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En esta sección presentamos las definiciones y las explicaciones etimológicas que nos proporcionan expertos filólogos y lingüistas sobre algunas palabras curiosas por su modernidad, sus orígenes o su significado que aparecen en la sección «A pie de página» del programa.


Modisto
Por Leonardo Gómez Torrego

Hoy quiero hablarles de la palabra modisto, que aparece frecuentemente en los medios de comunicación. Vean, si no, este texto: «El modisto se dibujó con tijera». Esta palabra, como es sabido, se ha formado con el sustantivo moda y el sufijo invariable –ista. Si es invariable, nunca debió haber dado la forma en –isto. En efecto, no decimos *pianisto, ni *periodisto, ni *estilisto, palabra esta próxima a modisto. Por tanto, debería haberse escrito modista, forma válida para el masculino y el femenino: el/la modista, como decimos el/la pianista, etc. Sin embargo, justo es reconocer que desde principios del sigo XX la forma modisto está muy documentada; eso fue lo que debió de llevar a la RAE a registrarla por primera vez en la edición de su Diccionario de 1984. Por tanto, queda claro que hoy son correctas las formas el modisto y el modista, a pesar de que la primera no deja de ser una violencia morfológica al convertir en variable un sufijo que es invariable.

 

Nueva Orleáns
Por Leonardo Gómez Torrego

Los invito a ustedes a que encuentren algún error en este texto periodístico que hoy les traigo: «Vitoria se convierte en Nueva Orleáns». Pues el error está en el acento que aparece en la palabra Orleáns. Muchos de ustedes dirán que esa tilde es correcta, pues se trata de una palabra aguda acabada en –s. Sin embargo, lo que muchos de ustedes tal vez ignoren es que esa –s final forma parte de un compuesto consonántico, y cuando tal ocurre, el grupo actúa como una consonante distinta; de ahí que sea incorrecta la tilde de Orleans o en los plurales de las palabras españolizadas airbag, icebergs, etc.. Observen que ocurre lo contrario si la palabra es llana acabada en una –s final que forma parte de un grupo consonántico: es obligada la tilde. Por eso, una palabra como la latina trémens (del compuesto delírium trémens) o las españolas bíceps, tríceps, fórceps, así como la españolizada cómics, deben llevar tilde a pesar de ser llanas acabadas en –s. Así pues, es importante saber que el grupo consonántico final tiene su propia regla a la hora de acentuar palabras agudas o llanas.

 

Quedarse algo
Por Leonardo Gómez Torrego

El texto periodístico que traemos hoy es muy interesante; dice así: «Un asesor de Sharon cree que Israel podría quedarse parte de Cisjordania». ¿Habrá alguna incorrección en este enunciado? La verdad es que en los diccionarios académicos aparecidos antes de 2001 se decía que el verbo quedarse con valor posesivo era siempre intransitivo, o sea, que no podía llevar complementos directos; por ello,  «quedarse uno algo», «quedárselo», y, en nuestro caso, «quedarse [Israel] parte de Cisjordania» eran construcciones incorrectas. Lo correcto era emplear quedarse con un complemento de régimen con la preposición con: «quedarse uno con algo»; «quedarse uno con ello», y, en nuestro caso, «quedarse [Israel] con parte de Cisjordania». Sin embargo, en el Diccionario académico de 2001 se admite por primera vez el uso de quedarse como transitivo, por lo que hoy ya no podemos hablar de incorrección en el texto periodístico que he leído. Se trata, pues, de una novedad académica. No obstante, el uso transitivo de quedarse es todavía hoy más propio del coloquio que de registros formales. 

 

Broker
Por Vicky Escandell

Un bróker es una persona que actúa como intermediario en diferentes tipos de operaciones comerciales, bursátiles o de seguros. La palabra es, en principio, un anglicismo innecesario, que se puede muy bien sustituir por expresiones equivalentes como agente (‘persona que gestiona asuntos ajenos’, como en agente inmobiliario, agente de seguros), intermediario (‘que media entre dos o más personas, y especialmente entre el productor y el consumidor de géneros o mercancías’) o corredor (‘mandatario que, como comerciante acreditado, actúa vendiendo o comprando por cuenta de uno o varios mandantes’, como en corredor de bolsa, o corredor de seguros). El Diccionario panhispánico acepta bróker siempre que se adapte a las convenciones ortográficas del español, es decir, siempre que se escriba con acento en la o.

Hay gente que piensa que bróker deriva del verbo inglés to break (‘romper’) por lo rompedores e impetuosos que suelen ser los agentes de bolsa. Pero esta interpretación no es correcta. La palabra es, en realidad, de origen francés y viene de brocour. Un brocour era, originalmente, el que vendía vino al por menor: compraba una barrica y, taladrándola con una broca —de ahí viene el nombre de brocour (broquero)—, vendía su contenido por vasos; es decir, era un intermediario. La palabra brocour (y su adaptación inglesa broker) pasó enseguida a designar a cualquier clase de intermediario, incluyendo también, por cierto, a los que arreglaban casamientos (algo muy frecuente en otras épocas)…

Así pues, ni todos los anglicismos son lo que parecen, ni un bróker es tan fiero como lo pintan… 

 

 
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