Carmen las Heras. Servicio de Traducción e Interpretación de la CEAR
En primer lugar, agradezco a la Representación de la Comisión Europea en España que acoja en su sede la celebración de esta Jornada y más en concreto a la D.G.T. y, en especial a Luis González que nos haya ofrecido la oportunidad de participar en la organización de este encuentro, así como al resto de organizadores, a todos los ponentes y a todos los asistentes que nos acompañan.
Me parece muy importante reflexionar acerca del papel que desempeña la traducción y la interpretación en la lucha contra la exclusión social porque, al hablar de traducción e interpretación, estamos hablando de comunicación que es imprescindible para la convivencia y el entendimiento en cualquier sociedad humana.
Existen muchas causas que propician la exclusión, y el desconocimiento del idioma de la sociedad en la que se vive puede ser un motivo para el aislamiento y la exclusión, al no poder acceder a los mismos recursos que el resto de los ciudadanos ni comunicarse sin trabas con los organismos públicos.
Dentro del colectivo de personas que se encuentran en esta situación, aquellos inmigrantes en situación vulnerable y solicitantes de asilo que desconocen nuestro idioma tienen que enfrentarse a diario a este problema, en muchas ocasiones con escasos recursos económicos, por lo que contratar los servicios de un traductor privado, resulta imposible y en sus embajadas y consulados, muchas veces, no les prestan este servicio o, como en el caso de los refugiados, ni siquiera pueden dirigirse a ellas.
Me gustaría centrarme en hablar del colectivo quizás más desconocido, los solicitantes de asilo, apátridas, refugiados y beneficiarios de algún tipo de protección internacional que, al llegar a España por las mismas vías que cualquier inmigrante, permanecen invisibles, desconociéndose sus necesidades y problemas específicos y aplicándoseles las mismas políticas de cierre de fronteras. La mayoría de la gente ve a los refugiados y desplazados en televisión, en campamentos en África o en Asia, y desconoce que a toda Europa y a España también llegan refugiados demandando protección.
Según los datos facilitados por EUROSTAT en 2009, en los veintisiete países de la Unión Europea se recibieron un total de 260.730 solicitantes de asilo. Francia fue el país que recibió un mayor número de solicitantes (47.265), seguido por Alemania (31.880) y Reino Unido (30.290) y en cuarto lugar Suecia (24.175). Muy lejos de estas cifras está España con solo 3.005 solicitantes.
De ellos, una parte mínima consiguió obtener el estatuto de refugiados (179, es decir, un 4%), otros permanecen durante un largo periodo como solicitantes de asilo a la espera de que se resuelva su caso (admitidos a trámite: 48%) y otros, la mayoría, reciben en algún momento de este proceso el rechazo (inadmitidos: 52%), por lo que se les insta a abandonar el país y, si no lo hacen, pasan a estar en situación irregular y en una total desprotección.
Según los datos de los boletines de asilo de la Oficina de Asilo y Refugio (OAR), en 2009 las nacionalidades con mayor porcentaje de solicitantes de asilo fueron las siguientes: Nigeria 459 (30%), Costa de Marfil 304 (20%), Colombia 247 (16%), Argelia 181 (12%), Guinea 130 (8%), R. D. Congo 113 (7%) y Camerún 112 (7%). Estos datos reflejan por sí mismos lo necesario que resulta que puedan acceder a un servicio de traducción e interpretación adecuado, ya que, salvo en el caso de Colombia, el resto de solicitantes no son hispanohablantes.
Otro dato importante para acercarnos a la realidad de este colectivo en España es su distribución por provincias. En primer lugar se encuentra Madrid (1.313), ya que el aeropuerto de Barajas es uno de los puntos fronterizos al que accede un mayor número de solicitantes. En segundo lugar está Ceuta (339), que se ha convertido en una barrera de detención para impedir su entrada en Europa y en la que pueden permanecer retenidos durante bastante tiempo. A continuación están Barcelona (187), Valencia (179) y, en quinto lugar, Las Palmas como punto de llegada para numerosas pateras.
Por otra parte, si comparamos los datos de la O.A.R. de 2000 a 2009, podemos observar que, a partir de 2007, se produce un descenso de solicitantes, que se hace más patente a partir de 2008, en que disminuye un 33,6 %.
| 2009 | 2008 | 2007 | 2006 | 2005 | 2004 | 2003 | 2002 | 2001 | 2000 | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| N.º de personas | 2.999 | 4.517 | 7.664 | 5.297 | 5.257 | 5.553 | 5.918 | 6.309 | 9.490 | 7.926 |
Por definición, un refugiado es una persona que ha tenido que dejarlo todo y huir y no puede volver a su país por temor a ser perseguido, incluso a perder la vida por diversos motivos: raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social, opiniones políticas y por género u orientación sexual. Es decir, son víctimas que solicitan protección.
