
El habla de Cuba es propia del español caribeño.
La Habana es la ciudad de la luz, o una de las ciudades de la luz, y también la ciudad de las columnas. Es la ciudad de la música y es la ciudad también de personas muy especiales. Tengo grandes amigos en el mundo de la cultura y específicamente en la pintura, en las artes plásticas, y me han dicho que, cuando están un tiempo largo fuera de Cuba, tienen que regresar. Y tienen que regresar porque les hace falta la luz para pintar.
Y la música cubana, que tiene tanto atractivo en el mundo, también entre los músicos, sobre todo los músicos que se dedican a la música popular, pues, siempre dicen que, para poder componer las grandes orquestas cubanas, los grandes compositores cubanos, de orquestas bailables, etc., dicen que tienen que ver a los cubanos bailar. Y eso venía recordando yo también en la guagua, que García Márquez dijo que Cuba era el pueblo más bailador de la Tierra. Yo no sé si es así, porque seguramente los brasileños se pondrían bravos de pensar que bailamos más que ellos.
Y creo que, por otra parte, eso que Alejo Carpentier llamó «la ciudad de las columnas», porque La Habana tiene una arquitectura muy especial. Desde el eclecticismo que nos dejó la época colonial hasta una modernidad esplendorosa, porque a veces se sorprenden de encontrarse, por ejemplo, edificios Art Decó en plena Habana, que le dan una magnificencia, digamos, que le dan un esplendor y una belleza muy peculiar.
A diferencia de lo que muchas personas creen, La Habana es una ciudad muy extendida; o sea, no es una ciudad que se pueda visitar en pocos días, y una ciudad que tiene mucho sabor, que tiene mucho encanto para quienes se dedican a la cultura y para quienes se dedican específicamente a la historia del arte. Y, bueno, ¿qué decir de la gente?, ¿qué decir de los habaneros? Yo digo que somos una especie en extinción, porque, como en todas las capitales ya, habaneros hijos de habaneros quedamos pocos. Es decir, Cuba es una isla, es una isla muy larga; a diferencia de otras islas que tienen otra dimensión geográfica, digamos, que son más hacia lo cuadrado, hacia lo redondo, Cuba es más hacia lo alargado; por eso se le compara con un caimán, con un cocodrilo. Y, aunque no hay, digamos que, grandes diferencias culturales entre unas zonas y otras, siempre hay hechos que —quizás partiendo de lo histórico— han marcado las características de esas provincias. Hay una confrontación, digamos, muy grande entre habaneros y santiagueros, que son los de la provincia de Santiago de Cuba, que son los que viven, pues, más hacia el este de lo que sería la isla. De manera que las personas también están marcadas, están signadas por esa historia, por ese acontecer, por ese devenir. Por ejemplo, en las provincias orientales hay una relación mucho más directa con Santo Domingo y Haití, porque, incluso cuando se produce la revolución haitiana, pues, muchos colonos huyen y se asientan allí; por eso encontramos apellidos, por eso encontramos palabras del francés en esa zona, que no es quizás lo más característico de nuestra lengua.
La Habana es una ciudad marcada por otros hechos históricos, y, por lo tanto, también, en ese mismo sentido, desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista artístico, hay quizás otro elemento que marca esas características de la capital cubana; es, yo diría que, la luz y el olor a mar; es decir, estamos rodeados de mar. Hay un poeta cubano, un escritor cubano, que justamente este año se celebra el centenario de su natalicio, Virgilio Piñera, que decía en un famoso poema, que fue el que lo lanzó a la fama dentro del mundo de la literatura hispanoamericana, decía, escribió exactamente: «La maldita circunstancia del agua por todas partes»; es decir, la condición de isleños, que también marca mucho al ciudadano que vive en La Habana, al ciudadano que, al habanero, que disfruta de su ciudad.