Fernando Toda. Universidad de Salamanca
Aun a riesgo de caer en la mera afirmación de lo evidente, parece obligado recordar que el objetivo que se propone esta Jornada —resaltar la importancia capital que tienen la traducción y la interpretación para luchar contra la exclusión social— solo se puede lograr mediante la adecuada formación de traductores e intérpretes. Este tipo de formación se inició en España en las Escuelas Universitarias de Traducción e Interpretación: la EUTI de la Universidad Autónoma de Barcelona se creó en 1972, la de la Universidad de Granada en 1979 y la de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en 1988. El título que otorgaban era una diplomatura de tres años, y no está de más recordar que ya en esa época profesores como Roberto Mayoral, en Granada, daban importancia, en sus clases y publicaciones, al papel del traductor o intérprete en ámbitos jurídicos o judiciales relacionados con la inmigración o la residencia de extranjeros en España.
La creación en 1992 de los estudios de Traducción e Interpretación como Licenciatura supuso el principio de la proliferación de centros en los que se imparte esa titulación, que hoy superan los veinticinco, entre públicos y privados. Es decir, que actualmente se están formando cientos de traductores e intérpretes todos los años y es importante que todos sean conscientes —independientemente de la vertiente profesional que luego sigan— de que la profesión que han elegido tiene un valor social extraordinario para muchas personas que se ven obligadas a recurrir a la traducción y la interpretación para resolver asuntos relacionados con la coexistencia de personas de distintas lenguas y culturas, especialmente en entornos relacionados con las migraciones. También deben tener conocimiento, desde sus primeros años de estudio, de las distintas situaciones, a veces muy dispares, en que se encuentran los traductores e intérpretes que trabajan dentro de estos ámbitos en España. Para ello el contacto con instituciones, asociaciones y profesionales como los que han acudido a esta cita es fundamental, y es reconfortante comprobar la asistencia de alumnado a esta Jornada. Es importante que, como va sucediendo cada vez más, en las aulas se aborden los aspectos relacionados con el papel social de la traducción y la interpretación.
La Universidad de Salamanca fue una de las primeras en tener una facultad (la Facultad de Traducción y Documentación) en donde se imparte la licenciatura desde 1992, y en estas líneas haré un breve esbozo de los aspectos de la formación que allí se imparte que tienen relación con el tema que aquí nos ocupa. Me voy a referir a los planes de estudio tanto de la Licenciatura como del nuevo Grado que, según los criterios del Espacio Europeo de Educación Superior, se ha implantado este año. También al «Máster Oficial en Traducción y Mediación Intercultural», que se inició en 2006, y que a finales de 2009 pasó a formar parte de la red de Másteres Europeos en Traducción, (EMT, en sus siglas en inglés) propiciada por la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea.
La colaboración en esta Jornada de la Universidad de Salamanca y la Universidad de Alcalá (cuyo Máster también es uno de los 34 que de toda la UE fueron aprobados en la primera fase) es fruto de la respuesta que ambas, como miembros de la red EMT, dieron a la propuesta de Luis González cuando él la presentó a la reunión de la Conferencia de Centros y Departamentos Universitarios de Traducción e Interpretación (CCDUTI) en enero de 2010. Es evidente, por las características del Máster de Alcalá que han sido expuestas aquí, que seguramente en este momento ese es el programa formativo que está más centrado en los problemas que nos ocupan en esta Jornada.
En el caso de la Universidad de Salamanca, quiero señalar algunos aspectos: en primer lugar, y por volver a afirmar lo evidente, para poder traducir e interpretar bien, el buen conocimiento de las lenguas (aunque no solo eso) es el punto de partida fundamental. Desde el inicio, el ingreso en los estudios de Traducción e Interpretación en Salamanca se hace mediante una prueba de acceso, que incluye elaborar un resumen de unas 300 palabras en español de un texto de aproximadamente 1.000 escrito en la lengua extranjera que se escoja (alemán, francés o inglés), y también lo contrario (resumir en la lengua extranjera un texto escrito en español). Quienes pasan esa criba tienen después una entrevista oral en la lengua extranjera, y después de eso se selecciona a las 75 personas que como máximo pueden ingresar en primer curso cada año. La nota de Selectividad no cuenta, siempre que esté aprobada, claro. No obstante, como profesor de primer curso, puedo decir que el cuestionario que paso al alumnado al inicio de las clases muestra que la media de la nota de Selectividad está aproximadamente en 8 sobre 10. El alumnado tiene que cursar una segunda lengua extranjera (alemán, francés o inglés), de la que se dan clases de lengua y traducción en la facultad a partir de su segundo año, pero se hace la advertencia de que entonces se trabajará a nivel B1 del marco de referencia europeo, con lo cual deben llegar a ese nivel en su primer año mediante asignaturas de libre elección u optativas. Otra cosa que se procura hacer es fomentar que el alumnado que tenga otras lenguas —y por razones de inmigración ya ha habido personas con lenguas como rumano o búlgaro que han ingresado tras hacer la misma prueba que los demás— no descuide su lengua materna, pues si bien no se puede ofrecer formación reglada en ella, las técnicas de traducción o interpretación aprendidas servirán en gran parte para trabajar con otras lenguas.