El motivo de la disminución de solicitudes no es, como cabría pensar, porque haya mejorado la situación mundial y haya menos personas que necesiten solicitar asilo, sino por los obstáculos para solicitar asilo y acceder a España. Según fuentes como el informe Barómetro 22, sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz (Enero-Marzo, 2010), editado por el Programa de Conflictos y Construcción de Paz de la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su apartado sobre conflictos armados señala que: «El número de conflictos armados a finales de marzo era de 29, el mismo que a finales del año 2009». «En cinco casos se registró una escalada de la violencia, mientras que en 20 conflictos no hubo cambios significativos y en otros cuatro se redujo la violencia. Respecto a la intensidad, 13 casos tenían una intensidad media, ocho una intensidad baja y otros ocho una intensidad alta. Éstos últimos son R. D. del Congo (este), Somalia, Sudán (meridional), Uganda (norte), Colombia, Pakistán (noroeste), Afganistán e Iraq».
CEAR trabaja desde 1979 prestando asistencia a los refugiados, tanto asesoramiento jurídico como social para facilitar su acogida, acceso al trabajo, formación, atención psicológica y, en definitiva, todo aquello que constituye una atención integral.
En concreto, en el servicio de traducción e interpretación prestamos apoyo a las diversas áreas de CEAR y garantizamos la traducción de los documentos que se presentan a la OAR, las administraciones públicas y a sus abogados, así como los documentos más importantes que los inmigrantes necesitan para su integración social y laboral y, en segundo lugar, los servicios de interpretación necesarios para su relación con los servicios básicos de la comunidad.
El perfil de las personas a las que atendemos se caracteriza habitualmente por un porcentaje mayor de hombres que de mujeres y principalmente de edades comprendidas entre los 19 y 49 años.
Se manejan aproximadamente unos veinticinco idiomas y lenguas de partida. Las más habituales son árabe, francés e inglés, que son utilizadas en numerosos países como primera lengua oficial.
La demanda de idiomas está muy ligada a las zonas en las que se avivan o surgen conflictos.
En el caso de las interpretaciones, la variedad es aun mayor al utilizarse dialectos más locales, ya que en muchos casos, aunque haya un idioma oficial, las personas que pertenecen a un determinado grupo étnico pueden sentirse más seguras y, en especial, en determinados temas, expresándose en su lengua materna o porque, por su situación concreta, asocian la lengua oficial al grupo que les ha perseguido. En estos casos, lo importante no es solo hacer posible la comunicación, sino transmitir a la persona confianza y seguridad.
Para intentar conseguir estos objetivos, contamos con un gran equipo de voluntarios y colaboradores, sin cuya dedicación sería imposible llevar a cabo esta labor.
Dentro de este equipo la característica común es el compromiso con la defensa de los derechos humanos y la responsabilidad con su trabajo. Todos tienen muy presente la importancia que su trabajo tiene en la vida de las personas que demandan este servicio. El servicio de traducción e interpretación es uno de los más antiguos de CEAR y algunos de sus integrantes forman parte del mismo desde los inicios de la organización.
Contar con el equipo adecuado es fundamental para poder afrontar las diversas dificultades que surgen.
Por una parte, con respecto a la traducción, recibimos documentos en un estado de deterioro que casi hace imposible su lectura, pero que pueden resultar de gran importancia para la identificación de su titular o para reconstruir su historia.
Otros textos muy habituales son los relatos manuscritos que constituyen las alegaciones de los solicitantes. La traducción de estos relatos puede plantear varios problemas: dificultades para poder entender la letra, las referencias a términos locales, la falta de estructura, el desconocimiento del idioma que no es su lengua materna o la falta de costumbre de expresarse por escrito y, por supuesto, la dureza de las historias.
Otra de las dificultades a la hora de traducir es la gran variedad de tipos de documentos: administrativos, médicos, académicos, jurídicos, etc. Lo que supone manejar terminología muy diversa.
Con respecto a las interpretaciones, podemos decir que constituyen un elemento fundamental en la atención a los refugiados. Una correcta comunicación con sus abogados es vital para que estos puedan presentar el caso y conocer perfectamente la historia de esta persona.
También resulta fundamental en las entrevistas que realizan con los instructores en la OAR, de lo que nos hablará más adelante Hasan Handi, o en su primera entrevista en los puestos fronterizos donde, dada la inmediatez del trámite, el estado de ansiedad de las personas allí retenidas, la falta de tiempo para preparar la entrevista y el peligro de la devolución inmediata, todo el proceso tiene aun una mayor relevancia.
