo, que en quechua su nombre es mascaipacha; es el símbolo rojo que lleva en la frente el inca como jerarquía; la corona es de pluma del inca, y el indio nos dice que él defendía la causa de su pueblo a través del poder; manos, de la pluma, de la escritura, de la palabra; todo eso es para enviar el mensaje arriba. Para hacerla usable, hay que abrir y sacar la yesca y «vertirla» en el interior; el aire ingresa de la malla, el humo sale de la parte superior; para eso hay que bajar el personaje y armar la hornilla. También se puede señalar dónde llega la posibilidad; nunca hay que ensuciar la pieza; si el objeto pierde brillo, obviamente pierde intensidad de vida. Cuando nosotros queremos dar vida a algo debemos brillar y brillar más, más intensidad de vida. Al colocar el perfume como incienso, como identificación, hay que hacer una operación como sacar la rienda, bajar la cabeza e introducir en el interior, al lado de la hornilla, las semillas, las hojas, los pétalos, que, con el calor del fuego, suelten el aroma y el aroma sube y los dioses nos identifiquen. Todo eso es el mensaje del indio. Abajo hay escudos jerárquicos indígenas, o sea, las armas indígenas con piedras y plumas; en el medio hay la fecha, el nombre del platero y el nombre de un personaje, de una señora, que debe ser quien lo mandó hacer. Todo eso es los primeros años de la independencia en los Andes, 1820, un año antes de la independencia del Perú, siendo el Perú el último en independizarse en el mundo andino.