En el año 2000 hubo ocasión de hacer retoques en los planes de estudio de las licenciaturas en Traducción e Interpretación y la mayor parte de los centros la aprovechó. En Salamanca, esos cambios incidieron parcialmente en aspectos relacionados con los asuntos que nos ocupan en esta Jornada. Así por ejemplo en interpretación, en donde se daba interpretación consecutiva y simultánea de la primera lengua extranjera, se introdujo un itinerario de interpretación en 4º curso, en donde además de hacer consecutiva y simultánea de la segunda lengua se añadió una nueva asignatura optativa de ejercicios de interpretación que consiste en prácticas reales o simuladas e incluye interpretación bilateral o de enlace (y que se mantiene en el nuevo Grado). En las prácticas se trabaja, gracias en gran parte a los esfuerzos de la profesora Icíar Alonso, con instituciones como Cáritas, por citar solo una, en entornos de inmigración. Ese enfoque fue también el que dieron el profesor Jesús Baigorri y la profesora Alonso al módulo optativo de interpretación en el «Máster Oficial en Traducción y Mediación Intercultural» cuando este comenzó. Entonces era un máster de dos años (120 créditos) que en 2009 se tuvo que ver reducido a un solo curso (60 créditos), con lo cual fue imposible mantener el componente de interpretación, del mismo modo que hubo que suprimir un módulo de traducción institucional y reducir el número de créditos de otros.
En la Licenciatura ya existía la traducción jurídica como parte de la materia obligatoria de Traducción Especializada, pero a partir de 2000 se introdujeron asignaturas optativas específicas de traducción jurídica, en las cuales siempre se tiene presente el enfoque de los entornos de inmigración.
En el nuevo plan de estudios para el Grado, se ha introducido una asignatura de primer curso llamada Fundamentos para la Traducción. Esta tiene como objetivo no solo enseñar procedimientos y estrategias básicas en el aspecto lingüístico y normativo, sino entre otras cosas crear conciencia en el alumnado de lo que supone socialmente la labor de traducción. En francés y alemán se hacen planteamientos similares, pero cito aquí los objetivos formulados por la profesora África Vidal, que imparte la asignatura correspondiente a inglés. Hubiera sido muy adecuado que, como participante destacada en el proyecto de investigación sobre traducción e inmigración al que me referiré después, ella hubiera estado presente en esta Jornada, pero no pudo ser así, por lo que le pedí que me escribiera unas palabras. Ella señala que quiere hacer coincidir algunos de los aspectos del curso con los objetivos del proyecto, y precisa además:
Toda la asignatura gira en torno a la pregunta ¿Qué es traducir? Se espera que al final los alumnos sean conscientes de que traducir es mucho más que una actividad lingüística. Por eso las cuestiones relativas a la ética y las instituciones desempeñan un papel fundamental en la asignatura. Así, y teniendo muy presente la época globalizada en la que nos ha tocado vivir, con constantes migraciones, y donde cuestiones como la etnicidad y la religión se convierten en parte de lo político y de lo social, nuestro objetivo como traductores no puede ser otro que encontrar la relación más adecuada entre lo local y lo global, entre lo Mismo y lo Otro, a partir de unas experiencias culturales específicas pero también relacionadas con todo aquello que sea externo a nosotros, que nos resulte extraño y diferente. La traducción no como un mero trabajo intelectual sino como un problema ético; existencial; como posibilidad para la hospitalidad lingüística (Ricoeur), pero también para el conflicto (Baker), porque traducir es interaccionar culturas cuya relación entre sí es, la mayoría de las veces, asimétrica.