Por otra parte, también es muy importante que puedan comunicarse correctamente con los trabajadores de los centros en los que residen, los médicos, etc., para prestarles la atención adecuada a sus necesidades.
Dentro de esta atención, un aspecto difícil y muy importante es el capítulo de la atención psicológica, dada la situación específica de los solicitantes de asilo que unen a los problemas comunes de la población inmigrante la incertidumbre ante la resolución de su solicitud y el estado provocado por las experiencias vividas en su país, ya que pueden haber sufrido incluso torturas físicas y psicológicas muy traumáticas.
Todas estas circunstancias resultan especialmente complicadas. Complicadas para el usuario, para el profesional que dirige la entrevista y para el intérprete.
Para el usuario, porque tienen que contar datos muy personales e historias que son muy dolorosas de expresar y por las que, a veces, incluso siendo víctimas, se sienten avergonzados por las vejaciones que han sufrido. Sienten desconfianza y recelo, piensan que pueden perseguirles incluso en España y pueden tener tan interiorizado el miedo a hablar que, para reconstruir su historia y vencer el bloqueo, pueden ser necesarias bastantes citas con su abogado. Sin olvidar que, en algunos casos, el riesgo puede ser real.
Ya es bastante difícil tratar estos temas ante un desconocido y, en el caso de las entrevistas con intérprete, hay una persona más, por lo que requiere que se les muestre el máximo respeto.
En tercer lugar, las circunstancias pueden ser difíciles para el profesional que está realizando la entrevista. En la mayoría de los casos no han recibido ninguna formación de cómo trabajar con un intérprete. No saben si tienen que adaptar su discurso al ritmo del intérprete. Les resulta complicado no poder tratar estos temas directamente con la persona. Desconfían de si se está transmitiendo el mensaje con exactitud.
Y por último, podemos plantearnos también cuáles pueden ser las dificultades que afronta el propio intérprete.
Puede desconocer la terminología o los procesos, lo que dificulta la comprensión y, por tanto, la correcta interpretación. También resulta complicado establecer el equilibrio adecuado entre la empatía y el distanciamiento profesional y mantener una actitud correcta en situaciones emocionalmente difíciles para no involucrarse, pero transmitir tranquilidad al interlocutor. También, desde mi punto de vista, sería conveniente que el intérprete sepa adecuar el registro, para que su interlocutor pueda entender claramente la información y no se sienta intimidado por un lenguaje demasiado técnico.
En el caso de idiomas menos habituales es más complicado, si cabe, ya que es más común que el usuario intente conseguir que el intérprete se involucre o establezca con él un vínculo personal y puede otorgar al intérprete un papel en el proceso que no le corresponde, llegando a considerarle culpable de que se le deniegue el asilo. Además, puede que el intérprete haya vivido situaciones similares, con lo que le costará más mantenerse al margen, con el consiguiente coste emocional. Es muy importante, a la hora de coordinar estos servicios, conocer muy bien la situación de los solicitantes y de los países, para que sea el intérprete más adecuado y no se produzcan conflictos. Por ejemplo, una persona siria de origen kurdo puede sentirse incómodo con un intérprete de árabe, aunque él pueda expresarse en kurdo y árabe o un saharaui con un intérprete marroquí, etc.
Hay que procurar, sobre todo en los casos más delicados, cuidar la idoneidad del intérprete y que sea siempre el mismo. Podemos pensar, por ejemplo, en los casos en los que una menor ha sido violada y maltratada sexualmente, ya que la mayoría de estas personas pueden sentir recelo o vergüenza si tienen que relatar los detalles de lo ocurrido ante un hombre. En los casos de persecución por orientación sexual, también los solicitantes suelen sentirse muy mal psicológicamente, al haber sufrido numerosas humillaciones y rechazo social o familiar, y resulta complicado que puedan contar los motivos de su huida ante terceras personas.
Se debe tomar conciencia del papel tan importante que deberían desempeñar los servicios de traducción e interpretación. En los actuales tiempos de crisis económica en los que se intenta reducir gastos, eliminando lo que parece menos importante o menos directo, es fácil pensar en las necesidades más básicas: alimentación, ropa, vivienda, escolarización, empleo, pero no se debe olvidar que, para poder escuchar la voz de aquellos a los que queremos ayudar, para evitar la marginación y la exclusión, es muy importante garantizar una comunicación sin trabas que proporcione seguridad y asegure el acceso a todos los recursos, la transparencia en los procesos administrativos y la confianza en las instituciones.
