Centro Virtual Cervantes
Lengua

María Moliner > Diccionario de uso del español. Manejo (1 de 4)
María Moliner

Manejo
Diccionario de uso del español

Por José-Álvaro Porto Dapena

Hasta aquí, pues, las principales características del DUE de María Moliner tanto en su primera como en la última versión. Su conocimiento nos permite ahora enfrentarnos, en las condiciones indispensables de competencia, con lo que constituye la única razón de ser de esta obra —como por cierto la de cualquier otro diccionario—, que no es otra que la consulta de dudas sobre léxico, consultas que en este caso pueden referirse tanto al cifrado como al desciframiento de enunciados o textos realizados en español actual. En resumidas cuentas, con lo que tenemos que habérnoslas ahora es con el manejo de este diccionario, a cuyo fin me voy a fijar especialmente en algunos casos fundamentales de consulta, atendiendo sobre todo a aquellos que pueden ser quizá más desconocidos o plantear alguna especial dificultad.

1. Consultas semasiológicas: las expresiones fijas

No voy a insistir, evidentemente, en las consultas que podemos llamar «semasiológicas», esto es, las relativas al significado o significados de palabras, por ser éste el tipo de consulta más frecuente y a su vez más sencillo, ya que no consiste en otra cosa que en buscar la palabra, en su forma canónica o clave (esto es, en infinitivo si es un verbo, en forma masculina si es un nombre, etc.), en el lugar alfabético correspondiente, y a continuación buscar la acepción que corresponda. Tampoco me voy a ocupar de las, asimismo frecuentes, consultas referentes a la corrección ortográfica1. Me voy a referir tan solo a la búsqueda de frases o expresiones fijas por constituir sin duda un aspecto mal conocido en el manejo no solo del Diccionario de María Moliner sino de todos los diccionarios en general.

Lo corriente es que quien se ve precisado a buscar una expresión fija dentro de un diccionario lo haga en el artículo correspondiente a la primera palabra de la frase y, si no aparece en ésta, proceda a hacerlo en la segunda y así sucesivamente hasta que, al fin, termina encontrándola; se trata de un procedimiento efectivo, pero lento y pesado. Desconocen quienes así proceden que existe toda una normativa, generalmente aceptada, según la cual la expresión habrá de buscarse en la primera palabra de la frase perteneciente, por orden de preferencia, a las categorías de sustantivo, verbo, adjetivo, pronombre y adverbio, exceptuándose en el caso del sustantivo las palabras persona y cosa, y en el de los verbos, los que actúan como auxiliares. Así pues, expresiones fijas como cabello de ángel debe ser buscada en cabello y no en ángel; a ojos vistas, en ojos; cantarlas claras, en cantar; poner pies en polvorosa, en pie, etc.

Cuando, por otro lado, en un mismo artículo se registran varias expresiones fijas, éstas aparecen ordenadas entre sí alfabéticamente. No es necesario, pues, como se procede frecuentemente, ir leyendo una por una la frases fijas hasta encontrar la que se busca. Así pues, si queremos buscar, por ejemplo, parque natural, bajo el vocablo parque, lo encontraremos después de parque nacional y antes que parque zoológico.

Conviene tener además en cuenta que, tratándose de expresiones incluidas en el artículo de un sustantivo, tales expresiones están ante todo divididas en dos grupos: en primer lugar aparecen las constitutivas de locuciones sustantivas, esto es, formadas por el sustantivo en cuestión y un adjetivo o complemento, ordenadas entre sí alfabéticamente, y a continuación las demás frases hechas, también en orden alfabético. Así pues, bajo la entrada piel, aparecerán antes locuciones como piel de gallina y piel de seda que la expresión dejarse la piel [en alguna empresa].

Los anteriores criterios de registro y ordenación, que son los seguidos por el DRAE y, como hemos dicho, por la mayoría de los diccionarios monolingües inspirados en él, no coinciden, sin embargo, totalmente con los del DUE, que, aunque básicamente sigue la misma normativa, presenta algunas particularidades que conviene tener muy presentes a la hora de realizar su consulta.

