Por José-Álvaro Porto Dapena
Y a propósito de la redacción del DUE, una característica sin duda muy importante viene representada por la marcación o utilización de marcadores o indicaciones sobre la naturaleza, uso, extensión o vigencia de palabras o acepciones de palabra. Es cierto que todos los diccionarios sin excepción utilizan este recurso, consistente en la mayor parte de los casos en todo un sistema de abreviaturas o expresiones estereotipadas como tr., m., poco usado, Amér., coloq., etc., cuya finalidad no es otra que dar el máximo de información en el mínimo espacio posible12. Pero notemos que el María Moliner lo utiliza en mucha mayor medida, adoptando para ello diversas soluciones, consistentes unas veces también en abreviaturas, y otras lo que es sin duda más novedoso en signos especiales o, asimismo, en diversos tipos y tamaños de letra. Esta proliferación de marcadores puede parecer a primera vista a quien no conoce suficientemente este diccionario un engorro innecesario; pero en realidad no es así, ya que su conocimiento compensa con creces el esfuerzo que supone su aprendizaje, en absoluto difícil.
Un caso muy característico de marcación corresponde al contorno de la definición de verbos transitivos, al señalar mediante una flechita inclinada, colocada delante, el sustantivo de la definición que en el uso del verbo definido o entrada funciona como complemento u objeto directo. Así, por poner dos de los múltiples ejemplos que podrían citarse, considérense las definiciones correspondientes a calcular, derrochar. Junto a este signo diacrítico es importante también tener en cuenta la marcación consistente en un asterisco (*), que con gran proliferación aparece, en el interior de los artículos, delante de algunas palabras; su función es indicar que de ellas existe en su correspondiente artículo un catálogo de palabras o lista de sinónimos.
Procedimiento original es el consistente, como he dicho, en la utilización de diversos tipos o cuerpos de letra. Y así, en la primera edición del DUE, los artículos registrados en un cuerpo menor se refieren siempre a palabras caídas en desuso, característica que cuando se refiere tan solo a una acepción, la correspondiente definición aparece en letra cursiva.
Este último recurso se mantiene en la última edición, en la cual, sin embargo, todos los artículos, incluso los referentes a palabras desusadas, aparecen todos en el mismo cuerpo de letra, probablemente porque en aquéllos el uso de letra más pequeña era redundante con la utilización de la cursiva en las definiciones. Compárense, por ejemplo, los artículos de las dos ediciones correspondientes a cachirulo: como puede observarse, en la primera edición la letra pequeña significa exactamente lo mismo que la cursiva en la última.
El uso, por otro lado, de versalitas, que en la nueva edición ha quedado reducido a la indicación, en los catálogos, de la palabra de una expresión fija bajo la cual se estudia ésta, en la primera se emplean también para indicar frases o modismos usuales dentro del artículo donde se tratan (los poco usuales aparecen en redonda). Finalmente, las versalitas, de cuerpo mayor, se utilizan también en la nueva edición del Diccionario, aunque ya sin valor marcativo, en el epígrafe introductorio de los apéndices: CATÁLOGO, CONJUG., etc.
Otras marcaciones consisten, como es habitual, en el uso de abreviaturas, que unas veces se refieren a aspectos gramaticales, como tr. (transitivo), recípr. (recíproco), fut. (futuro), n. (nombre), etc., que aparecen inmediatamente después del número de acepción, y otras características que tienen más que ver con el uso o difusión del vocablo. A este último respecto, pueden destacarse las siguientes marcaciones o marcas:
En la primera edición del DUE se utilizan también, como es habitual en los diccionarios, las marcas de nivel de sentido, representadas por la abreviatura fig. (esto es, «sentido figurado») y su ausencia, equivalente a «sentido recto». La indicación ha sido eliminada en la nueva edición, lo que constituye sin duda una decisión novedosa pero correcta, por cuanto que tal indicación se refiere a un proceso diacrónico o evolutivo, de formación de nuevos signos, y, por lo tanto, no pinta nada en un diccionario de tipo sincrónico como el de María Moliner.