Tampoco podemos olvidar que, en muchos casos, estamos hablando de un derecho recogido en la legislación. En concreto, la legislación regula que los solicitantes de asilo que se encuentran en territorio nacional tendrán derecho a intérprete y asistencia letrada para la formalización de su solicitud.
No es fácil ser refugiado. Incluso en el mejor de los casos en el que se consiga el estatuto, uno tiene que empezar de cero en otro país, sufriendo la nostalgia por no poder estar con la familia o los amigos ni aunque estos enfermen o mueran, preocupándose por la situación en el país de origen, teniendo que buscar trabajo, a veces con escasos recursos económicos, habiendo tenido que renunciar a una carrera profesional y adaptándose a trabajos poco cualificados y perdiendo parte de su autonomía. En esta situación, como mencionaba Josefa Achotegui durante su intervención, resulta a veces duro aprender un nuevo idioma. Hasta que puedan defenderse en nuestro idioma, es importante que no se sientan aislados y frustrados por no poder comunicarse. Sería bueno practicar un ejercicio de empatía e imaginar qué sentiríamos si, estando en otro país y no conociendo el idioma del mismo, estuviésemos en la consulta del médico con nuestro hijo y, a la preocupación natural por su estado, tuviésemos que añadir el miedo a no entender bien sus explicaciones o sus indicaciones.
Creo que para conseguir mejorar esta situación, es necesario que las instituciones se planteen seriamente las necesidades y carencias que hay en este sentido y que intenten solucionarlas con responsabilidad.
No sé cuál podría ser la mejor solución y supongo que se irá perfilando con la práctica y con el asesoramiento adecuado que evalúe cuáles son las necesidades y qué recursos se deben destinar en cada zona, pero lo que sí me parece claro es que debe de prevalecer, por encima del afán lucrativo y de intereses mercantiles, el respeto a los derechos y la protección a los ciudadanos que no conocen nuestro idioma y que se encuentran en una situación más vulnerable.
Y, desde las organizaciones sociales, debemos contribuir a concienciar de la importancia de que estos servicios se presten, respetando un código ético con garantías de confidencialidad, imparcialidad, capacidad lingüística y formación.
Y por otra parte, también debe velarse para que las personas que realizan este trabajo, independientemente de para quién lo realicen, reciban el reconocimiento y el respeto que merecen, ya que, en mi opinión, es un trabajo importante y enriquecedor, pero difícil. También para que ellos mismos sean conscientes de la importancia que tiene.
Pero, para que todo esto sea posible, es necesario que esta profesión, como ocurre en la mayoría, esté bien regulada, quizás que se establezcan requisitos, en especial para algunos servicios (tal vez mediante algún tipo de prueba o de acreditación oficial o con la posibilidad de colegiarse), y unas condiciones de trabajo dignas.
Me parece importante destacar el caso de aquellos idiomas menos comunes y que solo conocen las personas que los tienen como lengua materna, ya que podrían encontrar en este campo una salida profesional y, por tanto, se les debería facilitar la formación que necesitan para poder desarrollar el trabajo en las mejores condiciones posibles y evitar que se convierta en un tipo de actividad precaria para los que no tienen otra salida.
Nuestro país debería aprovechar ese gran potencial de aquellos que llegan, muchos con una gran formación, muchas ilusiones y ganas de volcar sus conocimientos, sus energías y su experiencia en esta sociedad.
Por último, no podemos olvidar que se están manejando datos confidenciales, con el peligro que conlleva que no se respeten las garantías requeridas, y que hay personas que se juegan la vida si son devueltas a sus países, por lo que sería muy triste que no se preste la ayuda y la protección adecuada a los que se han visto obligados a huir por pertenecer a un grupo determinado o por defender los valores democráticos o los derechos humanos.
No prestarles la atención que necesitan, significaría silenciar la injusticia y ser un poco cómplices de los que violan sus derechos.
Muchas de estas personas terminan sus relatos pidiendo que se les conceda el asilo para poder vivir en paz y con seguridad, me parece que no es mucho pedir.
Una vez más, hijo mío, me lleva este mar, testigo de mis erráticos pasos y que, ahora, te conduce hacia tu primer exilio. En Roma, eras «el hijo del Africano»; en África, serás «el hijo del Rumí». Estés donde estés, querrán hurgar en tu piel y en tus plegarias. (…) Musulmán, judío o cristiano, que te tomen como eres o que prescindan de ti. Cuando la mente de los hombres te parezca estrecha, piensa que la tierra de Dios es ancha y anchas Sus manos y Su corazón. No vaciles nunca en alejarte allende los mares, allende todas las fronteras, todas las patrias, todas las creencias. (Amin Maalouf, León el Africano).