Para empezar, la expresión fija se registra en todos los artículos correspondientes a cada uno de los vocablos componentes (a excepción, lógicamente, de artículos, preposiciones y conjunciones), aun cuando se estudia tan solo en uno de ellos, aplicándose en este caso la norma antes establecida, es decir, en el primer sustantivo o, de no haber sustantivos, en el primer verbo, etc., mientras que en los demás artículos se realiza tan solo una remisión a aquel donde se estudia. Así, por ejemplo, la expresión jugar con dos barajas aparecerá registrada tanto en jugar como en baraja, pero en el primer caso remitirá al artículo correspondiente a este último vocablo, que es donde verdaderamente se estudia, remisión que se hace mediante la utilización de letra versalita en dicho vocablo frente al resto de la frase que aparece en redonda. Como se ve, este procedimiento no tiene otro objeto que facilitar la búsqueda a quien no tenga claro dónde realmente debe encontrar la expresión de que se trate.

Todavía conviene añadir que el María Moliner restringe todavía más la elección del verbo, cuando la expresión fija carece de sustantivos, exceptuándose no solo los verbos que actúan como auxiliares sino también los que ofrecen función atributiva. Así pues, una frase como dejar plantada a una persona, en vez de estudiarse en dejar, se hace en plantado.

Para poner en práctica un caso concreto de búsqueda, pensemos, por ejemplo, que en alguna parte leemos la expresión no tener ni chapa, cuyo significado ‘no tener dinero’, que conocemos, no encaja dentro del contexto concreto en que la hallamos empleada. Así pues, abrimos el DUE y buscamos, lógicamente, en chapa, que es el primero y único sustantivo, donde efectivamente encontramos que la frase en cuestión posee otra acepción, que aquí aparece en primer lugar: ‘no saber nada de algo’.

2. Búsqueda de sinónimos

Con ser el aspecto más novedoso y a la vez una meta esencial del Diccionario de María Moliner, me atrevería a afirmar que la vertiente onomasiológica suele ser la menos explotada por la generalidad de los usuarios de esta obra, en la que normalmente van buscando lo mismo que buscarían en cualquier otro diccionario común o general de la lengua. Y esta es la razón por la que me voy a parar especialmente aquí en la consideración del manejo de este diccionario a propósito de ese aspecto o vertiente lingüística. Pues bien, a este respecto, recordemos que el DUE puede utilizarse, en primer lugar, como diccionario de sinónimos, pero, sobre todo, como un verdadero diccionario ideológico.

Para llevar a cabo la búsqueda de sinónimos, conviene tener presente que éstos en la primera edición van colocados, entre comillas, inmediatamente antes de la definición a que corresponden, mientras que en la última edición aparecen detrás e introducidos, como ya queda dicho, por el signo @, y si el artículo dispone de catálogo de voces, también suelen aparecer incluidos en él. Como es lógico, la información sinonímica se reduce a una lista más o menos extensa de palabras, lista que, generalmente, puede ampliarse a su vez en los artículos correspondientes a tales palabras. Evidentemente, habida cuenta de que, salvo contados casos, los sinónimos perfectos y totales no existen, las listas que aparecen en este diccionario no son rigurosamente de sinónimos sino más bien de parasinónimos, razón por la que es aconsejable consultar, siempre que el sinónimo no nos sea realmente conocido, su correspondiente artículo antes de adoptar su utilización.

Para ver un caso concreto de búsqueda, supongamos que necesitamos utilizar un sinónimo del verbo cancelar en un contexto en que lo cancelado sea una hipoteca contraída por la compra de nuestro piso. Para ello consultamos el artículo correspondiente a cancelar, del que el DUE nos da cuatro acepciones, en cada una de las cuales, excepto en la 3, aparece uno o dos sinónimos. Naturalmente, el significado más cercano al que provoca nuestra consulta corresponde a la última acepción: «Pagar totalmente o dejar inexistente en cualquier forma una deuda». En este caso tenemos tan solo un sinónimo: saldar.

Para determinar si ésta es realmente la palabra que buscamos, consultamos su correspondiente artículo, y vemos que, en efecto, según la primera acepción, saldar es «pagar completamente una deuda», significado que, como se ve, aparece concretado en una subacepción.

De todo modos, si no nos satisface por las razones que sean este sinónimo, todavía nos queda la posibilidad de acudir a liquidar, que en esta misma acepción nos aparece a su vez como posibilidad sinonímica, y además con un asterisco, circunstancia que por cierto nos abre otras perspectivas, puesto que nos remite a todo un catálogo de palabras afines. Vamos, pues, al artículo liquidar y, efectivamante, la acep. 3 encaja perfectamente con el significado que queremos expresar.

  • (1) Véase a este propósito M. A. Castillo Carballo, «La información ortográfica en algunos diccionarios actuales del español», Español Actual, 70 (1998), especialmente las págs. 58-59, dedicadas al DUE. volver
Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es