Interesa resaltar este tipo de enfoque, pues se hace en los primeros meses del primer curso, y lleva a lo que he sugerido antes, a que el alumnado sea consciente desde el principio de las implicaciones sociales (incluida la prevención de la exclusión social). Debo destacar también que un enfoque parecido adoptan el profesor Ovidi Carbonell y la propia profesora Vidal en la asignatura de Traducción Directa del Inglés que imparten a ese alumnado en el segundo cuatrimestre. A otro nivel, estos dos profesores, que también comparten la asignatura de Aspectos Teóricos de la Traducción en el Máster actual, emplean un enfoque social y cultural parecido.
En una línea similar se desarrolla el marco teórico para las clases de traducción jurídica que imparte la profesora Rosario Martín Ruano, tanto en el nuevo Grado como en el Máster actual. Las reflexiones de esta profesora, en su trabajo «Teorías y utopías hacia nuevos vocabularios y prácticas de la traducción institucional», publicado en el número especial de Puntoycoma dedicado a la traducción institucional en español (del que hubo una buena cantidad de ejemplares disponibles para el público en el día de la Jornada)1, dan una buena idea de la aproximación que ella hace a ese tipo de traducción, teniendo precisamente en cuenta las situaciones que podrían llevar a la exclusión social de quienes no dispusieran de traducción adecuada. Tanto en las clases de traducción jurídica de alemán (profesoras Pilar Elena, Silvia Roiss e Iris Holl) como en las de francés (profesora Cristina Valderrey, profesor Pablo Dengler), se insiste también en estos aspectos.
Varios profesores que trabajan con el inglés, entre los que me cuento, junto con dos becarios, forman un grupo de investigación reconocido por la Junta de Castilla y León como Grupo de Excelencia (GR277), que actualmente lleva a cabo un proyecto llamado Inmigración y políticas de traducción: nuevos retos de la mediación intercultural en el siglo xxi, financiado por la Junta por un periodo de tres años a partir de octubre de 2009. El director es el profesor Román Álvarez Rodríguez, de la Facultad de Filología, y los demás profesores (África Vidal, Ovidi Carbonell, Rosario Martín Ruano, Fernando Toda) así como los dos becarios de formación del profesorado (María López Ponz y David González-Iglesias) son del Departamento de Traducción e Interpretación. Los objetivos del grupo para el proyecto quedaron definidos así:
Los resultados del grupo en el primer año incluyen varias publicaciones, algunas de las cuales se citan al final de estas páginas, y varias conferencias y comunicaciones en congresos. En este proyecto tienen cabida varios enfoques, incluida la traducción audiovisual, en la parte en que tiene que enfrentarse con situaciones de multilingüismo y/o de tensiones entre personas de orígenes étnicos diferentes. David González-Iglesias, con su Trabajo de Grado («tesina») sobre la traducción de series de televisión que reflejan situaciones de multilingüismo apunta un camino muy interesante: ¿cómo conseguimos reflejar en la traducción el uso (o el desconocimiento) de segundas lenguas y sus implicaciones? ¿Cómo será percibido eso por un público inmigrante que vea esas series dobladas al español? Su estudio del caso de Lost (Perdidos) se verá continuado con el de otras series para su tesis doctoral y, aunque dentro de una modalidad de traducción diferente, comparte algunos puntos con el trabajo que está llevando a cabo María López Ponz para la suya sobre traducción y mestizaje, centrado en problemas de interculturalidad en la traducción de literatura chicana, tema sobre el que ya ha producido dos publicaciones.
También tiene mucha relación con los asuntos que aquí nos ocupan el proyecto de investigación Traducir los Otros: Enciclopedia crítica de teoría de la comunicación intercultural, cuyo Investigador Principal fue el Dr. Ovidi Carbonell Cortés, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia (HUM2005-05066/FILO). En ese participaron varios profesores de Traducción e Interpretación y también las facultades de Filología y de Filosofía de la Universidad de Salamanca, además de becarios de investigación, es decir, profesorado en formación. Uno de los aspectos de estos proyectos que deseo destacar es precisamente la participación en ellos de quienes en su día estarán llamados a ser profesores de traducción, que incorporarán también a sus clases la importancia de usar la traducción y la interpretación como armas en la lucha contra la exclusión social.
Deseo expresar una vez más mi agradecimiento y el del Departamento que dirijo al inspirador y organizador de la Jornada, Luis González, así como a todas las personas, instituciones y asociaciones que han participado.
Algunas publicaciones relacionadas con el proyecto Inmigración y políticas de traducción: nuevos retos de la mediación intercultural en el siglo xxi: