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La avaricia rompe el saco

Paremia

Tipo: Frase proverbial

Idioma: Español

Enunciado: La avaricia rompe el saco

Ideas clave: Avaricia

Significado: Por lo general, el ansia por conseguir algo desmesurado frustra la obtención de una ganancia aceptable.

Marcador de uso: De uso actual

Observaciones léxicas: En algunas provincias, el abad era el «cura», el «párroco». El bodigo es el panecillo que se llevaba como ofrenda a la iglesia.

Fuentes: Fuente oral

Observaciones: Esta frase proverbial parte de la imagen de un ladrón que iba poniendo en un saco cuanto robaba y cuando, para que la cupiera más, apretó lo que iba dentro, el saco se rompió. La codicia rompe el saco es una forma más antigua que La avarica rompe el saco, como lo muestra su presencia en obras como La Lozana Andaluza 252, El Guzmán de Alfarache, El Quijote I 20, II 13 y 26. Una forma sinónima aparece en El Criticón: Por no perder un bocado, se pierden ciento (Véase en Contextos).

Variantes

Enunciado: La codicia rompe el saco (Seniloquium 220; Vallés1549 2013; Covarrubias codicia)

Enunciado: La codicia rompe el saco, o quizá lo romperá donde no está

Enunciado: Codicia mala, saco rompe (Santillana 148)

Enunciado: El interés rompe el saco (y también el chaleco) (Argentina) (1001 nº 490)

Enunciado: La ambición rompe el saco (Colombia, Honduras, Nicaragua) (1001 nº 490)

Sinónimos

Enunciado: Abad avariento, por un bodigo pierde ciento

Enunciado: Codicia desordenada trae pérdida doblada

Enunciado: El hombre avariento, por uno pierde ciento

Enunciado: El perrillo de muchas bodas, no come en ninguna por querer comer en todas

Enunciado: Quien todo lo quiere, todo lo pierde

Hiperónimos

Enunciado: Quien todo lo quiere, todo lo pierde

Contextos

Contexto: «Entrando el gobernador, pasó por mí los ojos, diome limosna, fueme razonable algunos días. Y como la codicia rompe el saco, parecióme un día de fiesta sacar nueva invención. Hice mis preparamentos, aderecé una pierna que valía una viña. Fuime a la iglesia con ella, comencé a entonar la voz, alzando de punto la plaga, como el que bien lo sabía. Quísolo mi desgracia o mi poco saber, que siempre de la ignorancia y necedad proceden los acaecimientos» (Mateo Alemán, Primera parte de Guzmán de Alfarache. Madrid: Cátedra, 1599 = 1992, p. 417).

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