
Participa de los rasgos del español andino serrano.
La obra, Medellín está presente siempre en la obra de Fernando Botero; a pesar de que Botero salió hace cerca de 50 años de Colombia, de Medellín, de su ciudad natal, sigue pintando a Medellín, sigue recurriendo a ese tema de sus calles, sus casas, su gente. Cuando uno mira una figura de Fernando Botero le parece que a esa señora que está en el cuadro se la acaba de encontrar en la calle. Es esa cosa maravillosa de convertir el tema particular de la ciudad, el pequeño tema doméstico en un asunto universal.
Para decir uno por qué la obra de Fernando Botero es conocida en todo el mundo, no podría precisar en un solo aspecto; sería imposible. Hay muchas cosas que lo han hecho. Una de ellas, naturalmente, es el talento descomunal, como sus obras de este hombre, pero también es una manera de manejar su trabajo, es una manera de estar en el lugar que es, a la hora que es. Sin embargo, detrás del éxito de Fernando Botero hay una lucha inmensa, hay muchísimos años de trabajo, hay muchísimos años de mostrar su obra, de trabajar, de buscar un camino, un estilo, hasta que, como producto de todo ese esfuerzo, surge entonces ese gran maestro y el mundo se lo reconoce.
Yo diría que más que el volumen, más que una obsesión de Fernando Botero, es su estilo. En algún momento de su vida lo descubre, él dice que casualmente; yo no creo que sea tan casual; siempre es producto de un proceso largo de reflexión, de trabajo, de experimentación con la pintura. En algún momento pinta una mandolina y le pone una, un huequito pequeñito y el instrumento se crece y él dice que ahí comienza a ser el volumen. Pero más que una obsesión por el gigantismo, por el volumen, es un asunto propiamente pictórico, es un asunto de arte, de composición; también lo demás, color, todo esto. Pero es un estilo en él que lo hace, entonces, famoso y reconocido; no quiere decir con esto tampoco que Botero lo haya inventado, ni muchísimo menos; existe en la historia del arte, pero, lo usa, lo toma, lo adopta y hace con él una gran obra maestra.
Frecuentemente me preguntán cuál es la obra más importante en mi opinión o cuál es la obra que más me gusta de Botero que guarda este museo. En primer lugar, Botero hizo un esfuerzo muy grande para que su obra más importante quedara aquí, porque él mismo lo dice: «ahora estoy vivo, el país que me invite, la galería que me invite hoy y haga una exposición; pero el día que yo falte, yo quiero que Botero quede en Medellín, en mi ciudad natal». De todas maneras, cada persona que recorre la sala encuentra obras con las que se identifica. En general, Botero siempre ha dicho que pinta para divertir y sus obras producen risas, muchas veces, incluso aquellas que tienen algún contenido social o alguna crítica, porque también se mete con eso; de todas maneras, siempre son alegres, son divertidas, las mujeres tienen una apariencia muy especial, las telas son decoradas, las joyas que usan, los zapatos son graciosísimos. Entonces, pues, para mí escoger la que más me gusta es muy difícil; son muchas. Para la mayoría de la gente, el público común, el visitante corriente se enamora de Familia colombiana, de la obra de Pedrito; casi todos los niños se llevan a Pedrito en el corazón. Pero es tan diversa, estas salas son tan especiales, son una obra de un mismo artista y uno las recorre y le parece que está entrando a mundos nuevos; son mágicas, son misteriosas, son alegres, que uno termina por no saber cuál es la mejor obra de Botero en esta sala.